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Volumen 1: El Eco De Los Pasillos

Volumen 1: El Eco De Los Pasillos

Status: En proceso
Genre:Romance / Escuela / Amor eterno
Popularitas:159
Nilai: 5
nombre de autor: yoch

Dos salones, un pasillo y un futuro que está a punto de cambiar.
Valeria es la definición de la perfección académica en el 3º A. Con sus apuntes organizados por colores y la mirada fija en su título profesional, no tiene tiempo para distracciones. Para ella, la Escuela Normal es un peldaño más hacia el éxito, un lugar donde cada minuto debe ser aprovechado.
Al otro lado de la pared, en el 3º B, vive Julián. Él no busca las mejores notas, sino los mejores momentos. Relajado, carismático y con la habilidad de encontrar belleza en el caos, Julián cree que la vida sucede en los descansos, no en los libros.
Cuando un choque accidental en el pasillo cruza sus mundos, se desencadena una reacción en cadena que ninguno de los dos puede controlar. Lo que empieza como una curiosidad incómoda se transforma en una serie de encuentros robados bajo la sombra de los almendros y susurros en la biblioteca. Sin embargo, el camino no será fácil: las expectativas sociales, la presión de la graduación y la

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Capítulo 12: El Peso de la Lealtad

El aire en la cafetería de la Escuela Normal se podía cortar con un cuchillo. Valeria estaba sentada en la mesa del rincón, apretando su jugo de caja como si fuera lo único que la mantenía anclada al suelo. La noticia del escándalo en la oficina del director se había extendido más rápido que un chisme de pasillo, y aunque nadie tenía pruebas, todos sabían que "la genio" estaba detrás de la caída de la familia de Camila.

—Si sigues apretando ese jugo, va a explotar y vamos a terminar todos bañados en néctar de pera —dijo El Chino, sentándose a su lado con una bandeja llena de empanadas—. Y no quiero que nada arruine mi almuerzo, hoy es el único día que las traen con carne de verdad.

Valeria soltó un suspiro largo.

—Chino, no puedo comer. Siento que todo el mundo me mira como si fuera un bicho raro.

—No eres un bicho raro, Val —intervino Sofía, sentándose al otro lado y acomodándose el uniforme—. Eres una heroína. Lo que pasa es que a la gente le asusta cuando alguien inteligente decide dejar de ser invisible.

Daniel, que estaba sentado frente a ellos, no dejaba de mirar hacia la entrada de la cafetería, ajustándose los lentes cada cinco segundos.

—El problema es que Elena no deja de pasar por aquí con esa cara de pocos amigos. Se nota que está buscando a Julián, y cuando se entere de que él te ayudó, se va a armar la de Troya.

En ese momento, la puerta se abrió y Julián entró, pero no venía solo. Detrás de él, con su habitual aire de peligro y su chaqueta de cuero que desafiaba el código de vestimenta, caminaba Valkra. El silencio en la cafetería fue inmediato. Valkra no era un estudiante común; era el tío del ex de la novia del protagonista, un tipo que imponía respeto solo con su presencia y que siempre parecía saber dónde estaban enterrados los secretos de la escuela.

Julián se sentó a la mesa con una calma que desesperaba a Valeria. Valkra se quedó de pie, apoyado contra una columna, vigilando el lugar como un halcón.

—¿Cómo estás, Valeria? —preguntó Julián, ignorando las miradas de los demás—. Valkra me contó que Lucas estuvo preguntando por ti en los vestidores. Parece que no se tomó muy bien lo de la auditoría.

—Lucas es un bruto —soltó Valkra con su voz profunda—. Estuvo fanfarroneando con que su tío, el novio de tu ex, iba a arreglar todo este lío con una sola llamada. Pero ya le recordé que en esta ciudad, los favores familiares tienen un precio que su familia no puede pagar.

Valeria miró a Valkra. Sabía que él no era un ángel, era más bien un demonio protector que se movía en las sombras para cuidar a Julián.

—No quiero que nadie se meta en problemas por mi culpa —dijo ella en voz baja.

—Ya es tarde para eso, cerebrito —dijo El Chino, con la boca llena de empanada—. Estamos todos metidos en el mismo barco. Daniel ya casi se desmaya del susto, Sofía ya tiene listo el plan de chismes para mañana, y yo... bueno, yo traje las empanadas.

La risa de El Chino alivió un poco la tensión, pero la paz duró poco. Elena apareció de la nada, caminando con paso firme hacia la mesa. Sus ojos estaban fijos en Julián, cargados de una mezcla de rabia y despecho que hizo que Daniel se encogiera en su asiento.

—Así que ahora te juntas con la "niña perfecta" para destruir lo que nos tomó años construir, Julián —espetó Elena, ignorando a los demás—. ¿Se te olvidó quién estuvo contigo cuando nadie más te hablaba?

Julián levantó la mirada, y por primera vez, su expresión perezosa desapareció.

—Elena, lo que tú llamas "construir" era una mentira basada en el dinero de los padres de Camila. Valeria solo sacó la verdad a la luz. Si eso te molesta, quizás es porque te gusta demasiado vivir en la sombra de los populares.

Elena apretó los dientes, a punto de estallar, pero Valkra dio un paso hacia adelante, despejándose de la columna. No dijo nada, solo la miró fijamente. Elena, dándose cuenta de que no podía ganar esa batalla de voluntades, dio media vuelta y se marchó, pero no sin antes lanzar una mirada cargada de odio hacia Valeria.

—Eso dolió —comentó El Chino, rompiendo el incómodo silencio—. Pero oigan, miren el lado bueno: si nos expulsan a todos, podemos montar un puesto de comida. Valkra pone la seguridad y yo la cocina.

Valeria miró a sus amigos: al Chino con su humor absurdo, a Daniel con su miedo constante, a Sofía con su lealtad incondicional, a Valkra con su misterio y a Julián... con esa mirada que la hacía sentir que, a pesar del caos, todo iba a estar bien.

—Mañana empiezan los entrenamientos para el festival deportivo —dijo Mateo, que acababa de llegar sudando después de la práctica—. Lucas va a intentar humillarnos en la cancha. Dice que si no pueden ganarnos con los libros, nos van a ganar con los pies.

Julián miró a Valeria y le guiñó un ojo.

—Pues habrá que demostrarles que para jugar al fútbol también hace falta usar la cabeza.

El Capítulo 12 se cerraba con el grupo unido en medio de la cafetería, una pequeña isla de resistencia en una escuela que empezaba a arder. Valeria sabía que lo peor estaba por venir, pero al ver a sus amigos, entendió que el amor y la lealtad eran las únicas variables que Camila y Lucas nunca podrían controlar.

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