Candelaria Echeverría nunca imaginó que un embarazo que no logra explicar, una familia que le da la espalda y un hombre al que apenas comprende terminarían convirtiendo su vida en un escándalo.
León Salvatierra sabe lo que es estar en la cima y perderlo todo. Lo que no esperaba era terminar casado con una mujer que preferiría verlo arder antes que compartir su apellido.
Ella quiere el divorcio. Él asegura que nunca tuvo una verdadera oportunidad de ser su marido.
Pero el juez tiene otros planes: un año más de matrimonio bajo condiciones que no admiten escapatoria. Una sola habitación, una sola cama y una convivencia real antes de decidir su futuro.
Doce meses para descubrir si están condenados a odiarse o si su matrimonio esconde algo que ninguno se atreve a admitir.
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UNA CONFIRMACIÓN INESPERADA
...CANDELARIA ECHEVERRÍA...
Nunca me había gustado ir al médico. No porque tuviera miedo a las agujas ni porque me aterrara descubrir que algo andaba mal, sino porque cualquier gasto inesperado podía convertirse en un problema para mí. Sin embargo, mientras esperaba en la sala de una clínica privada, empezaba a comprender que quizá aquella vez no había tenido otra opción.
Valeria estaba sentada a mi lado, con el bolso sobre las piernas y el ceño fruncido. Desde que habíamos llegado, no había dejado de observarme como si temiera que fuera a desmayarme otra vez.
--¿Sigues mareada?-- preguntó
--Un poco, pero ya estoy mejor
--Cande, te desmayaste mientras comías. Eso no es normal
--Tampoco es normal que tenga que trabajar, estudiar y limpiar una casa que no es mía, pero acá estamos
Intenté bromear, aunque mi amiga no se rio. Me apretó la mano y volvió a mirar hacia la puerta del consultorio.
No tardaron demasiado en llamarme. La doctora que nos recibió parecía tener unos cuarenta años. Me pidió que me sentara y comenzó a hacerme preguntas sobre los mareos, la alimentación y mis horarios. Le expliqué cómo eran mis días, aunque omití algunos detalles sobre mi familia. No tenía ganas de hablar de ellos y, de todas formas, no creía que fueran relevantes para lo que me estaba sucediendo.
Después de revisarme, la médica volvió a sentarse frente a su escritorio.
--Necesito hacerte algunas preguntas más. ¿Cuándo fue tu última menstruación?
La miré, confundida.
Tuve que pensarlo durante unos segundos. Mis ciclos nunca habían sido demasiado regulares, especialmente durante las épocas de exámenes, pero aquella pregunta me obligó a hacer memoria.
Entonces recordé que llevaba bastante tiempo sin menstruar y eso no era extraño. Había pasado dos meses sin hacerlo, quizás más.
--No estoy segura. Hace varias semanas, creo
La doctora no pareció sorprendida.
--¿Existe la posibilidad de que estés embarazada?
Solté una risa nerviosa.
--No, eso es imposible
Valeria giró la cabeza para mirarme, pero yo seguí observando a la médica.
No podía estar embarazada. No tenía sentido. Mi vida era una sucesión de clases, apuntes, turnos laborales y noches estudiando hasta quedarme dormida sobre los libros. No tenía tiempo para complicaciones, y mucho menos para una como aquella.
--Prefiero que lo comprobemos antes de descartarlo-- respondió la doctora con tranquilidad-- Vamos a realizarte una prueba
Quise protestar, pero terminé aceptando. Si aquello servía para demostrar que estaba equivocada, podría volver a casa y olvidarme del asunto.
Valeria me acompañó durante la espera. Intentó distraerme hablando de la universidad, de una compañera que había desaprobado un examen por segunda vez y de los libros que quería comprar. Le seguí la conversación, aunque mi cabeza estaba en otra parte.
Cuando la doctora volvió a llamarnos, su expresión era seria, pero no parecía alarmada.
Me senté frente a ella con las manos entrelazadas sobre las piernas.
--La prueba dio positiva, Candelaria. Estás embarazada
Durante unos segundos, no entendí lo que acababa de decirme.
Embarazada.
La palabra se quedó suspendida en el aire, tan absurda que casi esperé que la doctora sonriera y me aclarara que se trataba de una equivocación.
--No puede ser --murmuré
--Entiendo que sea una noticia inesperada, pero el resultado es positivo. Vamos a realizar los estudios necesarios para confirmar el tiempo de gestación y comprobar que todo esté bien
Me llevé una mano al vientre.
No había nada diferente a simple vista. Mi cuerpo seguía siendo el mismo, mi ropa también y, sin embargo, acababa de descubrir que mi vida ya no me pertenecía únicamente a mí.
--¿Cuántas semanas?-- pregunté, apenas audible
La doctora me explicó que necesitábamos una evaluación más precisa para determinarlo. Después continuó hablándome de los controles y de los cuidados que debía tener, pero sus palabras llegaban hasta mí como si estuviera escuchándolas desde el fondo de un túnel.
Valeria me rodeó los hombros.
--Estoy acá, Cande
Aquello fue suficiente para que se me llenaran los ojos de lágrimas.
No lloré porque no quisiera al bebé. Ni siquiera sabía qué sentía por él todavía. Lloré porque tenía miedo. Porque apenas podía mantenerme a mí misma y porque no tenía idea de cómo iba a afrontar algo tan grande sin el apoyo de mi familia.
Y porque había una pregunta que no me atrevía a formular en voz alta.
¿Quién era el padre?
Busqué en mi memoria, intentando encontrar una explicación que no me hiciera sentir todavía más perdida. Pero cuanto más pensaba, más confusa me sentía. Había recuerdos que podía ordenar con facilidad y otros que parecían pertenecer a una historia diferente, una que no sabía cómo contar.
No quería sacar conclusiones precipitadas. Necesitaba entender qué había pasado antes de enfrentarme a las consecuencias.
Cuando salimos del consultorio, Valeria me ayudó a caminar hasta la sala de espera. Me senté y me quedé mirando mis manos.
--Vamos a resolverlo juntas-- me aseguró
Asentí, aunque ninguna de las dos sabía por dónde empezar.
Lo primero era volver a casa. Después tendría que pensar en la universidad, en mi trabajo y en cómo iba a pagar todo lo que necesitara. Por último, tendría que descubrir quién era el hombre que, sin que yo lo supiera, acababa de convertirse en el padre de mi hijo.
Me levanté despacio y respiré hondo.
Hasta aquella mañana, mi mayor preocupación había sido sobrevivir a una vida en la que parecía no tener un lugar propio.
Ahora llevaba dentro de mí una vida que dependía de mí.
Y todavía no sabía que, muy pronto, alguien más descubriría la noticia... alguien cuya reacción cambiaría todo lo que yo creía saber sobre mi futuro.
mientras valeria está asiendo una bomba
por que nos está sacrificando a León de la peor manera y no es que León AyA echo vien ocultarle las cosas pero conocía a cande y de cómo ella lo tiene tachado solo por difamaciones