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Desafiando Al Rayo

Desafiando Al Rayo

Status: En proceso
Genre:Época / Reencarnación / Mundo mágico / Edad media
Popularitas:8.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Juna C

Elena nunca pensó que la vida le daría otra oportunidad… pero en el cuerpo de Elyria Montclair la villana del libro que acababa de leer. Mientras intenta adaptarse, su inteligencia aguda y espíritu indomable chocan con el carácter impecable y enigmático de Alaric Blackthorn.

NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Caer en la tentación

El pueblo de Thornfield tardó horas en recuperar la calma.

Los cuerpos de las bestias yacían ya reducidos a restos ennegrecidos, pero el miedo seguía flotando en el aire como una neblina espesa. Los aldeanos se agrupaban en pequeños círculos, murmurando entre ellos, señalando los daños, las marcas en las casas, el suelo resquebrajado por la magia.

—Nunca habíamos visto algo así…

—Eso no es normal…

Los rumores crecían más rápido que la tranquilidad.

Elyria observaba la escena con los brazos cruzados, aún con la adrenalina recorriéndole el cuerpo. Sentía la mirada de Alaric sobre ella, constante, evaluadora, como si comprobara una y otra vez que seguía entera.

—Esto ya no puede ocultarse —dijo el finalmente, con el ceño fruncido—. Si aparecieron aquí, pueden hacerlo en cualquier lugar.

Ella asintió, seria por primera vez en mucho tiempo.

—Alguien quiere que se note —respondió—. Que la gente tenga miedo.

Alaric no replicó. Sabía que tenía razón.

Un carruaje llegó poco después, levantando polvo al detenerse en la entrada del pueblo. El duque Magnus Montclair descendió con el rostro tenso, recorriendo el lugar con la mirada antes de fijarla en su hija.

—Elyria —dijo, avanzando hacia ella—. Gracias a los cielos…

—Estoy bien, padre.

Magnus suspiró, pero su expresión no se suavizó.

—Esto cambia las cosas —afirmó, bajando la voz—. Si estas criaturas están apareciendo sin previo aviso, no es seguro que regreses al ducado todavía.

Elyria frunció el ceño.

—¿Qué estás diciendo?

—Que lo más prudente es que permanezcas en la mansión Blackthorn —respondió con firmeza—. Al menos hasta que sepamos si hay más de… eso suelto por el reino.

Ella abrió la boca para protestar, pero Alaric habló antes.

—Será protegida —dijo—. No permitiré que nada le ocurra bajo mi techo.

Elyria lo miró de reojo.

Magnus también.

Tras un breve silencio, el duque asintió.

—Confío en ello, archiduque.

Mientras la atención de todos estaba puesta en la conversación, nadie notó la figura inmóvil entre los restos de una construcción derrumbada, en el extremo del pueblo.

Desde las sombras, una persona encapuchada observaba la escena en silencio.

Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor de la tela oscura de su capa al ver que Elyria y Alaric habían detenido las bestias. La rabia vibró en el aire, contenida, peligrosa.

—Fallaron… —murmuró una voz apenas audible—. Pero esto no ha terminado.

Un paso atrás.

Luego otro.

Y la figura desapareció entre las sombras, fundiéndose con ellas como si nunca hubiera estado allí.

Sin saberlo, Elyria y Alaric ya no solo compartían un peligro visible…

sino uno que los observaba con paciencia.

El duque Magnus fue el primero en dar la orden final.

—Yo me quedaré en Thornfield —dijo con autoridad—. Supervisaré la limpieza del área, interrogaré a los testigos y reforzaré la vigilancia. Esto no puede repetirse.

—Padre… —empezó Elyria.

—No es negociable —la interrumpió con suavidad firme—. Estarás más segura en la mansión Blackthorn por ahora.

Alaric asintió de inmediato.

—Dejaré una escuadra aquí —añadió—. Sanadores, guardias y refuerzos mágicos. No quedará desprotegido.

Magnus lo miró unos segundos, evaluándolo… y finalmente asintió.

—Entonces confío en usted, archiduque.

Elyria resopló por lo bajo, cruzándose de brazos.

—Qué bien —murmuró—. Deciden mi destino sin siquiera consultarme.

—Te consultamos —respondió su padre—. Simplemente no coincidiste con la respuesta correcta.

El carruaje partió poco después.

Dentro, el ambiente era muy distinto al caos del pueblo. El traqueteo suave de las ruedas, el sonido amortiguado del exterior… y el silencio incómodo entre ambos.

Elyria se sentó frente a Alaric, brazos cruzados, mirada fija en la ventana durante exactamente… diez segundos.

Luego habló.

—Así que… —dijo con fingida indiferencia—. ¿Tan insoportable soy que necesitas vigilarme personalmente?

Alaric la miró de reojo.

—No es vigilancia. Es precaución.

—Claro —respondió ella—. Precaución muy conveniente. Tenerme bajo tu techo, a tu alcance.

Él suspiró.

—¿Siempre sacas conclusiones tan erróneas?

—Solo cuando alguien se esfuerza tanto en negarlas.

Elyria giró el rostro hacia él, una sonrisa ladeada jugando en sus labios.

—Dime, archiduque —continuó—. ¿Te gusta tenerme cerca?

Alaric no respondió de inmediato. Sus ojos descendieron apenas, recorriendo su postura relajada, la seguridad insolente con la que lo miraba… y luego volvió a clavar la vista en la de ella.

—Me gusta saber dónde estás —dijo finalmente—. No es lo mismo.

—Vaya —se burló—. Eso sonó peligrosamente parecido a una confesión.

—No lo fue.

—Qué decepción.

Ella se acomodó mejor en el asiento, aún con los brazos cruzados, inclinándose apenas hacia adelante.

—Porque empezaba a pensar que te ponía nervioso.

—No me pones nervioso.

—¿Seguro?

El carruaje dio un pequeño salto al pasar por un bache. Elyria se inclinó un poco más sin querer… o queriendo. Alaric extendió la mano por reflejo para sostenerla antes de que perdiera el equilibrio.

Sus dedos se cerraron alrededor de su muñeca.

El contacto fue breve.

Pero intenso.

Demasiado.

Elyria alzó lentamente la mirada hacia él, sorprendida… y luego sonrió, despacio.

—Gracias —dijo en voz baja.

Alaric soltó su mano como si se hubiera quemado.

—Ten más cuidado.

—Siempre lo hago.

El silencio volvió, esta vez cargado de algo distinto.

Elyria apoyó la cabeza en el respaldo, observándolo con descaro.

—Sabes —añadió—. Si tanto te molesta tenerme cerca… podrías pedirme que me vaya.

—Y tú no lo harías.

—No —admitió—. Pero me encantaría verte intentarlo.

Alaric apretó la mandíbula, desviando la mirada hacia la ventana.

—Eres un problema, Elyria Montclair.

Ella sonrió, satisfecha.

—Y aun así… aquí estamos.

El carruaje continuó su camino hacia la mansión Blackthorn, llevando consigo no solo a dos personas que se provocaban sin piedad…

sino a una tensión que estaba peligrosamente cerca de romperse.

Alaric no dijo nada cuando regresaron a la mansión.

Apenas cruzó las puertas principales, dejó instrucciones breves a los guardias y se dirigió directamente a su despacho, con el paso firme y la expresión cerrada. Elyria lo observó alejarse con el ceño fruncido, sintiendo una mezcla extraña entre fastidio y curiosidad.

—Encantador —murmuró.

Con nada mejor que hacer y demasiada energía aún recorriéndole el cuerpo, decidió explorar la mansión.

Los pasillos eran largos y silenciosos, iluminados por candelabros altos que proyectaban sombras elegantes sobre las paredes de piedra oscura. Había retratos antiguos —hombres y mujeres de miradas severas, todos con el mismo aire Blackthorn—, vitrinas con armas ceremoniales, libros antiguos y mapas colgados con precisión casi obsesiva.

Todo gritaba control.

Todo gritaba Alaric.

—Así que aquí te escondes —susurró, pasando los dedos por el lomo de un libro—. Frío, ordenado… y ligeramente intimidante.

Cuando llegó la hora de la cena y Alaric no apareció, una sirvienta le informó que el archiduque seguía trabajando y no deseaba ser interrumpido.

Elyria dudó apenas un segundo antes de asentir.

—Cenaré en mi habitación entonces.

Comió sin mucho apetito, sentada junto a la ventana, observando cómo la noche se apoderaba lentamente de los jardines. Para cuando terminó, la mansión estaba en silencio. Demasiado silencio.

Se cambió a un camisón sencillo y se metió en la cama… pero el sueño no llegó.

Su mente seguía demasiado despierta.

Demasiado llena de miradas, palabras no dichas… y de un archiduque que había desaparecido detrás de una puerta cerrada.

—Genial —murmuró, incorporándose—. Ahora también me quitas el sueño.

La sed fue la excusa perfecta.

Con pasos suaves, salió de la habitación, recorriendo los pasillos iluminados apenas por antorchas nocturnas, hasta llegar a la cocina. Todo estaba en penumbra. Tomó una jarra, sirvió agua en un vaso y bebió despacio.

Fue entonces cuando lo sintió.

Una presencia.

—¿Sueles pasearte por las cocinas en plena noche?

La voz grave resonó detrás de ella.

Elyria casi se atraganta.

Se giró de inmediato, encontrándose con Alaric apoyado contra el marco de la puerta. Sin chaqueta, mangas remangadas, el cabello ligeramente desordenado… como si llevara horas luchando contra algo más que documentos.

—¿Y tú sueles aparecer de la nada para asustar a tus invitadas? —replicó, recuperando la compostura—. Tenía sed.

—Hay sirvientes para eso.

—No quería despertarlos —dijo, dejando el vaso sobre la mesa—. Aunque veo que no soy la única despierta.

Alaric la observó en silencio. El camisón claro contrastaba con la oscuridad de la cocina, y había algo peligrosamente vulnerable en verla así… tan fuera de lugar en su mundo.

—No deberías deambular sola —dijo al fin—. Aún no sabemos si…

—Si hay más bestias, lo sé —lo interrumpió—. Créeme, no planeo morir de sed en mi habitación.

Una sombra de algo ¿diversión?, ¿frustración?cruzó su rostro.

—Deberías descansar.

—Tú también.

El silencio se alargó.

Demasiado.

Elyria se apoyó en la mesa, cruzándose de brazos, observándolo con atención descarada.

—¿Siempre trabajas hasta tan tarde? —preguntó—. O ¿solo cuando quieres evitar a alguien?

—No evito a nadie.

—Claro —sonrió—. Entonces supongo que fue coincidencia que desaparecieras apenas llegamos.

Alaric dio un paso hacia ella.

Luego otro.

—Eres persistente.

—Y tú pésimo mintiendo —respondió, sin retroceder—. Hace horas que no te veo, archiduque. Empieza a parecer que huyes.

—No huyo.

—Entonces… ¿qué haces?

Sus miradas chocaron.

El aire entre ambos se volvió espeso, cargado, como antes de una tormenta.

—Vete a dormir, Elyria —dijo en voz baja.

Ella alzó el mentón, desafiante.

—¿Y si no quiero?

Silencio.

Peligroso.

Alaric apretó la mandíbula.

—No juegues con cosas que no entiendes.

La sonrisa de Elyria fue lenta, provocadora.

—Oh, créeme —susurró—. Entiendo más de lo que crees.

Alaric dio otro paso.

Y otro.

Hasta que Elyria tuvo que alzar la mirada para sostenerle la mirada.

—Te advertí —murmuró él, la voz baja, cargada— que no jugaras conmigo.

—¿Y yo te advertí que no me ordenaras cosas? —respondió ella, sin apartarse—. Parece que ninguno escucha muy bien.

Eso fue suficiente.

Algo en la expresión de Alaric se quebró.

Sin aviso, sin permiso, sin más palabras, la tomó de la cintura y la empujó contra la mesa, haciendo que el vaso vibrara antes de caer al suelo y romperse en silencio amortiguado.

Elyria apenas tuvo tiempo de inhalar cuando sus labios chocaron con los de ella.

No fue suave.

No fue lento.

No fue romántico.

Fue hambre. Fue furia contenida. Fue demasiadas cosas reprimidas estallando al mismo tiempo.

Alaric la besó como si quisiera callarla… o demostrarse a sí mismo que podía hacerlo.

Elyria se quedó inmóvil solo un segundo.

Uno.

Luego sus manos subieron sin pensarlo, rodeándole la nuca, enredando los dedos en su cabello, acercándolo aún más. Aceptando el desafío. Respondiendo.

El beso se volvió más profundo, más intenso. Alaric gruñó apenas al sentirla corresponder, y la atrajo con más fuerza contra su cuerpo, como si la distancia entre ambos fuera una ofensa.

—Maldita sea… —murmuró contra sus labios.

Ella sonrió apenas entre el beso.

—¿Eso fue una disculpa?

La respuesta fue otro beso, más lento esta vez, pero igual de cargado. Su mano subió por su espalda, firme, posesiva, dejándole claro que ya no había marcha atrás.

Cuando finalmente se separaron, el aire entre ellos estaba ardiendo.

Las frentes casi juntas. Las respiraciones desordenadas.

—Esto no significa nada —dijo Alaric, con la voz tensa—. ¿Entendido?

Elyria lo miró, los labios aún encendidos, los ojos brillantes.

—Claro —respondió—. Solo una mala decisión nocturna.

Él la sostuvo un segundo más… como si no quisiera soltarla.

Luego se apartó bruscamente.

—Vuelve a tu habitación.

—¿Eso es una orden? —preguntó ella, divertida.

—Es una súplica —admitió entre dientes—. Antes de que vuelva a olvidarme de mí mismo.

Elyria pasó junto a él, rozándolo al irse, y susurró:

—Demasiado tarde para eso, archiduque.

La cocina volvió a quedar en silencio.

Pero ninguno de los dos durmió esa noche.

¿Fui la única que rió de alegría como loca con ese beso?🫣

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Johann
👏👏👏👏👏❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
que el Richard ese tratara de vengar a su zorrita y terminará sin cabeza, y que esos dos ya se declaren jajajja ellos se ve que derrochan amor 😻
Johann
❤️❤️❤️❤️👏👏👏👏
Johann
👏👏👏👏👏❤️❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
Dios cada capítulo se vuelve mejor que el anterior que emoción aaaaah.
autora preguntaaa: la prota se está cuidando verdad? no queremos bebé todavía o si?? 👀👀👀👀
Juna: Aaa muchas gracias 🥹💖 de verdad me hace muy feliz leer esto.
total 4 replies
Johann
❤️❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
espere todo el día por esta hermosa historia jajjaj no me arrepiento de nada 😻😻
Johann
❤️❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
jajajajjaja celos de tus ojos cuando miras a otro chico, tengo celos, celos de tí 👀🎵🎶🎶🎵🎵 ajjajajajja
Flor R
Amelia solita está buscando su tumba
Mauge Albornoz Diaz
me encanta cada capítulo mejor q el anterior
Mauge Albornoz Diaz
está muy buena la historia me encanta
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
autora eso no es justo, como nos vas a dejar asiii 😭😭😭😭😭😂😂😂😂😂
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
Dios, que albino más hermoso, precioso, divino, papasito, está como el pan, bien bueno 🫦🫦🫦🫦😻😻😻/Drool//Drool//Drool/
Johann
👏👏👏👏🥰🥰🥰🥰
Lena
La protagonista de esa novela: la mosquita muerta esa
Flor R
sus modos son explosivos pero ya encontrarán un punto intermedio ☺️☺️☺️☺️😊
Nella Reyes
yo me apunto para madrastra... ese duque esta para soñar
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
dejame decirte autora, q me encanta la historia, la manera en la que relatas y escribes es impresionante a pesar de que mencionaste de q está era la primera historia que te animabas a escribir 📖✨❤️📚
Johann
👏👏👏👏
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