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Reina ENTRÉ LAS SOMBRAS

Reina ENTRÉ LAS SOMBRAS

Status: En proceso
Genre:Mafia / Romance oscuro / Acción
Popularitas:417
Nilai: 5
nombre de autor: rosse 345

​"Luna murió en las calles para que Rose pudiera reinar en las sombras."
​Mi madre me llamó Luna Mongoberry al nacer, esperando quizás que fuera una luz suave en medio de la miseria. Pero la luz no te alimenta cuando tienes hambre, ni te protege cuando el mundo decide convertir tu vida en un infierno. Mi infancia no fue un cuento; fue una guerra de supervivencia que consumió cada rastro de nobleza y amabilidad que alguna vez tuve.
​Decidí dejar atrás a la niña débil. Me convertí en Rose Mongoberry, conservando el apellido que es sagrado para mí porque le perteneció a ella, pero transformando mi alma en algo mucho más letal. Rose tiene espinas, Rose quema, y Rose no perdona.
​En el mundo de la mafia, donde los hombres creen que las mujeres son solo trofeos, yo he venido a demostrar que soy el verdugo.
Bienvenidos a mi reino. Aquí, las rosas no huelen a perfume; huelen a pólvora y victoria.

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Capítulo 16: Bajo las Sombras

​Los días pasaban lentos, cargados de una anticipación que se sentía en el aire. Los chicos morían de ganas por entrar a mi bodega, pero la mantenía bajo llave, perfectamente sellada.

—La inauguraré el día que llegue Pedro —les dije con una sonrisa gélida—. Ese será el gran estreno.

​Seguíamos vigilando a mi padre. Se ha vuelto mi pasatiempo favorito: verlo ser el ser asqueroso que siempre fue. Lo vi besuqueándose con una mujer en la calle y sentí náuseas. Pensar que hacía lo mismo antes de llegar a casa a moler a golpes a mi madre...

—Ese bastardo me las va a pagar —solté en voz alta.

—Cálmate, Reina —me dijo el Pistolero—. Todo a su tiempo. Es una enseñanza: si eres la Reina de las Sombras, todo debe ejecutarse en la oscuridad.

​El Primer Trabajo

​El Viejo nos citó en su oficina. Tenía una tarea, mi primer trabajo oficial con paga.

—Hoy llega mercancía al muelle —dijo el Viejo seriamente—. Pero nuestro informante dice que habrá una emboscada policial. Saben que nos movemos hoy.

​El Pistolero se tensó. No podíamos perder esa inversión, pero tampoco podíamos dejar que nos vieran las caras. Fue entonces cuando levanté la mano.

—¿Y si nos vestimos totalmente de negro? —sugerí—. Cubrámonos los rostros, estudiemos el lugar y ataquemos desde las sombras. Si ellos esperan un enfrentamiento directo, hay que darles un ataque fantasma. Incluso podríamos usar las alcantarillas.

​El Viejo me miró sorprendido.

—Me impresionas, Reina. Tienen poco tiempo. ¡Muevanse!

​La Emboscada en el Muelle

​En el salón de reuniones conocí al Hacker, un tipo arrogante pero brillante que nos daría los ojos desde las computadoras. El Tumba consiguió los trajes negros tácticos y los micrófonos para comunicarnos.

—Te verás como una verdadera sombra, Reina —dijo el Tumba mientras nos preparábamos.

​Llegamos al muelle. El lugar estaba infestado de policías, tal como dijo el Viejo. El plan se ejecutó con precisión quirúrgica. Tres de nuestros hombres se lanzaron al agua para desviar el barco, mientras el Pistolero y el Tumba se escabullían por encima de los contenedores. Yo esperaba la orden en la retaguardia.

​Cuando la policía vio que el barco se desviaba, entraron en pánico. Empezaron a disparar, pero no veían a nadie. Yo, oculta detrás de un contenedor, empecé a disparar con mi arma con silenciador. Los chicos, desde lo alto, hacían lo mismo. Era una masacre silenciosa.

​Vi a dos oficiales correr hacia un callejón para escapar y los seguí. Me pegué a una pared oscura; con mi traje negro era invisible. Antes de que saltaran un muro, les disparé. Uno cayó muerto al instante, el otro quedó herido. Me acerqué, lo agarré del pelo y, aunque no podía ver mi cara tras la máscara, sentí que mi mirada le heló la sangre. Saqué mi cuchillo y le corté el cuello sin vacilar.

​—Aquí Reina —dije por el micrófono—. Me encargué de dos sapos. Estoy bien.

​La Recompensa

​Cargamos las camionetas con la mercancía antes de que llegaran refuerzos. Por orden del Viejo, el Pistolero eliminó a los que traían la carga; había un infiltrado y no podíamos correr riesgos. Al llegar a la bodega de seguridad y organizar todo, volvimos con el Viejo.

​Estaba radiante.

—Excelente plan, Reina. La idea de la ropa y el ataque coordinado fue perfecta.

​Se acercó y me entregó un sobre pesado.

—Rose, esta es tu paga. Te la ganaste.

​Agarré el sobre sintiendo el peso de mi nueva vida.

—Gracias, jefe —respondí.

​Ya no solo tenía un lugar para mi venganza, ahora tenía los recursos para hacerla realidad. Pedro no tiene idea de que el tiempo se le está agotando.

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la potaxia 63
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