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ENTRE BATAS Y SOMBRAS.

ENTRE BATAS Y SOMBRAS.

Status: En proceso
Genre:Yuri / Venganza / Mafia
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Danny arboleda

🚨Está historia es intersexual, (Osea, mujer con sistema reproductivo de un hombre, comúnmente llamado p*ne) Si eres sensible a estás historias, por favor no leer. De igual manera, a veces lo que no nos gusta es porque nunca antes nos hemos atrevido a probar, así que no te prives de algo que nunca has probado.

Espero que os guste la novela. Dejen su Like y comentario. No olviden seguir para estar al tanto de cada capítulo que suba. Los episodios se subirán los lunes y viernes, gracias por todo😘 🚨

Alisha, es la jefa de la mafia: peligrosa, dominante... Valeria, aburrida de una vida que la consume, comete un error que cambiará todo: pedirle a Isabela que no la deje volver a su casa.

Ella no imaginaba que esa súplica sería tomada al pie de la letra. Ahora está atrapada en una jaula dorada, bajo el control de una mujer que mezcla crueldad con seducción, amenaza con un beso y castiga con una caricia.

Entre balas, risas oscuras y noches que arden, ambas descubrirán que lo prohibido pu

NovelToon tiene autorización de Danny arboleda para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Entre Gritos Y Secretos.

...Contrólate, Alisha, no te pases con la cura de tu insomnio. Por más que quería retarla con la mirada, no pude; entre más la veía, más cerca de ella quería estar. Y lo estuve pensando: no debería meterla a este mundo, a mi mundo; es muy peligroso para alguien como ella. Entonces rompí la mirada. La idea de exponerla a la violencia y la traición me heló la sangre. Mi madre siempre me decía: "No te acerques demasiado a la llama, Alisha, o te quemarás". Pero Valeria era como un fuego irresistible, y yo ya estaba extendiendo la mano.

—No estoy diciendo eso; solo quiero compensarte por lo que estás haciendo, solo eso.

—¿Y qué estoy haciendo? Realmente no lo entiendo.

—Te lo diré más tarde; ahora, termina de comprar, ¿de acuerdo?

—Ok. Pero...

—No pasa nada; si te gusta, te lo llevas.

...La interrumpí sospechando lo que me diría. Ella solo suspiró. Por primera vez en mi vida estaba haciendo esto, y por una extraña razón me sentía bien. Regresé al sofá y me senté. Ella veía la ropa con anhelo y su rostro de felicidad me calmó, así que me relajé y esperé. Su alegría era contagiosa, y por un momento olvidé la oscuridad que me rodeaba. Recordé cuando mi madre me llevaba de compras, pero esos recuerdos eran como fotografías borrosas, descoloridas por el tiempo y la distancia.

...Comenzó a probarse todo tipo de ropa, tanto de gala como pijamas. La verdad, me gusta verla con mis camisas, pero necesita pijamas para dormir; no puede andar por ahí vestida así todo el tiempo. A este punto de tanto probar la ropa, al parecer ya se cansó...

—Suficiente. Me encanta ir de compras, pero no me gusta esto. Yo sé mi medida; con tan solo verlo sé que me quedará, así que suficiente.

...Reí internamente. Le gusta comprar, pero no medirse la ropa; bien, igual lo llevaremos todo. Me levanté, arreglé mi traje y dije:

—Que empaquen todo.

...Le comuniqué a Diogo; él asintió con su cabeza para luego mirar al empleado frente a nosotros.

—¡¿Qué?! ¡¿Que empaquen todo?! ¿Estás bromeando? Todos son de diseñadores, sin decir que son carísimos.

...Dijo con un todo de asombro en su voz. Me di media vuelta para mirarla.

—No te preocupes; a ti te sale gratis, princesa.

...Le iba a decir que la tienda me pertenecía, pero no, es mejor así. Quería consentirla, darle un respiro de su vida miserable. Pero, ¿por qué sentía esa necesidad? ¿Acaso quería redimir mis propios pecados a través de ella?

—Vamos; tanto esperar me dio hambre.

...Dije para luego salir del lugar. Jamás pensé que hacer compras fuese agotador. Me gustó, pero eso no quita que sea agotador. Me subí al auto; esperaba que se subiera, pero no lo hizo.

—¿Qué sucede?

—Dijiste que después de comprar iríamos a mi casa, pero ahora dices que iremos a comer.

...Suspiré.

—No he dicho que no te llevaré; solo quiero ir a comer algo, ¿acaso no tienes hambre?

...Se quedó pensando por un momento, luego respondió.

—Puedo comer en mi casa.

—¿Hablas en serio?

...Literalmente, esta mujer me va a dar dolores de cabeza. ¡Ni que su familia la tratara como princesa! No sé qué extraña de esa familia. Mi paciencia se estaba agotando.

—Sí, hablo en serio.

...Antes, Adriana me decía que yo era así porque aún no había encontrado al amor de mi vida, y que cuando lo hiciera me daría cuenta de una vez. ¿No me digan que ella es el amor de mi vida? Porque justo ahora estoy por...

—De acuerdo, como quieras; solo sube al auto.

...Presiento que esto me traerá problemas más adelante. Con una sonrisa en su rostro subió al auto. Íbamos en el auto en silencio. Yo iba trabajando, porque al parecer tendría que viajar esta noche y no mañana; eso es un problema.

{Pov Valeria}

...El camino a mi casa era silencioso, pero agradable; no era incómodo ni nada por el estilo. No la conocía; solo sabía su nombre y sabia qué se dedicaba, nada más, pero por alguna razón, me sentía segura con ella, sentía que no me haría nada, por eso me sentía tranquila en esa mansión; además, los empleados allí me tratan como si yo fuese la dueña. Antes soñaba con vivir así, y ahora que lo estoy viviendo siento que no es real, como si esto fuese un sueño. Debe ser por la forma en que lo estoy viviendo, o no sé, es extraño. Es amable, linda, detallista (porque, detallista? Porque no sé cómo hizo, pero toda la ropa que me probé hoy, estaban a mi medida). Parece tener problemas con lo que sea que esté haciendo con esa tableta, ya que fruñe el ceño. Pero aun así se ve...Linda. Sus cejas se juntan ligeramente, y sus labios se aprietan en una fina línea. Incluso enojada se ve... interesante.

—¿Tengo algo en la cara?

...Preguntó haciendo que retirara mi mirada de sobre ella. No la miraba solo por su belleza, solo... que quería saber más de ella. Quería entender qué la impulsaba, qué la hacía ser como era. Quería saber si detrás de esa fachada de mujer dura se escondía un corazón roto, como el mío.

—¿Quieres preguntarme algo? Puedes hacer las preguntas que quieras antes de llegar a nuestro destino.

...Hablaba sin despegar su vista del iPad.

—¿Puedo preguntar?

—Ya te lo dije.

—Bien entonces.

...Dije emocionada, porque por fin sabré más de ella. Mi curiosidad era insaciable. Pero también sentía un poco de miedo.

—No te emociones mucho; dije que podrías preguntar, nunca dije que yo te respondería.

...Rayos, sabía que no sería tan sencillo. Pero no importa, las que me responda serán de gran ayuda.

—Ok. Primera pregunta: ¿cuántos años tienes?

...Fui directa; sonrió, luego respondió.

—Suma tu edad más once; así obtendrás tu respuesta.

...Hmpm... mi edad más once, hmpm... o sea que tiene treinta y cinco años. ¡Espera!

—¡¿Qué?! ¡¿Tienes treinta y cinco años?!

—No grites que estoy justo a tu lado.

...De verdad tiene treinta y cinco años? No lo parece; parece que tiene unos veintisiete o veintiocho años. ¿Cómo que treinta y cinco? ¿Será que la vida que lleva no la hace envejecer?

—¿Qué? ¿Sorprendida?

...Yo no sabía ni qué decir. Con razón actúa con tanta serenidad; su edad lo amerita.

—Para nada; ahora entiendo por qué actúas así: tu edad lo amerita.

...Dije sin ninguna mala intención, pero por la mirada que me dio creo que así se entendió. Un escalofrío recorrió mi espalda.

—Espera, no es...

—¿O sea que no te bastó con decirme señora, sino que ahora me dices "vieja"?

...Su expresión mostraba disconformidad. Pero no podía hacer ya más nada; ella así lo entendió, y tal vez no escogí bien mis palabras. El sarcasmo en su voz era como un látigo. Pero también pude percibir un toque de vulnerabilidad en sus ojos.

—Lo siento, eso no es lo que quise decir...

—¿Qué quisiste decir?

...Bien, creo que en vez de mejorar la estoy embarrando más.

—No importa; creo que eso fue justo lo que quise decir, lo siento.

...Era inútil tratar de explicar algo que no tiene explicación, así que es mejor no explicar nada. Me sentí frustrada por mi torpeza. Pero también sentí una punzada de rebeldía. ¿Por qué tenía que medir mis palabras? ¿Por qué tenía que complacerla?

—No te disculpes; eso es lo que piensas, y está bien.

...Dios, creo que se enojó. ¿Pero no entiendo por qué, si ella ya tiene esa edad? No es que me la esté inventando, ¿o sí? ¿Será que le duele envejecer?

—Oye, deberías estar contenta; tienes treinta y cinco, pero pareces de veintisiete, eso es mucho para alguien de esa edad.

—Ajá.

—Hablo en serio.

—Lo sé.

...Sí, sí se enojó. Y cambiando de tema, aún no llegamos a mi casa. La tensión en el auto era palpable.

—Viendo lo concentrada que estás, haré otra pregunta...

—Adelante.

—¿De qué se trata tu trabajo? Tengo mis dudas, ya que no me confirmaste que es lo que haces exactamente, pero ya sabes, no siempre es lo que parece.

—Entonces dime: ¿qué piensas que es mi trabajo?

...Hablar con alguien que está concentrada en un electrodoméstico nunca acaba bien, pero es lo que tengo. Su atención estaba fija en la tableta, pero podía sentir su mirada clavada en mí.

—Ya sabes a qué me refiero.

—No, la verdad no.

...Es inteligente; solo quiere probarme.

—Te dedicas a lo ilegal, ¿no es así?

—Hmpm.

—Contesta: si voy a ayudarte, debo saber qué haces.

—En lo que me ayudarás no tiene nada que ver con mi trabajo.

—Sí, sí lo tiene.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque no creo que siempre fue así.

—En eso tienes razón, pero no es por mi trabajo.

—¿Si no?

...Se quedó en silencio, levantó su rostro y miró por la ventana; luego me volteó a mirar y dijo:

—Llegamos; no más preguntas.

...Sabía que no sería tan fácil, ya que parece alguien que siempre sabe lo que dice.

—Eso veo.

—Entra; yo te espero aquí.

—De acuerdo.

...Es la casa donde he vivido toda mi vida, pero por primera vez me siento extraña volviendo aquí. Una sensación de inquietud me invadió. ¿Qué me estaba pasando?

—No te demores; tengo hambre.

...Dijo apenas cerré la puerta del auto. Su voz sonaba impaciente.

—Puedes ir a comer; ven por mí después.

...No era muy tarde que digamos, pero debe estar acostumbrada a almorzar temprano, por eso tiene hambre. ¿Por qué tenía que ser tan mandona?

—Media hora por mucho.

...Escuché decir. Pero de qué habla?

—Espera, ¿media hora por mucho? Vengo a visitar a mi familia, no a ningún extraño.

—No me importa. Te quedan veintinueve minutos.

...La miré molesta mientras respiraba hondo. ¿Quién se cree que es?

Me di media vuelta y me encaminé a la entrada de la casa; toqué el timbre, y segundos después mi padre abrió la puerta. Apenas lo vi, mi corazón dio un salto, pero no sabría decir si de alegría o qué. Su rostro estaba lleno de arrugas, y su mirada parecía cansada. Pero también pude ver una chispa de sorpresa en sus ojos.

—Hola, padre.

—Hola, pequeña.

...Él es Rodrigo Bahr, mi padre. Nos abrazamos. Sentía que llevaba años sin verlo. Su abrazo era cálido, pero distante. Como si estuviera abrazando a una extraña.

—Vamos, entra; tu madre se pondrá feliz cuando te vea.

...Dijo él como lo más normal del mundo, pero en realidad, esta familia no es tan cariñosa, aunque yo siempre trate de ser lo más cariñosa posible con ellos. La frialdad en su voz me dolió.

—Sí.

...Entré cerrando la puerta detrás de mí.

{Pov Alisha}

...Apenas vi cerrar la puerta de esa casa, sentí un peso en mi pecho, lo cual es absurdo, ya que ella es solo mi antídoto a mi problema. La esperaré, ya que no confío en esa familia, y si no sale en... veinticinco minutos, iré y tocaré esa puerta. Una sensación de inquietud me invadió. Recordé las palabras de mi madre: "No confíes en nadie, Alisha. El mundo está lleno de lobos disfrazados de ovejas".

—¿Jefa? ¿Jefa?

...Diogo me sacó de mis pensamientos.

—¿Qué pasa?

—No, nada, no pasa nada.

...Él estaba sentado en el asiento del copiloto. Lo volteé a mirar.

—Habla.

—No es nada, je...

—Te dije que hablara.

...Lo interrumpí. Él es como mi hermano, pero siempre se anda con rodeos cuando quiere hablarme de algo que no tiene nada que ver con el trabajo.

—Es sobre la señorita Valeria: ¿le dirá que se irá de viaje?

...Hmpm... así que era eso.

—¿Desde cuándo debo informar sobre mi trabajo a alguien más?

...Le respondí seria. Y, de hecho, lo estaba pensando, ya que no quiero que se preocupe. La idea de que se angustiara por mí me resultaba extrañamente perturbadora. Pero también me aterraba la idea de que descubriera la verdad sobre mi vida.

—Lo siento, no debí preguntar.

—Huh.

...Entré más privada sea mi vida personal, menos en peligro estará ella, y como dicen por ahí, "el secreto solo es secreto siempre y cuando no le digas a nadie; de lo contrario, ya no es secreto", y estoy de acuerdo: en el momento en que empiece a hablar con ella sobre mi trabajo, ella ya no estará protegida. Debía mantenerla al margen, aunque eso significara levantar muros entre nosotras.

...Faltaba un minuto para que el tiempo que le di se terminara. Mi mirada permaneció pegada a esa casa todo el tiempo; presentía que algo pasaría allí dentro. Espero estar equivocada. Luego de unos segundos, salió; no podía adelantarme a nada, pero al ver su mano pegada en su mejilla izquierda, supe que algo pasó allí dentro. ¡Esa maldita familia! Entró al auto sin siquiera mirarme, y al parecer estuvo llorando. Su rostro estaba pálido, y sus ojos, rojos e hinchados. Pero también pude ver una chispa de desafío en su mirada.

—¿Estás bien?

...Le pregunté aunque sabía su respuesta. Mi puño se apretó con furia. Sentí una necesidad irracional de protegerla.

—Sí.

...Observé su rostro, su mano que aún seguía allí, y eso me molestó; estuvo llorando, y le pegaron. Eso me hizo hervir la sangre. ¿Cómo se atrevían a lastimarla?

—Déjame ver. Tú misma lo dijiste: esa marca no desaparecerá por lo menos en un día, así que déjame ver.

—No te molestes; estaré bien.

...Esa familia (si es que se le puede llamar así) son unos desgraciados. ¿Cómo se atreven a ponerle la mano encima a mi antídoto? Se las verán. La rabia me consumía. Pero también sentía una punzada de culpa por dejarla entrar sola.

—Dije que me dejaras ver.

...Dije firme. Volteó a mirarme, y fue allí cuando sus lágrimas se cansaron de ocultarse. Al ver su mejilla toda rosada con los dedos retratados allí, quise salir y cortarles las manos para que no le volvieran a levantar la mano, pero antes... Contuve mi instinto asesino. Pero también sentí una oleada de ternura.

—Puedo encargarme de ellos si tú así lo quieres, o al menos una lección.

...Le dije muy segura de mis palabras; solo esperaba que me respondiera para hacer lo propio, pero no me dio la respuesta que buscaba. Mi corazón latía con fuerza.

—No, claro que no. Sé que no está bien que me peguen, pero ellos son mis padres; jamás permitiría que les pasara algo.

...No la culpo; yo pensaba lo mismo cuando tenía a mis dos padres a mi lado, pero... al menos un susto se merecía, pero ella no lo permitió. Su lealtad, aunque incomprensible, me conmovió.

—De acuerdo, no haré nada.

...Me acomodé mejor en el asiento. Contuve mi ira y la canalicé hacia otro lado. Pero la imagen de su rostro magullado me perseguía.

—Vamos al hospital.

...Ordené. Un cuerpo que no le puede picar un mosquito porque ya se nota a leguas es un problema como una ventaja, pero algo me dice que no es normal; debe tener una solución para aquello. Necesitaba protegerla, aunque ella no lo quisiera. Necesitaba saber si estaba bien.

—Sí, jefa.

...Dijo Diogo para luego arrancar. La última vez que me sentí tan molesta fue cuando mi madre decidió irse sin dejar rastros, pero ahora llega ella y me hace sentir las mismas emociones que aquel día. La frustración me invadió. Era como si estuviera destinada a sufrir por las personas que amaba.

—¿A qué vamos al hospital?

—Te golpearon; iremos a que te revisen.

—Estoy bien; no es necesario.

—No lo estás.

—Que sí. Además, ya te dije por qué me queda marca siempre, así que no es necesario.

—Las decisiones las tomo yo.

—Soy dueña de mi cuerpo; no me puedes obligar a hacer nada. Si insistes en ir al hospital, me enojaré contigo.

...Quiero hacer algo bueno por ella y resulta que se enojará, jum. Su terquedad me exasperó. Pero también sentí una extraña admiración por su independencia.

—Como quieras.

...A veces se me olvida lo mucho que me hace enojar. Era como lidiar con una niña caprichosa. Pero también sentía una conexión innegable con ella.

—Vamos a casa.

...Dije. Cerré los ojos mientras respiraba hondo. Necesitaba recuperar el control. Y necesitaba alejarme de Valeria antes de que fuera demasiado tarde.

—¿No dijiste que íbamos a ir a almorzar?

...Preguntó. Quise responderle con rabia, pero mejor no; si lo hago, no terminaremos en nada. Entonces abrí mis ojos lentamente y la miré, luego le respondí:

—Tienes razón, pero tengo cosas que hacer en casa.

—Pero dijiste que...

—¡Sé lo que dije!...

...Le levanté un poco la voz. ¡Mierda! Se asustó. No quise seguir hablando. Nunca antes me había molestado por algo tan insignificante, pero con ella me enoja lo más mínimo. Iba a disculparme, pero...

—¡Si no querías ir solo tenías que decir que no! ¿Por qué gritarme?

...La miré sorprendida. Pensé que se había asustado y no me hablaría más, pero esto, esto me sorprendió, pero... tiene razón. Su franqueza me desarmó. Me sentí avergonzada.

—¡No me vuelvas a hablar! ¡...idiota..!

...¡Ay, por Dios! Ella se ha enojado. Pensé que se había asustado porque le alcé la voz, pero no; es todo lo contrario. Yo también estaba un poco sacada de onda, así que no quise seguir hablando; era mejor callarse antes de que explote más. Su insulto, aunque infantil, me dolió más de lo que quería admitir. Pero también sentí una extraña excitación.

...El camino de regreso a casa fuimos como dos extrañas; solo miraba por la ventana al igual que yo. Yo estaba enojada por algo sin sentido, y ella estaba enojada porque le grité, dos cosas muy diferentes, pero por el mismo motivo. La tensión en el aire se podía cortar con un cuchillo. Nuestras miradas se cruzaban de vez en cuando, cargadas de reproche y enojo. Llegamos a casa, y salió del auto azotando la puerta con rabia. Solo suspiré. Entró a la mansión votando chispas. Pero no le presté mucha atención a eso; en menos de seis horas debía agarrar un avión en dirección a Rusia, y concentrarme en ella no me servía de nada. Tenía que poner mis prioridades en orden. Y tenía que alejarme de Valeria antes de que me quemara.

—De acuerdo, ¿qué hay?

...Le pregunté a Diogo sentándome en el sillón de mi despacho. Él, parado frente a mí, comenzó a hablar.

—Es el señor Kalashov. La información llegó en la mañana; como usted la leyó, nos dio dos días para que estuviéramos presentes en la reunión. Ya avisamos que es imposible cumplir con la cita, ya que se adelantó la reunión, pero ya sabe cómo es: cree que puede mandarnos a su antojo.

...Ese viejo desgraciado cree que no lo he matado porque no he podido? Ja! No me conoce. Tengo mucho más poder que él; en lo único que me gana es en su país, por eso sigue vivo; de lo contrario, ya habían llorado su muerte. La ambición me carcomía. Pero también sentía un vacío en mi interior.

—No te preocupes; creo que en esta reunión ya no nos será útil.

—Tiene razón; apenas nos permitan importar carga a su país, ya no será útil. Pero jefa, creo que él sospecha eso y tratará de ir en contra de usted en esa reunión, como siempre lo ha hecho.

...Él tiene razón, pero...

—Lo sé; en la reunión pasada tuve siete de doce; creo que en esta reunión serán doce de doce, eso te lo aseguro.

...Finalicé apretando mis puños. Esas reuniones las organiza el que más mando tiene; en ese caso, es una vieja de Japón, pero pronto será mía. Esas reuniones las hacemos para tratar el pase a nuestros países, ya que no podemos invadir territorio ajeno; así todos estaremos en paz, llevaremos la fiesta sana, aunque no esté de acuerdo. Pero es lo que hay si quiero ser la que más mando tiene entre todos. Rusia siempre me pide una cuarta mitad de mi carga, y eso es mucho, siempre voy perdiendo, pero en esta reunión tendré pase libre, y entonces... Entonces, seré intocable.

—Jefa, al primero que debe convencer es a Kalashov; si él acepta, los demás lo harán sin problema.

—Lo sé; por eso, en la última carga le mandé un regalito, y viendo que él fue quien nos informó de la reunión, estoy segura de que ya lo tengo ganado. Le había enviado una joven y hermosa bailarina, una de las favoritas de Kalashov. Sabía cómo complacer a los hombres.

...Finalicé soltando una sonrisa mueca. Esto es emocionante; hace rato lo quiero quitar de mi camino, y viendo lo cerca que está, me emociona. Saboreaba la victoria. Pero también sentía un escalofrío recorrer mi espalda.

—Yo también creo lo mismo.

...Me levanté soltando un suspiro de alivio. Pronto todo cambiará, y será para bien. Al menos eso me decía a mí misma.

—Come algo, luego ve a organizar todo; salimos en cinco horas.

...Dije pasando por su lado fuera del despacho. Pero apenas salí, fue como si me hubiera echado agua bendita en la cabeza: en un abrir y cerrar de ojos, ella estaba presente en mi mente. Era como esa gripa: no importa lo que tomes, nunca se va. Su imagen me perseguía. Su rostro magullado, sus ojos llenos de ira, su cuerpo tembloroso... No podía sacarla de mi cabeza.

—¡Maldición!

—Sra. Rusca, el almuerzo ya...

—No, estoy bien.

...La interrumpí. Gracias a alguien ya no tenía hambre. Me hizo enojar tanto que por un momento pensé en matar a alguien. La Sra. Lucía se inclinó despidiéndose y se retiró. Yo iba subiendo las escaleras cuando...

—¡¡Sal de aquí; yo misma puedo organizar lo mío!!

...Esos eran los gritos de Valeria. ¡Parece mucho más enojada que yo! Quería darme la vuelta y esperar que se calmara para poder entrar a la habitación, pero... No podía seguir huyendo de ella.

—Espera... ¿estoy huyendo de ella? Jajajaja, ¡qué estupidez!

...Terminé de subir las escaleras y fui a mi habitación. Habían dos muchachas paradas en el humbral de la puerta como dos perritos regañados. Las observé; luego, les dije que podían retirarse. Su miedo me dio lástima.

—Pueden retirarse; yo me encargo.

...Ellas no insistieron; solo se retiraron. Antes de entrar, respiré hondo. Esto es ilógico: yo, Alisha Rusca, estaba sintiendo un sentimiento que no había sentido en mucho tiempo, y era miedo. Su ira me intimidaba. Pero también me excitaba.

—¿Qué haces?

...Le pregunté. Estaba sentada al borde de la cama; alrededor de la habitación estaban todas las bolsas de la compra, y al parecer no era el único lugar desordenado. Mi clóset parecía haber sido saqueado por un tornado.

—Espera... ¿¡qué le pasó a mi clóset!?

...Mi clóset parecía haber sufrido un tornado. ¿Qué pretende? ¿Acaso quiere destruirme?

—¿Qué mierda estás haciendo? Debes dejar todo organizado como estaba, ¿entiendes?

...Esta niña me hará matarla. No reaccionaba; era como si, de la rabia, le costara hablar. Su silencio era ensordecedor.

—¡Escuchaste? Quiero que organices todo, y lo quiero como estaba: ¡por colores!

...Odio el desorden; todo debe estar por colores y ordenado, pero ella tiene el descaro de mover así mis cosas de mi clóset. Es una... Una salvaje.

—¡Saca tus cosas de acá; he decidido no dormir contigo; no dormiré con alguien como tú!

...¡Juro que la voy a...! Contuve mi ira.

—Cuando no puedas dormir, camina o toma un vaso de leche, pero no puedes dormir en esta habitación.

...¿Acaso está bromeando? Su rebeldía me desafiaba. Su cuerpo estaba tenso, sus puños apretados, sus ojos brillaban con una furia contenida.

—¿Qué? ¿Qué quieres decir? ¿Se te olvida cuál fue nuestro trato? Ya viste a tu familia; ahora no me vengas con esto. ¿O es que se te olvida de qué es mi trabajo?

...Me fui acercando lentamente; luego, me miró, después se levantó y se paró frente a mí. Su aliento chocaba con el mío. Me miró a los ojos y dijo:

—Haz lo que quieras; igual, no importa si vivo o muero.

...Al ver la terminación de sus palabras en sus ojos, sentí mi corazón apretarse, lo cual maldecí por dentro, porque me estaba haciendo sentir muchas cosas que nunca había sentido, y cosas que de pronto había olvidado. Me di media vuelta y salí de la habitación. Odio lo que me estaba haciendo sentir: rabia, preocupación, miedo, enojo, deseos, paz, felicidad y tranquilidad, y todo por alguien que apareció como Dios hizo aparecer la luz, de la nada, y eso no tiene sentido, como tampoco no tiene sentido que el pequeño momento de felicidad que sentí desapareciera más rápido de lo que pensamos. Creo que la misma vida es así: las cosas buenas tardan en llegar, pero desaparecen más rápido de lo que pensamos. Era como si estuviera destinada a la soledad.

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Pamela Duran Sandoval
siga así excelente novela autora porfavor más capitulos
Blasida Zarate
Es buenísimo lastima que tiene pocos capítulos pero esperaré
Pamela Duran Sandoval
Valeria dale su merecido a Dante a él no le haces nada en cambio a la pobre señora rusca le rompes la nariz, la cacheteas, la insultas, pobrecita de ella me compadezco
Elisbeth Palma
más capítulo autora
Elisbeth Palma
😱😱😱😏 estará difícil
Elisbeth Palma
sí claro
Elisbeth Palma
🤭🤭🤭🤭😏 se la había olvidado
Elisbeth Palma
🥰🤭😏 me encanta estos tipos de novela
Pamela Duran Sandoval
gracias autora más capitulos porfi 🙏🙏🙏🙏
Pamela Duran Sandoval
excelente novela gracias espero pronto una nueva actualización
nilda daniela camacho mejia
necesito más capitulos, está muy buena la historia
Pamela Duran Sandoval
excelente novela autora ya la extrañaba me encantan sus obras las e leído todas y espero que esta no sea igual de buena que las anteriores gracias espero un nuevo capítulo
Dshir Caicedo: Hola. Gracias por siempre comentar. Yo también extrañaba publicar a mis querid@s y leales lectores. Yo también espero que sea de su agrado está historia.
total 1 replies
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