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Desafiando Al Rayo

Desafiando Al Rayo

Status: En proceso
Genre:Época / Reencarnación / Mundo mágico / Edad media
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Juna C

Elena nunca pensó que la vida le daría otra oportunidad… pero en el cuerpo de Elyria Montclair la villana del libro que acababa de leer. Mientras intenta adaptarse, su inteligencia aguda y espíritu indomable chocan con el carácter impecable y enigmático de Alaric Blackthorn.

NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Entre apariencias y monstruo

La mansión Blackthorn de la capital lo recibió con un silencio solemne.

Alaric descendió del carruaje y se detuvo un segundo antes de avanzar. Hacía años que no se hospedaba allí. Desde que asumió el mando del archiducado, su presencia en la capital se había vuelto esporádica.

Aun así, el lugar seguía igual.

Las columnas de piedra oscura, los ventanales altos, el aire impregnado de disciplina y sobriedad. Nada había cambiado. Ni siquiera los sirvientes, que se alinearon de inmediato al verlo entrar.

—Bienvenido, mi señor —saludaron al unísono.

Alaric asintió brevemente y avanzó sin detenerse.

Mientras recorría los pasillos, se quitó los guantes con calma, guardándolos en el interior de su abrigo. El eco de sus pasos le resultó extrañamente familiar.

Había pasado parte de su infancia allí.

Entró a su despacho y cerró la puerta tras de sí. El mobiliario estaba cubierto por telas claras, señal inequívoca de que el lugar apenas era utilizado. Con un gesto rápido, retiró una de ellas del escritorio y tomó asiento.

Apoyó los codos sobre la superficie de madera y entrelazó los dedos.

Habían pasado tres años desde que asumió el cargo de archiduque.

No por ambición.

Su padre simplemente… se había cansado.

La enfermedad, el desgaste, décadas de decisiones y responsabilidades. Edmund Blackthorn había sido un gobernante firme, pero el cuerpo ya no le respondía como antes. Quería viajar. Descansar. Vivir.

Y Alaric estaba preparado.

O eso creía.

Desde niño había sido entrenado sin descanso.

No porque lo desearan cruel.

Sino porque su magia lo exigía.

La electricidad había despertado en él demasiado pronto. Inestable. Violenta. Peligrosa. Más de una vez había perdido el control, dejando marcas en muros… y en sí mismo.

Apretó la mandíbula al recordar.

Horas interminables de entrenamiento. Dolor. Disciplina. Control absoluto.

Había aprendido a dominarla, no a temerla.

Tomó uno de los documentos que lo esperaban sobre el escritorio. Rutas comerciales, reportes, sellos alterados.

Su mirada se volvió más fría.

Alguien estaba jugando con fuego.

Y no le agradaba en absoluto.

Dejó los papeles a un lado y apoyó la espalda en la silla, cerrando los ojos por un breve instante.

Entonces, sin quererlo, volvió a pensar en el incidente que sufrió en la mansión Montclair, aún sentía el dolor en la frente, no intenso ni molesto, pero ahí estaba, se sentía ridículo, había recibido tantas heridas peores y aun así...

Por otro lado, Elyria aún preocupada por todo lo que estaba pasando empezó a practicar aún más la magia, también empezó a ganar resistencia así que empezó a correr todos los días por los campos de entrenamiento, los soldados al principio pensaban que solo era un capricho de su señorita pero al ver como ella iba todos los días empezaban a motivarla, ella hasta se sentaba a charlar algunas veces con ellos haciéndose amiga de uno en particular que parecía tener la misma edad que ella, Theo, tenía medio año de que había entrado como guardia para el ducado y se esforzaba día con día para llegar lejos.

Ese día Elyria ya había terminado de hacer su entrenamiento, había avanzado en la magia, ya podía dominarla con mejor facilidad y podía crear un arco lanzando flechas de aire que iban a gran velocidad, luna la esperaba ya que tenía que alistarse, hacia unos días había recibido una invitación a uno fiesta de té donde la Condesa Maricela Mondragón.

Después de estar lista Elyria partió a la mansión Mondragón

Cuando llego ya habían varias señoritas reunidas, entre esas estaba Amelia Crowlell, con su mirada inocente, cabello rubio y sonrisa amable, la protagonista de ese libro, los cuchicheos no se hicieron esperará pues las nobles imaginaban que Elyria haría algún escándalo contra Amelia, pero ella solo saludó a la anfitriona y se sentó en una silla sin prestarle atención a Amelia, algunas señoritas se le acercaban saludándola y lanzándole indirectas

— Señorita Elyria, es un gusto volver a verla -

Una de las señoritas saludo a Elyria sin hacer reverencia, eso hizo que Elyria levantará una ceja, ya imaginaba que era lo que quería

— Señorita Elyria… —dijo fingiendo curiosidad—. Tal vez no debería preguntar, pero… ¿es cierto que el conde Richard rompió el compromiso para estar con la señorita Crowlell?

El murmullo fue inmediato.

Algunas miradas se dirigieron a Amelia, quien bajó la cabeza con aparente timidez, entrelazando las manos sobre su regazo.

Elyria no reaccionó de inmediato. Se limitó a acomodar con calma la cucharilla junto a su taza, como si la pregunta no tuviera el peso que todos esperaban.

— No —respondió al fin— Eso no es cierto.

Varias de las presentes parecieron decepcionadas.

— ¿Entonces…?

Elyria alzó la mirada, serena, y sonrió levemente.

— Fui yo quien rompió el compromiso.

El silencio fue absoluto.

Amelia levantó la vista de golpe, sorprendida.

— Me di cuenta —continuó Elyria, con voz firme— de lo poca cosa que era Richard.

Algunas nobles ahogaron exclamaciones.

— Y comprendí algo más —añadió—: alguien como yo no puede estar con alguien tan… inferior a su nivel.

Amelia apretó los labios, visiblemente afectada.

— Yo… —intervino con suavidad— nunca quise causar problemas. Si he ofendido a alguien, lo siento mucho…

Su voz tembló apenas, lo suficiente para despertar murmullos de compasión.

Elyria giró el rostro hacia ella, observándola con calma, sin rastro de enojo.

— No se preocupe, señorita Crowlell —dijo con una sonrisa educada—. Al contrario.

Amelia la miró confundida.

— Creo que hacen una buena pareja.

La frase cayó como una bomba.

Amelia palideció

— Yo no… —intentó decir algo, pero ninguna palabra salió.

Elyria tomó su taza nuevamente, tranquila.

— Así que no —concluyó—. Nadie me fue arrebatado. Simplemente dejé atrás algo que no valía la pena

Amelia no pudo evitar apretar las manos bajo su regazo, pero aun así forzó una sonrisa suave, casi frágil.

—Supongo… —dijo con voz baja— que a veces el corazón elige sin que uno pueda evitarlo. No es culpa mía si el conde Richard… decidió preferirme.

El comentario, disfrazado de inocencia, no pasó desapercibido.

Elyria la observó por unos segundos, sin responder de inmediato.

Ah… con que así era, pensó.

Definitivamente no era tan pura como en el libro. Más bien… una mosquita muerta.

—No se preocupe —respondió finalmente, con una sonrisa tranquila—. Como ya dije, no perdí nada.

Amelia bajó la mirada, fingiendo vergüenza, mientras algunas nobles intercambiaban miradas incómodas.

La fiesta continuó durante un buen rato más. Las conversaciones giraban, una y otra vez, en torno a vestidos importados, futuros compromisos, joyas nuevas y chismes sin importancia. Elyria escuchaba a medias, sosteniendo su taza de té sin verdadero interés.

Qué agotador, pensó.

Sin hacer ruido, se levantó de su asiento y se disculpó con la anfitriona antes de dirigirse al jardín, buscando un poco de aire fresco.

El aroma de las flores y el sonido suave de la fuente le resultaron reconfortantes. Caminó unos pasos, relajando los hombros.

—Señorita Elyria…

La voz la hizo detenerse.

Amelia la había seguido.

—Quería hablar con usted —continuó, acercándose con una sonrisa amable—. De verdad lamento mucho lo que pasó con su compromiso. Debe haber sido doloroso para usted…

Antes de que Elyria pudiera responder, Amelia extendió las manos y tomó las suyas con delicadeza.

Elyria frunció levemente el ceño.

—No es necesario —dijo, intentando soltarse—. Ya lo he superado.

Se dio la vuelta para marcharse.

Entonces ocurrió.

—¡Ah!

El sonido seco resonó en el jardín.

Amelia retrocedió un paso, llevándose una mano a la mejilla, con los ojos llenos de lágrimas.

—Y-yo solo quería disculparme… —sollozó—. No sabía que la haría enojar tanto…

Las voces no tardaron en escucharse. Varias señoritas se asomaron desde la terraza, murmurando al ver la escena.

—¿La señorita Elyria…?

—¿La está intimidando?

—Qué escándalo…

Elyria se quedó inmóvil por un segundo.

Luego… rió.

Una risa suave, burlona, peligrosa.

Se inclinó un poco hacia Amelia y murmuró, con voz baja pero clara:

—¿Eso era lo que querías? ¿Un espectáculo?

Antes de que Amelia pudiera reaccionar, Elyria dio un paso al frente y ¡Paf!

La cachetada resonó con fuerza.

Amelia quedó completamente paralizada, con la mejilla ardiendo y los ojos abiertos de par en par. Las demás nobles se quedaron en shock.

Elyria se irguió, sin rastro de culpa en el rostro.

—Para que no haya confusiones —dijo en voz alta—, eso fue una cachetada de verdad.

Su mirada recorrió a las presentes.

—Si alguna de ustedes piensa desafiar a la hija de un duque… —hizo una pausa—, asegúrense primero de estar preparadas para las consecuencias.

Finalmente, volvió su atención a Amelia.

—Y usted, señorita Crowlell —añadió con frialdad—, aprenda a conocer su lugar.

Sin decir nada más, Elyria se dio la vuelta y se alejó del jardín, despidiéndose de la anfitriona dejando atrás un silencio pesado… y un escándalo que, sin duda, no tardaría en recorrer toda la capital.

El carruaje avanzaba con un vaivén constante por el camino empedrado, rodeado por altos árboles que proyectaban sombras alargadas sobre la ruta. El sonido de los cascos de los caballos era lo único que rompía el silencio… hasta que Luna habló, inquieta.

—No debiste decir eso, señorita… —murmuró, sentada frente a Elyria—. Todas esas damas ahora estarán hablando.

Elyria apoyó la cabeza contra el respaldo, cruzándose de brazos.

—Que hablen —respondió con desinterés—. Si algo aprendí hoy es que se aburren rápido cuando no

reaccionas como esperan.

Luna la observó unos segundos, preocupada.

—Aun así… la señorita Crowlell no es

tan inocente como aparenta.

Elyria no respondió de inmediato. Su mirada estaba perdida, fija en nada en particular, repasando mentalmente la escena del jardín, la expresión de Amelia, el teatro cuidadosamente montado.

—Lo sé —dijo al fin, en voz baja—. Hay algo… extraño en ella.

Antes de que Luna pudiera contestar, un grito desgarrador se escuchó afuera.

—¡CUIDADO!

El carruaje se sacudió violentamente.

Elyria abrió los ojos de golpe.

—¿Qué ocurre? —preguntó, incorporándose.

Otro grito. El relincho desesperado de un caballo. El sonido de metal chocando.

—¡Algo salió del bosque!

El corazón de Elyria dio un salto. Sin pensarlo, corrió la cortina del carruaje y asomó la cabeza.

Lo que vio la hizo helarse.

Uno de los caballos yacía en el suelo, convulsionándose, mientras una criatura de gran tamaño se movía de forma errática entre los guardias. Parecía un lobo enorme… pero no lo era del todo. Su cuerpo estaba deformado, los músculos tensos de manera antinatural, la piel estirada en algunas zonas como si algo dentro quisiera romperla. Sus ojos no reflejaban vida, solo un brillo opaco, vacío.

—Que carajos es eso—susurró.

—¡Señorita, no salga! —gritó Luna, sujetándole el brazo—. ¡Por favor, resguárdese!

Pero Elyria ya estaba abriendo la puerta.

—Si no hago algo, alguien va a morir.

Saltó del carruaje justo cuando la bestia lanzó un zarpazo contra uno de los guardias. Elyria alzó ambas manos instintivamente.

—¡Escudo de viento!

Una ráfaga invisible se materializó frente a ella justo a tiempo. Las garras chocaron contra la barrera, pero la fuerza del impacto fue brutal. Elyria fue empujada hacia atrás, arrastrada varios metros por el suelo antes de caer de rodillas.

—¡Señorita Elyria! —gritó Luna desde el carruaje.

Elyria jadeó, sintiendo un ardor en el costado. El escudo se había debilitado más rápido de lo que esperaba.

—¿Qué… demonios… eres…? —murmuró.

La bestia no dudó. Se lanzó de nuevo.

—¡Lanza de aire!

Una afilada ráfaga atravesó el aire y golpeó al animal de lleno. Debería haber sido suficiente.

No lo fue.

La criatura solo retrocedió un paso antes de volver a atacar, como si no sintiera dolor, como si no entendiera el peligro. Sus movimientos eran torpes, descoordinados… desorientados.

La bestia se abalanzó sobre ella con un rugido gutural. Elyria apenas logró crear otra barrera, pero esta vez no resistió. El impacto la lanzó contra el suelo con violencia. Un dolor punzante recorrió su brazo.

—¡Ah…!

Por un segundo, el mundo giró.

Entonces lo sintió.

Un pulso extraño. Una vibración distinta.

No provenía del animal en sí… sino de algo dentro.

Elyria abrió los ojos, enfocando la mirada en el pecho de la criatura. Bajo la carne deformada, algo brillaba débilmente.

—Eso es… —susurró, horrorizada—. Un núcleo.

Se incorporó con dificultad, ignorando el dolor, y extendió la mano.

—Arco de aire.

La magia respondió, aunque le costó más de lo normal. Un arco etéreo se formó entre sus dedos, temblando ligeramente. Elyria respiró hondo, obligándose a concentrarse.

—Solo una oportunidad…

La bestia cargó.

Elyria tensó la cuerda invisible.

—Ahora.

La flecha salió disparada como un rayo, atravesando el aire con un silbido agudo. Impactó de lleno en el núcleo.

Por un instante, todo quedó en silencio.

Luego, la criatura emitió un sonido bajo, antes de desplomarse pesadamente sobre el suelo, completamente inmóvil.

Elyria cayó de rodillas, jadeando, con el corazón desbocado.

—Señorita… —Luna corrió hacia ella, pálida—. ¡Está herida!

—Estoy bien… —mintió, respirando con dificultad.

Alrededor, varios guardias estaban heridos. No de gravedad, pero lo suficiente para dejar claro que aquello había sido peligroso.

Elyria levantó la vista hacia el cuerpo del animal.

—No lo maten —ordenó con voz firme—. Átenlo. Llévenlo con cuidado.

Uno de los guardias dudó.

—¿Señorita…?

—Esto —continuó ella, señalando el pecho de la bestia— no es un ataque común. Alguien hizo esto. Y quiero saber quién.

Amelia Crowlell

Que tal el capítulo de hoy?

Amelia no es tan santa paloma eh 😏

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Sofía_stay ✨🦦🐥💞
que el Richard ese tratara de vengar a su zorrita y terminará sin cabeza, y que esos dos ya se declaren jajajja ellos se ve que derrochan amor 😻
Johann
❤️❤️❤️❤️👏👏👏👏
Johann
👏👏👏👏👏❤️❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
Dios cada capítulo se vuelve mejor que el anterior que emoción aaaaah.
autora preguntaaa: la prota se está cuidando verdad? no queremos bebé todavía o si?? 👀👀👀👀
Juna: Aaa muchas gracias 🥹💖 de verdad me hace muy feliz leer esto.
total 4 replies
Johann
❤️❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
espere todo el día por esta hermosa historia jajjaj no me arrepiento de nada 😻😻
Johann
❤️❤️❤️❤️❤️
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
jajajajjaja celos de tus ojos cuando miras a otro chico, tengo celos, celos de tí 👀🎵🎶🎶🎵🎵 ajjajajajja
Flor R
Amelia solita está buscando su tumba
Mauge Albornoz Diaz
me encanta cada capítulo mejor q el anterior
Mauge Albornoz Diaz
está muy buena la historia me encanta
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
autora eso no es justo, como nos vas a dejar asiii 😭😭😭😭😭😂😂😂😂😂
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
Dios, que albino más hermoso, precioso, divino, papasito, está como el pan, bien bueno 🫦🫦🫦🫦😻😻😻/Drool//Drool//Drool/
Johann
👏👏👏👏🥰🥰🥰🥰
Lena
La protagonista de esa novela: la mosquita muerta esa
Flor R
sus modos son explosivos pero ya encontrarán un punto intermedio ☺️☺️☺️☺️😊
Nella Reyes
yo me apunto para madrastra... ese duque esta para soñar
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
dejame decirte autora, q me encanta la historia, la manera en la que relatas y escribes es impresionante a pesar de que mencionaste de q está era la primera historia que te animabas a escribir 📖✨❤️📚
Johann
👏👏👏👏
Sofía_stay ✨🦦🐥💞
Dios que hombre más hermoso, los albinos y los pelinegros mi debilidad ❤️
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