Estaré subiendo capítulos diario y es una historia corta sin muchas complicaciones y personajes
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CAPÍTULO 5
La noche en la capital del reino tenía un aire distinto.
Las farolas de gas proyectaban sombras alargadas sobre el mármol de L'Éclat, que para esta ocasión no lucía como una tienda, sino como un palacio de cristal privado.
Evelyn había ordenado cubrir las ventanas con cortinas de terciopelo azul noche para garantizar la privacidad, y la única luz provenía de candelabros de plata con velas que olían a sándalo.
Evelyn se miró en el espejo antes de bajar.
Había elegido un vestido que rompía todas las reglas de la época: una pieza de seda color vino tinto, sin corsé excesivo, que abrazaba su figura de manera sofisticada.
Su cuello estaba adornado con una gargantilla de esmeraldas que parecía fuego verde bajo la luz de las velas.
Como actriz, sabía que el vestuario era el cincuenta por ciento del personaje; el resto era la actitud.
—Marie, no quiero interrupciones —le dijo a su doncella—.
Esta noche, el Gran Duque y yo discutiremos "negocios".
Exactamente a las ocho, el sonido de los cascos de un caballo solitario se detuvo frente a la puerta. Maximiliam entró sin necesidad de escolta.
Su uniforme militar había sido sustituido por un traje civil de seda negra, pero su presencia seguía siendo igual de imponente.
Al ver a Evelyn, se detuvo en seco. Sus ojos verdes recorrieron el lugar y luego se posaron en ella con una intensidad que habría intimidado a cualquier otra mujer.
—Lady Charlotte —dijo él, inclinándose ligeramente—.
Si ayer pensé que su tienda era un triunfo, hoy debo decir que es un santuario.
—El lujo es solo el marco, Excelencia —respondió ella, extendiendo su mano con la elegancia de una estrella de cine—.
El verdadero arte está en los detalles. Por favor, tome asiento.
La mesa estaba servida con una cena ligera, diseñada por Evelyn para preparar el paladar hacia el postre final.
Durante la comida, la conversación fue un duelo de esgrima verbal. Maximiliam no era como Julian; no era un hombre de cumplidos vacíos.
Era un estratega.
—Me intriga, Milady —comenzó Maximiliam, probando un sorbete de limón y menta—. Hasta hace unos meses, el nombre de la hija del Duque de Belmont solo se mencionaba en relación a escándalos de moda y... desafortunados desmayos por amor.
Y de repente, despierta una mujer que maneja la economía, la estética y la psicología social mejor que los ministros del Rey.
¿Qué ocurrió en ese desmayo?
¿Acaso visitó otro mundo?
Evelyn sintió un ligero pinchazo de adrenalina.
Él era astuto.
—A veces, Gran Duque, uno necesita tocar fondo para darse cuenta de que el escenario no le favorece.
Digamos que decidí cambiar de guion.
La antigua Charlotte era una mala actriz; la actual prefiere dirigir su propia obra.
Maximilian sonrió, una sonrisa genuina que suavizó sus facciones guerreras.
—Una respuesta audaz.
Sin embargo, hay algo en sus ojos, Lady Charlotte.
Una mirada que no pertenece a una joven de dieciocho años que nunca ha salido de la capital.
Hay una... veteranía en usted.
Una sabiduría que solo se adquiere tras haber vivido mil vidas.
Evelyn ladeó la cabeza, su gargantilla de esmeraldas brillando.
—¿Y usted, Excelencia?
Se dice que el Gran Duque de la Frontera Norte es un hombre de hielo, pero sus manos —dijo ella señalando las cicatrices casi invisibles en sus nudillos— cuentan historias de fuego.
Usted también guarda secretos que no están en los registros oficiales.
El ambiente cambió.
La atmósfera se volvió más densa, cargada de una atracción innegable. Maximilian dejó su copa de cristal y se inclinó hacia ella.
—Todos tenemos secretos, Milady. Algunos luchamos por mantener las fronteras del reino a salvo, y otros luchamos por no dejar que el mundo vea quiénes somos realmente por miedo a que no lo entiendan.
Era el momento del postre final. Evelyn se levantó y trajo personalmente una pequeña campana de cristal.
Al levantarla, reveló una creación única: una esfera de chocolate oscuro tan pulida que reflejaba la luz de las velas.
Evelyn tomó una jarra de plata con caramelo caliente y lo vertió sobre la esfera, que comenzó a derretirse lentamente para revelar en su interior una joya de azúcar en forma de esmeralda, rellena de una crema de vainilla y oro comestible.
Maximiliam observó el proceso en silencio, hipnotizado.
—Es... destructivamente hermoso —susurró.
—La belleza a menudo requiere un poco de destrucción para revelar su esencia —respondió ella con voz suave.
Él probó el postre. Cerró los ojos por un segundo y, cuando los abrió, había algo diferente en ellos. No solo admiración, sino una complicidad profunda.
—Charlotte —dijo, usando su nombre por primera vez sin el título—, este reino es pequeño para usted.
Su inteligencia y su... extraña procedencia la hacen peligrosa para muchos.
Hay quienes en la corte ya están murmurando que usted usa "brujería" para atraer a los hombres y cambiar su apariencia.
Evelyn soltó una carcajada vibrante.
—¡Brujería! Qué falta de imaginación.
Solo uso inteligencia y un poco de buen gusto.
Pero dígame, ¿por qué me advierte esto?
¿Qué gana el Gran Duque protegiendo a una "bruja" de los postres?
Maximilian se levantó y caminó hacia ella.
Se detuvo a pocos centímetros, rompiendo el espacio personal.
Evelyn podía oler su perfume: una mezcla de madera de cedro, cuero y un toque de pólvora.
—Gano una aliada —dijo él, bajando la voz hasta convertirla en un murmullo—.
Porque mientras usted conquista a la sociedad con azúcar y seda, yo necesito a alguien que vea el mundo como usted lo ve: como un tablero de ajedrez donde la mayoría son solo peones.
En ese momento, el azar decidió intervenir.
Maximilian hizo un movimiento para tomar su mano, pero su manga se enganchó ligeramente con el borde de una mesa auxiliar, derribando un pequeño joyero que Evelyn había dejado allí.
De la caja cayó un objeto que no pertenecía a ese siglo: un pequeño encendedor de metal plateado que Evelyn había tenido en su bolsillo el día del accidente aéreo y que, por alguna razón mágica, había aparecido en sus manos al despertar.
Evelyn se apresuró a recogerlo, pero Alistair fue más rápido.
Lo sostuvo en su mano, examinando el mecanismo de metal y la inscripción en la base:
"Propiedad de los Estudios Vance".
—Esto... no es oro, ni plata, ni ningún metal que haya visto en las minas de su padre —dijo Maximilian, sus ojos verdes brillando con una curiosidad casi aterradora—. Y este grabado... "Estudios"... es una palabra que apenas se usa aquí.
¿Qué es esto, Charlotte?
Evelyn recuperó su sangre fría de diva.
Se acercó a él, quedando a escasos milímetros de su pecho, y puso su mano sobre la de él, cerrando sus dedos sobre el encendedor.
—Es un recuerdo de un sueño, Excelencia.
Un sueño del que desperté para encontrarme con usted.
¿Va a delatarme con la Inquisición o va a guardar este secreto como nuestro primer contrato de sociedad?
Maximilian la miró fijamente. En lugar de alejarse, envolvió la mano de Evelyn con la suya.
—Prefiero la sociedad. Pero a cambio, quiero que me enseñe a usar este "recuerdo".
Evelyn sonrió, sabiendo que acababa de atrapar al hombre más poderoso del reino en su red.
—Todo a su tiempo, Maximiliam.
Por ahora, conformémonos con que usted es el único hombre que sabe que Lady Charlotte no es tan "fina" como aparenta.
A veces, puedo ser muy... peligrosa.
Él se inclinó y besó el dorso de su mano, pero sus ojos nunca dejaron los de ella.
—Eso es exactamente lo que me temía... y lo que más me fascina.
Cuando Maximilian se marchó finalmente, Evelyn se quedó sola en la tienda, rodeada por el aroma del chocolate y el sándalo.
Se miró en el cristal de la ventana.
Ya no era Evelyn Vance, la actriz de Hollywood, pero tampoco era la tonta Charlotte Belmont.
Era algo nuevo. Una mujer que tenía el oro de un ducado, el azúcar de un imperio y el corazón (o al menos la curiosidad) de un Gran Duque.
Pero sabía que el peligro acechaba.
Si Maximilian había notado su extrañeza, otros también lo harían.
Rose y Julian no se quedarían de brazos cruzados, y en las sombras de la corte, los rumores de "brujería" podían convertirse en fuego muy rápido si no sabía actuar bien su próximo papel.
—Bueno —murmuró Evelyn, guardando el encendedor en su escote—, si quieren una bruja, les daré la función de sus vidas.
Pero primero... tengo que decidir si este Gran Duque es mi coprotagonista o mi próximo antagonista.
que no tiene una obsesión por humillar más de lo debido.
y que el pelirrojo va hacer su piedra de tropiezo. 😂