⚠️🚫Un nuevo "asesino perfecto" aparece en la ciudad. No usa feromonas, usa tácticas militares que Ben reconoce. Y ese es solo el inicio de los problemas de la familia Volkov Masson. 🚫⚠️ 💡Estilo staempunk💡
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Eran protectores
El salón de guerra de la mansión Volkov recuperó su actividad habitual, pero esta vez el ambiente no era de pánico, sino de una fría y calculada sed de justicia. El olor a desinfectante médico de las heridas de Ben se mezclaba con el aroma a café cargado y el humo de los puros de Valerius.
Ben tenía el brazo vendado, pero su postura era tan rígida como la de un general. Sobre la mesa de roble, no había mapas de túneles, sino expedientes bancarios, fotos de mansiones de lujo y una lista de nombres de políticos de Puerto Gris.
—Bruce Albor fue la espada, pero el Comisionado Miller fue la mano que la sostuvo —dijo Ben, señalando una fotografía del jefe de policía—. Mientras Miller tenga su placa, podrá enviar a otros mercenarios o usar la ley para embargar nuestras propiedades. Si queremos paz, Miller debe caer.
Valerius, sentado en la cabecera, golpeó la mesa con su anillo de sello.
—Matarlo en un callejón es fácil, pero eso lo convertiría en un mártir. La ciudad se llenaría de federales buscando al asesino de un "héroe del orden". No. Miller tiene que caer desde lo más alto de su pedestal. Quiero que lo vea todo el mundo.
Jasper, que tenía una venda en la frente pero se negaba a descansar, dio un paso al frente.
—Mis informantes dicen que Miller está nervioso. La falla en la estación de calderas le costó mucho dinero a sus inversores. Ahora mismo está escondido en su residencia privada, protegida por los mercenarios, ahora es su unidad de élite personal. Son policías de día y matones de noche.
Boris, el veterano de mil batallas, asintió con pesadez.
—Tienen rifles de repetición y armaduras ligeras. Un asalto frontal sería una carnicería para nuestros hombres, señor.
—Por eso no vamos a asaltar la casa —intervino Sage, sorprendiendo a todos.
Sage estaba sentado a un lado, con un cuaderno lleno de notas técnicas. Sus ojos, antes suaves, ahora tenían el brillo afilado de alguien que ha visto la cara del enemigo y ha sobrevivido.
—Miller es un hombre de apariencias —explicó Sage—. En tres días es la Gran Gala en el Palacio Municipal. Miller tiene que dar el discurso de apertura. Es allí donde se siente seguro, rodeado de sus aliados políticos y la prensa.
Ben miró a su hermano con orgullo.
—Continúa, Sage.
—Él cree que somos criminales que se esconden en las sombras —siguió Sage—. Pero el plan es simple: exposición total. He estado rastreando los libros contables que Vane recuperó. Miller ha estado desviando fondos de las pensiones de los trabajadores del puerto para pagar a los mercenarios. Si logramos proyectar esos documentos en la pantalla gigante de la gala mientras él habla...
—...se quedará sin aliados en un segundo —completó Ben—. Los políticos corruptos odian una cosa por encima de todo: que los asocien con un perdedor expuesto.
Valerius sonrió de forma depredadora.
—El plan tiene tres fases. Fase uno: Infiltración. Jasper y Boris se encargarán de neutralizar a la seguridad del Palacio sin disparar un solo tiro. Queremos una operación silenciosa.
—Fase dos: La prueba. —Ben miró a Sage—. Tú eres el único que puede manipular el sistema de proyección del Palacio. Es una tecnología antigua y delicada. Necesito que entres en la sala de control.
—Fase tres: La captura. —Valerius se puso de pie—. Ben y yo entraremos por la puerta principal. Como unos ciudadanos respetables. Como los hombres que financian la mitad de esa gala. Cuando Miller esté humillado ante la ciudad, nosotros seremos quienes le pongan las esposas... o quienes lo arrastren al vacío.
Jasper miró a Sage, su preocupación asomando de nuevo.
—Capitán, la sala de control está en lo alto de la torre de presión. Es un lugar peligroso si hay un tiroteo. Yo iré con Sage.
—No, Jasper —dijo Ben—. Te necesito abajo, coordinando la extracción. Sage puede hacerlo solo. Confío en su entrenamiento.
Jasper apretó la mandíbula, pero asintió. La tensión entre él y Sage era evidente, pero el deber iba primero.
Mientras tanto, tras las pesadas cortinas de terciopelo que daban al pasillo, dos siluetas pequeñas permanecían inmóviles. Leo y Vladislav habían escuchado cada palabra.
Leo tenía su mano apoyada en la pared, su mente trabajando a mil revoluciones. Sus ojos azules escaneaban el vacío como si estuviera viendo el plano del Palacio Municipal.
—Es un plan de adultos —susurró Vladislav, con sus ojos violetas chispeando levemente—. Creen que Miller se quedará quieto mientras lo exponen. No conocen a las víboras como nosotros.
—Papá Ben siempre intenta ser demasiado limpio —respondió Leo en un susurro apenas audible—. Cree que con la verdad basta. Pero Miller tiene un plan de escape. Yo vi el plano del Palacio en la biblioteca ayer. Hay un túnel de escape que sale directamente hacia el río.
Vlad miró a su hermano mayor.
—¿Y qué vamos a hacer?
—Lo que los adultos no pueden hacer porque tienen "honor" —dijo Leo, y una sonrisa fría, imitando a la de Valerius, apareció en su rostro—. Si Miller intenta escapar por ese túnel, no encontrará barcos esperándolo. Nos encontrará a nosotros.
—Papá nos matará si se entera —dijo Vlad, aunque ya estaba revisando el filo de su pequeña daga de entrenamiento.
—Solo si se entera después de que hayamos terminado —sentenció Leo—. Mañana iremos a los muelles. Necesitamos conseguir explosivos de mecha corta y bloqueadores de sonido. Si vamos a cazar a un Comisionado, vamos a hacerlo al estilo Volkov.
Los niños se alejaron en silencio, fundiéndose con las sombras de la mansión. No eran rebeldes; eran protectores. Sabían que Ben y Valerius eran los reyes de la ciudad, pero también sabían que los reyes a veces son demasiado grandes para ver a las serpientes pequeñas que se arrastran por el suelo.
Dentro del salón, la reunión terminó. Ben se quedó solo un momento, mirando por la ventana hacia el centro de Puerto Gris, donde las luces del Palacio Municipal brillaban con una falsa elegancia.
—Esta es la última batalla, Ben —dijo Valerius, acercándose por la espalda y rodeándolo con sus brazos—. Una vez que Miller caiga, la policía será nuestra. No habrá más fantasmas del pasado.
Ben se apoyó en el pecho de su alfa, cerrando los ojos.
—Eso espero, Valerius. Pero siento que el aire está demasiado tranquilo. Como si la ciudad estuviera conteniendo el aliento antes de la explosión.
—Deja que lo contenga —susurró Valerius, besando la marca en su nuca—. Porque cuando exhalemos, seremos nosotros los que dictemos las leyes.
El plan estaba trazado. Los adultos confiaban en la estrategia y la exposición. Los niños confiaban en el acero y la emboscada. Y en medio de todo, Puerto Gris se preparaba para una de las batallas más increíble de su historia, ignorando que su destino estaba en manos de una familia que ya no sabía lo que era el miedo.