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Contrato De Medianoche

Contrato De Medianoche

Status: En proceso
Genre:Casada con el millonario / Matrimonio arreglado / Matrimonio contratado / Romance
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Elizabeth Valdéz

Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.

NovelToon tiene autorización de Elizabeth Valdéz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: El pasado que Adrián ocultaba

El silencio en el jardín de la mansión se volvió inquietante.

Las últimas palabras de Sebastián seguían resonando en la mente de Camila.

“Alguien dentro de esta casa está trabajando para nuestro enemigo.”

Camila sintió un escalofrío.

—Eso no puede ser verdad…

Sebastián la miró con una expresión seria.

—Ojalá estuviera equivocado.

Camila miró alrededor del jardín.

Los árboles se movían suavemente con el viento.

El lugar parecía tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Pero ahora no podía evitar pensar que alguien allí dentro podría estar observándolos.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó finalmente.

Sebastián levantó el teléfono.

—La información sobre la mansión no debería estar en internet.

—¿Y?

—Solo algunas personas conocen esta dirección.

Camila frunció el ceño.

—Eso significa…

Adrián terminó la frase.

—Que alguien cercano la filtró.

El corazón de Camila comenzó a latir con fuerza.

—Pero… ¿quién haría algo así?

Sebastián guardó el teléfono.

—Eso es lo que tenemos que descubrir.

Adrián caminó lentamente por el jardín.

Su expresión era fría.

Pensativa.

Camila lo observó.

Había algo diferente en él.

Algo que no había visto antes.

—Adrián —dijo con cuidado— ¿esto ya te había pasado antes?

Él se detuvo.

Durante unos segundos no respondió.

Sebastián lo miró de reojo.

—Creo que es momento de que se lo digas.

Camila frunció el ceño.

—¿Decirme qué?

Adrián respiró profundo.

—Salazar no es solo un enemigo de negocios.

Camila lo observó.

—Entonces… ¿qué es?

Adrián levantó la mirada.

Sus ojos tenían una intensidad que hizo que Camila sintiera un pequeño nudo en el estómago.

—Es el hombre responsable de la muerte de mi madre.

El mundo de Camila pareció detenerse.

—¿Qué?

El silencio volvió a llenar el jardín.

Sebastián bajó la mirada.

—Hace ocho años —continuó Adrián—, mi madre descubrió algo que Salazar estaba haciendo.

Camila escuchaba con atención.

—¿Qué descubrió?

Adrián respondió con voz baja.

—Un fraude millonario.

Sebastián añadió:

—Salazar estaba usando varias empresas falsas para lavar dinero.

Camila sintió que el aire se volvía más pesado.

—¿Y tu madre lo descubrió?

Adrián apretó ligeramente los puños.

—Sí.

—¿Y qué pasó?

El silencio duró unos segundos.

—Intentó denunciarlo.

Camila sintió que el corazón le latía más rápido.

—Pero no lo logró.

Adrián negó lentamente.

—Un día antes de entregar las pruebas…

Hizo una pausa.

—Murió en un accidente de coche.

Camila abrió los ojos con sorpresa.

—¿Accidente?

Sebastián habló con tono serio.

—Eso fue lo que dijeron.

Camila miró a Adrián.

—Pero tú no lo crees.

Adrián respondió con frialdad.

—Porque no fue un accidente.

El viento movió las hojas de los árboles.

Camila sintió un escalofrío.

—Crees que Salazar lo hizo.

—Lo sé.

Camila guardó silencio.

Por primera vez entendía realmente el odio en la mirada de Adrián.

—Entonces todo esto… —murmuró— es una guerra.

Adrián la miró.

—Exactamente.

Camila bajó la mirada.

—Y ahora yo estoy en medio.

Adrián no respondió.

Pero su silencio era suficiente.

Sebastián cruzó los brazos.

—Salazar ha estado esperando una oportunidad para volver a atacar.

Camila respiró profundo.

—¿Y esa oportunidad soy yo?

Sebastián habló con calma.

—Ahora eres la esposa de Adrián.

—Aunque sea un matrimonio falso.

—Para el mundo no lo es.

Camila caminó unos pasos por el jardín.

Todo se sentía diferente ahora.

Más peligroso.

—Entonces ese artículo…

Adrián respondió:

—Es solo el comienzo.

Camila levantó la mirada.

—¿Qué quieres decir?

Adrián caminó hacia ella.

—Si Salazar cree que puede usar tu pasado contra mí…

—Va a seguir investigando.

—Exactamente.

Camila apretó los labios.

—Pero no hay nada interesante en mi pasado.

Sebastián soltó una pequeña risa.

—Créeme.

—¿Qué?

—Los enemigos siempre encuentran algo.

Camila sintió que un pequeño nudo se formaba en su estómago.

—Eso no es muy tranquilizador.

Adrián habló con voz firme.

—No voy a dejar que te pase nada.

Camila lo miró.

—No puedes controlarlo todo.

Adrián respondió sin dudar.

—Haré lo necesario.

El silencio volvió a llenar el jardín.

De repente el teléfono de Adrián vibró.

Lo sacó del bolsillo.

Leyó el mensaje.

Su expresión cambió.

Sebastián lo notó inmediatamente.

—¿Qué pasó?

Adrián mostró la pantalla.

Era un mensaje de su jefe de seguridad.

Camila no podía ver el contenido.

—¿Qué dice?

Adrián respondió con voz baja.

—Tenemos un problema.

Sebastián frunció el ceño.

—¿Otro más?

Adrián levantó la mirada.

—Acaban de ver a alguien cerca de la entrada de la mansión.

Camila sintió un escalofrío.

—¿Quién?

Adrián habló con calma.

—Un periodista.

Sebastián suspiró.

—Era cuestión de tiempo.

Camila frunció el ceño.

—¿Qué quiere?

Adrián guardó el teléfono.

—Probablemente hablar contigo.

Camila abrió los ojos.

—¿Conmigo?

—Sí.

Camila negó con la cabeza.

—No quiero hablar con nadie.

—No tienes que hacerlo.

—Entonces ¿por qué está aquí?

Adrián respondió con frialdad.

—Porque alguien le dijo que viniera.

El silencio volvió a caer.

Camila sintió que el miedo regresaba.

—¿Crees que fue la misma persona que filtró la dirección?

Adrián no respondió.

Sebastián habló en su lugar.

—Es lo más probable.

Camila miró hacia la mansión.

Las ventanas enormes reflejaban la luz del sol.

Pero ahora ese lugar ya no parecía tan seguro.

—Esto significa que…

Sebastián terminó la frase.

—Que el traidor sigue dentro de esta casa.

El corazón de Camila latía con fuerza.

—Entonces cualquiera podría ser.

—Exactamente.

Camila respiró profundo.

—Esto es una pesadilla.

Adrián caminó hacia la puerta del jardín.

—Tenemos que entrar.

Camila lo miró.

—¿Por qué?

Adrián respondió con una voz seria.

—Porque quiero hablar con todo el personal de la casa.

Sebastián levantó una ceja.

—¿Vas a interrogarlos?

—Sí.

Camila sintió un pequeño escalofrío.

—¿Y si el traidor está escuchando esto ahora mismo?

Adrián la miró.

—Entonces ya sabe que lo estamos buscando.

Camila bajó la mirada.

—Eso no suena muy tranquilizador.

Sebastián soltó una pequeña risa.

—Bienvenida a la familia Vega.

Camila suspiró.

—Empiezo a pensar que este contrato fue el peor error de mi vida.

Adrián se detuvo frente a la puerta.

—Todavía puedes irte.

Camila lo miró.

—¿Y dejar que ese hombre me investigue sin saber por qué?

Adrián guardó silencio.

Camila respiró profundo.

—No.

Adrián levantó ligeramente una ceja.

—¿No?

Camila habló con determinación.

—Si alguien quiere usarme contra ti…

—Quiero saber por qué.

Sebastián sonrió levemente.

—Creo que empiezo a entender por qué te casaste con ella.

Adrián no respondió.

En ese momento un guardia apareció corriendo desde el interior de la mansión.

Su rostro estaba pálido.

—Señor Vega…

Adrián lo miró.

—¿Qué pasa?

El guardia habló con dificultad.

—El periodista no vino solo.

El silencio se volvió inquietante.

Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.

—¿Qué quieres decir?

El guardia tragó saliva.

—Trajo algo con él.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

El hombre levantó el teléfono.

En la pantalla había una foto.

Cuando Camila la vio… sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Era una fotografía antigua.

De su madre.

Y debajo de la imagen había un mensaje.

“¿De verdad creías que nadie descubriría tu pasado, Camila Torres?”

El silencio fue absoluto.

Camila sintió que el miedo le recorría todo el cuerpo.

Porque si alguien tenía esa foto…

Significaba que ya sabían mucho más de ella de lo que imaginaba.

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Elizabeth Valdéz
Contrato de medianoche es algo a lo que normalmente escribo y me gusta experimentar historias nuevas. Espero les guste esta historia!
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