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El Vuelo De La Libélula

El Vuelo De La Libélula

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Matrimonio arreglado / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SherlyBlanco

​"El Vuelo de la Libélula"

​Un matrimonio por contrato. Un enemigo en la cama. Una venganza que no admite piedad.

​Cuando el prometido de Alessa Rossi huye horas antes de la boda, su destino queda en manos de un misterioso sustituto: Máximo. Atractivo, impecable y protector, parece el salvador que su familia mafiosa necesita para mantener el poder.

​Lo que Alessa no sabe es que ha dejado entrar al lobo en el redil. Máximo es el único superviviente de un clan que los Rossi exterminaron años atrás, y ha regresado con una sola misión: destruir a sus enemigos desde adentro. Su plan es perfecto: fingir ser el esposo ideal, ganar el corazón de la inocente Alessa y usar sus secretos para aniquilar su imperio.

​Pero el odio tiene un punto débil. Entre besos fingidos y manipulaciones crueles, Máximo empieza a dudar: ¿Podrá ejecutar su venganza cuando la mujer que debe destruir es la única que ha logrado darle paz?

​En este juego de traición y deseo, el amor es el arma más peligrosa de todo

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Capítulo 5: Regalos de Sangre y Oro

​Tres semanas habían pasado desde que Alessa se mudó a la fortaleza costera de los Vanzetti. Tres semanas en las que su cuerpo se había acostumbrado a la presencia de Máximo, pero su mente seguía en un estado de alerta constante. Máximo era un laberinto: un hombre que podía ser el más atento de los caballeros durante la cena, para luego transformarse en un extraño distante al cerrar la puerta del dormitorio.

​Esa mañana, el revuelo en la entrada de la mansión anunció una visita que Alessa no esperaba.

​—¡Alessa! —el grito de su hermano menor, Andrés, rompió la rigidez del vestíbulo. Detrás de él, con una elegancia más sobria, caminaba Mateo, su hermano mayor, y cerrando el grupo, sus padres: Vittorio y Mariana.

​Al verlos, Alessa sintió que una parte de su alma, que había estado contenida, finalmente respiraba. Corrió hacia ellos y se refugió en el abrazo de su madre. Mariana, siempre perceptiva, la apartó un poco para observarla. Sus dedos acariciaron el rostro de su hija, deteniéndose en las ligeras sombras bajo sus ojos.

​—Mírate, mi niña... estás un poco pálida. ¿Estás durmiendo bien? —preguntó Mariana con un tono de preocupación que solo una madre posee.

​Vittorio, que se acercaba con una sonrisa de orgullo, soltó una carcajada profunda mientras estrechaba la mano de Máximo, quien acababa de aparecer en la escalera.

​—¡Déjala, Mariana! —exclamó Vittorio, dándole una palmada afectuosa en el hombro a Máximo—. Son recién casados. Si tiene ojeras, es señal de que Máximo está cumpliendo con su deber y de que nuestra hija es feliz. ¿No es así, muchacho?

​Máximo mantuvo la expresión perfecta, una mezcla de respeto y modestia que ocultaba el asco que sentía por la cercanía de Vittorio.

—Hago lo posible por que no le falte nada, Don Vittorio. Alessa es... una esposa excepcional.

​Alessa forzó una sonrisa, sintiendo un nudo en la garganta. La mención de su "vida activa" como recién casados era una broma amarga; la realidad era que las ojeras eran producto de noches enteras escuchando el mar, preguntándose en qué momento el hombre que dormía a su lado dejaría de verla como un enemigo.

​El Caballo de Troya

​La familia se reunió en el gran salón. Giacomo Vanzetti se unió a ellos, observando la escena con la satisfacción de quien ve a su presa caminar voluntariamente hacia la trampa. Vittorio, sin embargo, no había venido solo a tomar el té.

​—He estado pensando mucho en el futuro de los Rossi y los Vanzetti —dijo Vittorio, poniéndose de pie y sacando un sobre de cuero repujado—. Este matrimonio es la piedra angular de todo lo que vendrá. Por eso, Mariana y yo hemos decidido que es hora de que tengan su propio reino.

​Vittorio extendió el sobre hacia Máximo.

—Es la escritura de una mansión en la Toscana. No es solo una casa; es un viñedo en pleno funcionamiento y una propiedad que ha estado en mi familia por generaciones. Es vuestro regalo de bodas. Quiero que sea el lugar donde mis nietos crezcan.

​Máximo tomó el sobre. Por un segundo, sus dedos temblaron. Para cualquier otro, sería el regalo definitivo de un padre amoroso. Para Máximo, era un insulto final. Estaba recibiendo una propiedad construida con lo que él creía que era "dinero manchado de sangre", de manos del hombre que supuestamente destruyó a su familia biológica.

​—Es... una generosidad inmensa, Don Vittorio —dijo Máximo, apretando los dientes tras su sonrisa fingida—. No sé cómo agradecerlo.

​—Con que la hagas feliz, es suficiente —respondió Mateo, el hermano mayor de Alessa, cruzándose de brazos—. Recuerda, Vanzetti, que aunque ahora sea tu esposa, sigue siendo una Rossi. Si ella llora, todos nosotros escuchamos el eco.

​Andrés, el más joven y bromista, se acercó a Máximo y le guiñó un ojo. —No le hagas caso a Mateo, es un gruñón. Pero en serio, la casa tiene una bodega de vinos increíble. ¡Espero que nos invites pronto!

​Alessa miraba a sus hermanos, a su madre y a su padre. La calidez que emanaban era tan real, tan genuina, que las historias de terror de Máximo empezaban a parecerle alucinaciones. ¿Cómo podía este hombre, que miraba a su hija con tal devoción, ser el carnicero de los Valente?

​El Estallido en el Privado

​Una vez que la visita terminó y los Rossi se marcharon, prometiendo verse pronto en la nueva mansión, la máscara de Máximo se hizo pedazos.

​Entró en el dormitorio y arrojó el sobre de las escrituras contra la pared con una violencia que hizo que Alessa saltara del susto.

​—¡Es un cínico! —gritó Máximo, caminando de un lado a otro como un animal enjaulado—. ¡Un maldito cínico!

​—¡Máximo, basta! —Alessa se acercó, intentando calmarlo—. ¡Es un regalo! Mi padre te ha dado algo que ama, algo que es sagrado para él. ¿Por qué te pones así?

​Máximo se giró hacia ella, sus ojos inyectados en rabia y algo que parecía dolor puro. La tomó de los hombros, no con fuerza para lastimarla, pero sí con una intensidad que la dejó sin aliento.

​—¿No lo entiendes, Alessa? No te lo dio a ti, me lo dio a mí para marcar su territorio. Me está comprando. Cree que con oro puede borrar lo que hizo. Cree que puede ponerme una correa de seda y que yo voy a lamerle la mano como un perro agradecido.

​—¡Mi padre no te está comprando! —respondió Alessa, su lealtad ardiendo con fuerza—. Te está aceptando como un hijo. Mis hermanos te tratan como a uno de ellos. ¿Por qué no puedes ver la bondad en lo que hacen?

​—¡Porque no hay bondad en los Rossi! —rugió él—. Cada piedra de esa mansión en la Toscana está puesta sobre los huesos de alguien a quien tu padre pisoteó para llegar a la cima. Me da una casa para que yo sea el guardián de su legado podrido.

​—¡Eres un hombre lleno de odio, Máximo! —Alessa se soltó de su agarre, con las lágrimas asomando finalmente—. Mi padre no es estúpido. Él sabe invertir su dinero, pero jamás invertiría su amor en alguien que no lo merece. Él cree en ti... y yo, tontamente, también quería creer.

​Alessa se dio la vuelta y salió al balcón, necesitando el aire frío del mar para no asfixiarse. Máximo se quedó solo en la habitación, mirando el sobre en el suelo. Su rabia era un incendio, pero por primera vez, el humo le impedía ver su objetivo con claridad.

​Vittorio no estaba actuando como el villano que Giacomo le había descrito durante años. Estaba actuando como un padre. Y eso, para Máximo, era más aterrador que cualquier amenaza de muerte. Porque si Vittorio no era el monstruo... entonces él era el único villano en la vida de Alessa.

​Bajó al despacho de Giacomo, donde su "tío" lo esperaba con una copa de coñac.

​—Vittorio es más listo de lo que pensábamos —dijo Máximo, su voz ahora era un susurro frío—. Nos ha dado la propiedad de la Toscana.

​Giacomo sonrió, una expresión que no tenía nada de la calidez de Vittorio.

—Perfecto. Esa propiedad es la joya de la corona. Si la vendemos o la hipotecamos a través de las empresas fantasma que hemos creado, los Rossi no solo perderán su dinero, perderán su historia. No te dejes engañar por sus gestos de "familia", Máximo. Es solo una estrategia para bajarte la guardia. Recuerda la pastelería. Recuerda el fuego.

​Máximo asintió mecánicamente.

—Lo recuerdo, Giacomo. No lo olvidaré.

​Pero esa noche, cuando entró en la cama y vio a Alessa dándole la espalda, hecha un ovillo y temblando ligeramente por un sollozo contenido, Máximo no sintió la satisfacción de la victoria. Sintió una punzada de rencor, sí, pero esta vez era contra sí mismo.

​Estaba a punto de quitarle a Alessa la casa donde ella soñaba ver crecer a sus hijos. Estaba a punto de traicionar la confianza de un hombre que, por alguna razón que él no lograba comprender, parecía quererlo de verdad.

​La venganza estaba en marcha, y nada podría detenerla. Pero Máximo empezaba a sospechar que, al final del camino, las cenizas que tanto buscaba serían las de su propio corazón.

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Rocio
eso te pasa por desgraciado
Rocio
ahh me chocan esas historia donde harem llorar ala protagonista
Odiza Pimentel
excelente
Odiza Pimentel
megusta la novela super 👏🥰
Soledad Medina Torres
Muy buena novela de principio a fin
Sherly 💜: te invito a leer mis otras obras, te recomiendo una recién salida del horno 🤭🤭🤭, se llama migrar hacia mi una justita corta que te atrapará de principio a fin 🥰 te espero por allá... Me encanta que te haya gustado está historia 🥰🫂
total 1 replies
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