Han Jisung solo quería un trabajo tranquilo pero todo cambia cuando comienza a trabajar para Lee Minho ,un Jefe brillante, Arrogante y peligrosamente atractivo. Entre órdenes, discusiones y miradas intensas, Han empieza a descubrir q detrás del carácter arrogante de su Jefe hay algo q nadie más a logrado ver
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Llegar tarde no es tan peligroso
El reloj marcaba las 9:17 a.m.
Han Jisung corría por la acera con el corazón golpeándole el pecho como si quisiera escapar. Su mochila saltaba en su espalda y el café que llevaba en la mano amenazaba con derramarse a cada paso.
—Genial… genial… —murmuró entre jadeos—. Primer mes en el trabajo y ya voy a morir.
El edificio de la empresa apareció frente a él, enorme y elegante, con sus paredes de vidrio reflejando el cielo gris de la mañana. Jisung se detuvo un segundo frente a la entrada automática.
Respiró hondo.
—Tal vez… tal vez ni se dan cuenta…
Las puertas se abrieron.
Y ahí, en el lobby, estaba él.
Lee Minho.
De pie, impecable como siempre, con traje negro, brazos cruzados y una expresión fría que parecía cortar el aire.
Jisung sintió que su alma abandonaba su cuerpo.
—Llegas tarde —dijo Minho sin levantar la voz.
Pero su tono fue peor que un grito.
Jisung miró el reloj de la pared.
9:19.
—Yo… eh… —intentó hablar, pero su cerebro se había ido de vacaciones—. El bus… el tráfico… y un gato…
Minho alzó una ceja.
—¿Un gato?
—Sí… bueno… no exactamente… —Jisung se estaba hundiendo más con cada palabra.
Silencio.
Minho suspiró con cansancio.
—Mi oficina. Ahora.
El corazón de Jisung se cayó al suelo.
Detrás del mostrador de recepción, Hyunjin y Felix observaban la escena como si fuera un drama de televisión.
Felix susurró:
—Murió.
Hyunjin asintió lentamente.
—Totalmente.
Jisung caminó detrás de Minho por el pasillo sintiendo cada paso como si fuera camino a su ejecución.
Cuando entraron a la oficina, la puerta se cerró con un suave click que sonó demasiado definitivo.
Minho se sentó detrás de su escritorio.
—Explica.
Jisung se quedó de pie frente a él, tratando de ordenar sus pensamientos.
—No… no es que me guste llegar tarde —dijo rápido—. De hecho soy muy responsable. Bueno… normalmente. Hoy fue… diferente.
Minho lo observó en silencio.
Ese silencio que hacía que cualquiera quisiera confesar todos sus pecados.
—Entonces —dijo finalmente—. ¿Qué pasó?
Jisung se rascó la nuca.
—Me quedé trabajando hasta tarde ayer.
Minho entrecerró los ojos.
—¿Trabajando?
—Sí —respondió Jisung, más firme—. El informe que pidió. Quería terminarlo bien.
Minho no respondió de inmediato.
Tomó un archivo del escritorio y lo abrió.
—Lo revisé esta mañana.
El estómago de Jisung se hizo un nudo.
—Y… ¿está mal?
Minho cerró el archivo lentamente.
—Está bien.
Jisung parpadeó.
—¿Bien?
—Demasiado bien para alguien que supuestamente es tan distraído.
Jisung abrió la boca, sorprendido.
No esperaba eso.
Minho se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Pero eso no cambia el hecho de que llegaste tarde.
—Lo sé…
—Y no me gusta la gente irresponsable.
Jisung apretó las manos.
—No soy irresponsable.
Minho lo miró fijamente.
—Entonces demuéstralo.
Silencio.
Durante un segundo, algo extraño pasó entre ellos. Una tensión rara, como si el aire se volviera más pesado.
Jisung fue el primero en romperla.
—No volverá a pasar.
Minho se recostó en su silla.
—Eso espero.
Luego señaló la puerta.
—Ahora ve a trabajar.
Jisung salió de la oficina sintiendo que había sobrevivido a una batalla.
En cuanto cruzó la puerta, Felix y Hyunjin aparecieron frente a él.
—¿SIGUES VIVO? —susurró Felix dramáticamente.
—¿Te gritó? —preguntó Hyunjin.
—¿Te despidió?
Jisung dejó caer la cabeza contra la pared.
—No… pero creo que estuvo cerca.
Los tres caminaron hacia el área de trabajo.
Felix lo miró curioso.
—Oye… pero algo raro pasó.
—¿Qué cosa?
—No parecía TAN enojado.
Hyunjin asintió.
—Sí. Normalmente cuando alguien llega tarde, Minho lo destruye.
Jisung frunció el ceño.
—Gracias por el apoyo moral.
Felix sonrió.
—Solo digo.
En ese momento, la puerta de la oficina de Minho se abrió.
Todos se quedaron quietos.
Minho salió con su carpeta en la mano.
Su mirada recorrió la sala… y se detuvo un segundo en Jisung.
Solo un segundo.
Pero fue suficiente para que Jisung sintiera algo extraño en el pecho.
Minho habló con voz clara.
—Reunión en diez minutos.
Luego volvió a entrar a su oficina.
Felix inclinó la cabeza.
—Ok.
Hyunjin susurró:
—Eso fue raro.
Jisung intentó ignorarlo y se sentó en su escritorio.
Pero su mente no dejaba de repetir ese momento.
La forma en que Minho lo había mirado.
No era exactamente enojo.
Tampoco era indiferencia.
Era… algo más difícil de entender.
En su oficina, Minho estaba de pie frente a la ventana.
Mirando la ciudad.
Su mente tampoco estaba en calma.
Recordaba claramente la expresión de Jisung cuando intentaba defenderse.
Ese chico era demasiado ruidoso.
Demasiado caótico.
Demasiado… diferente.
Y aun así…
Minho apretó ligeramente la carpeta en su mano.
—Molesto.
No sabía si lo que sentía era irritación…
o curiosidad.
Mientras tanto, en la sala de trabajo, Jisung intentaba concentrarse en su computadora.
Pero Felix seguía mirándolo con una sonrisa sospechosa.
—¿Qué?
Felix apoyó la barbilla en su mano.
—Nada.
—Felix.
—Nada.
Hyunjin se acercó también.
—Creo que al jefe le gustas.
Jisung casi se atragantó.
—¿QUÉ?
—No de esa forma —dijo Hyunjin riendo—. Bueno… tal vez sí.
—Están locos.
Pero en el fondo…
Jisung no estaba tan seguro.
Porque cuando Minho lo miró…
su corazón había latido más rápido.
Y eso era un problema.
Un problema muy grande.
Porque trabajar con un jefe arrogante ya era difícil.
Pero trabajar con un jefe que empezaba a afectar tu corazón…
Era mucho peor.
Y lo que ninguno de los dos sabía…
Era que ese era solo el comienzo del verdadero caos entre ellos.
La reunión de la mañana avanzaba con una lentitud insoportable.
Han Jisung estaba sentado al final de la mesa de conferencias, intentando concentrarse en las diapositivas que se proyectaban en la pantalla.
Pero su atención estaba en otro lugar.
Más específicamente…
En Lee Minho.
El jefe hablaba con seguridad mientras explicaba los nuevos objetivos del proyecto. Su voz era tranquila, firme, casi fría.
Pero Jisung no podía evitar notar pequeños detalles.
Cómo se acomodaba las mangas.
Cómo apoyaba una mano en la mesa cuando explicaba algo.
Cómo fruncía ligeramente el ceño cuando alguien decía algo que no le convencía.
Felix, sentado a su lado, le dio un pequeño golpe en el brazo.
—Oye.
Jisung parpadeó.
—¿Qué?
—Deja de mirar al jefe así.
Jisung se puso rojo.
—¡No lo estaba mirando!
Felix sonrió divertido.
—Claro que sí.
Hyunjin, del otro lado, susurró:
—Si lo sigues mirando así, se va a dar cuenta.
Jisung giró rápido hacia la pantalla.
—Cállense.
Pero lo peor era que Felix tenía razón.
Porque cuando Jisung levantó la mirada por accidente…
Minho lo estaba mirando.
Sus ojos se encontraron apenas un segundo.
Jisung bajó la mirada de inmediato.
Y Minho continuó hablando como si nada hubiera pasado.
Pero por dentro…
Algo lo había molestado.
No el hecho de que Jisung lo mirara.
Sino lo que vio después.
Porque unos minutos más tarde, durante una pausa de la reunión, Jisung empezó a hablar con otro empleado.
Seo Changbin.
Changbin era conocido por ser extrovertido, divertido y demasiado confiado.
—Entonces tú hiciste ese informe —dijo Changbin con una sonrisa—. Debo admitir que estuvo muy bien.
Jisung se rascó la nuca.
—Ah… gracias.
—¿Trabajaste hasta tarde?
—Sí, un poco.
Changbin se acercó un poco más.
—Si necesitas ayuda con algo, puedes decírmelo. Trabajo mejor en equipo.
Jisung sonrió.
—Claro.
Desde el otro lado de la mesa…
Minho observaba la escena.
En silencio.
Algo en su pecho se tensó.
No tenía ninguna razón para prestar atención a eso.
Era una conversación normal.
Nada más.
Pero cuando Changbin puso una mano en el hombro de Jisung mientras hablaban…
Minho apretó ligeramente el bolígrafo que tenía en la mano.
Crack.
El sonido fue pequeño, pero suficiente para que varios voltearan.
Minho dejó el bolígrafo roto sobre la mesa.
—Continuemos —dijo con calma.
La reunión siguió.
Pero Minho ya no estaba concentrado.
Su mente volvía una y otra vez a la misma imagen.
Changbin riendo con Jisung.
Changbin demasiado cerca de él.
Minho frunció el ceño.
—Ridículo.
No debería importarle.
Pero…
Le molestaba.
Mucho.
Cuando la reunión terminó, todos comenzaron a levantarse.
Changbin volvió a acercarse a Jisung.
—Oye.
—¿Sí?
—Hay una cafetería cerca de aquí que es buena. Si quieres podemos ir después del trabajo.
Jisung dudó un momento.
—Eh…
Antes de que pudiera responder…
Una voz fría interrumpió.
—Han Jisung.
Los dos se giraron.
Minho estaba de pie en la puerta de la sala de reuniones.
—Necesito hablar contigo.
Changbin levantó las manos.
—Ups, parece que te secuestraron.
Jisung suspiró.
—Voy luego.
Changbin sonrió.
—Te espero.
Minho escuchó eso.
Y algo dentro de él se tensó otra vez.
Caminaron hacia su oficina en silencio.
Cuando la puerta se cerró, Minho habló sin rodeos.
—Ese informe que hiciste.
Jisung se puso rígido.
—¿Está mal?
—No.
Minho abrió una carpeta.
—El director quiere revisarlo personalmente.
Jisung parpadeó.
—¿En serio?
—Sí.
Justo en ese momento…
La puerta se abrió sin tocar.
Era uno de los directores de la empresa.
Un hombre mayor, con expresión crítica.
—Lee Minho —dijo entrando—. Este es el empleado nuevo del que hablabas.
El director miró a Jisung de arriba abajo.
—¿Él hizo el informe?
Minho asintió.
El hombre tomó el documento y lo hojeó.
Su expresión no parecía impresionada.
—Hmph.
Jisung sintió un nudo en el estómago.
—Para alguien nuevo… está bastante simple.
La cara de Jisung cayó un poco.
Pero antes de que pudiera decir algo…
Minho habló.
—No.
El director lo miró.
—¿No?
Minho apoyó una mano sobre el escritorio.
—No es simple.
Su voz era firme.
—Es claro, directo y bien estructurado.
El director levantó una ceja.
Minho continuó:
—Y considerando que lo hizo solo, sin ayuda, es mejor que muchos informes que he visto aquí.
Silencio.
Jisung lo miró sorprendido.
No esperaba eso.
El director cerró la carpeta.
—Vaya… parece que confías mucho en él.
Minho respondió sin dudar.
—Sí.
El director suspiró.
—Bien. Lo revisaré con más atención.
Luego salió de la oficina.
La puerta se cerró.
El silencio llenó la habitación.
Jisung miró a Minho.
—Gracias…
Minho evitó su mirada.
—Solo dije la verdad.
Pero cuando Jisung sonrió…
Minho sintió otra vez ese extraño movimiento en su pecho.
Y eso lo irritaba.
Mucho.
—Puedes irte —dijo finalmente.
Jisung caminó hacia la puerta.
Pero antes de salir, dudó un momento.
—Por cierto…
Minho levantó la mirada.
—¿Qué?
—Changbin me invitó a una cafetería después del trabajo.
Continuará....