Un hombre conocido por su gran poder esta en busca de una esposa.
Lidia Paige que se dedica al campo laborando junto a sus hermanas, recibe la propuesta de dicho hombre. En un principio se rehusaba a desposarse con el, por ser conocido por su intimidante presencia; sin embargo, termina aceptando.
El verdadero reto comienza desde que pone un pie en la gran mansión del Sr. Lennox.
¿Es verdad los rumores que circulan sobre el?
Sellando su destino tras la boda, se embarcara en una vida llena de incógnitas acerca de su esposo.
Trilogía Lennox.
Libro I. Conociendo a mi Esposo.
Libro II. Lagrimas en Soledad.
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La biblioteca
Deambulaba, lentamente por los enormes libreros. No se detenía a hojearlos, primero quería dar un recorrido por el lugar. Solo leía un título de aquí o allá, sin encontrar algo que llamara su atención. Se detuvo dando un paso atrás y miro detenidamente, cuestionándose como llegar hasta los libros que se encontraban en lo alto. Echando un vistazo a su alrededor, dio con una escalera disponible. Se acercó a ella y comenzó a subirse.
Estando arriba, pudo percibir que los libros contenían polvo, señal de que no eran tocados en mucho tiempo. El estruendoso ruido de la puerta cerrando la tomó por sorpresa por lo que la hizo perder el equilibrio.
- ¡Señorita! - escuchó el grito. Rápidamente se abrazó de la escalera. Logrando estabilizarse nuevamente. Escucho los pasos rápidos que se acercaban a ella.
- ¡Señorita\, debería bajarse de ahí! - Lidia accedió temiendo caerse esta vez enserio. Descendió sin problemas. Estando a salvo\, tomo una gran respiración. Fijo su mirada en la pequeña figura que estaba frente a ella. El niño de las mejillas rosadas la miraba con preocupación.
- Señorita ¿se encuentra bien? - el niño se acercó alargando sus pequeñas manos sujetándose de su falda.
- Estoy bien pequeño\, no debes preocuparte- percatándose que el pequeño se paseaba por este lugar\, comprendió que tal vez se alejó de su madre o padre. Si el señor Lennox lo encontraba\, podría molestarse. Siendo honesta ignoraba cuál sería su reacción\, pero no sentía deseos de descubrirlo.
- ¿Estás perdido pequeño? - el infante\, retrocedió un paso\, separándose de su falda\, y miro a Lidia a la cara\, intentaba lucir molesto\, pero para ella solo le causaba ternura\, sus mejillas infladas hacían que quisiera apretarlas.
- No soy pequeño señorita. Mi nombre es Connor y no me encuentro perdido. Aquí vengo a pasar el tiempo mientras mamá trabaja- entonces si era el hijo de alguna empleada
- De acuerdo Connor\, es un placer\, mi nombre es Lidia. Tú eras el pequeño que vi antes\, ¿cierto? -
- Si señorita\, no sabía que estaba ahí\, cuando me acerque pensé que dormía\, pero entonces vi que despertó\, me asusté y corrí. Mamá suele decirme que no debo causar molestias. Sé quién es usted. Es la futura señora de esta mansión y la mujer qué se casará con el señor Lennox\, supe que se trataba de usted porque mamá me dijo que la futura esposa del señor era parecida a un ángel- desconocía hasta donde la noticia de su matrimonio fue difundida\, pero sobre todo la sorprendió en cómo se refirió a ella.
- Bueno\, eso lo hace más fácil\, ya nos conocemos\, ¿te gustaría si somos amigos? - los ojos del niño se iluminaron ante la propuesta de Lidia\, de pronto comenzaron a lagrimear. Sin comprender\, se agacho a la altura del pequeño y tomo su tierno rostro entre sus manos.
- ¿Qué sucede Connor? No estés triste\, no creí que ser amigos te haría llorar- le hablaba lidia intentando hacer que el pequeño detuviera las lágrimas y volviera a sonreír.
- No es eso señorita\, es solo\, que usted es mi primer amigo- dijo el niño y más lagrimas continuaron derramándose. Le toco el corazón el profundo sentimiento con el que lloraba. Lo acerco a ella y lo rodeo con sus brazos\, dándole consuelo. Sintió como si alguien los mirara\, observo a donde Connor había aparecido y vio como la puerta terminaba de cerrarse. No trato de acercarse a la puerta y mirar quien estaba detrás\, ya que Connor se aferraba a ella.
Después de un tiempo se detuvo de llorar, Lidia lo aparto suavemente solo un poco para mirarlo detenidamente. En su pequeño rostro quedaba huella de su llanto. Su nariz estaba roja y flujo nasal corría de ella. Sin nada con que limpiar su nariz, alargo su brazo y con la manga de su vestido procedió a limpiarlo.
-No haga eso señorita- un más calmado Connor replico – ensuciara su vestido- Lidia le sonrió dulcemente.
- No te preocupes\, se podrá limpiar de nuevo\, lo más importante ¿te encuentras mejor? Cuéntame porque lloraste- lo interrogó.
-Es que… yo no tengo amigos- vacilo un poco - ninguno quiere serlo, usted es la primera que quiere. Disculpe por llorar, pero eso me hizo muy feliz- el corazón le dio un vuelco, como alguien podía negarse tener amistad con este pequeño ser. Lo abrazo de nuevo.
- ¿Sabes que tú también eres mi primer amigo aquí? ¿Qué te parece si jugamos algo? - le pregunto Lidia y un muy sonriente Connor accedió.
- ¿podemos leer algo juntos? - preguntaba emocionado.
Ambos se sentaron en un sofá, Lidia sostenía un libro en mano. Se asombró encontrar libros para alguien de la edad de Connor. Pasar el tiempo con su nuevo amigo la hizo olvidar sus preocupaciones.
Hasta el atardecer continuaron juntos, ambos estaban sentados uno al lado del otro, cuando Connor interrumpió el ambiente que compartían.
-Señorita, debo irme, mamá me estará buscando- informó.
Ambos se despidieron y prometieron encontrarse de nuevo en la biblioteca.
Lidia se quedó un tiempo más, hasta que vinieron a buscarla. La señora Jones se acercó a ella, se notaba una seriedad en su actitud, como si algo estuviera dando vuelta en su cabeza. No parecía correcto preguntarle.
-Señorita Paige, es hora de la cena- asintió siguiendo a la mujer mayor, esperaba encontrar a su futuro esposo en la mesa, pero no estaba por ningún lado.
- ¿El señor Lennox no se unirá? - pregunto
- Se encuentra indispuesto\, ha rechazado la cena\, tal vez mañana puedan encontrarse de nuevo-
Lidia se sentó y, se sorprendió de sentir algo de decepción. No quería reconocerlo, pero deseaba conocer un poco más sobre su futuro esposo. Evitando pensar en ello y procedió a cenar.
Cuenta la historia de dos personas que se enamoran aunque siempre hay baches y desconfianzas, por no hablar claro desde el primer momento.
Es una historia muy dulce.
Y ahora a leer el siguiente