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Cartas para un alfa que nunca existió

Cartas para un alfa que nunca existió

Status: Terminada
Genre:Romance / Yaoi / Comedia / ABO
Popularitas:105
Nilai: 5
nombre de autor: felina black

Ethan Ashford tiene veinte años, un tío empeñado en casarlo cuanto antes y una lista interminable de pretendientes ricos, educados… e insoportables.

Para librarse de la presión, se le ocurre una broma: inventar a un prometido imposible de investigar. Un alfa extranjero. Un capitán de la Fuerza Aérea de Corea del Sur. Un tal Kang Min-Jae que jamás podría presentarse en Ravenshire.

Una noche, sin pensarlo, Ethan le escribe una carta. Cuatro páginas de confesiones, quejas y sueños que nunca le ha contado a nadie. Y, por capricho, la envía.

Lo que Ethan no sabe es que, en una base aérea de Seúl, existe un hombre llamado Kang Min-Jae. Que la carta llegó a sus manos. Y que no puede dejar de leerla.

Carta tras carta, entre el humor, la soledad y una sinceridad que no se atreve a mostrar de frente, Ethan se enamora de alguien que cree que no existe. Y Min-Jae, que lleva meses guardando cada sobre en un cajón, se enamora de un desconocido al que no sabe cómo responder.

Hasta que una misión militar lo trae a la ciudad de las cartas, a pocas calles de una florería.

¿Qué pasa cuando el destinatario imaginario resulta ser real? ¿Y cuando la verdad hiere más que cualquier mentira?

NovelToon tiene autorización de felina black para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6 — Un alfa persistente

El baile de los Ashford estaba en su apogeo.

Las arañas de cristal brillaban sobre las cabezas de los invitados.

La música llenaba el gran salón.

Risas y conversaciones resonaban por todas partes.

Ethan, sin embargo, habría preferido estar en cualquier otro lugar.

Quizá cuidando las rosas.

Quizá leyendo un libro.

Quizá escribiendo una carta.

Cualquier opción le parecía mejor que aquello.

Recargado junto a una de las ventanas, observaba la llovizna que empezaba a caer afuera.

Era hermoso.

Mucho más interesante que los invitados.

—¿Señor Ashford?

Ethan cerró los ojos.

Otro más.

Respiró hondo antes de darse la vuelta.

El hombre que tenía enfrente era alto, elegante y estaba impecablemente vestido.

Cabello castaño perfectamente peinado.

Ojos claros.

Una sonrisa segura.

—¿Sí?

—Oliver Bennett.

Ethan reconoció el apellido de inmediato.

Claro.

El hijo del amigo de su tío.

El mismo que llevaba meses apareciendo por todas partes.

—Señor Bennett.

—Oliver está bien.

—Señor Bennett me parece bien.

El alfa soltó una risita.

—¿Siempre es usted tan difícil?

—Solo cuando estoy rodeado de desconocidos.

—Entonces permítame dejar de ser un desconocido.

Ethan ya conocía ese tipo de conversación.

Educada.

Ensayada.

Demasiado perfecta.

Oliver parecía justo el tipo de alfa que su familia aprobaría.

Rico.

Elegante.

Respetable.

Y extremadamente persistente.

—¿Puedo hacerle compañía?

—En realidad...

—Perfecto.

Ethan ni siquiera alcanzó a terminar la frase.

Oliver simplemente se acomodó a su lado.

El omega miró al techo.

Pidiéndole paciencia al cielo.

Durante la hora siguiente, Oliver intentó conversar de todo tipo de temas.

Negocios.

Viajes.

Eventos sociales.

Inversiones.

Todo lo que a Ethan le parecía aburrido.

Pero había algo distinto en ese alfa.

No parecía arrogante.

Ni cruel.

Ni desagradable.

Solo decidido.

Muy decidido.

—¿Así que de verdad le gustan las flores?

—Sí.

—Yo no entiendo nada de flores.

—Eso quedó claro.

Oliver rió.

—Justo.

Al menos sabía reírse de sí mismo.

Eso era raro.

Aun así, Ethan no sentía ninguna conexión.

Ninguna chispa.

Nada.

Era como conversar con un compañero simpático.

Y nada más.

Más tarde, cuando por fin logró escabullirse al jardín de la mansión, Ethan respiró aliviado.

El aire fresco le pareció un regalo.

La lluvia había parado.

Pequeñas gotas aún brillaban sobre las flores.

Durante unos minutos, simplemente caminó por los senderos de piedra.

Solo.

En paz.

O por lo menos hasta que oyó pasos a sus espaldas.

—Sabía que te encontraría aquí.

Ethan se volvió.

Oliver otra vez.

—¿Cómo me encontraste?

—Desapareciste.

—Esa era justo la intención.

El alfa sonrió.

—Honestidad. Me gusta.

—Qué bien.

Oliver se acercó despacio.

No de forma invasiva.

Pero sí con firmeza.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Depende.

—¿Hay alguien?

Ethan se quedó helado.

Por un segundo.

Solo un segundo.

Pero Oliver lo notó.

—Lo hay.

—No.

—Sí lo hay.

—No existe.

—Entonces, ¿por qué dudaste?

Porque existía.

O al menos eso era lo que su corazón quería responder.

No un alfa real.

Sino un nombre.

Una fantasía.

Un capitán lejano.

Un hombre que ni siquiera debería existir.

—Estás imaginando cosas.

Oliver le estudió el rostro unos segundos.

Luego asintió.

Pero estaba lejos de quedar convencido.

Esa misma noche, cuando los invitados se marcharon, Ethan corrió a su cuarto.

Estaba agotado.

Física y emocionalmente.

Lo primero que hizo fue sentarse frente al escritorio.

Papel.

Pluma.

Tinta.

Ya se había vuelto automático.

Querido capitán Kang Min-Jae,

Las palabras salieron con facilidad.

Sobreviví al baile.

Sonrió.

Creo que merezco una medalla al valor.

Siguió escribiendo.

Contó cómo había sido la fiesta.

De los invitados.

De los pretendientes.

Y, inevitablemente, de Oliver.

No es una mala persona.

La pluma vaciló.

Quizá ese sea el problema.

Ethan observó la frase.

Luego continuó.

Porque, aun siendo amable, no logro sentir nada.

El silencio de la noche envolvía el cuarto.

Solo se oía la pluma rasgando el papel.

Entonces escribió algo que lo sorprendió.

Cuando me preguntó si había alguien, pensé en ti.

Ethan abrió los ojos como platos.

Se quedó mirando la frase.

Se puso rojo al instante.

—¿Qué estoy haciendo?

Pero no la borró.

Porque era verdad.

Ridícula.

Imposible.

Vergonzosa.

Pero verdadera.

Dobló la carta a toda prisa antes de arrepentirse.

Dos semanas después...

En Seúl.

Min-Jae estaba solo cuando recibió el nuevo sobre.

El corazón se le aceleró en el instante en que reconoció la caligrafía.

Ya no había forma de negarlo.

Esperaba esas cartas.

Las esperaba.

Quizá más de lo que debía.

Se sentó a su escritorio.

Abrió el sobre.

Y empezó a leer.

La sonrisa le apareció enseguida.

Había sobrevivido al baile.

Era justo el tipo de comentario que haría Ethan.

Pero entonces llegó a la parte sobre Oliver Bennett.

Y la sonrisa se desvaneció.

Min-Jae releyó ese pasaje.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Oliver parecía educado.

Respetuoso.

Interesado.

Todo lo que un pretendiente debía ser.

Aun así, una sensación desagradable surgió en su interior.

Una sensación que no pudo ignorar.

Celos.

Pequeños.

Irracionales.

Pero reales.

—Esto es ridículo.

Lo murmuró para sí.

Después siguió leyendo.

Hasta llegar a la última parte.

Cuando me preguntó si había alguien, pensé en ti.

El capitán se quedó inmóvil.

Completamente inmóvil.

El silencio se apoderó de la oficina.

El corazón le latía más rápido.

Mucho más rápido.

Por primera vez desde que empezaron a llegar aquellas cartas, Min-Jae se dio cuenta de algo.

No era solo curiosidad.

No era solo interés.

No era solo que esperara nuevas cartas.

Se estaba enamorando de alguien a quien nunca había conocido.

De alguien que creía estar escribiéndole a un hombre imaginario.

Y eso lo volvía todo mucho más complicado.

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