Liam es un omega dominante, con una deuda de su vida pasada por saldar.
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Nadie es perfecto
-¿Por qué una niña y no un hombre sexi?- Rápidamente lleva las manos a la boca, él ya dijo algo similar alguna vez. -Pero qué demonios sucede.- Estaba un poco consternado por la situación.
-No tienes nada de respeto con una divinidad como yo, creo que el castigo será prolongado.-
-¿De qué hablas? ¿Qué castigo? ¿Quién rayos eres?.- Liam estaba lleno de preguntas y poca paciencia.
-Yo soy lo más divino que conocerás.- Liam frunció el ceño. -Puedes llamarme de diferentes maneras, tengo muchos nombres en diferentes mundos.-
La niña tomó de la mano al chico y caminaron por un jardín precioso con árboles frutales.
-Vayamos a buscar peras silvestres, mi fruta favorita.- Liam solo se dejó arrastrar por la niña.
-Tu corazón, ya no lo sientes tan vacío, ¿verdad?.-
-No...- Lo pensó un instante. -En verdad ya no siento tanto vacío, no me siento solo.-
-Ya veo, cumpliste tu misión.-
Al instante que la niña dice esas palabras Liam, recuerda todas sus vidas pasadas y el fin que tuvo en cada una de ellas. Le dolió, porque en todas ellas no terminó como quería. Dolor, por autocastigarse. En la mayoría buscaba su propia muerte.
-Ya comprendo, no fue un castigo por asesinar a mi familia, porque en realidad no lo hice, fue porque muchas veces atenté contra lo que se me ha otorgado.-
-Hasta que lo entiendes, la vida es el regalo de los dioses, debes atesorarlo. Tú siempre fuiste uno de mis favoritos, no desperdicies esta oportunidad. Vive, ama y que todo fluya.-
La pequeña niña le ofrece una pera justamente madura, contemplaron como el viento mece las hojas, la calma del lugar. El omega se sentía muy tranquilo.
-¿Puedo saber si... mi hijo está en este mundo? ¿Sí podré verlo una vez más?.-
-Lo verás...- Afirmó con seguridad.
-Gracias por estar oportunidad.-
Liam al abrir los ojos se encontraba en la misma manta en el jardín, a un lado el Jonas dormía. Sus pestañas quietas e iluminadas por el sol de la tarde.
-Gracias por nunca dejarme. Gracias por estar conmigo.- Susurró junto al oído del platinado, se acurrucó y soñó con un futuro dónde ambos serán felices.
El alfa sonrió de manera sutil, casi imperceptible. Sus feromonas se mezclaban en armonía, nada hará que se alejen nuevamente.
-Él es mi fuente de luz. Lo pienso antes de dormir, lo sueño y cuando vuelvo despertar él sigue en mis pensamientos. Lo espero en la oscuridad y aunque nunca lo tuve, lo extraño.- Enzo se encontraba con una copa en la mano y en la otra el teléfono móvil, veía el fondo de pantalla, era una fotografía de Eiker bebiendo café.
-Amigo, ve a su casa, te arrodillas en su puerta hasta que te acepte. Fue así como conseguí a mi esposa.- Decía un beta que acababa de conocer el bar.
-No me interesa que sea un beta, yo realmente me enamoré. Si quiere le doy hasta la mitad de la empresa que me corresponde.-
-¡Wow! Un beta es increíble. Mi consejo es que te arrastres hasta que te acepte. Los betas somos duros.- El hombre reía sin parar. -Ya me voy, mi esposa me espera en casa.- Palmea el hombro de Enzo y se va cantando o al menos haciendo el intento.
-Maldito presumido, ya no me gustan las personas que tienen al amor de su vida.-
No muy lejos de la barra, Eiker observaba a Enzo.
No estaba seguro de lo que haría.
-Te llevo a tu casa, pero te cobraré.- Dice a la espalda del alfa rubio.
-Estoy tan ebrio que alucino... O es un sueño. Te ves hermoso.- Estiraba la mano para tocarlo.
-Cállate borracho. Será mejor que te levantes y camines, no pienso arrastrarte.-
Enzo caminaba como si el suelo se moviera, milagrosamente llegó al auto del secretario.
-¿Por qué me hablas así? Con los demás eres tan educado y correcto.-
-Tú mejor que nadie deberías saberlo, eres tan irritante, un maldito egocéntrico, siempre exagerando, pero aun así me gustas. Pero igual tengo ganas de matarte, así que por favor no me saques de quicio.- Eiker se sentía fastidiado pero a la vez muy bien. Aceptó.
-Haré lo que pidas, puedes golpearme cuando se te antoje. ¿Esta es una oportunidad?.- Estaba tan emocionado que la borrachera se le pasó.
-Más te vale que no lo desperdicies, porque será la última. Y no me toques, estoy conduciendo.- Eiker sonríe al ver que retira la mano rápidamente.
-Lo que digas mi amor.- Estaba tan feliz, si no tuviera el cinturón de seguridad, frotaría.
El secretario llegó hasta el estacionamiento del edificio de Enzo, intentó echarlo del auto, pero el alfa no se movía. En un segundo fue tomado por la nuca y cintura, Enzo hundió su lengua en la boca. Un intenso beso, profundo, salvaje, hambriento.
-Suéltame lunático, ¿qué crees que haces?.- Reaccionó cuando siente una mano bajar más allá de su cintura.
-Reafirmo mis sentimientos. Subamos, tengo una tina y vino en casa. Si quieres encendemos velas. Lo que quieras cariño.- Estaba muy excitado y se notaba en sus feromonas.
-¡No soy beta!.- Lo soltó como una bomba.
-¡Ay carajo! Ahora entiendo, ¿pero por qué no siento tus feromonas alfa?. ¿No te molesta mis feromonas?.- Le sostiene la cintura del chico. Lo veía como una fiera a punto de cazar.
-Por el uso de inhibidores.- Empujó a Enzo y bajó del auto, necesitaba aire. -Y no me molestan tus feromonas, me gustan.- Se acomoda la ropa y el cabello, tenían los labios hinchados.
Enzo sale inmediatamente del auto para alcanzar al secretario, lo abraza desde la espalda y apoyó el mentón en el hombro del chico.
-Me gustaría sentirlas. Quiero todo de ti.- Metía su nariz en la nunca del chico y muy débilmente percibió un aroma a mar y madera de deriva. Le dio calma. -Me volveré adicto a ti mi alfa.-
-¡Rayos! ¿Por qué lo dices así?.- Se giró en sus talones y comenzaron un beso salvaje nuevamente, sus manos viajaban y tocaban todo lo que podían.
-Subamos, te lo suplico, quiero hacer más que esto.- Mordía de manera suave los labios de Eiker.
-Hay algo más, yo no soy el pasivo.- Tenía la mirada helada, esperaba que el alfa se rindiera en cualquier momento y se fuera.
-Bueno, nadie es perfecto. Si es contigo no me importa no ser el activo. Sólo te quiero a ti.- Nuevamente se besaron.