Siempre se habla de las protagonistas buenas y se tacha a las antagonistas, las que siempre joden y joden por tener al protagonista, pero han escuchado la versión de la mala, no, solo escuchamos la de la principal, el lobo siempre será el malo en la versión de Caperucita aquí escucharemos que tiene para decir el lobo, que piensa, que lo llevo a actuar así.
Una niña de papi, acostumbrada a tener lo que desee, chocará con la realidad cuando se encapriche con Adriano Castello Volkot y haga de todo para que sea suyo.
Isabella Rinaldi de 20 años, caprichosa, hermosa, e inteligente está acostumbrada a tener lo que quiere, pues, su padre todo se lo ha dado a pesar de que su madre siempre la ha querido corregir, pero está apoyada por su abuelo y su padre, André y Mariano Rinaldi quien la han tratado como a una reina y sin querer le han hecho un terrible daño.
¿Cómo creen que le irá a esta niña acostumbrada a pasar por encima de quien sea, contal de obtener lo que quiere?
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una oportunidad.
Isabella.
Abro mis ojos y reparo: el lugar es bonito, pero no es inmenso como una mansión, pero es lo que puedo pagar y es mío. Sí, me mudé a un departamento, pequeño pero acogedor y así la soledad no se me hace tan pesada. Vendí los regalos, no todos; solo bastó con algunas cosas y conseguí un trabajo de mesera. Al principio fui un desastre, pero ya me he amoldado. Todos los días voy a mi terapia. Es increíble cómo he mejorado tanto. El nieto de Diana es un buen amigo y es muy guapo. Su cabello es castaño, sus ojos cafés, es de piel clara y se nota que le dedica tiempo al gimnasio.
Él y yo hablamos sobre todo, y no solo como paciente, doctor, sino como amigos. Él me recomendó escribir y me bromea con que una adicción acaba con otra; es muy gracioso.
Veo el reloj y ya me debo ir; entro al pequeño baño y, aunque no tiene un gran jacuzzi, la tina es decente. Me ducho y luego me coloco unos jeans y una franela de mangas cortas color blanca con un perrito rosa. Salgo hacia la parada de autobuses y sí vendí mi coche, luego que compraré algo menos ostentoso que me sirva para moverme. Mientras voy en el bus, me río de solo pensar en que mi yo de hace un año estuviese atacada con montarse en un autobús; llego a mi parada y me bajo despidiéndome del conductor con una radiante sonrisa; entro y me coloco el uniforme y mi delantal para luego ir a tender mesas. A pesar de que es algo loco que yo esté de mesera, todo este cambio me ha sentado muy bien…
Me dirijo a una mesa y llega una Isabella Rinaldi cualquiera; me refiero a que trata mal a todo el mundo y los mira feo también. Me trago las ganas de estamparle una bandeja en la cabeza y con mi mejor sonrisa la atiendo.
—Buenos días, señorita, en qué puedo ayudarle —le digo lo más amable que me sale; el solo hecho de pensar que yo era así hace que la rabia me llegue, ¡qué despreciable era yo!
—Tú, ayudarme, para nada, doña Nadie, tráeme una malteada y un sándwich de jamón de pavo y rápido —le sonrío evitando ir a prisión y voy por su pedido, maldita loca consentida, pienso…
Llego a la barra y Brandon me sonríe y va por el pedido.
—Tranquila, bonita, solo respira y recuerda que la paga es buena —me dice entregándome el pedido y yo sonrío.
Me dirijo a la mesa de Isabella y le entrego el pedido; no, no me volví loca, es que así apodo a cualquier mujer caprichosa, obstinada y detestable.
—Tenga, señorita, que lo disfrute —rueda sus ojos y me hace señas con la mano para que me retiré rápido, y así son días ahora, pero no me quejo, me siento mejor conmigo misma y sí es cierto que extraño a mi familia, pero no estoy preparada para darles la cara, aún no.
Paso todo el día sirviendo mesas y sonriendo; ya mis mejillas están entumecidas de tantas sonrisas. Voy un momento a descansar y tomo esta hora para escribir un poco. Este es uno de mis momentos favoritos cuando escribo; estoy tan sumida en lo que hago que no me percato de que unos ojos miran atentamente lo que estoy haciendo.
—Vaya, es muy bueno eso que escribo, dice Hanna mi jefa detrás de mí y me asusto.
— ¡Ah! Me asustó; disculpe, ¿desea algo, jefa? —le pregunté nerviosa.
—Solo que me invites a tu casa para hablar sobre eso que haces —dice y frunzo el ceño. Hannah es una chica hermosa como de mi edad; es rubia y es muy bonita.
—Le molesta que haga esto en horario laboral, si es así yo… —me corta.
Tranquila, no es eso, en serio me gusta eso que leí, ya tienes tres meses aquí, el tiempo pasa volando, mira, ya es la salida, vamos a tu casa, sí, no soy una asesina en serie—me dice riendo.
Subo a su coche y luego nos dirigimos a mi apartamento. Le indico por dónde es y por fin logramos llegar. Me bajo del auto y subimos a mi piso; me disculpo por lo pequeño del lugar y ella me sonríe feliz.
—Jefa, disculpe lo pequeño, pero del lugar, pero es bonito —digo apenada…
—Tranquila, es hermoso y soy Hanna, no me llames jefa —le sirvo un café y nos sentamos a conversar.
—Mira, Isabella, te seré sincera, me interesa lo poco que vi; dime, eres aficionada o sabes de libros —me pregunta curiosa y yo ladeé mi cabeza.
—De hecho, me gradué en literatura inglesa, española, estudié edición de libros, marketing y sé varios idiomas —le digo y ésta sonríe y aplaude.
—Isabella, me complace informarte que estás despedida.
—Yo despedida, pero qué hice mal, por favor, no me retiré el trabajo, necesito el dinero, por favor —digo y se ríe.
—Tranquila, es por algo bueno, primero dime para qué el dinero —pregunta con la misma sonrisa.
— Yo… Soy casada y necesito un abogado para divorciarme; tengo algo ahorrado ya, pero es para mis terapias, digo y se sorprende.
—Terapias de que estás enferma —preguntó y le resumí lo que sucede y, aunque no compartimos mucho, sentí la confianza de explicarle.
—Wow, qué fuerte, bueno, te ayudaré con algo, mi novio es socio de una editorial y necesita gente como tú así de capacitada, aparte él conoce buenos abogados y no te costará por qué trabajarás en la empresa y paga muy bien —dice y me alegro, aunque me da miedo.
— he ... Es que yo no tengo experiencia y sí lo arruino —le pregunto.
—Para nada, lo harás genial, hablaré con mi novio; su socio no está en la ciudad, pero él de seguro te contrata —dice y asiento.
Esa noche hablamos sobre todo; ella me contó que ama con locura a su novio y que sufrió de anorexia y él la ayudó; por eso entiende por lo que pasé, que aunque no sea lo mismo también es algo que nos afecta y hasta nos avergüenza. Esa noche me gané una gran amiga.