Amelia solo quería recuperar su inspiración, pero un espejo maldito la arrastró a una pesadilla victoriana. Ahora está atrapada en una dimensión oscura, habitando el cuerpo de Eleanor Bianchi, una duquesa de sangre de dragón tan cruel que su propio séquito planea asesinarla.
¿El problema? Sus sirvientes no son humanos. Son cuatro letales y seductores demonios que la odian con cada fibra de su ser.
Rodeada de traiciones y enemigos mortales, Amelia tiene dos opciones: convencer a los monstruos que desean su muerte de que ella no es la tirana que recuerdan... o despertar la verdadera magia de su linaje y someter al infierno entero. El juego de poder acaba de cambiar.
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El rey del inframundo
**Eleanor Bianchi **
Apenas cruzamos las enormes puertas del inframundo, siento cómo algo dentro de mi pecho se comprime con una fuerza invisible. No es solo el aire pesado ni el olor a azufre que flota en el ambiente. Es una sensación mucho más profunda, como si este lugar mismo rechazara mi presencia o intentara aplastarme con su peso antiguo.
El cielo sobre nosotros no tiene sol ni luna, solo una masa oscura de nubes rojizas que giran lentamente como un remolino eterno. Relámpagos negros atraviesan la distancia sin hacer sonido, iluminando por momentos un paisaje devastado lleno de rocas rotas, estructuras deformes y torres de piedra negra que parecen haber sido construidas con huesos gigantes. El suelo está caliente bajo mis botas, y cada paso levanta pequeñas nubes de ceniza.
Camino detrás de Perseo y Azrael, tratando de mantener la calma, aunque mi corazón late demasiado rápido. Este lugar es el infierno literalmente, y yo acabo de entrar voluntariamente en él para rescatar al demonio que más desea matarme. Mientras avanzo, observo todo con atención, intentando no mostrar miedo, pero la verdad es que mi mente está llena de pensamientos.
¿Por qué siento esta conexión con este lugar? ¿Por qué la magia dentro de mí parece reaccionar con tanta fuerza aquí? Algo dentro de mi pecho arde suavemente, como si el inframundo despertara una parte dormida de mí. Antes de poder pensar más, un gruñido profundo rompe el silencio. Luego otro. Y otro más.
Mi cuerpo se tensa de inmediato mientras miro alrededor. Las sombras comienzan a moverse entre las rocas, entre las grietas del suelo, entre los huesos gigantes clavados como monumentos de guerra. Primero aparecen unos pocos demonios, luego más, luego decenas. Criaturas deformes con múltiples brazos, otros con alas desgarradas, algunos con ojos brillantes y bocas llenas de colmillos.
Todos nos miran con la misma expresión salvaje. Hambre. Sangre. Muerte. Siento un escalofrío recorrer mi espalda mientras la horda comienza a rodearnos lentamente. Perseo se detiene frente a mí como un muro protector mientras Azrael ajusta sus guantes negros con una calma inquietante. Los demonios empiezan a avanzar.
—Nos encontraron.
—Esto será divertido.
—Hace tiempo que no peleaba.
Los demonios atacan al mismo tiempo, como una ola monstruosa que se lanza sobre nosotros. Perseo ruge con una fuerza que hace vibrar el suelo. Su cuerpo cambia delante de mis ojos. Sus músculos se expanden, su espalda se curva y una energía oscura. Recorre su piel como venas de fuego. Sus ojos se vuelven completamente anaranjados mientras lanza el primer golpe. Un demonio salta hacia mí, pero Perseo lo intercepta en el aire y lo estrella contra el suelo con una fuerza brutal que rompe la roca. El impacto sacude la tierra bajo mis pies.
Otro demonio intenta atacarlo por detrás, pero Perseo gira y lo golpea con su brazo como si fuera una simple rama seca, enviándolo volando varios metros antes de que su cuerpo se estrelle contra una pared de piedra. Azrael se mueve de manera completamente distinta. No es fuerza bruta. Es precisión. Elegancia. Sus movimientos parecen una danza mortal mientras camina entre los demonios que intentan atacarlo. Uno de ellos con cuatro brazos se lanza sobre él, pero Azrael simplemente levanta la mano.
El demonio se detiene en el aire como si una fuerza invisible lo hubiera atrapado. Sus miembros se retuercen, sus huesos comienzan a crujir, y antes de que pueda reaccionar, su cuerpo se rompe en pedazos como si una mano gigante lo hubiera aplastado desde dentro. Mi respiración se acelera mientras observo la batalla. Esto no es una pelea normal. Es una carnicería. Sin embargo, la horda sigue llegando.
Demonios salen de todas partes. Algunos saltan desde rocas, otros emergen del suelo mismo. Uno de ellos corre directo hacia mí con garras extendidas. Instintivamente, levanto las manos. No pienso. Solo reacciono. Algo dentro de mi pecho se enciende y una luz dorada brota de mis dedos como una explosión de energía. El demonio se detiene en seco antes de ser lanzado hacia atrás con una fuerza brutal que lo hace desaparecer entre las rocas. Me quedo paralizada un segundo mirando mis manos.
—¿Yo hice eso?
—¡Ama, concéntrese!
—¡Use su magia!
Más demonios se acercan. Demasiados. Perseo está cubierto de sangre negra mientras destruye criatura tras criatura, pero incluso él empieza a retroceder. Azrael sigue luchando con elegancia, manipulando cuerpos y objetos como si todo fuera parte de un juego macabro, pero incluso él comienza a respirar más rápido. La horda crece cada segundo. Mis manos tiemblan mientras lanzo otra explosión de magia que destruye a dos demonios que intentaban rodearme. Pero inmediatamente aparecen más. Mi corazón golpea contra mi pecho con fuerza.
—¡Son demasiados!
—¡No podemos contenerlos!
—Ama…
Azrael gira hacia mí con los ojos brillando intensamente.
—Vaya a buscar a Gio.
—¿Ahora?
—¡No debe estar lejos!
—¡Nosotros los detendremos!
Por un momento dudo. La batalla es un caos absoluto. Demonios rugen, sangre negra salpica las rocas y el aire se llena de calor y humo. Pero Azrael vuelve a mirarme con seriedad absoluta.
—¡VAYA!
Aprieto los dientes y corro. Corro entre la batalla, esquivando demonios que apenas me ven pasar. Algunos intentan atraparme, pero mi magia explota instintivamente empujándolos lejos. No sé exactamente a dónde voy. Solo sigo una sensación extraña en mi pecho, como si algo me estuviera llamando. Entonces la veo. Una torre gigantesca de obsidiana negra que se eleva sobre el paisaje del inframundo. Mi corazón late más rápido.
Algo me dice que está ahí. Corro hacia la entrada, pero justo cuando estoy por cruzar las enormes puertas, una criatura gigantesca bloquea el camino. Tiene dos cabezas deformes, cada una con un solo ojo enorme que me observa con atención. Su piel gris está llena de cicatrices y su cuerpo parece una montaña de carne retorcida.
—Tú…
—¿Te conozco?
—Eleanor Bianchi. ¿Qué haces aquí?
Trago saliva mientras intento mantener la calma.
—Quiero recuperar a mi demonio.
—¿Cuál?
—Gio.
El monstruo suelta una carcajada horrible que retumba dentro de la torre.
—Tu demonio ahora cuesta cinco veces más.
—¿Cuánto?
—Cinco veces lo que pagaste.
Pienso rápido. No tengo muchas opciones.
—Te daré 1400 dragmas.
Las dos cabezas se miran entre sí.
—¿Solo eso?
Saco de mi bolsa el pergamino oscuro que había guardado antes de salir.
—Y esto.
—Es un pergamino de obsidiana… Acepto.
Las enormes puertas se abren lentamente con un ruido grave. Corro hacia el interior sin perder tiempo. El interior de la torre es oscuro y húmedo, iluminado apenas por antorchas azules. El sonido de cadenas arrastrándose resuena en el aire. Entonces lo veo. Gio está encadenado a una pared de piedra negra. Su cuerpo está lleno de heridas profundas, cortes y marcas de látigo. La sangre negra ha manchado el suelo bajo él. Por un momento, mi estómago se revuelve. Nunca había visto algo así.
—Dios…
Corro hacia él mientras levanto las manos. La magia fluye de mis dedos como una corriente cálida que rompe las cadenas con un sonido metálico. El metal cae al suelo. Pero justo cuando doy un paso atrás, Gio se mueve. Sus ojos se abren lentamente. Son de un verde esmeralda intenso que parece brillar con vida propia. En un segundo su mano está en mi cuello levantándome del suelo.
—¿Crees… que te perdonaré? Anira… ven.
Una serpiente blanca perlada emerge de la oscuridad y se enrolla alrededor de su brazo. Es hermosa y aterradora al mismo tiempo.
—Aquí mismo te mataré.
Mi respiración se corta.
—Lo… siento… nunca fue mi intención… perdón…
Mis ojos buscan los suyos suplicando. Por un momento veo algo cambiar en su mirada. Su mano se relaja. Me suelta. Caigo al suelo tosiendo y jadeando.
—Gracias…
—No lo hice por ti.
—Si tú mueres… yo también lo haré.
Pero en ese momento la torre tiembla. Un rugido ensordecedor resuena cuando una horda de demonios invade el lugar con sed de sangre. Gio intenta ponerse de pie, pero su cuerpo está demasiado débil.
—Maldita sea…
Miro a las criaturas acercándose desde todos lados. Demasiados. Mi mente trabaja rápido. Solo hay una opción. Me acerco a él.
—¿Qué haces, bruja?
—Solo quédate quieto.
Y estrello mis labios contra los suyos. Al principio, Gio se queda completamente rígido, sorprendido. Pero pronto algo cambia. La magia fluye entre nosotros como un río desbordado. Un resplandor brillante llena la torre, cegándome por completo. Gio murmura un conjuro.
—Anira… von sebo.
La serpiente crece. Más y más. Hasta volverse gigantesca. Una ola de calor brutal se expande por la torre mientras la serpiente lanza una descarga ardiente que carboniza todo a su paso. Los demonios se convierten en ceniza en cuestión de segundos.
Cuando la luz finalmente desaparece, Gio me mira en silencio por un momento. Luego su cuerpo se desvanece en el aire como si nunca hubiera estado allí. Mi visión comienza a oscurecerse. El cansancio me golpea de repente. Mi cuerpo se desploma. Pero antes de caer al suelo, unos brazos me sostienen.
—Ama…
Reconozco la voz de Azrael.
—Ama…
Intento responder, pero todo se vuelve negro y me desmayo.