Cuatro años atrás, el amor entre Miriam Bianchi y Adam Ricci parecía inquebrantable… hasta que una traición los separó de la forma más cruel. Lo que Miriam no sabe es que detrás de su dolor se esconde un nombre que aún la persigue en silencio y Elisa Moretti, la mujer que manipuló cada pieza para destruirlos.
Ahora, el destino vuelve a cruzar sus caminos. Miriam ha reconstruido su vida con esfuerzo, apoyada por su leal amiga Lionela Conti, mientras Adam, consumido por el arrepentimiento, intenta llenar el vacío con ayuda de su inseparable amigo Francisco Romano. Pero hay heridas que nunca sanaron… y secretos que nunca salieron a la luz.
Cuando la verdad comienza a revelarse, el pasado amenaza con repetir la misma tragedia. ¿Podrá el amor sobrevivir a la traición? ¿O será demasiado tarde para recuperar lo que una vez fue perfecto?
Porque hay historias que no terminan… solo esperan el momento de volver a comenzar.
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Capitulo 16
El presentimiento de que algo había cambiado entre ellos no tardó en llegar a oídos de Elisa. Al verlos juntos, hablando sin prisa y mirándose con una intensidad que no era de odio, sintió cómo el pánico le recorría la espalda. Su control se tambaleaba, y eso la hizo actuar con desesperación, sin la frialdad calculada de antes.
Se acercó a Miriam al día siguiente, fingiendo calma, aunque sus dedos se entrelazaban con nerviosismo.
—Miriam, me han contado algo que debes saber —dijo apresurada, sin apenas saludar—. Adam no te dice toda la verdad. Esa noche que te contó estar en el hospital… tengo razones para creer que solo es una excusa preparada para engañarte otra vez. Es tan hábil mintiendo…
Miriam la miró fijamente, serena pero firme, y notó al instante su ansiedad y la forma precipitada de hablar.
—¿Ah, sí? —respondió ella con calma—. ¿Y puedes decirme qué hora llegó exactamente al hospital? ¿Con quién habló primero? ¿Tienes algún nombre concreto que lo desmienta?
Elisa parpadeó confundida, sin esperar preguntas tan precisas, y tartamudeó levemente al responder.
—Yo… no tengo los detalles exactos, claro… pero la gente habla, y dicen que pudo arreglarlo para parecer inocente. Ya sabes cómo es él…
—Curioso —la interrumpió Miriam—. Antes tenías detalles tan precisos de todo lo “malo” que hacía, y ahora, para defender tu acusación, no tienes nada claro.
Al ver que no lograba confundirla, Elisa corrió hacia Adam poco después, cambiando de estrategia. Se acercó a él con ojos brillantes de angustia fingida, aunque sus gestos eran bruscos y rápidos.
—¡Adam, por fin te encuentro! —exclamó, agarrándole del brazo con fuerza—. Debes alejarte de Miriam cuanto antes. He escuchado que solo te busca para hacerte pagar por el pasado, que está planeando hacerte daño igual que tú se lo hiciste a ella. ¡Te está tendiendo una trampa!
Adam apartó suavemente su mano, observándola con una claridad que antes no tenía.
—¿De verdad? —preguntó él, tranquilo pero penetrante—. ¿Y cuándo dijo eso exactamente? ¿Delante de quién? Porque ayer, cuando hablamos, no vi en ella ni rastro de venganza, sino dolor y sinceridad.
—Bueno… fue hace un rato, en la calle… con unas amigas que no conoces —improvisó Elisa, desviando la mirada y mordiéndose el labio, nerviosa por tener que inventar sobre la marcha.
—Siempre “otras personas”, siempre en lugares sin testigos —murmuró Adam, descubriendo por fin su patrón—. Extraño que nunca haya nadie concreto cuando te pido detalles, Elisa.
Cada intento suyo por distraerlos se volvía en su contra. Al querer cerrar una duda, inventaba una historia nueva que chocaba con la anterior; al tratar de desmentir una verdad, se contradecía sin querer. Su voz sonaba menos convincente, sus sonrisas parecían forzadas y sus excusas eran cada vez más pobres y obvias.
—Solo quiero protegerte, no sé por qué me pones en duda ahora —insistió ella, con la voz más aguda y alterada de lo normal.
—Porque cuando uno dice la verdad, no necesita corregirse a cada rato ni inventar testigos que no aparecen —respondió Adam con firmeza—. Y tú, últimamente, cometes un error tras otro apenas abres la boca.
Elisa se quedó callada, pálida y temblando de ira contenida. Sabía que sus maniobras, antes perfectas, ahora estaban llenas de grietas. Cuanto más intentaba tapar la verdad, más se notaba su desesperación… y más claro quedaba ante ellos que detrás de todo siempre había estado su mano oculta.
Cada palabra que Elisa añadía para tapar una mentira solo creaba una contradicción nueva. Sus manos temblaban, sus ojos huían la mirada y sus excusas sonaban cada vez más vacías.
—Te estás contradiciendo a cada paso, Elisa —le dijo Miriam con frialdad—. Antes todo lo sabías con lujo de detalles, y ahora nada te cuadra.
—Tu prisa por separarnos solo confirma lo que sospechamos —añadió Adam, mirándola fijamente—. Cuanto más hablas, más se nota que estás desesperada por ocultar la verdad.
Elisa enmudeció, pálida y acorralada. Quiso hablar, quiso arreglarlo… pero ya era tarde: su propia desesperación había terminado de delatarla por completo.
Elisa intentó sonreír para disimular, pero sus manos no dejaban de temblar. Sabía que cada palabra que salía de su boca la hundía más.
—Ya no te creemos nada, Elisa —le dijo Miriam con voz firme—. Tu miedo a que estemos juntos habla mucho más fuerte que todas tus mentiras.
—Te creíste tan lista que olvidaste algo esencial —agregó Adam con seriedad—: la verdad, por más que intentes enterrarla, siempre termina saliendo a la luz.
Elisa dio un paso atrás, acorralada y sin salida. Su máscara de amabilidad se había caído por completo, dejando al descubierto su verdadero rostro: el de una mujer aterrorizada porque su juego perverso estaba a punto de acabarse.
Lo más seguro es que al final se queden juntos, pero mientras que ella sufra cómo lo hizo sufrir a él por no confiar en su amor.
Entonces la que amaba menos era ella. Y su inseguridad y baja autoestima la hace ser crédula y tonta.