La vida de Ricardo parece estar completa, tiene una novia hermosa y un empleo prometedor pero un día al reencontrarse con un amor del pasado se dará cuenta que su vida había estado vacía todo ese tiempo. Sin dudarlo más tiempo decide recuperar el amor de aquella mujer que alguna vez tiempo atrás lo había sido todo para él, aunque no le será del todo fácil.
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Destino o coincidencia
Los días se pasaron relativamente rápido después de la ruptura con Mónica. Llevaba un mes tan inmerso en mi rutina laboral que apenas había tenido tiempo para pensar en lo sucedido, solo coincidí en que nuestra relación ya no era como antes y que separarnos no había sido tan malo como parecía en un principio. Claro que, no faltaba que en algún momento del día algunas imágenes se colaran sin permiso en mi mente, momentos felices con Mónica, lo poco discreta que era en la intimidad y como a veces le gustaba que le hablara sucio, eso la excitaba más, entonces surgía en mí la clásica pregunta de “¿qué estará haciendo justo ahora?”. Algunas otras veces la sonrisa de Angie aparecía para hacerme dar un profundo suspiro a la nada y aunque no me gusta reconocerlo, porque es una muestra de lo pervertido que puedo llegar a ser, usaba el recuerdo de ella con la ropa mojada saliendo de la piscina para darme un poco de consuelo de mi soltería, rememoraba la caída de las gotas de agua resbalando por su vientre hasta perderse en la cinturilla del short al tiempo que más gotas corrían por sus piernas haciendo que brillara con la luz del sol; a veces imaginaba que nos uniamos bajo el agua y la escuchaba decir excitada que no había podido olvidarme y que me seguía amando; no sé que era más recurrente si pensar en Mónica o en Angie, pero ambos casos hacían que me sintiera inquieto. Por suerte, el no tener cerca a ninguna de las dos le daba un poco de tranquilidad a mi monótona vida, así podía concentrarme en el trabajo y no enfrentarme a la posibilidad de tener que definir si estaba enamorado de Mónica o si después de tantos años seguía amando a Angie.
—Oíste sobre la nueva directora de recursos humanos —dijo Fernando colocando una humeante taza de café frente a mi —. Es bonita y algo joven para ser la directora de recursos, espero que sea soltera.
La boba sonrisa de Fernando me causó gracia. Lo ví por encima de los documentos que estaba revisando, reclinándose en su silla, de haber estado solo, seguro se habría puesto a dar vueltas; me reí por la manera en que parecía estar flotando, estaba encantado evocando el recuerdo del fugaz encuentro que había tenido con la nueva directora de R. H.
—Algo había oído. ¿Cuándo llegó? —pregunte sin despegar la vista de mi trabajo. La verdad es que, aunque solo nos separaran unos cuantos metros no era mucho de mi interés lo que pasará en aquella área, yo procuraba enfocarme en mi trabajo y eso era todo, pero le pregunté para seguir con la plática y que Fernando no se sintiera ignorado.
—Ayer —dijo emocionado.
—Y ¿qué pasó con la Licenciada Gabriela? —le pregunté sin mirarlo.
—La enviaron a la nueva sucursal, la que abrieron en el centro.
—Ahh —dije sin mostrar mayor interés —Necesito enque revises este presupuesto y se lo envíes a Edgar.
—Hoy tuve la suerte de toparme con ella en las escaleras —siguió con el relato de su romántico encuentro; las hojas que acaba de entregar en sus manos habían sido relegadas a una esquina de su escritorio —. Su voz es tan suave y su sonrisa hermosa, fue como hablar con un ángel —dijo soltando un suspiro —si no tuvieras a Mónica también te enamorarías de ella.
Fernando no sabía que Mónica y yo habíamos terminado, de ser así se habría ido a buscarla por si existía una remota posibilidad de conquistarla, aunque no era esa la razón para no decirlo, más bien era que yo no quería hablar del tema con nadie, quería mantener ese asunto en silencio al menos durante algún tiempo más.
—Parece que te flechó —dije sin parar de reír y con tono burlón. Fernando solía ponerse así cada vez que conocía a una mujer, tanto en la tienda como cerca de su casa, de modo que lo había visto así al menos cinco veces en el último mes —. Está mujer sería la número… seis o siete en lo que va de este mes.
—Pues aunque te burles, así fue —se defendió Fernando, claro que no podría convencerme de su supuesto enamoramiento, pero era entretenido escuchar como lo intentaba —. Está vez si es de verdad. Estoy enamorado. Ella es el amor de mi vida.
—Bueno, bueno. Voy a hacer como que te creo —dije con un poco de seriedad, mirándolo a los ojos por un breve momento —Cuéntame más, tiene un cuerpo de infarto y sus ojos son como ver el mismo cielo, con ella si te vas a casar y tener muchos hijos —eran frases que Fernando ya me había dicho otras veces que decía estar enamorado.
—Olvidalo, no volveré a contarte nada —dijo Fernando indignado fingiendo sumergirse en sus deberes y su café.
—Al menos sabes cómo se llama el nuevo amor de tu vida. —le pregunté volviendo la vista a mi trabajo, aún me faltaba afinar algunos detalles como para seguir perdiendo el tiempo con los sin sentido de mi compañero.
—Angélica —dijo Fernando en medio de un sonoro suspiro. Las hojas que estaba sujetando cayeron de mis manos y comencé a sentir como el ambiente se volvía más pesado, creo que mi corazón se detuvo un par de segundos, no lo sé a ciencia cierta. Sería posible que Fernando estuviera hablando de la misma Angélica, de mi Angélica; sería posible que estuviera hablando de mi Angie. Aunque si decía que tenía una voz suave y que parecía un ángel entonces sí, lo más probable era que estaba hablando de mi Angie, la misma que invadía mis sueños y se había vuelto de nuevo la protagonista de mis fantasías, quien ahora estaba a tan solo unas oficinas de distancia. Era acaso el destino que nos ponía de nuevo en el mismo camino para hacerme cumplir mi promesa o solo era una afortunada casualidad. Mi mente se turbó deseando una sola cosa, ir a buscarla, entrar a esa oficina y comprobar si la directora de recursos humanos era la misma mujer con la que fantaseaba desde hacía años, mi ex novia de juventud, mi Angie.