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El Taxista Y La Dama De Rojo

El Taxista Y La Dama De Rojo

Status: Terminada
Genre:Venganza de la protagonista / Equilibrio De Poder / Dejar escapar al amor / Aventura de una noche / Completas
Popularitas:61.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria L C

Itzcelina Bocanegra dejo todo por el amor de Luca Harrison.
Adrian Stuart ama a su esposa.
una noche unidos por la traición se encuentran.
¿Que pasará entre ellos dos?

NovelToon tiene autorización de Maria L C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 20

El aliento de Itzcelina era agitado, como si finalmente dejara salir todo lo que había guardado tanto tiempo. Adrián la abrazaba fuerte, con la prisa de quien sabe que no puede perder más tiempo. Sus labios la besaban con pasión, y cada caricia era como una promesa grabada en su piel.

La pared fría contrastaba con el calor del cuerpo de Adrián. El contacto era tan fuerte que le costaba pensar. Por un momento, se olvidó de Lucas, de Laura, de la traición que le había quitado el sueño. Solo existía Adrián, su voz grave, sus manos firmes, el corazón latiendo rápido contra el suyo.

—No te voy a dejar sola, Itzcelina —dijo él entre besos, casi quebrando la voz—. Te juro que nunca más tendrás que aguantar todo esto sola.

Ella cerró los ojos fuertemente, aferrándose a él como si al soltarlo todo se cayera a pedazos.

—Adrián… —susurró, pero su voz se perdió entre sus labios.

Los besos ya no eran solo para desahogar el dolor y la rabia; se habían convertido en su forma de hablar, una forma de decir todo lo que no habían dicho.

La prisa se mezclaba con la dulzura. Adrián la abrazaba con cuidado, como si temiera que ella pudiera escapar. Itzcelina, por otro lado, se sentía atrapada entre las ganas de entregarse y el temor a lo que pasaría después. Pero no podía parar.

La pasión crecía. Adrián la levantó con suavidad pero con fuerza, y ella lo abrazó por la cintura con las piernas, aferrándose a su cuello. El mundo desapareció; solo quedaban ellos dos, latiendo al mismo ritmo.

Los besos se volvieron más intensos y descontrolados. El aire se sentía pesado, lleno de un deseo que no pedía permiso. La ropa empezó a sobrar; cada prenda que caía al suelo era un paso más hacia la entrega total.

Itzcelina lo miró a los ojos, sus pupilas grandes, y entendió algo: no importaba lo que pasara afuera, lo que dijeran, lo que se interpusiera. Lo que sentía por Adrián era demasiado fuerte para negarlo.

—Tengo miedo… —dijo casi sin voz, mientras sus manos temblaban al acariciar su cara.

Adrián la abrazó fuerte, como si esas palabras fueran lo único que podía detenerlo.

—Yo también, Itzcelina. Pero prefiero tener miedo contigo que vivir sin ti.

Ella sintió esas palabras en el alma, y soltó un sollozo que no pudo evitar. Él la besó de nuevo, como queriendo borrar sus lágrimas con sus labios.

El tiempo no importaba. No había reloj, ni ruidos de afuera, solo ese momento en el que dos corazones heridos se encontraban y decidían curarse.

La entrega fue inevitable. Cada cosa que hacían, cada suspiro, era para recordar lo mucho que habían callado y lo imposible que era seguir negando lo que sentían.

Cuando al final quedaron enredados en las sábanas, cansados pero vivos, el silencio los rodeó. Un silencio diferente, lleno de confianza, miedo, pero también de un futuro que, aunque incierto, era suyo.

Adrián acariciaba el pelo de Itzcelina, viendo cómo su pecho subía y bajaba al respirar. Ella, abrazada a él, se sentía protegida como hacía mucho tiempo no se sentía.

—¿Te arrepientes? —preguntó él en voz baja, con un miedo que casi nunca mostraba.

Itzcelina lo miró, sorprendida por lo vulnerable que se veía. Negó con la cabeza.

—No. No de esto. Lamento haber callado tanto, no haber confiado antes en lo que sentía. Pero de ti… jamás.

Adrián sonrió un poco, aliviado, y besó su frente.

—Te prometo que no vamos a escondernos. Vamos a enfrentar esto, juntos.

Ella lo abrazó más fuerte, porque sabía que afuera las cosas serían difíciles. Lucas seguiría siendo un problema, y Laura también. Pero ahí, con Adrián abrazándola, nada parecía imposible.

Pasaron horas platicando en voz baja, contando secretos que nunca le habían dicho a nadie. Rieron y lloraron, recordaron cosas, se permitieron soñar. Cada palabra confirmaba lo que ya sabían: estaban destinados a encontrarse, aunque fuera un camino difícil.

—¿Sabes qué es lo peor? —dijo Itzcelina, acariciando el brazo de Adrián—. Que a pesar de todo, me siento culpable.

—¿Culpable por qué? —preguntó él, mirándola.

—Por dejarme llevar. Por sentir esto cuando debería odiarte, o al menos no acercarme. Pero no puedo.

Adrián le tomó la cara con las manos y la obligó a mirarlo.

—No te sientas mal por sentir. No hicimos nada malo. Ellos nos traicionaron, no al revés. Nosotros… solo estamos decidiendo no mentirnos más.

Ella volvió a llorar, pero no de tristeza, sino de alivio.

—Adrián… ¿y si la gente no nos perdona?

Él besó sus labios con calma, como si la respuesta estuviera ahí.

—Mientras nosotros nos perdonemos, lo demás no importa.

Itzcelina cerró los ojos y aceptó esa idea. Por primera vez en mucho tiempo, creyó en un futuro mejor.

La mañana llegó con un cielo apagado, como si el sol no tuviera ganas de salir. Adrián manejaba tranquilo por la ciudad, pero el silencio entre Itzcelina y él era tenso. La noche anterior había sido una locura: confesiones, besos con sabor a tristeza y deseo, caricias que los unieron más de lo esperado. Ahora, volver a la rutina, se sentía feo, como si cada calle los regresara a esa realidad de la que huían.

Adrián sujetaba el volante con firmeza, pero la miraba de reojo, como queriendo guardar cada detalle de su cara de cansada.

—¿Todo bien? —preguntó suavemente, casi con miedo de romper el silencio.

Itzcelina lo miró y sus ojos mostraban esa mezcla de fragilidad y valentía que lo dejaba sin palabras.

—No sé, Adrián… siento que al volver, todo va a ser igual. Como si nada hubiera pasado.

Adrián apretó los labios, entendiendo lo que decía. Él también sentía lo mismo: miedo de que lo que vivieron se perdiera como un sueño.

—Sí, pasó algo, Itzcelina —dijo firme, sin quitar la vista del camino—. Y aunque afuera todo siga igual, tú y yo sabemos que ya no es así.

Ella bajó la mirada, tocando su bolso con los dedos, como necesitando agarrarse a algo.

—Me da miedo lo que viene —susurró—. Pensar en cómo tendré que verlo a los ojos… y fingir otra vez.

Adrián extendió la mano y la tomó con fuerza, transmitiéndole apoyo y una promesa.

—No tienes que fingir más.

El corazón de Itzcelina se aceleró. Quería creerle, que sus palabras se hicieran realidad, pero aún tenía miedo. Se quedó callada el resto del camino, viendo cómo los edificios se acercaban.

Al llegar a la casa, Adrián estacionó el auto y no le soltó la mano de inmediato.

—Voy a estar cerca —dijo—. Si necesitas algo, lo que sea… solo tienes que llamarme.

Itzcelina asintió sin decir nada, porque las emociones no la dejaban hablar. Abrió la puerta, salió despacio y caminó hacia la entrada. Cada paso se sentía pesado, como si llevara cadenas.

Apenas entró, se encontró con Luca bajando las escaleras, con el celular en una mano y el maletín en la otra. Estaba vestido impecable, con su traje azul y la corbata perfecta. Al verla, se detuvo y frunció el ceño.

—Qué sorpresa —dijo con ironía—. Mira quién llegó… la dueña de casa.

Itzcelina sintió sus palabras como un golpe, pero intentó mantener la calma. Sabía que esto recién empezaba.

—Buenos días, Luca.

Él se rio con sarcasmo.

—¿Buenos días? ¿En serio? Después de desaparecer toda la noche, ¿me saludas como si nada?

Ella respiró profundo, sosteniéndole la mirada.

—Dormí con mi amante.

El silencio fue incómodo. Luca la miró sorprendido, pero rápido su cara cambió a una sonrisa burlona.

—¿Tu amante? —repitió riendo—. ¿Quién se va a fijar en ti, Itzcelina? No me hagas reír.

Sus palabras la hirieron, pero no bajó la cabeza.

—Lo creas o no, es verdad —respondió firme, aunque por dentro temblaba.

Luca la rodeó despacio, mirándola de arriba abajo, como queriendo hacerla sentir mal. Al final suspiró con indiferencia.

—La verdad, me da igual dónde hayas dormido. Haz lo que quieras, Itzcelina. No me importa nada.

Fue hacia la puerta y, antes de salir, se volvió a reír con desprecio.

—Amante… sí, claro.

El portazo se escuchó en toda la casa.

Itzcelina se quedó sola, con el corazón latiendo rápido. Tenía ganas de llorar, pero se aguantó. Se agarró a la baranda de la escalera, buscando un poco de equilibrio. La crueldad de Luca dolía, pero lo que más le preocupaba era si de verdad podía mantener esa verdad frente a él y frente a todos.

Mientras tanto, en el auto, Luca se acomodaba la corbata en el espejo. Sus burlas aún le causaban gracia, pero, al alejarse de la casa, algo raro empezó a sentir.

—¿Y si es verdad? —murmuró para sí mismo, frunciendo el ceño.

Recordó la mirada de su esposa, la seguridad con la que lo había dicho, y eso empezó a molestarlo. Intentó no darle importancia.

—Bah… puras tonterías.

Pero la duda se quedó ahí, como una mala semilla.

Itzcelina subió a su habitación y se tiró en la cama. Todavía olía a Adrián, a la noche que habían compartido, y eso le dio fuerzas. Recordó cómo él la había mirado, cómo la había hecho sentir viva. Se tapó la cara y sollozó en silencio.

—No puedo más —se dijo—. No quiero esta vida…

El celular vibró en la mesa de noche. Era un mensaje de Adrián:

Estoy aquí, siempre.

Al leerlo, sintió un alivio. Abrazó la almohada, cerró los ojos y lloró, pero no de tristeza, sino de alivio por tener a alguien que la entendía.

Luca estacionaba frente a la empresa. Antes de bajar, miró hacia atrás, hacia su casa, hacia la imagen de Itzcelina. Sintió algo raro.

—¿Y si de verdad tiene a alguien? —pensó enojado—. No… no puede ser.

Se bajó del auto rápido, tratando de ignorar esa sensación incómoda.

El día recién empezaba, e Itzcelina y Luca llevaban un peso diferente: ella, la seguridad de que su corazón ya no le pertenecía a ese hombre, y él, la duda que lo perseguiría en silencio.

1
🪽Arleth 🪽
muy buena
Damiana
excelente me encantó
Rosita
excelente me gustó mucho
Petrita
me encantó
Antonella
muy buena
Maris Benitez
Laura está recogiendo lo que sembró
Maris Benitez
Bellisima novela de amor ❤️❤️❤️❤️
Maris Benitez
Hermosa historia de amor 💕💕💕💕💕💕
Maris Benitez
Comienzo de una nueva vida 😃 qué pena qué Lucas haya muerto
Maris Benitez
Casados 👰🤵🥂🍾💕💕💕💕💕💕💕💕
Maris Benitez
Que hermoso 😍😍 llegó el día de la boda, y ella está embarazada 🫄
Maris Benitez
Que hermoso pedido de matrimonio 💍🧎💘💘💘💘 y ahora conociendo al suegro 💕💕💕💕💕💕
Maris Benitez
Sólo le queda el arrepentimiento a Lucas, ya es hora que pase página y lo mismo va para Laura
Maris Benitez
Romántico 😍😍😍😍❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥💥💥💥💥💥🥵🥵🥵🥵🥵🥵 cuánta pasión ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥 hufffggggggggg ❤️‍🔥❤️‍🔥
Maris Benitez
El amor es bello ❤️💕💕💕💕😍😍😍😍❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Maris Benitez
Me encanta 💕💕💕se aman ❤️‍🔥❤️‍🔥😍😃😃😃😍😍😍😍😍
Maris Benitez
Me encanta 😍😍 el destino los unió 💕💕💕💕💕
Maris Benitez
Humm 🤔🤔 quién será la visita
Maris Benitez
Excelente 👏👏👏💪💪💪💪 renovando todo
Maris Benitez
Excelente 👏👏 Itzel también divorciándose haciendo separación de bienes💪💪💪
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