Me enamoré de una Youtuber que quiere seguir en el anonimato.
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COINCIDENCIAS
Al día siguiente, en la mañana, Sofía le mandó un mensaje a Carolina:
“Hey, Caro. Tengo una junta pesada a las 4. ¿Te animas a comer algo rápido? Quiero relajarme antes de meterme en esa reunión. Te invito 😊”
Carolina, que todavía se sentía un poco baja de ánimo después de la noche anterior, dudó un momento.
Pero la idea de salir y platicar con su amiga le pareció mejor que quedarse sola en casa rumiando. “¿Puede ser a las 2:00?” preguntó Sofía. Y Carolina aceptó.
Quedaron en un pequeño restaurante italiano cerca del centro, uno de esos lugares con mesas al aire libre y pasta casera. Sofía llegó primero, con su cabello rubio pajizo suelto y una blusa ligera.
Carolina apareció poco después, con su cabello larguísimo recogido en una trenza gruesa que le caía por la espalda, una blusa holgada oscura y jeans. Se veía tímida, pero feliz de ver a Sofía.
Pidieron pasta alfredo y ensalada para compartir. La plática fue ligera, mientras comían, empezaron a recordar anécdotas divertidas de la escuela, las veces que se escapaban a comer tacos después de clases, y las locuras que Sofía hacía mientras Carolina la veía desde lejos con admiración.
Las dos se rieron bastante, la verdad es que Sofía aligeró mucho el peso emocional con el que cargaba Carolina.
Cuando terminaron de comer, Sofía miró su reloj.
—Te llevo a tu casa, ¿va? Pero primero paso rapidísimo por la oficina, necesito dejar unos documentos en recepción. No tardo ni cinco minutos, te lo juro.
Carolina aceptó. Subieron al auto de Sofía y en menos de quince minutos llegaron al edificio donde estaba la agencia de marketing. Estacionó y le dijo:
—Te vas a asar si te quedas dentro del carro, acompáñame y espérame en la recepción, ¿sí? Bajo en un segundo.
Subieron hasta el segundo piso y Carolina se quedó sentada en uno de los sillones de la recepción, con las manos sobre su regazo y la trenza cayendo por uno de sus hombros.
La agencia de cosméticos para la que trabajaba Sofía tenía un aspecto elegante y juvenil, con muebles de diseñador y varios posters que mostraban los productos con modelos de pasarela. Carolina se sentía incómoda en ese lugar, así que sacó su teléfono para distraerse.
En ese preciso momento, las puertas del ascensor se abrieron y salieron Miguel y Alejandro, charlando sobre los últimos ajustes de la campaña.
Miguel, extrovertido como siempre, iba hablando animadamente. Alejandro caminaba a su lado, todavía con la mente un poco dispersa.
De pronto, Alejandro levantó la vista y se quedó sorprendido.
Allí, sentada en la recepción, estaba ella.
Carolina.
Con su cabello largo castaño, su figura llenita, su piel blanca y esos ojos negros que se abrieron como platos en cuanto lo reconoció.
Sus mejillas se tiñeron de rojo inmediatamente y bajó la mirada, intentando esconderse detrás de su cabello. Buscó desesperadamente una revista para cubrirse el rostro, pero no encontró ninguna.
Alejandro también se congeló en el lugar. La miró con atención y por un momento sus miradas se cruzaron por un segundo de más y se quedaron pasmados... “La incomodas, mira a otro lado” se dijo a sí mismo y volteó a ver el techo.
Ahora Carolina bajó la mirada y sus manos apretaban su celular con nerviosismo.
Miguel, que iba hablando solo, se dio cuenta de que Alejandro se había quedado atrás y miró hacia donde él estaba viendo.
—¿Qué pasa, Alex, la conoces? —preguntó curioso, siguiendo su mirada hacia Carolina.
En ese momento, Sofía salió del ascensor y vió la escena. Notó la tensión extraña entre su amiga y el diseñador.
Se acercó a ella y dijo en voz baja—¿Caro? ¿Todo bien?-
Carolina no supo qué decir. Su voz se quedó atrapada en la garganta.
Alejandro tampoco encontraba palabras. Solo podía pensar: claro, tenía que encontrarla aquí.