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MAHUA

MAHUA

Status: En proceso
Genre:Aventura / Magia y demonio / Romance
Popularitas:148
Nilai: 5
nombre de autor: melany ayelen tschentscher

Somos seres divinos, dicen.
Pero la divinidad no es luz eterna. Es resistencia.

NovelToon tiene autorización de melany ayelen tschentscher para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 7: "LA PRIMERA PUERTA DEL ABISMO"

El latido se detuvo.

No de golpe… sino como si el tiempo mismo hubiese olvidado cómo seguir.

Y entonces, todo cayó.

No hacia abajo.

Hacia adentro.

El corazón se abrió por completo, pero no como carne ni como monstruo… sino como una grieta en la realidad. Una profundidad sin forma, donde los colores no existían y los sonidos eran recuerdos lejanos.

Y yo… fui arrastrada.

No luché.

No había contra qué luchar.

Era como si algo dentro de mí reconociera ese lugar.

Como si ya hubiese estado allí antes.

El silencio no era vacío.

Era… pesado.

Cargado.

Respiré, aunque no sabía si aún tenía cuerpo.

—Así que volviste.

La voz no vino de un lugar.

Vino de todas partes.

Giré, pero no había nada que ver. Solo oscuridad… y algo más.

Presencia.

—No recuerdo haber estado aquí —respondí, aunque mi voz no salió de mi boca.

—No con memoria —dijo la voz—. Pero sí con esencia.

Entonces apareció.

No una forma completa.

Fragmentos.

Sombras que intentaban reconstruir algo que alguna vez fue.

Un ojo enorme… cansado.

… roto.

Un cuerpo que no terminaba de existir.

—Tú eres… —empecé.

—Lo que queda —interrumpió.

El kraken.

O lo que quedaba de él.

Pero no era como afuera.

Aquí no había furia.

Solo… agotamiento.

—¿Por qué atacas? —pregunté—. ¿Por qué haces esto?

La oscuridad tembló levemente.

—No ataco.

Las imágenes comenzaron a rodearnos.

El mismo océano… pero distinto.

Brillante.

Vivo.

Sin inversión.

Sin caos.

Y ahí estaba él.

No como monstruo.

Como guardián.

Enorme, sí.

Pero sereno.

Moviéndose entre corrientes claras, acompañado por criaturas que no huían… sino que lo seguían.

—Yo protegía este lugar —dijo la voz—. Era equilibrio.

Las imágenes cambiaron.

Violentamente.

Una grieta.

En el cielo… o en el mar… o en ambos.

Algo que no debía existir.

Algo que rompió todo.

—El mundo se dobló —continuó—. Se invirtió… se desgarró…

Vi cómo las aguas se elevaban.

Cómo el cielo caía.

Cómo las criaturas se deformaban.

Cómo él… intentaba contenerlo.

—No pude sostenerlo —susurró.

El dolor atravesó todo.

No físico.

Algo más profundo.

—Y entonces… me quedé atrapado entre lo que era… y lo que se volvió.

Las imágenes desaparecieron.

Volvimos a la oscuridad.

—¿Y por eso atacas? —insistí.

—Por eso… pierdo el control.

Silencio.

—Tú sientes lo mismo.

Mi pecho ardió.

La marca respondió.

—No —susurré.

—Sí.

La oscuridad se acercó.

O tal vez fui yo la que cayó más profundo.

—Tú también estás rota.

Las palabras no dolieron.

Porque eran verdad.

Mahua.

La culpa.

El miedo.

Todo lo que había intentado ignorar.

—Este mundo… responde a eso —continuó—. A lo que no sanas.

La marca brilló.

Pero esta vez… no como fuego.

Como un latido.

Igual al suyo.

—Por eso puedes tocarme —dijo—. Por eso puedes detenerme.

Extendí la mano.

—Entonces no tienes que seguir así.

El silencio vibró.

—No puedo volver a ser lo que era.

—No necesitas hacerlo —respondí—. Solo tienes que dejar de destruir lo que queda.

Un pulso.

Lento.

Dudoso.

—¿Y tú?

—¿Yo qué?

—¿Dejarás de huir?

Las palabras me atravesaron.

No había batalla aquí.

No había espada.

Solo verdad.

Cerré los ojos.

Respiré.

—No lo sé —admití—. Pero… voy a intentarlo.

El corazón respondió.

Un latido más fuerte.

Más claro.

Y por primera vez… no dolía.

—Entonces… hagámoslo juntos.

Abrí los ojos.

La oscuridad comenzó a cambiar.

No a desaparecer.

A ordenarse.

Como si algo dentro de ella encontrara su lugar.

El mundo regresó de golpe.

El ruido.

El viento inexistente.

El agua suspendida.

El barco.

El joven.

—¡Oye! —gritaba—. ¡Responde!

Parpadeé.

Seguía frente al corazón.

Pero ya no era el mismo.

Los tentáculos… se habían detenido.

Flotaban, inmóviles.

La tormenta… se deshacía.

El ciclón bajo el barco comenzaba a disiparse lentamente.

—¿Qué hiciste…? —susurró él, sin entender.

No respondí de inmediato.

Solo observé.

El corazón latía.

Pero ya no con violencia.

Con… estabilidad.

La marca en mi pecho brilló una última vez.

Y luego…

se calmó.

—No lo derroté —dije finalmente—. Solo… lo escuché.

El joven me miró.

Como si intentara decidir si eso era suficiente.

El kraken se movió.

Pero no atacó.

Se replegó.

Lento.

Profundo.

Volviendo a ese océano invertido que ahora… parecía menos caótico.

—Se está retirando… —murmuró alguien desde la cubierta.

El barco dejó de crujir.

El mundo… volvió a respirar.

Pero distinto.

Más… en equilibrio.

La capitana levantó la vista hacia nosotros.

sonrió.

Yo bajé lentamente, sintiendo cómo la gravedad volvía a tener sentido.

O algo parecido.

El joven cayó a mi lado.

—Esto… no debería ser posible.

—Lo es —respondí—. Aquí… todo responde a lo que llevamos dentro, ¿recuerdas?

Él guardó silencio.

Luego miró mi pecho.

La marca.

—Eso no es un poder común.

—Lo sé.

—Y tampoco es solo tuyo.

Fruncí el ceño.

—¿A qué te refieres?

Pero antes de que respondiera…

el mar arriba… volvió a moverse.

No violentamente.

Algo… más.

Una nueva presencia más profunda.

El joven tensó el cuerpo.

—No hemos terminado.

La capitana gritó desde abajo:

—¡Todos en posición! ¡Esto aún no acaba!

Sentí la marca latir otra vez.

Pero ahora…

no con miedo.

Con advertencia.

Miré hacia ese “cielo marino”.

Y lo supe.

El kraken no era el final.

Solo… la primera puerta.

Y algo al otro lado…

acababa de despertar.

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