Primer libro. Saga Destino.
Ariana, una joven que, debido a las circunstancias de la vida, sufre una pérdida imborrable.
Esto se convierte en su tormento y decide vengarse de lo ocurrido.
En medio de todo esto, se embarca en una travesía en alta mar, donde tendrá la oportunidad de encontrar el amor, ese sentimiento que puede ayudarla a dejar atrás su pasado.
Sin embargo, ella lucha contra esto y no quiere rendirse hasta lograr su objetivo: vengarse de quienes le han causado tanto daño, aunque eso también la destruya.
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Capítulo VIII — Confrontación.
Ariana del Cassal.
Me acerqué al camarote del Capitán y llamé a la puerta. Tras unos segundos de espera, él la abrió, haciéndome un gesto para que pasara.
Se dirigió hacia su escritorio y tomó asiento con una expresión que dejaba entrever una mezcla de seriedad y concentración.
Al observarlo con más atención, noté un cambio peculiar en él.
Sus ojos, que alguna vez habían sido de un intenso color azul, volvían a ser completamente negros.
Esa transformación en su mirada me resultó inquietante; sus ojos carecían de brillo y parecían vacíos.
Era evidente que, para esta reunión, había optado por usar lentes de contacto que alteraban su apariencia natural.
— Ven, pasa y cierra la puerta. Siéntate, porque lo que vamos a discutir va a llevar un buen rato — me indicó, así que obedecí, cerrando la puerta tras de mí y sentándome en la silla que se encontraba frente a su escritorio.
— Primero que nada, debo felicitarte por esa impresionante demostración de puntería — continuó, mientras me observaba con seriedad.
— La verdad es que si no hubiera tenido esa puntería, mi hermano estaría muerto en este momento, y todo gracias a usted — respondí, dejando entrever una ironía mordaz en mi tono.
Tenía grabada en mi mente la imagen del momento en que casi le disparan por la espalda.
Si yo no hubiera intervenido, él no estaría aquí ahora. Esa simple idea me llenaba de una profunda frustración y coraje.
— No, no es mi culpa. Somos una organización que, durante años, ha transportado mercancías tanto legales como peligrosas, si así se puede llamar... — lo interrumpí de repente.
— Se refiere a mercancía peligrosa al tráfico de armas, que ha dejado a uno de los miembros de su tripulación herido — murmuré, apretando los dientes por la rabia que sentía.
— Le pido que no me interrumpa nuevamente y que abandone esa actitud desafiante, — dijo con tono serio —. Escuche con atención lo que estoy a punto de decir:
» Aquí se maneja y transporta todo tipo de mercancía, ya sea legal o ilegal; esta última se paga muy bien solo por llevarla al lugar determinado acordado con el comprador. Y sí, puede ser cualquier tipo de contrabando: armas, drogas o cualquier otra cosa.
Presté atención a sus palabras y me daba asco escucharlo.
— A los ojos de los demás esa es la realidad, aunque la verdadera situación es otra, la cual no se le revelará para no comprometer su seguridad, pero la verdad es que eso a mí no me preocupa.
Al concluir su discurso, me hace sentir más rabia de la que ya tenía; no pude contenerme y se lo dije:
— Entonces, ¿mi seguridad no importa y hay cosas que no me puede decir? — el Capitán, asiente. — Pero hace lo mismo con los demás; vive sin preocuparse por lo que pueda sucederles a cualquiera de su tripulación, como ocurrió en la madrugada, cuando Juan Pablo salió herido.
Me levanté de la silla con firmeza y apoyé ambas manos sobre la mesa, preparándome para enfrentar al Capitán, quien, por su parte, adoptó una postura similar, mostrando así que la confrontación estaba servida.
— No se llene la boca hablando de lo que no sabe — dijo él con un tono amenazador —. Hágame el favor de sentarse.
— No, Capitán —respondí sin titubear—. La verdad duele, y la cruda realidad es que a usted no le importa arrasar con quien sea solo para obtener lo que desea. Eso es ser un bastardo miserable.
Con esas palabras, llenas de desprecio, me di la vuelta y, con una decisión impulsiva, cerré la puerta de un portazo.
Maldito desgraciado, lo detestaba por su arrogancia al creer que nosotros éramos sus escudos, mientras él se beneficiaba de obtener dinero fácil.
Sin embargo, había algo en él que lograba alterar mi ser completamente cuando estábamos juntos; esa sensación crecía en mí y, con el tiempo, comenzaba a consumir mi cordura.
Avanzo por el pasillo con paso decidido, dirigiéndome hacia el comedor.
Al llegar, mis ojos se posan en Juan Pablo, quien está sentado junto a Aydan a su lado, se encuentra Alan.
— Ariana, se me había olvidado agradecerte por la ayuda que me brindaste con mi herida — dice en el momento en que me siento junto a ella.
— No fue nada, somos compañeros y, por lo tanto, es mi deber ayudar a los demás — le respondo con tranquilidad.
— De todas formas, gracias. Te lo debo — añade, con una sonrisa en el rostro.
Luego, me abraza y yo correspondo al gesto con cuidado de no molestar su herida.
Al separarnos, decido aprovechar el momento para iniciar una conversación con ellos.
— ¿Puedo preguntarte algo? — le digo, con un tono curioso.
— Claro, es sobre lo que sucedió anoche, ¿verdad? — me responde, no como una pregunta, sino más bien como una afirmación.
— Sí, exactamente. ¿Desde cuándo están involucrados en esto? Estoy hablando de traficar armas — pregunté con seriedad, sintiendo la tensión en el aire.
Ellos intercambian una mirada significativa, y eso me hace sospechar que están ocultando algo.
— Desde que me hice amigo de Mark, o mejor dicho, de mi Capitán — dijo firme.
¿acaso es en serio?
— ¿De verdad consideras amigo a alguien que casi provoca tu muerte? — volví a preguntar con incredulidad en mi voz.
— Porque lo es, es un amigo que nos ayudó en el momento en que más lo necesitábamos, sin exigir nada a cambio. Así que, por favor, deja de inmiscuirte en asuntos que no comprendes — respondió Aydan, visiblemente molesto.
— Sí, puede que no tenga información sobre lo que sucede aquí, pero eso no es responsabilidad mía. Yo no elegí este lugar como mi hogar, pero aún así tengo derecho a estar al tanto de lo que ocurre — dije, claramente enfadada.
— Si el Capitán no te ha informado sobre eso, es por cuestiones de seguridad, deberías estar agradecida — respondió Aydan de manera brusca.
— ¿Agradecida? ¿Realmente crees que puedo sentir gratitud hacia alguien que permite que su tripulación se involucre en un tiroteo, solo para entregar un cargamento que es ilegal?
» Además, esa persona se hace pasar por otra mientras ustedes se enfrentan a ellos sin ningún tipo de disfraz, poniendo en riesgo sus propias vidas. ¿Eso es lo que se supone que debo agradecer?
Aydan golpeaba la mesa con fuerza.
— ¡No es así! Te estás equivocando. Por eso voy a explicarte cómo cada uno, incluso tu hermano — señala a Alan — lo hemos conocido. Pero te advierto que no debes siquiera pensar en retractarte, eso ya no tiene sentido.
La historia.
Una historia que me permitirá entender muchas cosas, incluidas las razones detrás de ese carácter frío y sombrío que siempre exhibe el Capitán.