La noche en que debe morir, Angela descubrirá que en brazos de la muerte se puede aprender a vivir.
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¿Tenemos un pacto?
Pov Ángela.
La hora de viajar ha llegado, papá y mamá me acompañan al aeropuerto, aunque él insistió en que usara el Jet privado de la familia, no es indispensable el que mueva a toda la tripulación. En cuanto a mamá debió quedarse, pues a papá se le presentaron una serie de compromisos en los que por protocolo es adecuado que mamá lo acompañe y aunque ambos estuvieron de acuerdo en que él podría hacerlo solo, yo sé que lo adecuado es que lo hagan juntos, así que la convencí de quedarse.
— Hija te amo, por favor permanece en contacto. — Me dice mamá y se despide con un beso.
— Princesa, ya has escuchado a mamá, no lo olvides.
— Te juro que no lo haré. — Papá coloca sus manos en mis mejillas, deposita un beso en mi frente y yo me abrazó a su cuerpo. — Te quiero papá.
— Y yo a ti. — Me separo de ellos y voy a hacer la fila para abordar el avión.
— ¿Y piensas irte sin despedirte de mí? — Me dice camilo con una sonrisa cálida, de esas que solía brindarme, ante lo cual no sé cómo responder luego de lo que sucedió anoche.
— Nosotros nos vamos. — Dice mamá tomando la mano de papá, quien antes de marcharse lanza una mirada de advertencia a Camilo y se deja guiar por mi madre, no muy convencido.
— Creo que aún te quedan diez minutos para abordar, ¿Podemos hablar? — Suspiro antes de responder.
— De acuerdo.
— Ángela... yo, no sé cómo pedirte disculpas por mi comportamiento de anoche, no debí beber de esa manera... y aunque no me justifica, me siento abrumado por la posibilidad de que no me ames tanto como yo a ti.
— Muy bien lo has dicho, no te justifica. Y menos cuando no hay una razón para pensar que no te amo. Y es justo esa actitud la que me hace suponer que quien no me ama tanto como dice hacerlo eres tú, cada vez eres más irascible, poco cortes, incluso agresivo. A veces me da miedo y no sé si quiero continuar con los planes de la...
— No, por favor, no me termines. Sé que me he comportado como un idiota, pero te amo y puedo corregirlo, piensa en todo lo que hemos vivido juntos, creo que merezco una oportunidad.
— Realmente no lo... — Mis palabras se ven interrumpidas por sus labios sobre los míos, pero no puedo responderle, sería como traicionar mis preceptos de lo que es el amor.
— Pasajeros del vuelo 302 favor abordar. — Se escucha atreves de las amplificaciones de sonido. Aprovecho y me separo de él.
— Ese es mi vuelo. — Me toma de la mano para impedir que me aleje.
— Dime que estamos bien. — Habla con la angustia reflejada en sus ojos y siento como si me apretaran el corazón.
— Déjame pensar, necesito poner en orden mis ideas. — Contesto acariciando mi anillo de compromiso.
— No te lo quites, toma estos días lejos, sé que me vas a extrañar.
— Está bien... me tengo que ir. — Me giro y doy varios pasos cuando lo escucho gritar.
— ¡Ángela, no olvides que te amo! — Continuo mi camino sin girar y con un nudo en la garganta que amenaza con hacerme llorar.
Al subir al avión, intento ubicar mi maleta de mano en los cubículos, pero no puedo y es entonces que mi mal humor sale a flote y golpeo la maleta frustrada.
— Maldita sea, ¿por qué demonios no acepte viajar el Jet? ¡Estúpida maleta! — Espeto molesta; fuera de esto no pude viajar en primera clase porque se habían acabado los tiquetes, en otras circunstancias no le habría prestado la menor importancia; pero últimamente todo parece confabular en mi contra. Cuando creo que he logrado acomodar la bendita maleta, esta se viene abajo y llevo mis antebrazos para cubrir mi cabeza, pero el golpe no llega.
Lentamente, separo un poco mis antebrazos, lo justo para poder mirar si el equipaje sigue colgando y en cualquier momento me va a golpear, pero lo que encuentro son un par de brazos masculinos y fuertes que acomodan con toda la facilidad del mundo a la maleta asesina. Entonces bajo mis brazos más relajada.
— Gracias, creí que moriría.
— No mientras yo esté cerca. — Esa voz grave y profunda... Esa voz la conozco. Me giro para mirarlo, pero me ha dado la espalda y camina, supongo que buscando su asiento.
— ¡Gracias! — Él no responde, solo hace una señal con la mano y yo lo observo hipnotizada. Su porte, color de piel, su espalda ancha y varonil, nunca vi a alguien tan imponente.
— Señorita, por favor siéntese y colóquese el cinturón. — Me pide amablemente la azafata. No tengo otra opción más que hacer lo que me pide y no alcanzo a ver el rostro de aquel sujeto. He quedado muy intrigada, debo admitirlo.
El puesto junto a mí queda vacío, observo alrededor y es el único disponible, también trato de encontrar a ese hombre, pero no logro verlo, así que me resigno; puede que más adelante cuando vaya al baño lo vea.
Luego de todos los protocolos, el avión inicia el despegue y debo confesar que en mi vida tengo des fobias; aunque trato de manejarlas lo mejor que puedo, aún no las supero; la primera, es a las aguas profundas, y la segunda a los aviones. Usualmente, antes de viajar tomo algún calmante, pero esta vez con todo lo que tengo en mi cabeza olvide traer; busco con la mirada a la azafata, no la encuentro. No hay de otra más que aferrarme a la silla y cerrar los ojos esperando que no me dé un infarto antes de que el avión alcance la altura apropiada.
— Eres valiente, Ángela de la Torre, tú puedes superar tus miedos, todo está en la mente... pronto terminará. — Hablo en voz baja para mí misma, tratando de controlar mi respiración agitada. Inhalo por la nariz y exhalo por la boca. Es infructuoso, nada funciona.
— Yo te cuidaré, alejaré tus miedos y a cambio de eso te quedarás conmigo hasta el fin, ¿Tenemos un pacto? — Es esa voz otra vez. Es extraño, pero me brinda calma. Sin pensarlo dos veces digo las siguientes palabras, sabiendo que es la técnica que usa para calmarme.
— Acepto, tenemos un pacto... me quedaré contigo. — Su mano cubre la mía. Lentamente, abro los ojos al sentir su aliento cerca de mi oído.
— Conmigo no hay vuelta atrás.
Nota autora:
Lo prometido es deuda, este es el tercer capítulo de hoy 30 de noviembre.
Nos leemos mañana. 😘
desgraciadamente mis padres siempre me hicieron ver y sentir que yo solo fui la causante de su casamiento.ya que aunque soy la única hija mujer jamás me brindaron amor o cariño.. a mis hermanos varones si..
y es el caso que ahora a mis 36 años y ellos ya separados, mi madre me dijo que para ella yo estoy muerta... y mi papá por su parte cambio el número y desapareció, me dió vuelta la cara cuando más lo necesite... en fin...me siento abortada a mis 36 años