Una vez creí en los cuentos de hadas, pero tarde me di cuenta de que solo eran una mentira que nos cuentan de niños para desviarnos de la maldad de este mundo en el cual por desgracia y caí y morí sabiendo que él no me amaba.
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Capítulo 6: "Las cadenas de Nikolay "
AYLA
Mi departamento era pequeño, pero acogedor. Y eso era suficiente para mí. Una sola ventana que dejaba entrar la luz tenue de la ciudad, paredes aún desnudas—porque no había tenido tiempo de decidir qué historia quería que contaran— y muebles funcionales que no pedían nada más que ser usados. Era un espacio en construcción, igual que yo.
Cerré la puerta con suavidad y me apoyé contra ella por un instante. El silencio me envolvió. Bajé la mirada hacia el libro que aún sostenía con ambas manos.
Las cadenas de Nikolay.
El título parecía más pesado, oscuro que al principio en que simplemente ya no lo veía con normalidad. Era como si supiera que iba a abrir ese libro. Dejé mi bolso a un lado, me quité los zapatos y caminé descalza hasta el pequeño sofá junto a la ventana. No encendí las luces. La penumbra me era más que suficiente, apropiada, incluso.
Me senté. Y sin, pensarlo demasiado, abrí el libro.
Las primeras páginas no eran suaves, ni amables. No había introducciones amigables ni descripciones complacientes. La historia comenzaba con una pérdida. Con una herida abierta que nunca cerraría por completo. El personaje Nikolay no era un héroe, claro quedaba desde el comienzo.
Algo que no tenía un nombre en específico para describir el dolor y la desesperación de un hombre que ha sufrido desde el instante en que él se enamoró de Sarai. La protagonista de la novela.
El libro en mis manos pesaba más de lo que debería. No por su tamaño, ni por el grosor de este en sus páginas, por algo que no sabía nombrar.
Entre más leía y pasaba entre líneas y páginas, más me daba cuenta de que no era una historia ligera. No era romántica en el sentido dulce que el interior que había diseñado para la boutique con el fin de vender.
Nikolay no era un héroe. Jamás lo fue.
Era descrito como un hombre brillante, frío, metódico... alguien que había construido su propio imperio desde la nada, pero que llevaba en la mirada una oscuridad que no provenía del poder, sino de las heridas. Un hombre que aprendió a sobrevivir en un mundo donde el amor y ser amado era una debilidad, un arma de doble de filo que se pagaba caro. Pero entre líneas, entre silencios del texto.
Un hombre que no creía en el amor... hasta que la conoció a ella.
Sarai. Cerré los ojos un segundo.
La forma en que el libro hablaba de ella... era distinta. No la idealizaba. No la convertía en un ser perfecto. Era una mujer fuerte, sí, pero también era contradictoria, temerosa, atrapada entre lo que sentía y lo que debía hacer.
Y aun así... Lo amaba. Lo supe en cada palabra no dicha, en cada silencio descrito entre ellos.
Continué leyendo. Cada página me hundía más. Podía verlos.
A Nikolay observando a Sarai en silencio, como si temiera que en cualquier segundo fuera desaparecer. A Sarai tratando de sostener algo que sabía que no podría conservar.
Había ternura. Pero también había algo más. Algo inevitable. El momento de la traición llegó sin aviso. Sentí mi estómago encogerse mientras leía.
Sarai no lo traicionó por crueldad... lo hizo porque no tenía otra opción. Las circunstancias, presión, amenazas que se cernían sobre todo lo que amaba... la orillaron a elegir.
Y ella escogió dejarlo. Eligió sobrevivir a costa de él. Apreté el libro con fuerza, más de la necesaria. No era justo. Pero... era entendible. Demasiado. Mi garganta se cerró.
Porque en el fondo, aunque las historias fueran diferentes... el dolor se sentía igual. Seguí leyendo. Y entonces llegó el accidente. Pude imaginarlo con una claridad que me erizó la piel.
Era una noche tormentosa que golpeaba con violencia. Nikolay conducía sin rumbo, con la traición clavada en el pecho como una herida abierta que no dejaba de sangrar. No estaba huyendo. Estaba... roto. Muy roto.
El impacto fue brutal. Un camión que apareció de la nada. El sonido del metal retorciéndose. El cristal estallando como lluvia inversa. El fuego.
El fuego...
Cerré los ojos con fuerza, como si fuera capaz de ver eso sin siquiera estar ahí. Pero esa imagen no desapareció al cerrar los ojos. El libro no escatimaba en detalles. Describía cómo las llamas devoraron el vehículo, cómo el calor deformó todo a su alrededor... el cómo Nikolay logró sobrevivir a ese aparatoso accidente.
Sin embargo, no salió ileso. Su rostro... respiré profundo, terminó desfigurado. Marcado para siempre. Una cicatriz viviente de todo lo que había perdido. Abrí los ojos lentamente.
Y continué leyendo, aunque una parte de mí quería parar. Sarai regresó. No lo hizo por amor, tampoco al inicio. Ella había vuelto por culpa. Por remordimiento. Y cuando lo vio...
Huyendo. No de él como hombre. Si no de lo que el dolor lo había convertido. Cerré el libro de golpe, respirando más rápido de lo normal. El silencio de mi departamento ya no era igual. Era más pesado. Más denso.
Apoyé el libro sobre mis piernas, mirando la portada como si esperara que me diera respuestas.
—No es justo...—susurré. No para él. No por ella. No por nadie. Mis dedos temblaban con ligereza al tocar la cubierta. Y entonces lo entendí. No era sola la historia. Era la sensación. La conexión.
Ese hilo invisible que me unía a Nikolay... a su forma de amar, de aferrarse, de romperse en silencio. Yo amé de esa forma. Yo también me había negado a aceptar lo que era evidente. Y pagué el precio. Un precio muy caro que me llevó a la muerte y renací para enmendar mis errores, cambiar cada decisión que tomé. Bajé la mirada al suelo.
—¿Por eso...?—murmuré, sin siquiera poder terminar la pregunta. No sabía a quién se la hacía. Tal vez era por el libro. Tal vez a mí misma. O posiblemente por algo más...
Recordé las palabras de la mujer en la librería.
"Léelo hasta el final..."
Un escalofrío me recorrió. Miré el libro una vez más. Y, a pesar del nudo en el pecho...
Lo abrí de nuevo.