Odiar es una palabra fuerte, un sentimiento que se debía de sentir mucho entre los Markov y Villal Pero que pasa cuando quieren formar las paces entre ellos por el bien del dinero… digo las familias. ¿Obligarian a sus hijos a un matrimonio? Pero… ¿A quienes de ellos?
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Interrupciones
Toda la pista giró hacia Thiago.
Incluidos ellos.
Catalina retrocedió apenas automáticamente mientras intentaba recuperar el aire y aparentar normalidad.
Spoiler:
no estaba funcionando.
Thiago avanzaba hacia ellos con expresión oscura.
Muy oscura.
Bruno venía detrás claramente intentando evitar un homicidio en vivo.
—¿Qué? —preguntó Catalina demasiado rápido.
Thiago alternó la mirada entre ella y Damian.
Después miró la poca distancia que los separaba.
Y finalmente volvió a levantar los ojos lentamente.
—Papá quiere fotos familiares.
Catalina casi suspiró de alivio.
Casi.
Porque Thiago seguía viéndose peligrosamente cerca de arrancarle la cabeza a alguien.
—Perfecto —murmuró Damian soltando lentamente la mano de Catalina.
Y ella odió notar inmediatamente la ausencia del contacto.
Idiota.
Thiago sí notó cómo Damian tardó demasiado en soltarla.
Y eso definitivamente no ayudó.
—¿Te diviertes, Markov? —preguntó con falsa calma.
Damian sostuvo la mirada.
—No tanto como Alekséi viendo tu crisis emocional.
—Voy a enterrarlo también.
—La fila sigue creciendo —comentó Alekséi apareciendo otra vez de la nada.
Catalina estaba empezando a sospechar que ese hombre literalmente aparecía donde hubiera tensión.
Como un demonio elegante.
Amalia llegó junto a él segundos después.
Y apenas vio las caras de todos…
sonrió.
—Oh. Definitivamente interrumpimos algo.
Catalina quiso desaparecer.
Bruno directamente se tapó el rostro con una mano.
—Por favor no empieces tú también.
—¿Qué? Solo estoy observando.
Thiago seguía mirando a Damian como si quisiera atravesarlo psicológicamente.
Y Damian seguía igual de tranquilo.
Lo cual era peor.
Mucho peor.
Porque cuando Thiago explotaba, gritaba.
Pero Damian parecía de esas personas que simplemente sonreían antes de destruirte emocionalmente.
Catalina estaba rodeada de hombres insoportables.
—Vamos antes de que la prensa note el drama familiar —murmuró Bruno.
Demasiado tarde probablemente.
Las cámaras seguían siguiéndolos discretamente mientras cruzaban el salón hacia la zona principal donde Ignacio y Viktor esperaban.
Las madres también estaban ahí.
Y varias personas importantes alrededor.
Políticos.
Empresarios.
Socios.
Todos sonriendo falsamente mientras analizaban cada interacción.
Ignacio apenas vio llegar a los jóvenes y habló entre dientes:
—Compórtense.
Thiago soltó una risa seca.
—Un poco tarde para eso.
Helena acomodó rápidamente a Catalina junto a Damian para las fotografías.
Otra vez.
Siempre juntos.
Catalina ya empezaba a notar el patrón demasiado claramente.
—Más cerca —ordenó uno de los fotógrafos.
Catalina apretó la mandíbula.
Damian dio apenas un paso hacia ella.
Y nuevamente el calor de su brazo rozó el suyo.
Perfecto.
—Sonrían.
Flash.
Flash.
Flash.
Alekséi apareció detrás de ellos justo antes de otra foto.
—Parecen recién casados. Qué adorable.
Thiago lo empujó del hombro inmediatamente.
—Desaparece.
El fotógrafo rio incómodo.
Claramente sintiendo la tensión asesina entre todos.
Amalia terminó colocándose al lado de Catalina intentando salvar la situación.
Y honestamente fue lo único que hizo que la escena pareciera mínimamente normal.
Después de varias fotografías insoportables, finalmente les dieron unos minutos libres.
Catalina aprovechó inmediatamente para alejarse de las cámaras.
Necesitaba respirar.
Necesitaba silencio.
Necesitaba dejar de pensar en lo cerca que había estado Damian hacía apenas minutos.
Caminó hasta uno de los balcones laterales del salón abriendo las puertas de vidrio.
El aire frío de la noche golpeó su rostro instantáneamente.
Mejor.
Mucho mejor.
Se apoyó en la baranda soltando aire lentamente mientras las luces de la ciudad brillaban abajo.
—Sabía que ibas a escapar aquí.
Catalina cerró los ojos un segundo.
Claro.
Damian.
Otra vez.
—¿Me estás persiguiendo?
—Tal vez.
Ella giró apenas hacia él.
Sin música.
Sin gente alrededor.
Sin flashes.
Y eso se sentía peligrosamente más íntimo.
Damian se acercó despacio hasta quedar a su lado apoyándose también en la baranda.
El silencio entre ambos ya no era incómodo.
Y eso probablemente era el mayor problema de todos.
—Thiago me odia oficialmente —comentó él mirando hacia la ciudad.
Catalina soltó una pequeña risa.
—Oh no. Eso ya pasó hace días.
Damian sonrió apenas.
Después la miró.
Directamente.
Otra vez demasiado intenso.
—¿Y tú?
El corazón de Catalina tropezó instantáneamente.
—¿Yo qué?
—¿También me odias?