NovelToon NovelToon
La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencarnación / Villana
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal

Tras morir en un accidente, una arquitecta ambiciosa y sin piedad despierta en el cuerpo de Morana Miller: la mujer gorda, despreciada y odiada de una novela que termina abandonada, despojada de sus hijos y de todo. Pero no llega antes de los errores. Llega cuando ya no hay vuelta atrás, cuando la villana que todos desprecian ya es ella.

Con disciplina férrea, inteligencia afilada y un orgullo inquebrantable, se transforma, estudia y regresa años después: hermosa, poderosa, fría y dueña de su destino. No viene a suplicar. Viene a reclamar lo que es suyo, a vengarse de quienes la destruyeron y a proteger a sus hijos —aunque para ello deba convertirse en la villana.



NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: Pandora desatada

Bárbara se acercó despacio, con los ojos entrecerrados, recorriéndome de arriba abajo como si no pudiera creer lo que veía. Su sorpresa era genuina, mezclada con una envidia que no se molestó en ocultar.

Bárbara:

—¿Eres Morana? —preguntó, casi sin aliento.

—Sí. Soy yo —respondí, sin apartar la mirada, con la voz firme y fría.

—Imposible —susurró, sacudiendo la cabeza—. Eras… tan distinta.

Una sonrisa afilada se dibujó en mis labios.

—Las cosas cambian —dije, con calma cortante—. Algunas mejoran. Otras se pudren. Tú pareces igual.

Bárbara soltó una carcajada, aunque sus ojos no reían.

—Qué afilada te has vuelto. Has cambiado mucho.

—Por supuesto que cambié —respondí, enderezándome—. Ahora soy como la caja de Pandora. Y te aseguro que no te gustaría abrir esa tapa.

Ella se encogió de hombros, con una sonrisa burlona que no llegó a sus ojos.

—Por más linda que te pongas, Ian nunca te va a perdonar lo que hiciste. Lo arruinaste todo. Él te odia.

—¿Quién te dijo que quiero su perdón? —dije, suavizando el tono, volviéndome más peligrosa—. No vine a rogar. Vine a reclamar lo que es mío. Y si estás aquí defendiéndolo tanto… me pregunto qué es lo que realmente temes perder. No solo a él, ¿verdad?

El rostro de Bárbara se endureció de golpe. Alzó la mano con violencia, buscando abofetearme. Pero yo era más rápida. Agarré su muñeca antes de que me tocara, la sujeté con fuerza, y con la otra mano le devolví la bofetada con tanta fuerza que la hizo tambalearse hacia atrás, casi perdiendo el equilibrio. El sonido fue seco, claro, y el restaurante entero se quedó en silencio.

—¡Maldita! —gritó, llevándose la mano a la mejilla encendida, con los ojos llenos de lágrimas de rabia—. ¡Te atreves a pegarme!

—Me atrevo —respondí, acercándome a su oído con voz baja y gélida—. Y me atreveré a más si vuelves a levantarme la mano. Ve. Dile lo que quieras. Pero dile también que he vuelto. Y que esta vez, las cuentas se pagan al contado.

Saqué del bolso un fajo de billetes y lo dejé sobre la mesa, sin miramientos.

—Cubra lo que consumimos —le dije al camarero que nos miraba aterrado—. Quédese con el cambio.

Me giré hacia los niños.

—Vámonos —les dije, suavizando el tono solo para ellos—. Tápense los ojos un momento. No quiero que vean esto.

Los tomé de la mano y, al pasar junto a Bárbara, la sujeté del brazo con firmeza. No la empujé al suelo sin más: la acerqué a mí, para que solo ella oyera.

—Esto no termina aquí —le susurré—. Prepárate. Porque lo que viene… no te va a gustar.

La solté con un movimiento brusco y salí sin mirar atrás, con la cabeza alta, los niños a mi lado.

—Ya pueden abrir los ojos —les dije al llegar a la calle—. Vamos a por ese helado.

Detrás de mí, escuché la voz temblorosa de Bárbara, llena de rabia y vergüenza. No gritó nombres. Solo dijo, baja pero clara: "Esto no se queda así. Voy a asegurarme de que te arrepientas de haber vuelto." No respondí. No hacía falta. Ya sabía.

Caminamos varias calles hasta llegar a una pequeña heladería acogedora, de paredes claras y olor dulce. Quería darles un momento de calma, algo que fuera solo para ellos. Al entrar, una mujer joven, de mirada amable y manos manchadas de crema, se acercó para atendernos.

—Señora, ¿qué sabores quieren? —dijo con una sonrisa cálida.

La miré bien y el corazón me dio un vuelco. Era ella. Marina. La única amiga verdadera que la antigua Morana tuvo en la escuela. La única que siempre la defendía.

—Marina… ¿no me recuerdas? —pregunté con voz suave.

Ella se detuvo, entrecerró los ojos, y la sorpresa iluminó su rostro.

—Tu voz… no puede ser… ¿Eres Morana? —se llevó una mano a la boca, asombrada—. ¡Pero qué cambio! Pareces otra persona.

—Así es —asentí—. Estuve enferma mucho tiempo. Nací con el Síndrome de Cushing —eso explicaba el peso, la hinchazón, todo lo que nadie entendió—. Nadie lo supo ver hasta que me fui. En el extranjero me trataron, me operaron, fue un proceso largo y duro. Ahora dieta estricta, ejercicio todos los días… y aquí estoy.

—Vaya… —murmuró ella, mirándome con admiración sincera—. Te ves increíble. Tan radiante.

En ese momento, la campanilla de la puerta sonó con brusquedad. Entraron cuatro mujeres: una chica joven, vestida con ropa llamativa y cara, seguida de tres amigas que se reían con malicia. La chica se acercó al mostrador sin mirarme, con aire de superioridad.

—Dame un helado de chocolate —ordenó, sin mirar a Marina—. Ya sabes. Tu esposo me dijo que no me cobrara. Dice que entiende por qué soy su favorita. Que tú ya no lo entiendes como yo.

Las amigas soltaron risitas. Marina bajó la mirada, con las mejillas encendidas. Yo di un paso al frente.

—Entiendo —dije, con voz clara y cortante—. Entras al local de su esposa para decirle que la han reemplazado. Muy valiente. Muy cruel. Y muy estúpida. Porque si él hace eso contigo hoy… ¿qué crees que te hará mañana?

La chica me miró de arriba abajo, con una sonrisa desafiante.

—¿Y a ti qué te importa? —respondió, pero su tono vaciló—. Marina va a perder este local pronto. El dueño ya decidió vender.

—¿Es cierto? —le pregunté a Marina, sin dejar de mirar a la otra mujer.

Marina asintió, con la voz quebrada. —Tiene deudas. Quiere vender para pagarlas.

Saqué una tarjeta de mi bolso y la puse sobre el mostrador.

— El quiere vender, ¿verdad? —dije, mirando a la chica—. Pues que me lo venda a mí. Llámalo ahora. Dile que tengo comprador. En efectivo. Hoy mismo.

Minutos después entró un hombre de mediana edad, con aire impaciente.

—¿Quién quiere comprar? —preguntó, mirándonos con desconfianza.

—Yo —respondí, sin levantar la voz, pero con claridad—. Tres millones. Ahora mismo. Sin esperas. Pero con una condición: Marina se queda. Como socia. Como gerente. Con contrato firmado ante notario esta tarde. Si acepta, firmamos en una hora. Si no, me voy. Y usted pierde la única oportunidad de salir de sus deudas sin que nadie se entere.

El hombre dudó un instante, miró la tarjeta, miró a Marina, y asintió. —Trato hecho. Vamos a mi oficina. Ahora.

—Perfecto —dije. Me giré hacia las cuatro mujeres—. Y ustedes. Salgan. Este local cambió de dueña. Y no tolero que nadie venga a humillar a mi socia. Si vuelven a aparecer, llamaré a seguridad. No lo duden.

Las chicas quisieron protestar, pero una mirada mía las detuvo. Salieron murmurando, incómodas, sin saber bien cómo había perdido su juego tan rápido. Me giré hacia Marina y le tomé las manos.

—No te dejo sola —le dije—. Vengo mañana a las ocho para firmar todo legalmente. Y a partir de ese momento, eres mi socia. Tu vida cambió hoy, Marina. Para bien. Te lo prometo.

Salimos de la heladería, los niños con los helados en la mano, sonriendo por primera vez con tranquilidad. Caminamos dos calles más, cuando de pronto, desde la oscuridad de un callejón, tres hombres salieron al encuentro. Llevaban bates de béisbol en las manos y sonrisas crueles en los rostros. Nos rodearon, bloqueando el paso.

—¿A dónde vas tan deprisa, señora? —dijo el más grande, golpeando el bate contra su palma—. Alguien quiere hablar contigo. Y no le gustará que te niegues.

Me detuve en seco, poniendo a los niños detrás de mí con un movimiento rápido. Mi corazón no se aceleró. No sentí miedo. Solo sentí que la guerra apenas comenzaba. Miré a los tres hombres, uno por uno.

—Quédense aquí —les dije a los niños, baja y clara—. No se muevan. Y miren. Porque hoy van a aprender que nadie nos puede tocar sin pagar un precio.

Los hombres se rieron, pero su risa se quebró cuando vieron que no retrocedí ni un solo paso. La luna se ocultó tras una nube, dejándonos en penumbra, y el silencio se volvió denso, cargado de amenaza. No sabía quién los enviaba. Pero lo averiguaría. Y cuando lo hiciera… no habría perdón.

1
inuyasha/ Tomoe🦊
necesito un maratón yaa
Aleida Delgado Santana: Si les gusta.
total 1 replies
Mayka Puche Velasquez
saludos más capítulos por favor
Aleida Delgado Santana: Ya subí.
total 1 replies
Sandra Maritza Mesa
es un tonto va a pagar una deuda toda su vida no va a tener vida propia está amarrado a esa víbora hasta que se muera
inuyasha/ Tomoe🦊
morana se merece algo mejor
Minnie Jhonson
porque morana no lo manda a la goma el nos sirve es un tremendo estupidoooooooooo
Aleida Delgado Santana: Todo puede pasar.
total 1 replies
Cristina Sanchez
subeeee otrooo🙏🙏🙏🙏🙏 Ian es un calzonazos...
Magda
vamos? ya lo odio 😡
Dany 😎🇨🇱
Muy bonita
Denia
Me encanta más capítulos por favor 👏👏🥰
Cardona salazar yolanda
me gusta 🥰felicidades y gracias autora por compartir pero por favor más capitulos
Mayka Puche Velasquez
Excelente Felicitaciones
Aleida Delgado Santana: Gracias.
total 1 replies
Pris
Excelente inicio. Muy interesante
Alicia Quintana
esa es una villana bien por ella a cortar cabezas
Alicia Quintana
empezó bien distinto a todas las reencarnadas
Aleida Delgado Santana: Si, Morana es muy diferente. Es muy humana, no es la protagonista perfecta. Ella tiene tintes de villana pero también tiene su corazón. Es una mujer con errores y virtudes.
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play