Hola, soy CubeThings.
Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.
Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.
Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.
Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.
NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
No Me Decepciones
La puerta se deslizó con suavidad.
Tomoe regresó en silencio, llevando una bandeja con dos pequeños vasos de cerámica. El aroma que los acompañaba era intenso, ligeramente dulce… pero con algo más, algo fuerte que no terminaba de identificar.
Se acercó con elegancia y colocó la bandeja entre ellos.
—Aquí tiene —murmuró.
Hizo una leve reverencia.
—Gracias —respondió Kuro, sin apartar la mirada de Hikari ni un solo segundo.
Tomoe se retiró sin hacer ruido, cerrando la puerta tras de sí.
Y otra vez…
quedaron solos.
Kuro hizo un pequeño gesto con la mano, señalando el vaso frente a ella.
—Bebe.
No fue una sugerencia.
Hikari dudó apenas un segundo, pero tomó el vaso.
El material estaba tibio entre sus dedos.
Lo acercó a sus labios… y dio un pequeño sorbo.
Al instante—
sus ojos se abrieron.
—¡—!
El sabor era fuerte.
Demasiado fuerte.
Le quemó ligeramente la garganta al pasar, y tuvo que hacer un esfuerzo para no toser.
Su cara se contrajo sin que pudiera evitarlo.
Kuro la observó un segundo… y luego soltó una risa baja.
Una risa real.
—…
Hikari lo miró, sorprendida.
Era la primera vez que lo veía así.
—No es gracioso —murmuró, todavía procesando el sabor.
—Lo es —respondió él, con una ligera sonrisa aún presente—.
Se recargó apenas, relajado.
—Bienvenida al mundo yokai, Hikari.
Sus ojos volvieron a fijarse en ella.
Y esta vez… había algo distinto en su mirada.
Algo más profundo.
Más serio.
—Pero esto… —añadió— es solo el inicio.
El ambiente cambió.
Otra vez.
La sonrisa desapareció por completo.
Y la intensidad volvió.
—Así que dime…
Se inclinó ligeramente hacia ella.
Lo suficiente para invadir su espacio otra vez.
—Si no recuerdas nada…
Una breve pausa.
Sus ojos violetas se clavaron en los de ella.
—¿cómo diablos piensas hacerte cargo de este lugar?
Las palabras cayeron pesadas.
Directas.
Sin suavizar.
Hikari se quedó en silencio.
El vaso aún entre sus manos.
Su corazón seguía acelerado… pero por razones distintas ahora.
Confusión.
Presión.
Y algo más.
—Yo… —empezó, pero dudó.
Miró alrededor un segundo.
El ryokan.
Ese lugar que, según todos… le pertenecía.
—Ni siquiera sabía que esto existía —dijo finalmente, levantando la mirada hacia él—.
Su voz no era fuerte.
Pero tampoco tembló.
—No sé qué esperas de mí.
Kuro no respondió de inmediato.
La observó.
Evaluando.
Midiendo cada palabra.
—No espero nada —dijo al final.
Pero su tono decía lo contrario.
—Solo quiero ver… si eres capaz.
El silencio volvió a caer entre ellos.
Pero esta vez…
ya no era incómodo.
Era tenso.
Como el inicio de algo.
Algo que ninguno de los dos iba a poder evitar.
Kuro no apartó la mirada de ella.
Ni siquiera después de decirlo.
El silencio que siguió fue corto… pero suficiente para que el peso de sus palabras se asentara.
Se recargó ligeramente, cruzando uno de sus brazos con una calma que contrastaba con la dureza de su tono.
—Para empezar… necesitas entender cómo funciona un ryokan.
Su voz volvió a ese tono firme, directo, sin adornos.
—Este lugar no se sostiene solo por nombre o herencia.
Sus ojos se entrecerraron apenas.
—Se sostiene por quienes trabajan en él.
Hikari lo miró en silencio.
Atenta.
Kuro continuó.
—Vas a trabajar en cada área.
Una pausa.
—Desde abajo.
Las palabras fueron claras.
Sin suavizarlas.
Sin intención de hacerlo más fácil.
—Limpieza. Cocina. Atención a huéspedes. Todo.
Su mirada bajó un segundo, como si repasara mentalmente lo que implicaba.
Y luego volvió a ella.
—Quiero que entiendas la importancia de cada rol en este lugar.
El ambiente se mantuvo tenso.
Pero estable.
No había agresividad.
Solo… exigencia.
—Tomoe te dirá todo lo que necesitas saber —añadió.
Y entonces…
algo cambió.
Muy leve.
Pero suficiente.
Una sombra de ironía cruzó su expresión.
—Trabajarás desde abajo.
Y finalmente—
—Espero que no sea una molestia… para la princesa del abuelo.
El comentario cayó con una ligereza engañosa.
Porque no era un insulto directo.
Pero tampoco era amable.
Esa forma de llamarla…no sonó como respeto.
Sonó como un reto.
Hikari se quedó en silencio un segundo.
Luego bajó la mirada al vaso en sus manos.
Y lo dejó con cuidado sobre la bandeja.
Respiró hondo.
Y cuando levantó la mirada…
ya no había duda.
—No lo es.
Su voz fue tranquila.
Pero firme.
Kuro no se movió.
Pero su mirada… cambió apenas.
—Si este lugar es mío… —continuó ella— entonces voy a aprender cómo mantenerlo.
Una pequeña pausa.
Sus ojos no se apartaron de los de él.
—Aunque tenga que empezar desde lo más bajo.
El aire se tensó.
Pero de una forma distinta.
No incómoda.
Sino… interesante.
Kuro la observó unos segundos más.
Como si esperara que dudara.
Que retrocediera.
Pero no lo hizo.
Y eso…
le llamó la atención.
Muy ligeramente…
una esquina de sus labios se curvó.
Casi imperceptible.
—Bien.
Se incorporó con calma.
—Entonces empieza mañana.
Y sin añadir nada más…
giró ligeramente la mirada hacia la puerta.
Dando por terminada la conversación.
Pero antes de que el momento se cerrara por completo…
sus ojos volvieron a ella una última vez.
—No me decepciones.
No sonó como una advertencia.
Sonó como algo peor.
Como si ya hubiera decidido que…
lo haría.
La puerta se deslizó con suavidad.
Tomoe entró como si ya supiera exactamente lo que debía hacer, sin necesidad de que nadie le dijera nada.
—Sígueme —dijo con esa calma natural que siempre tenía.
Hikari se levantó de inmediato y lo siguió, aún procesando todo lo que acababa de pasar.
Caminaron por pasillos más sencillos, alejándose de la parte elegante del ryokan. La luz se volvía un poco más tenue, los detalles menos refinados… más funcionales.
Hasta que finalmente llegaron a una sección más amplia.
Tomoe se detuvo frente a una puerta corrediza y la abrió.
—Aquí es donde compartirás habitación con las demás.
Hikari asomó la mirada.
El espacio era amplio, con varios futones acomodados en filas ordenadas. Había pequeñas repisas con pertenencias personales, algunas telas colgadas, y un aroma ligero a jabón y madera.
Era sencillo.
Pero acogedor.
—No te encariñes mucho con el lugar —añadió Tomoe, girando ligeramente la cabeza hacia ella—. No estarás mucho tiempo aquí.
Sonrió con esa diversión sutil que parecía saber más de lo que decía.
Luego su mirada se movió hacia una de las chicas dentro del cuarto.
—Rita.
La figura al fondo levantó la mirada.
Era una yokai con rasgos felinos, claramente un nekomata. Su cabello oscuro caía en capas desordenadas, y detrás de ella se movían dos colas largas y elegantes que se balanceaban con cierta impaciencia. Sus ojos eran afilados, de un tono ámbar intenso que brillaba con curiosidad… y un poco de desconfianza.
—Esta es Hikari —continuó Tomoe—. Va a ayudar de ahora en adelante.
Rita se cruzó de brazos.
—Ya veo…
—Confío en que la traten bien y le enseñen lo que necesita saber —añadió Tomoe con suavidad—. Dale un uniforme.
Hizo una leve pausa.
—Si me necesitan, estaré cumpliendo con mis obligaciones.
Sus ojos volvieron a Hikari por un instante.
—Bienvenida, Hikari.
Y con eso… se marchó.
La puerta se cerró.
Y el ambiente cambió de inmediato.
Rita no tardó ni un segundo en acercarse.
La miró de arriba abajo sin ningún tipo de discreción.
—Espero que no seas una molestia —dijo directamente—. Se nota que no has trabajado en tu vida.
Hikari parpadeó, un poco sorprendida por la franqueza.
Pero no respondió.
—Ven —añadió Rita, girando sobre sus talones—. Te daré tu uniforme.
Hikari la siguió.
Rita abrió un compartimento de madera y sacó varias prendas dobladas con cuidado.
—Póntelo —dijo, extendiéndoselo.
Hikari tomó la ropa.
Era… hermosa.
Y completamente distinta a lo que estaba acostumbrada.
Consistía en un kosode ligero de tela suave, en tonos claros, con un delicado patrón floral inspirado en sakura. Encima, un hakama corto de color más oscuro, que permitía moverse con facilidad mientras trabajaban.
Un delantal tradicional, ajustado a la cintura con lazos firmes, completaba el conjunto, junto con mangas ligeramente más cortas para no estorbar en las tareas.
También había unas tabi blancas y sandalias simples.
Todo era sencillo.
Pero elegante.
Cuidado.
Como si incluso el trabajo… tuviera su propia belleza en ese lugar.
Rita la observó mientras lo sostenía.
—No lo ensucies demasiado en tu primer día —añadió, con una ligera sonrisa ladeada—. Aunque supongo que es inevitable.
Hikari bajó la mirada hacia la ropa.
Sus dedos rozaron la tela con cuidado.
Y por primera vez desde que todo comenzó…
una pequeña emoción distinta apareció.
No miedo.
No confusión.
Sino…
anticipación.
Levantó la mirada.
—¿Dónde me cambio?
Rita señaló hacia una esquina con biombos de madera.
—Ahí.
Luego se giró ligeramente, moviendo una de sus colas con calma.
—Apresúrate… Hikari.
Porque a partir de ahora…
esto ya no era un sueño.
Era su nueva vida.
Y apenas estaba comenzando.