La vida en la época victoriana años después de la segunda revolución industrial y de las dos guerras del opio. Está es la vida de un profesor con su hija y la maldición del vestido azul.
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Los tres hermanos
Hoy es el último día de clases y en casa de los abuelos están empacando cosas para ir a vacacionar junto a Sophia. Máximo y su hermana Ángela van con los niños.
- Mamá, papá – Ángela los llama – Máximo y yo hemos venido con los niños.
- Pasa hija, vamos a viajar para cuidar de Oxford para ver a Sophia estas vacaciones.
- ¡Papá! - se sorprende Máximo – los niños han venido con sus cosas, desde el viernes quieren quedarse aquí para pasar con ustedes el verano.
- Bueno, nos vamos todos a casa de Sophia. Ella la pasa sola.
- Quiero ver a mamá. – Interrumpe Ángela.
- Mamá está horneando queques y galletas.
- Voy a ayudarla.
Padre e hijo están en la sala y los niños están jugando sobre los muebles.
- Papá, en total son cinco terribles. Thomas ¿Permitirá escándalo en su casa?
- Son sus sobrinos ¿Por qué se negaría a conocerlos? Además, Sophia crece sola, la compañía de sus primos le hará mucho bien.
- Iremos allá. Hablaremos con Thomas.
- Es un necio. Ni con patadas va a aprender a hacer cambios.
- Llevaremos las cosas y los niños harán el viaje el viernes por la tarde saliendo de la escuela.
- Muy bien, cosa que cuando vengan, ellos ya tendrán todo listo.
- En cincuenta días los vendremos a recoger.
- Perfecto, mi terapia anti-ansiedad por cincuenta días tendrá que ser bien aprovechada.
Los abuelos fueron a casa de Thomas, pero estaba Sophia arreglando su canasta para ir a trabajar. La pequeña al sentir la puerta se acerca.
- ¿Quién es?
- Estamos buscando a la señorita Sophia.
- ¿Abuelo? – reconoce la voz, pero se quiere asegurar.
- Sí, somos nosotros, tus abuelos.
La puerta se abre y Sophia se arroja a los brazos de sus abuelos. Los oficiales que patrullan las calles ven la escena y ven los cariños que son los abuelos con su nieta.
- ¿Cómo está mi querida nieta?
- Abuelito – el brillo de sus ojos vuelve - ¿Mi abuela?
- La abuela está desempacando las cosas ricas que ha horneado para ti.
- ¿Hay galletas?
- Por su puesto. Las galletas son infaltables.
- ¿Rellenas con mermelada?
- Eso es sorpresa.
- Hola, hola ¿Cómo está mi nieta? - se hace sentir la abuela.
- ¡Abuela!
- Hola, Sophia. Yo soy Ángela, soy tu tía.
- Hola, tía Ángela ¿Ese es tu bebé? - es igual de dulce pese a que es la primera vez que conoce a su tía.
- Sí, es tu primo.
- ¡Pero no dice nada!
- Es muy pequeño, se llama Isaac.
- Pasen. - Sophia invita a la familia.
- Bueno, papá y mamá ya pasaron. - comentó Ángela.
- Tía ¿Por qué tantas maletas?
- Vendrán tus primos para pasar juntos las vacaciones.
- ¿De verdad?
- Sí, así es. Tu tío Máximo llegará el viernes por la noche.
Los tres adultos arreglan todas las cosas, Sophia observa con mucha curiosidad a su primo Isaac. Por la tarde, mientras tomaban la hora del té a las cinco, la abuela presenta el queque y la mermelada, la tía prepara bocados salados. En plena comida aparece Thomas.
- ¿Quién les ha dicho de venir? – estaba serio.
- Thomas ¿Te olvidaste del saludo?
- ¿Quién eres tú para decir que cosas me olvido?
- Soy tu hermana, no una extraña. Yo no te he hecho nada para recibir un trato tan malo. Además están papá y mamá presentes.
- ¿Acaso pidieron permiso para venir?
- Mis abuelos pidieron venir, y dije que sí. Nunca estás en casa.
- ¿Qué te has creído? ¿Cómo pudiste pasar por alto mi autoridad?
- ¿No te agrada ver a tus padres? – pregunta papá con algo de tristeza.
- ¡Váyanse de mi casa!
- ¿Estás botando a tu familia? Espera a que venga Máximo y eso lo arreglamos entre los tres.
- ¿A qué hora vendrá el peón?
- En primer lugar, es tu hermano, y en segundo su trabajo es digno.
- ¿Digno? Digno es el mío, soy profesor de ciencias matemáticas en la universidad de más prestigio en el reino. Ahora responde mi pregunta.
- Pues bien, Máximo llegará el viernes por la noche.
- Viernes por la noche nos vemos.
- ¿A dónde vas?
- Ustedes creen que podré descansar aquí. Tengo donde ir a dormir. Hasta el viernes por la noche.
Thomas se fue de la casa, no le gustó en absoluto que Sophia haya invitado a sus abuelos para pasar las vacaciones, en cambio los abuelos y Ángela, todos se quedan atónitos por la gran soberbia de Thomas, Sophia estaba cabizbaja, pero la abuela la anima a que siga comiendo. El abuelo está avergonzado de tener un hijo tan desagradable, Ángela está disgustada con esa conducta irreverente de su hermano mayor.
Hoy es viernes, hoy culminan las clases en las escuelas y Máximo está esperando por Matthew, de la mano lo sostiene la pequeña Kate, pero también sale del colegio Ana la hija mayor de Ángela. Todos se van con Máximo, comen y luego se preparan para el viaje en tren y salen para Oxford.
Por la noche, el abuelo fue a la estación para recoger a su segundo hijo con el resto de los nietos. Los cuatro pequeños se tiran del tren a los brazos del abuelo. A Máximo no le queda de otra que mirar a los niños y su felicidad por pasar vacaciones con los abuelos. Gracias al tren el viaje fue corto y la estación fue diseñada por Frederick, está conexión favorece mucho a los habitantes entre Cambridge y Oxford.
Una vez en casa todos los niños se reencuentran y están felices. La abuela estaba rellenando las galletas con mermelada y tiene por ayudante a Sophia. Thomas sigue los pasos de su hermano y entran juntos en casa.
- ¿Qué tal, Thomas? - le tiende la mano.
- ¿Tú también, aquí? - le rechaza el saludo.
- Soy tu hermano, no un extraño. - baja el brazo con la que saludó.
- ¿Por qué tantos niños?
- Es que no quieres conocer a tus sobrinos? Niños, saluden y conozcan al tío Thomas.
Los niños se le acercan al tío, le saludan, pero Thomas los ignora.
- ¡Son niños! ¿Por qué eres tan frío?
- No me gustan los niños. – mantiene su postura de intocable.
Los niños se han asustado, al ver al tío Thomas enojado ellos se alejan con los abuelos y la prima Sophia. Ángela les dice de ir con los abuelos, que tienen una reunión los tres.
- Tenemos que hablar, Thomas. – Ángela lo encara.
- Yo no me junto con gente corriente.
- Ya basta, - Máximo impone su voz – somos hermanos los tres, que tú seas el mayor no justifica que tú trates mal al resto, ni a papá y ni a mamá tratas bien.
- Un simple peón me está dando clases de como debo comportarme. Soy científico matemático y trabajo en la universidad de Oxford.
- Y ¿Qué?
- ¿Eres humano? Thomas somos tus hermanos – le reclama Ángela.
- Los niños quieren pasar sus vacaciones de verano con sus abuelos y Sophia necesita conocer a su familia. – Máximo intenta hacer reflexionar a Thomas.
- Sophia tiene sus obligaciones, ella aparte de estudiar tiene que trabajar. Tiene que aprender que en la vida no todo es pedir y ya, si quiere comer y vestirse hay que trabajar.
- ¿Eres normal? – Ángela ataca – Ella es una niña, y trabajando tú en una universidad deberías ser bien pagado, no creo que trabajes gratis.
- Es asunto mío, yo sólo estoy educando a mi hija a mi manera.
- ¿Dónde pasaste la noche?
- Es asunto mío.
- Eres grosero – Máximo interviene – no sólo abandonas a tu hija, sino que tratas mal a tus sobrinos.
- Son ruidosos. No saben comportarse.
- Son niños, están creciendo. También sabemos que has puesto la mano a Sophia porque mamá le regaló un vestido.
- Sophia es una niña desobediente, le dije que no me gusta el vestido azul y lo robó.
- ¿De qué robo hablas? Mamá quiso hacer el regalo a Sophia por su cumpleaños. Yo pagué el vestido, mamá escogió el modelo.
- De modo que fue un regalo. – lo mira y su tono denota convencimiento, pero con sarcasmo – Esa mocosa ha estado chismeando de la lección que le di.
- No fue chisme, fue una denuncia que hizo el director de la escuela y la policía vino a casa, mamá estaba en casa y los atendió y ellos la interrogaron, luego el juez debía darte una cita.
- No fui, no tenía tiempo.
- ¿No vas a asumir tu responsabilidad? – Ángela ataca.
- Firmé un compromiso, y con tal de no manchar mi reputación como maestro voy a cumplir las tontas reglas.
- Eres de lo peor, no pareces humano.
- Ya tuve suficiente con gente corriente, mejor me voy a descansar.
Thomas se va de casa, Ángela no entiende esa actitud y le reclama.
- Aquí está tu casa, somos tu familia ¿Otra vez pasarás la noche al hotel?
- Será mejor que aprendan a educar a sus hijos. Además, tengo un lugar mejor que ese – señalando la casa con la mirada - para poder descansar.
Thomas se fue del lugar con elegancia, destilando arrogancia, desprecio con sus hermanos, ellos, a su vez, ni lo reconocen, ha cambiado demasiado.
en palabras, que dan por resultado tantas historias. Felicitaciones.