Premisa: Él es un hombre de negocios muy exitoso pero solitario, que necesita una pareja para cumplir con las expectativas familiares y cerrar un trato importante. Le propone a ella, una chica creativa y libre, fingir que sean esposos por un año a cambio de resolverle todos sus problemas económicos.
El problema: Las reglas eran claras: "prohibido enamorarse". Pero cuanto más fingen, más real se siente.
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Capítulo 15: Lo que no debía pasar
Eran las 9:50 de la noche.
Estaba sola en la habitación, caminando de un lado a otro, con la cabeza llena de pensamientos que no me dejaban en paz. Lo que había hablado con Martina no se me salía de la mente.
—No me puedo quedar callada… —murmuré.
Respiré profundo.
Y en ese momento… se me ocurrió una idea.
Una loca… pero idea al fin.
Abrí el clóset… y mis manos temblaron un poco mientras buscaba. Saqué una lencería fina, delicada, de esas que nunca en mi vida pensé usar. Era elegante, no vulgar, pero sí lo suficiente para llamar la atención… para decir lo que mis palabras no habían podido.
Me la puse despacio.
Me miré en el espejo.
—¿Qué estoy haciendo…? —susurré.
Pero no me quité nada.
Me solté el cabello, acomodé un poco la luz de la habitación… y me senté en la cama, esperando.
El corazón me latía tan fuerte que sentía que se me iba a salir.
Pasaron los minutos…
Hasta que escuché la puerta principal abrirse.
Se me paralizó el cuerpo.
Pasos.
Subiendo las escaleras.
Cada paso… más cerca.
Hasta que la puerta se abrió.
Benjamín entró… y se quedó quieto al verme.
Sus ojos recorrieron la escena.
Y… sonrió levemente.
—Oiga… —dijo—. ¿y usted qué hace vestida así?
Mi garganta se secó.
—Yo… —intenté hablar.
Él cerró la puerta despacio.
—No se equivoque, Katherine —añadió, con una voz firme—. piense bien lo que está haciendo.
Eso me golpeó.
Pero ya no podía echarme para atrás.
Me levanté despacio de la cama.
—No me estoy equivocando… —dije, aunque por dentro temblaba.
Él me miró, serio ahora.
—¿Entonces?
Respiré profundo.
—Estoy enamorada de usted.
El silencio cayó de golpe.
Pesado.
Difícil.
—Sé que está prohibido… —continué—. sé que eso no estaba en el contrato… pero no puedo seguir ocultándolo.
Él no dijo nada de inmediato.
Solo me miraba.
—Lo intenté… —añadí—. intenté verlo como un acuerdo, como un negocio… pero no pude.
Mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas.
—Desde el primer día… —susurré—. desde que lo conocí.
Él suspiró leve… y desvió la mirada por un segundo.
—Katherine… —dijo finalmente.
Su tono… era frío.
—Esto no es lo que acordamos.
Sentí como si me hubieran apretado el pecho.
—Lo sé… —respondí.
—Entonces no debería estar pasando.
Lo miré.
—Pero está pasando…
Él negó levemente.
—Usted sabía las reglas.
—Sí… —dije—. pero no elegí sentir esto.
—Pues debería controlarlo.
Esa respuesta me dolió más de lo que esperaba.
—¿Controlarlo? —repetí.
—Sí —respondió—. porque esto no va a cambiar nada.
Bajé la mirada.
—¿Nada?
—Nada.
El silencio volvió.
—Esto sigue siendo un contrato —añadió—. y tiene una fecha de finalización.
Sentí las lágrimas caer.
—¿Y para usted… no significa nada?
Él se quedó en silencio unos segundos.
—Significa lo que es —respondió finalmente—. un acuerdo.
Eso… me rompió.
—Entiendo… —susurré.
Me abracé a mí misma.
—Perdón… —añadí—. no debí decir nada.
Él no respondió.
Solo se quedó ahí.
—Me equivoqué… —dije, retrocediendo un paso.
—Sí —respondió él—. se está equivocando.
Respiré profundo, intentando no llorar más.
—No va a volver a pasar… —dije.
Me giré, dándole la espalda.
—Fue un error…
El silencio en la habitación se volvió insoportable.
—Vístase —dijo él finalmente—. no tiene sentido seguir con esto.
Cerré los ojos.
—Sí…
Caminé hacia el baño, sintiendo el corazón pesado, como si se me estuviera rompiendo en pedazos.
Y mientras cerraba la puerta…
Entendí algo que me dolió más que todo.
Que amar…
A veces no es suficiente.
Y que en ese momento…
Yo estaba completamente sola con lo que sentía.