"En los libros de historia, Jeon Youngjae era un monstruo. En persona, es mi mayor tentación." Kang Yoona es una estudiante de historia que sabe cómo termina la vida del joven Rey Youngjae: traicionado, solo y ejecutado. Pero cuando un antiguo espejo la arrastra al año 1520, Yoona no cae en un libro de texto, sino en los brazos del hombre más peligroso de Corea. Él es un tirano que no confía en nadie; ella es una intrusa que conoce todos sus secretos y su trágico final. Para sobrevivir, Yoona deberá jugar un juego mortal: ¿Cambiará la historia para salvar al hombre que ama, aunque eso signifique borrar su propio futuro? En una era de acero y sangre, la verdad es el arma más peligrosa.
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Capítulo 7: Destino escrito
La noche sobre el Palacio de la Luna Inclinada era de un azul tan profundo que parecía irreal, casi como si el cielo fuera un manto de terciopelo salpicado de diamantes en bruto. Tras el incidente en mis aposentos, el aire entre Youngjae y yo se había vuelto denso, cargado de una electricidad que no se disipaba. Él me había arrastrado fuera de la habitación para "airear mi insolencia", llevándome hacia el pabellón del lago, un lugar que en mis libros de historia se describía como el sitio donde el Rey Youngjae solía meditar antes de sus ejecuciones más famosas.
Sin embargo, mientras caminaba a su lado, observando cómo la seda de su túnica ondeaba con la brisa nocturna, me di cuenta de algo que me hizo detener el corazón.
A la orilla del lago había una formación rocosa con una inscripción antigua, casi borrada por el tiempo. Me acerqué, frotando la piedra con mis dedos. Mis ojos se abrieron de par en par. Era la misma inscripción que yo había estudiado en el siglo XXI a través de fotografías infrarrojas. El texto decía: "La estrella que cae del norte traerá el fuego que calma al dragón".
Siempre pensé que era una metáfora sobre una alianza política o una lluvia de meteoritos. Pero al mirarme en el reflejo del agua, con mi vestido de Joseon y la marca en mi hombro que Youngjae había notado, un escalofrío me recorrió la columna. No era una viajera accidental. Mi llegada estaba documentada en los textos que yo misma había memorizado para mi examen de grado. Mi destino no era solo observar la historia; yo era la historia.
—¿Te has quedado muda por la belleza del paisaje o por fin te has dado cuenta de que no puedes huir de mí, Yoona? —La voz de Youngjae me sacó de mi trance.
Él estaba apoyado contra la barandilla del puente, observándome con una curiosidad que rayaba en lo obsesivo. Me acerqué a él, sintiendo que el suelo bajo mis pies era mucho más sólido de lo que había sentido en días.
—Estaba pensando en los libros —respondí, poniéndome a su lado—. Hay cosas que coinciden... cosas que no deberían estar ahí si mi presencia fuera un error. Youngjae, creo que estaba destinada a caer en tu jardín.
Él arqueó una ceja, una pequeña sonrisa jugando en sus labios.
—Un destino conveniente para mí, entonces. Pero dime, mujer del futuro, ya que sabes tanto sobre mis guerras y mis traiciones... ¿qué hay de ti? Me hablas de un mundo donde las mujeres son libres, donde vuelan en pájaros de hierro y hablan a través de espejos de cristal. Pero apenas mencionas quién eres tú cuando no estás enterrada en libros de historia.
Se acercó más, invadiendo mi espacio con esa confianza natural que solo un rey posee. La luz de la luna iluminaba las líneas de su rostro, haciéndolo parecer una deidad de mármol.
—¿Había alguien esperándote allá? —preguntó, y noté un matiz de celos apenas oculto en su tono—. ¿Un hombre que reclame tu corazón en ese tiempo lejano? ¿Cuántos amantes han caído ante esa lengua tuya tan afilada?
Me reí, una risa nerviosa que resonó en el silencio del lago. Me apoyé en la barandilla, mirando hacia el agua para evitar su mirada abrasadora.
—No es como tú crees —dije, sintiendo que el calor subía de nuevo a mis mejillas—. En mi mundo, la vida es muy rápida. Pasé mis veinte años estudiando, trabajando en excavaciones, tratando de hacerme un nombre en un campo difícil. No tuve tiempo para... romance.
Youngjae se movió, colocándose justo detrás de mí. Pude sentir el calor de su pecho contra mi espalda, aunque no llegaba a tocarme.
—¿Me estás diciendo que en un mundo lleno de hombres libres, ninguno tuvo la visión de cortejarte? —su voz era un susurro ronco cerca de mi oído—. ¿O es que eres tan exigente que nadie estuvo a tu altura?
—Es que... nunca salí con nadie, Youngjae —admití, mi voz apenas audible—. En realidad, nunca he estado con un hombre. Soy lo que ustedes llamarían una mujer pura. Una virgen.
El silencio que siguió fue casi doloroso. Sentí cómo Youngjae se tensaba detrás de mí. Lentamente, me obligó a girarme para quedar frente a frente. Sus ojos estaban fijos en los míos, buscando cualquier rastro de mentira o de broma. No encontró ninguno.
—¿Nunca? —preguntó, su voz cargada de una incredulidad que pronto se transformó en algo mucho más oscuro y posesivo—. ¿Has cruzado siglos de historia, has estudiado la vida de miles de hombres, y has llegado a mis brazos sin haber sido tocada por nadie?
—Supongo que estaba esperando algo que no encontraba en mi tiempo —respondí, tratando de sonar valiente a pesar de que mi corazón latía como un tambor.
Youngjae soltó un suspiro largo, una mezcla de exhalación y gruñido. Sus manos subieron a mi cintura, apretándome contra él con una fuerza que me hizo jadear. Ya no era el coqueteo juguetón de antes; era la intensidad de un hombre que acababa de descubrir un tesoro que no sabía que existía.
—Eso lo cambia todo —murmuró, su mirada descendiendo hacia mis labios con una urgencia que me hizo temblar—. Me haces sentir que el destino realmente me ha dado un regalo que no merezco. Una mujer que sabe mi final, que me desafía, y que se ha guardado para sí misma hasta caer del cielo directamente hacia mí.
—Youngjae, no te emociones, sigo siendo la misma persona —intenté bromear, pero mi voz falló cuando él unió nuestras frentes.
—No eres la misma —corregió él—. Eres mi única verdad en un mundo de mentiras. Y si eres virgen, Yoona, me aseguraré de que cada primer recuerdo que tengas de un hombre sea tan intenso que borre cualquier deseo de volver a tu tiempo.
Se inclinó para besarme, pero justo cuando sus labios estaban a punto de rozar los míos, un sonido metálico cortó el aire. No era el viento. Era el choque de acero contra piedra.
Youngjae reaccionó en una fracción de segundo. Me empujó detrás de él, desenvainando su espada con una fluidez que me recordó por qué lo llamaban el Rey de Sangre. De las sombras de los sauces, tres figuras vestidas de negro, con los rostros cubiertos, saltaron hacia el puente.
—¡Ninjas! —grité, aunque sabía que aquí se llamaban de otra forma. Eran los asesinos del Ministro Park.
—¡Quédate atrás! —rugió Youngjae.
El coqueteo y la vulnerabilidad desaparecieron. En su lugar, quedó el guerrero. Los asesinos se lanzaron sobre él con una coordinación letal. Youngjae bloqueó el primer ataque, el sonido de las espadas chocando enviando chispas al aire. Se movía como una sombra, esquivando un tajo lateral y devolviendo una estocada que hizo que uno de los atacantes retrocediera sangrando.
Sin embargo, eran tres contra uno. Mientras Youngjae se encargaba de dos, el tercero se desvió, apuntando directamente hacia mí. Sabía que yo era su punto débil.
—¡Yoona! —gritó Youngjae, tratando de zafarse de sus oponentes.
El asesino se lanzó hacia mí con una daga reluciente. Mi cerebro de historiadora recordó un dato vital: los asesinos de esta facción solían llevar el veneno en el brazo izquierdo. Sin pensar, agarré el pesado cuenco de té de cerámica que había dejado en el banco y lo lancé con todas mis fuerzas hacia su rostro.
El impacto lo distrajo lo suficiente para que yo pudiera esquivar su estocada. Recordé mis breves clases de defensa personal en la universidad y le propiné una patada en la espinilla con mis botas (que aún llevaba bajo el hanbok). El hombre gruñó, perdiendo el equilibrio.
Ese segundo fue todo lo que Youngjae necesitó.
Con un grito de furia, atravesó al asesino que lo retenía y, en un movimiento acrobático, llegó hasta mí. Su espada trazó un arco de plata y el hombre que me amenazaba cayó al suelo, sin vida. El último atacante, viendo que su misión había fallado, saltó al lago y desapareció en la oscuridad del agua.
Youngjae se giró hacia mí, su pecho subiendo y bajando con violencia, su túnica salpicada de sangre. Me agarró por los hombros, revisándome con desesperación.
—¿Te han tocado? ¿Estás herida? —su voz era un trueno de angustia.
—Estoy bien, estoy bien —dije, mis manos temblando mientras me aferraba a su túnica—. Youngjae, tenías razón. Sabían que estaríamos aquí. El infiltrado… les avisó.
Él me abrazó con una fuerza que casi me deja sin aliento, ocultando su rostro en mi cuello. Sentí su corazón latiendo contra el mío, una sincronía perfecta de miedo y alivio.
—No volveré a dejarte sola —susurró, su voz cargada de una promesa sangrienta—. Si quieren llegar a ti, tendrán que caminar sobre mis cenizas. Pero antes de eso, voy a quemar a cada traidor en este palacio.
Me apartó un poco para mirarme. La adrenalina de la batalla todavía brillaba en sus ojos, pero había algo más: una determinación absoluta.
—Dijiste que nunca habías estado con nadie, Yoona. Y casi te pierdo antes de poder enseñarte lo que es ser amada por un rey. Eso no volverá a pasar.
Me tomó de la mano y me guió de vuelta hacia los aposentos reales, pero esta vez no caminábamos como un rey y su sirvienta. Caminábamos como dos personas unidas por un hilo rojo que ni el tiempo, ni los asesinos, ni la historia misma podrían romper.
Esa noche, mientras los guardias reales corrían por todo el palacio buscando al infiltrado, Youngjae se quedó conmigo. No durmió. Se sentó a los pies de mi cama, con su espada desenvainada a su lado, velando mi sueño. Y yo, por primera vez desde que llegué a Joseon, me dormí sabiendo que, aunque el futuro decía que él moriría, yo iba a luchar contra los libros, contra el destino y contra el mundo entero para que este "tirano" tuviera el final que realmente merecía.
Si llegaste hasta aquí, ya sabes una cosa:
esta historia NO es un romance normal.
Aquí no hay príncipes…
hay un rey que destruye todo lo que toca.
Y Yoona…
ella sabe exactamente cómo termina su historia.
💔 Sabe cómo muere el hombre del que se está enamorando.
Ahora dime tú…
👇
¿Lo salvarías… o dejarías que el destino lo destruya?
👀 Lean con cuidado, porque lo que viene en los próximos capítulos…
no todos están listos para soportarlo.
— GIA 💞