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LEGADO DE SANGRE

LEGADO DE SANGRE

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Traiciones y engaños / Amor-odio / Fantasía épica
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Lourdes Elizabeth Espinoza Espinoza

El desierto no guarda secretos… los entierra vivos.
Bajo la arena de Namhara duermen traiciones, guerras, juramentos rotos… y amores que jamás debieron existir. Aquí, el sol quema la piel, pero es el pasado el que destruye el alma.
Ninoska, princesa del desierto, lo aprendió demasiado tarde.
Descubrió que el peor enemigo no siempre sostiene una espada. A veces… te toma de la mano, te sonríe y te promete amor eterno.
Su compromiso con Dissano no fue una unión real. Fue una prisión. Una jaula construida con control, amenazas silenciosas y sombras que nadie veía… excepto ella. Pero incluso del dolor nació algo imposible de odiar: Coraline.
Una niña de ojos vivos y sonrisa brillante… la única luz capaz de mantener a Ninoska de pie. Y también su mayor condena. Porque en los palacios los niños no son inocentes. Son armas, son llaves, son rehenes disfrazados de ternura.
Y Coraline no es una niña cualquiera.
Coraline es la hija de dos coronas. Su sangre une dos mundos: Namhara y Holaguare.

NovelToon tiene autorización de Lourdes Elizabeth Espinoza Espinoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo #2 – Hermanos Yazhira

El sótano del palacio olía a polvo, metal y aceite viejo.

Allí abajo, entre armas colgadas y herramientas dispersas, Jhon Yazhira parecía un guerrero atrapado en una vida que no le correspondía: alto, fornido, de mirada dura y cicatrices que hablaban por él.

Pero frente a Coraline, esa dureza desaparecía.

La niña estaba arrodillada frente a una rueda oxidada, intentando meter un palo de madera en un agujero diminuto con una concentración que parecía sagrada.

—Prueba con un poco de aceite… —le sugirió Jhon, inclinándose—. Pero no le duele demasiado…

Demasiado tarde. Coraline vació el frasco completo como si estuviera alimentando a un monstruo sentado.

—¡Tío! ¡Mira! —gritó emocionada—. ¡Ahora entra completo y venta fácil!

Y comenzó a meter y sacar el palo una y otra vez, feliz, como si acabará de descubrir la solución a todos los problemas del mundo.

Jhon miró el desastre.

Su mirada fue la de un hombre que acababa de perder dos horas de su vida… y no podía enojarse por ello.

—Sí… princesita… cierto… —respondió con una sonrisa resignada.

Entonces, una risa familiar se escuchó detrás de él. Una risa divertida, cruelmente divertida.

Jhon ni siquiera se giró.

—Si no deja de reírte ahora mismo, juro que olvidaré que eres el rey… —gruñó.

La risa se hizo más fuerte. Said Yazhira entró con esa calma de quien siempre parece tener el control, como si el mundo jamás pudiera sorprenderlo. Se arrodilló frente a Coraline y le besó la frente.

—Mi pequeña tormenta… —murmuró.

Coraline se lanzó a abrazarlo con cuidado, intentando no mancharlo con aceite, pero aún así lo besó varias veces en la mejilla.

Said la miró como si fuera lo único puro en el reino. Era su debilidad, su mayor alegría. Y también el motivo por el que muchos en el Consejo murmuraban a sus espaldas.

Said sabía que Coraline lo controlaba con una simple sonrisa… y ni siquiera le importaba, pero esa vez necesitaba un momento a solas con su hermano.

—Coraline… ¿Puedes ir a mi oficina? —preguntó con suavidad—. Hay tres helados guardados.

Los ojos de la niña brillaron.

—¡Quiero terminar de ayudar a tío Jhon!

Said se inclinó hacia ella, como si compartiera un secreto.

—Tu madre vendrá pronto… y si no los buscas ahora, tendrás que compartirlos.

La palabra compartir cayó como una bomba. Coraline salió disparada sin despedirse, dejando huellas de aceite por el suelo.

Jhon soltó un suspiro tan largo que pareció salirle del alma.

—Gracias… —dijo con cansancio—. Me salvaste la vida.

Dijo con dificultad, pero la gravedad volvió a su rostro de inmediato. Y eso bastó para que Jhon entendiera: algo grave estaba pasando.

—Bien… —Jhon se cruzó de brazos—. Te escuché hablando con Ninoska antes. ¿Qué ocurre?

Said se apoyó contra el escritorio viejo del sótano. Sus ojos verdes se endurecieron.

—Él está aquí.

Jhon frunció el fruncido.

—¿Quién?

Said no parpadeo.

—El genio de Holaguare.

El cuerpo de Jhon se tensó. Como si lo hubieran golpeado en el estómago.

—No… —susurró—. No me digas…

Dijo lo miró fijo.

—Arthur Miller. Llegó hoy.

Jhon se incorporó bruscamente.

—¡¿Qué?! ¿Por qué demonios está aquí?

Said exhaló, como si estuviera agotado incluso antes de que la guerra comenzara.

—Viene como representante político. Se quedará un par de días.

Jhon apretó la mandíbula.

El nombre Arthur era veneno en esa familia. Una sombra que nadie pronunciaba… hasta ahora.

—¿Y Ninoska? —preguntó en voz baja—. ¿Qué piensa hacer?

Said se dejó caer en una silla.

—Le dije que debe encontrar la manera de decirle la verdad. Coraline... merece saberlo. Y él también.

Jhon lo miró con rabia, pero la rabia escondía algo más.

Miedo.

—No hará falta que se lo digan… —murmuró—. En cuanto vea a Coraline, lo notará. Es idéntico.

Dijo que no lo negoció. Solo guardó silencio. El tipo de silencio que anuncia desgracia. Luego, el rey habló con frialdad controlada:

—Jhon… esa niña necesita un padre. No puede crecer como nosotros. No puedes vivir rodeado de silencios y heridas.

Jhon bajó la mirada… Coraline era su mundo, la adoraba como si fuera su propia hija.

—Yo la quiero… —dijo con voz ronca—. La quiero más que a mi vida.

Alzó la vista de golpe. Y su mirada se volvió feroz.

—Si ese bastardo la última… si se atreve a rechazarla… te juro que lo mato.

Said lo vislumbró sin sorpresa.

—Puede exigir custodia. Es el padre biológico. Y su familia tiene poder.

La frase cayó como una sentencia. Jhon apretó los puños.

-¡No! —escupió—. Coraline es nuestra. Es la princesita de Namhara.

Said no respondió porque en el fondo… sabía que la ley no se movía por amor. Se movía por sangre. Y por coronas. La tensión fue interrumpida por una voz pequeña.

Coraline apareció en la puerta, con los ojos húmedos y el palito de madera en la mano.

—Se me cayó… —dijo triste—. Mi helado…

Jhon se agachó de inmediato.

—Se te cayó… o te lo comiste?

Coraline se quedó congelada.

—Etto… yo…

Said se acercó con falsa seriedad.

—Si me dices la verdad, quizás negocie mi helado… pero tengo reuniones. Y no quiero mancharme.

Coraline bajó la mirada, derrotada.

—Se cayó… y lo levanté… y me lo comí igual…

Jhon suspiró.

—Coraline… no debes comer cosas del suelo.

—¡No lo haré más, tío Jhon! —prometió con solemnidad.

Said le besó la frente, pero al hacerlo, sus ojos se ensombrecieron. Porque esa niña no tenía idea del infierno que se acercaba.

Y eso… era lo que más dolía.

-----00-----

Horas después, en el despacho de Ninoska, el aire se sentía pesado. Como si las paredes estuvieran a punto de aplastarla. Ella fingia leer documentos, pero su mente estaba en otro lugar.

“Arthur estará aquí.”

Ese pensamiento la perseguía como una maldición.

“¿Cómo podrás mirarlo a los ojos? ¿Cómo hablarle sin querer arrancarle el corazón? Te odio… Te desprecio… No tienes derecho.”

Un golpe en la puerta la sacó de su tormenta mental.

Ninoska se levantó irritada y abrió sin paciencia.

—¿Qué ocurre…?

Y entonces se quedó inmóvil.

—¡Hola, mamá!

Coraline apareció como un rayo de luz y se lanzó a sus brazos. El impacto fue inmediato.

Ninoska sintió que su mundo volvía a respirar.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó, sorprendida.

—¡El tío Jhon fue por mí a la escuela! —dijo Coraline orgullosa—. Y me trajo para ayudarte. ¡Me comi un helado! Y luego dijo que más tarde me llevará a comprar dulces.

Ninoska entrecerró los ojos.

“Jhon… Dijo… ¿Qué están tramando?”

Pero no dijo nada. Solo tomó a su hija de la mano y la llevó adentro.

Coraline, acostumbrada al despacho, se sentó en la alfombra con hojas y colores, dibujando como si ese lugar fuera de su hogar.

Ninoska intentó trabajar, intentó concentrarse. Pero el nombre de Arthur Ardía como fuego bajo su piel.

Pasaron las horas. Cuando el cielo empezó a oscurecerse, Coraline quedó dormida en la alfombra, con los lápices esparcidos alrededor.

Ninoska se ablandó. La cargó con cuidado y la acostó en el sillón pequeño, cubriéndola con una manta. Se quedó mirándola unos segundos.

“Mi niña…Mi vida…Mi condena…”

Cuando se giró para apagar las lámparas, un golpe suave sonó en la puerta.

Ninoska frunció el fruncido.

— ¿Quién puede ser a esta hora…?

Caminó hasta la entrada y abrió.

La pregunta murió en sus labios.

El tiempo se detuvo.

El aire se congeló.

Allí estaba él.

Arthur Miller.

Los años no lo habían debilitado. Su presencia seguía siendo imponente, su rostro aún tenía esa belleza peligrosa que una vez la destruyó. Cabello negro, ojos oscuros… la misma mirada capaz de convertir el mundo en ruinas.

Ninoska sintió que la sangre se le helaba. Y al mismo tiempo… algo ardía en su pecho con rabia, con deseo, con odio, con recuerdos.

Arthur ligeramente.

—Hola, Nina…

Ese apodo.

Ese maldito apodo.

Ninoska sintió que el corazón se le rompía.

Arthur habló con voz grave, como si el pasado no doliera.

—Ha pasado mucho tiempo. Estás... tan hermosa como siempre.

Ninoska no podía respirar. Sus labios se movieron sin fuerza.

—¿Cómo…?

Arthur parpadeó, como si recién recordara que ese nombre ya no era suyo.

—Perdón... Ninoska. ¿Así está mejor?

Ella se quedó congelada. Su cuerpo no respondía. Era como si su alma estuviera atrapada en un recuerdo.

Arthur dio un paso leve.

—¿Puedo pasar?

El instinto de Ninoska reaccionó como una herida abierta.

-¡NO!

Su brazo se alzó como una barrera, pero el temblor en su voz la traicionó.

Arthur se quedó quieto, sorprendido.

Entonces… una voz somnolienta se escuchó desde el interior del despacho.

—¿Mami…? —murmuró Coraline, medio dormida—. ¿Quién es?

El mundo se quebró. Ninoska sintió un golpe seco en el pecho.

“No… no ahora…”

Arthur se quedó rígido. Sus ojos se abrieron, como si una verdad imposible acabaría de atravesarlo.

Ninoska se giró rápido hacia su hija, forzando una sonrisa.

—No es nadie, mi amor… duerme un poco más. Ya nos iremos. El señor aquí... ya se iba.

Arthur apenas respiró.

-Mamá…? —repitió, ronco.

Sus ojos volvieron a Ninoska, lentamente, como si temiera lo que iba a descubrir.

—¿Acaso tú…?

Ninoska sintió que el alma se le salía del cuerpo. No podía permitirlo. No podía permitir que la viera. No podía permitir que preguntara.

—Ahora no puedo atenderte —dijo con frialdad, clavando los ojos en él—. Estoy ocupado. Y debo llevar a mi hija a casa.

Arthur apretó la mandíbula.

—Necesito hablar contigo. Un minuto, por favor.

—No tenemos nada de qué hablar —escupió ella.

Arthur dio un paso más cerca, sin entrar del todo. Su voz se endureció.

—Ignoraste mis cartas durante años.

Ninoska sintió que la herida se abría. Las cartas. Las había quemado todas. Una por una, sin leerlas. Como si el fuego pudiera borrar su pasado.

—Es pasado, Arthur —respondió con desprecio—. ¿Por qué quieres hablar del pasado?

Arthur tragó saliva.

—Porque estoy aquí. Y merezco diez minutos.

Ninoska quiso gritarle que no. Quiso cerrarle la puerta en la cara, pero el miedo era más fuerte. Miedo de que Coraline despertará del todo. Miedo de que Arthur se acercara lo suficiente para verla. Para reconocerla. Para reclamarla.

Arthur bajó el tono, casi suplicante.

—Por todos los dioses, Ninoska… déjame hablarte. Si después de eso no quieres volver a verme, lo aceptaré. Te lo juro.

Ninoska sintió que se ahogaba. La mano le temblaba, la garganta le ardía. Y, aún así, no podía permitir que él se quedara ahí. Porque si él entraba… todo se acabaría.

Hacer.

Finalmente, con voz rápida y tensa, soltó:

—Te buscaré. Preguntaré dónde te hospedas… y yo misma iré. Pero ahora, por favor… vete.

Arthur la miró como si intentara descifrarla. Como si supiera que algo estaba horriblemente mal.

—Bien… —dijo al fin, pero su voz fue una amenaza disfrazada de calma—. Pero si no vienes, séré yo quien te busque. Me debes algunas explicaciones, Ninoska.

No esperaba respuesta, se dio la vuelta y se marchó por el pasillo. Ninoska cerró la puerta con violencia. Se apoyó contra ella, respirando agitada. Su cuerpo temblaba como si hubiera sobrevivido a un ataque.

Miró hacia el sillón. Coraline seguía dormida.

Y en ese instante, Ninoska comprendió la verdad que más temía: Arthur ya estaba dentro de su vida otra vez.

Y esta vez… no habría forma de sacarlo.

El pasado había regresado.

Como una tormenta de arena.

Y ella… ya no tenía control.

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Ninoska Ponce Espinoza
Esta Novela es increíble! 🤩🥰🤩🥰
Esta incluso mejor que la anterior!!!
Me tienes atrapada y con ganas de leer más y saber lo que va a pasar ahora 🤩 con mi tocaya Ninoska 🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩🤩
LoU: Mil gracias!! eres muy amable y especial..!! 💕🥰
total 5 replies
Rolin Ponce
Está muy interesante
Ya quiero leer más capitulos
Cuando subes más capitulos?
LoU: 😁Muchas gracias!!!
Espero que sigas disfrutando de esta novela!!!

se actualiza todos los días en horas de la mañana (hora de Centroamérica)💕
total 2 replies
Yraida Elizabeth Torres Seminario
muy buena 👌
LoU: 🥰💕 Muchas Gracias!!!
De verdad espero que puedas seguirla leyendo y disfrutando..!!

Te aseguro que se pondrá muchísimo mejor! 🥰💕🥰

También se actualiza todos los días... Un capítulo por día! 🥰💕😁☺️
total 1 replies
Ninoska Ponce Espinoza
Bien... me gusta vamos a ver como continúa! 🤩
LoU: 🥰 Gracias!!
Espero la disfrutes mucho! 🥰
total 1 replies
Ninoska Ponce Espinoza
Me gusta como inicia.... la seguiré leyendo... me parece interesante... muy interesante.... 🥰🥰
LoU: Muchas gracias! Espero te guste mi nuevo proyecto..!!
Esta es una Novela mucho más sustanciosa y larga ... con una trama mucho más complicada con amor, familia, política y traiciones🥰🥰🥰

Que la puedas disfrutar!!👏☺️👏☺️
total 1 replies
Ninoska Ponce Espinoza
Es una Nueva Novela... espero sea tan buena como la anterior! /Grin//Grin//Grin//Grin/
Espero mucho!
Ninoska Ponce Espinoza: 🤩🥰 🥰🤩 🥰🤩
total 2 replies
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