Alessandra Rossi, una joven italiana de veintidós años que tras conocer la verdadera historia de su vida, decide tomarse un tiempo lejos de todo lo que le recuerda su triste existencia y de las personas que la han lastimado; sin imaginar que ese cambio de rumbo, la llevaría a conocer a la persona que le enseñaría lo que es el amor verdadero.
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Capítulo 6. Te estoy dejando ir, te sonrío, pero aun así duele.
Capítulo 6. Te estoy dejando ir, te sonrío, pero aun así duele.
Todo lo que mi abuelo acababa de contarme me hizo darme cuenta de la farsa que era gran parte de mi vida, por tantos años crecí creyendo que mi madre había muerto, hubieron tantos momentos en que deseé sentir el calor de sus brazos, en que añoré una tierna caricia y escucharla pronunciar palabras dulces para mí, cuando era más joven, solía sentarme cerca de la ventana con la mirada fija en el cielo, mientras hablaba de todo lo que me había pasado en el día, como si estuviera contándole a mi madre.
Me puse de pie y me acerqué a la ventana de la habitación, con la mirada perdida hacia el oscuro cielo y las escasas estrellas resplandecientes. No tenía idea de qué debía hacer, al menos no en ese momento, era demasiada información para procesar en unas cuantas horas. Pero había algo de lo que estaba segura, no quería que me siguieran contaminando con sus mentiras.
- Cariño\, puedes… di algo por favor\, no te quedes callada. – El tono de mi abuelo estaba lleno de angustia y preocupación.
- Yo… no sé qué decir abuelo. Por ahora\, lo único que quiero es regresar a Londres y tomarme un tiempo para pensar. – Respondí sin alejar mi vista de la ventana.
- Mi abuelo se acercó y palmeó delicadamente mi hombro. – Sabes que puedes contar conmigo mi niña\, lo que sea que decidas hacer\, yo te apoyaré.
Sus palabras quebraron la poca fuerza que me quedaba, fueron como una invitación para que me desahogara, para que sacara toda esa presión que me causaba dolor en el pecho. Me dejé caer en sus brazos, la miseria me estaba alcanzando, perforándome lentamente el pecho cuando la realidad, mi realidad me estaba golpeando una vez más. Tantos días lloré por sentir un poco de cariño de mis padres, pero ninguno estuvo dispuesto a apiadarse de mí y mi triste soledad. Acurruqué mi cuerpo sobre los brazos de mi abuelo, como una niña abandonada llorando histéricamente.
- Llora cariño\, llora todo lo que tengas que llorar.
Había una mirada de dolor en mi abuelo, mi sufrimiento también era el de él, de todas las personas que estaban en el departamento, él era el único al que realmente le importaba, el que me amaba y estaba dispuesto a cualquier cosa por mí, él y mi abuelo, han sido mi mayor tesoro, lo único valioso que la vida piadosamente me dio.
- Quieres quedarte a descansar o prefieres que viajemos ahora.
- Quiero irme ya abuelo\, pero no quiero estar en el mismo lugar que él\, por favor abuelo – Supliqué mirándolo a los ojos\, mientras limpiaba de mi rostro\, el rastro que las lágrimas habían dejado en mis mejillas.
- No te preocupes cariño\, George tiene los boletos de avión\, nos iremos primero. - Aseguró mi abuelo.
Me puse de pie y comencé a guardar todas mis cosas en la maleta, sin importarme el orden ni la forma en que se iban acomodando. Mi abuelo abrió la puerta de la habitación, fue el primero en salir, yo iba pisándole los talones, con la cabeza baja, evitando las miradas de todos los que estaban afuera.
- ¿Alessandra? – Escuché a la Sra. Mariella hablar tras de mí.
Ni siquiera podía verla, la mujer frente a mí era una completa desconocida, me sentía incómoda tan solo con escucharla decir mi nombre de una forma tan familiar. Mi abuelo se detuvo en el camino, giró para quedar de frente a mí y tomó mi barbilla para hacerme levantar la cabeza.
- No bajes la cabeza cariño\, lo que tengas o quieras decir\, hazlo ahora hija. – Susurró mi abuelo.
- Hay cosas de las que hubiera querido contarte\, cada día de mi vida deseé tener a mi madre junto a mí; pero… ¿tuvieron que pasar veintidós años para que decidieras buscarme?
- Alessandra\, hija\, yo no… - Interrumpí antes de que intentara excusarse.
- No necesito sus excusas\, entiendo que mi padre le complicó las cosas durante todo este tiempo\, pero… veintidós años\, ¿en serio? – Me burlé – Mi abuelo me ha contado todo\, yo no voy a juzgarlos\, no tengo ese derecho.
Me di la vuelta para continuar mi camino, pero mi mirada se fijó en el hombre que estaba de pie cerca de la puerta.
- Si no ibas a tener tiempo para mí\, si no me querías\, ¿por qué decidiste quedarte conmigo? - No le di oportunidad a mi padre de responder. – No era únicamente a ella a quien estabas castigando.
Mi abuelo tomó mi maleta y abrió la puerta para hablar a George, quien guardaría mi equipaje en el auto.
- Ambos pueden continuar con sus vidas como lo han hecho hasta hoy. Ahora que conozco sus verdaderas caras\, no quiero tener nada que ver con ustedes.
Me alejé sintiendo que dejaba una parte de mi corazón atrás, en ese lugar donde compartí tan bellos momentos en compañía de mis amigos y del hombre de quien me enamoré un año atrás.
Mi abuelo bajó las escaleras con la ayuda de George, afuera del edificio, mis amigos aguardaban con una mirada ansiosa y completamente confundidos por lo que estaba pasando. Todos se acercaron a mí, les tomó por sorpresa ver a George guardar mi maleta en la cajuela del auto.
- Alessandra. – Dijo Keyra\, sabía que tenían preguntas y sin embargo se mostraban vacilantes\, como si esperaran que alguien más tuviera el valor de preguntarme.
- Chicos\, yo… debo regresar con mi abuelo a Londres; todo lo que acaba de pasar es un completo desastre\, pero… ahora no quiero hablar sobre ello. Si todo sale bien\, nos vemos en la escuela de baile. – Me despedí de los chicos con un fuerte abrazo\, cuando estaba a punto de subir al auto\, escuché la voz de Alan.
- Alessandra\, espera\, por favor. – Sujetó mi brazo y me apartó del auto de mi abuelo\, los guarda espaldas intentaron acercarse\, pero mi abuelo los detuvo. – Déjame explicarte por favor\, no te vayas así\, sin que hablemos. – Había cierto tono de desesperación en las palabras de Alan\, mi indiferencia lo ponía ansioso\, no quería que las cosas entre nosotros terminaran de esa forma.
- ¿Quién eres realmente? – Pregunté con la mirada fija en él.
- Yo… soy sobrino de tu madre\, Matteo Palmieri\, ese es realmente mi nombre. Si tuve que inventarme una nueva personalidad es porque sabía que tu abuelo y tu padre me reconocerían con tan solo escuchar mi apellido. – Respondió Alan.
- Matteo Palmieri. – Repetí – Me gusta más Alan Montero\, pero supongo que ni siquiera eres español\, ¿cierto? – Me burlé. – De todos los que estaban en ese departamento\, tú eras el único al que no quería dejar ir. Pero… es momento de que tomemos caminos separados… - las lágrimas comenzaban a nublar mi vista. – Matteo – dije con apenas un hilo de voz. - Es aquí donde debemos despedirnos. – Inconscientemente acaricié su mejilla.
Cuando reaccioné, aparté mi mano rápidamente de su rostro, sonreí con los labios apretados y subí al auto donde me esperaba mi abuelo para ir al aeropuerto. Giré mi rostro hacia atrás, mientras el auto avanzaba, observando la figura con aspecto triste que se había quedado inmóvil en la calle.
Ha pasado una semana desde que regresamos de Nueva York, el sonido de mi celular resuena en el interior de mi habitación; he perdido la cuenta de cuántas llamadas he recibido éste día, ya ni siquiera me tomo la molestia de ver quién llama.
Dejé de asistir a la escuela en Covent Garden, mis amigos han venido a visitarme, lo sé porque los he observado desde la ventana de mi habitación, pero no tengo ganas de hablar ni de ver a nadie. Mi abuelo continúa insistiendo en que debo salir de casa, que el encierro no me ayudará en nada, pero las cosas se complicaron en mi mente cuando mi abuelo habló sobre el reciente matrimonio de mi padre, también descubrí que tenía una hija de quince años, Alexia Rossi. ‘Sólo necesito un tiempo a solas’. Respondo lo mismo, desde la cama de mi habitación.
Los días continúan avanzando, he visto un poco de ajetreo en el jardín, demasiadas personas ir y venir durante las mañanas; no tengo idea de qué trucos esté planeando mi abuelo. Escucho la alerta de notificación en mi teléfono móvil, un nuevo mensaje ha llegado y por el sonido sé que es mi abuelo. Tomo el teléfono de la mesa de noche, es una imagen, parece que ha remodelado la habitación anexa a la casa.
- Bien\, supongo que debo bajar. – Digo perezosamente frente al espejo\, mi aspecto luce descuidado y el pijama de conejitos no va a esta hora del día. – Hora de una ducha. – Murmuro.
Cuando bajo al encuentro de mi abuelo, él está de pie, fuera de la habitación anexa que hay detrás de la casa. Todo luce fantástico, en otras circunstancias hubiese brincado de emoción. Pongo mi brazo sobre su espalda y reposo mi cabeza en su hombro.
- ¡Gracias abuelo! – Dijo en voz baja.
- Mi abuelo palmea suavemente mi barbilla. – Tómate tu tiempo y disfrútalo cariño. Estoy seguro de que al menos será más divertido que estar encerrada todo el día en la habitación.
Regresamos juntos a la casa, son las cuatro de la tarde y por el momento no se me apetece otra cosa más que regresar a mi habitación. Mi abuelo me muestra una sonrisa forzada, sé que le preocupa mi estado de ánimo, pero aún no he decidido qué hacer.
Intento tomar una siesta, pero los recuerdos invaden mis pensamientos, revivo cada momento que he pasado, los buenos y los malos, como si se tratase de una película en la que puedo presionar el botón de retroceder. ‘Si al menos existiera un control así para mi vida, donde simplemente le pusiera pausa a todo a mi alrededor.
Termino boca arriba en la cama, perdida en mis propios conflictos existenciales, ‘¿pero qué carajos estoy haciendo con mi vida?’, me cuestiono en voz alta. Es como si se me hubiera reiniciado el chip en mi cerebro. Me pongo de pie y en automático busco algo de ropa cómoda, tomo mi celular y bajo las escaleras hasta llegar a la habitación anexa.
Mi abuelo renovó la antigua puerta, ahora hay dos puertas corredizas, al entrar hay una espaciosa sala con buena iluminación y un enorme espejo en la pared de enfrente, con algunas barras de metal para practicar mis pasos de ballet, el piso anterior fue cambiado por una duela especial, en el costado derecho hay algunas repisas de madera con algunos adornos que le dan más estilo al espacio, y todos los accesorios que utilizo para practicar Pilates, pero lo que más me ha encantado, son las telas y aros instalados para practicar danza aérea.
Veo todo a mí alrededor y encuentro las bocinas, un pequeño equipo de sonido cortesía de mi cabecita de algodón, por supuesto, una buena sala de baile necesita música. Activo el bluetooth de mi reproductor de música para conectarlo a las bocinas. Mi reproductor está hasta el tope de música y ninguna se me viene a la mente para este momento, human de Christina Perri se interpone en mi camino, le doy play y avanzo hacia los aros para danza aérea. Tan pronto me siento en uno de ellos, la canción avanza: puedo fingir una sonrisa, puedo forzar una risa, puedo bailar e interpretar el papel si eso es lo que pides, darte todo lo que soy, puedo hacerlo, porque soy sólo una humana y sangro cuando me caigo, soy solo una humana y me caigo y rompo.
Estaba en la parte más emocional de la canción cuando se empezaron a escuchar algunos problemas en la música, como si estuviera rayada, me pareció extraño, la había escuchado en varias ocasiones anteriores y nunca me había pasado. Cuando intenté bajar del aro para checar el reproductor, una nueva canción se reprodujo automáticamente.
Alive de Sia, me pareció de lo más raro, pues era la canción que solía escuchar cuando practicaba Pilates en el jardín y a mi abuela le encantaba la letra de la canción. Nací en medio de la tormenta, maduré de la noche a la mañana, jugué sola, jugué sin compañía y sobreviví. Quería todo lo que nunca tuve, como el amor que viene con la luz, llevé puesta la envidia y la odié, pero sobreviví. No hay esperanza, solo mentiras y te enseñan a llorar en tu almohada, pero sobreviví. Todavía respiro, estoy viva.
Bajé del aro tan pronto terminó la canción, si le contara esto a mi abuelo o a cualquier otra persona, creerían que estoy loca. Pero entonces recordé todos los consejos que mi abuela me dio. ‘La vida nos fue dada por Dios, no tenemos derecho para renegar de ella, no podemos opinar sobre si la aceptamos o la rechazamos. La única opción que tenemos es cómo la vivimos’. Sé qué tengo que hacer ahora, solo seguir respirando y disfrutar de la vida que me tocó vivir.
Salí de la habitación tras apagar las luces, estaba cerrando la puerta cuando escuché la voz de la única persona que no esperaba ver, al menos no tan pronto.
- Alessandra. – Era Alan o Matteo\, como sea que diga llamarse.
- Solté un largo respiro. - ¿Qué… qué haces aquí? – Pregunté un tanto nerviosa.
- Tengo que hablar contigo\, por favor\, dame la oportunidad de explicarte las razones por las cuales hice lo que hice. – Yo… no quiero perderte Ale\, esa vez en el departamento\, dijiste que pasaba algo más entre nosotros que no podías seguir ocultando tus sentimientos por mí y es exactamente como me siento. Ale yo te… - Lo interrumpí antes de que pudiera terminar esa frase que tanto iba a pesar en mi mente y en mi corazón.
- No lo digas\, escucha\, ni siquiera me siento cómoda llamándote Matteo. Entiendo que hayas querido ayudar a la Sra. Mariella y también entiendo la razón por la cual tuviste qué cambiar tu nombre. Pero… lo mucho o poco que pudiste conocer de mí durante un año\, había algo que siempre dejaba en claro y es el hecho de que odio las mentiras. Tienes alguna idea de cómo me siento\, todo en lo que había creído durante más de veinte años es una mentira\, mi vida está basada en una mentira y ni siquiera me siento capaz de poder confiar de nuevo en ti.
- Ale\, por favor\, solo intentaba ayudarlas; quería que supieras la verdad\, no me parecía justo que te ocultaran algo como eso. Durante mucho tiempo te vi sufrir por sentirte sola\, únicamente deseando el cariño de tus padres. Yo no soportaba verte así.
- ¿Tú que ganabas con todo esto? ¿qué te hizo querer acercarte a mí? ¿por qué te ofreciste a ayudarla?
- Solo quise hacerlo Alessandra\, te repito\, no me parecía justo que vivieras en esa mentira.
- ¿Y por eso decidiste entrar a mi vida con más mentiras? ¿algo de lo que dijiste o hiciste fue real?
- Lo es Alessandra\, todo lo que hice y dije fue real y lo sigue siendo para mí. – Matteo tomó mi mano y la puso junto a su pecho. - Aquí dentro\, siento un vacío ahora por estar lejos de ti. Dame la oportunidad de arreglar las cosas\, haré que confíes de nuevo en mí\, después de todo lo que hemos pasado juntos\, debemos darnos la oportunidad de intentarlo.
- Alejé mi mano de su pecho\, bajé la cabeza para poder recuperar la compostura y aclarar brevemente mis pensamientos. – Lo que te dije afuera del departamento era cierto\, tú eres una parte de mí que no puedo y no quiero alejar. Te amo\, pero… ya no puedo confiar más en ti. – Dije entre lágrimas.
- Alan tenía la mirada nublada\, sostuvo mis manos con fuerza entre las suyas\, mostrándome una sonrisa\, de esas que solían derretirme cada que lo hacía. – Te estoy dejando ir lentamente Alessandra\, estoy sonriendo… pero eso no significa que duela menos. Tómate el tiempo que necesites\, cuando tengas claro tus pensamientos y tomes una decisión\, házmelo saber.
Matteo se acercó a mí, dejando un suave beso en la comisura de mis labios y se alejó rápidamente. Temía derrumbarme ahí, era tan difícil decirle adiós a la persona que amo, pero necesitaba un cambio en mi vida, debía dejar atrás todas las mentiras, rencores y todos esos sentimientos de abandono que me están ahogando lentamente.
Estaba decidida a dejar atrás todo lo que me estaba lastimando, lo que me impedía avanzar. En este punto de mi vida, entendí lo que ese sueño que me atormentó durante varias noches significaba, la cadena en mi pie que me impedía avanzar, eran las mentiras de las que estaba rodeada, sin ese velo cubriendo mis ojos, sé que puedo dar el siguiente paso y empezar desde cero.