NovelToon NovelToon
.6 Antes De Que Llegarás Tu

.6 Antes De Que Llegarás Tu

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Reencuentro / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Araiya siempre supo cómo debía vivir: sin errores, sin escándalos, sin salirse del camino. La perfección era su refugio… hasta que conoció a Andrés.
Él es todo lo que ella debería evitar. Frío, dominante y acostumbrado a controlar cada aspecto de su vida, Andrés no cree en el amor, solo en el poder. Pero hay algo en Araiya que no encaja en sus reglas, algo que lo desafía… y lo atrae de una forma que no puede detener.
Lo que comienza como una conexión prohibida pronto se convierte en un vínculo intenso, adictivo y peligroso. Entre decisiones impulsivas, secretos y un pasado que nunca deja de perseguirlos, ambos cruzan límites que cambiarán sus vidas para siempre.
Hasta que una traición lo destruye todo.
Cuando creen que ya no queda nada por salvar, aparece lo inesperado: una nueva vida que los une de una manera imposible de ignorar.
Ahora, entre el dolor, el orgullo y las segundas oportunidades, tendrán que decidir si el amor que los rompió… también puede ser el que los salve.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 22

El dispositivo…

Parecía insignificante.

Pequeño.

Ligero.

Silencioso.

Pero en esa sala… nadie se atrevía a subestimarlo.

Porque todos sentían lo mismo.

Eso…

No era un objeto.

Era una respuesta.

O una sentencia.

La casa volvió a tensarse.

Pantallas encendidas.

Conexiones activas.

Puertas aseguradas.

Y esta vez…

Nadie bajó la guardia.

—Está encriptado —dijo Mateo, girándolo entre sus dedos—. Pero no es una encriptación común.

Sus ojos no se apartaban del dispositivo.

—Esto no está hecho para proteger información…

Una pausa.

—Está hecho para ocultarla incluso de quien sabe buscarla.

El silencio cayó pesado.

Ángela se acercó despacio.

Sin tocar.

Analizando.

Midiendo.

—No es solo protección —murmuró—. Es un filtro.

Araiya frunció ligeramente el ceño.

—¿Filtro?

—Sí —respondió Ángela—. No cualquiera puede abrirlo. Ni siquiera alguien con acceso técnico completo.

Andrés habló sin rodeos:

—Entonces no sirve.

Ángela negó, firme.

—Sirve más de lo que crees.

Lo miró.

—Significa que está hecho para alguien específico.

Silencio.

—Alguien que ellos no esperaban que lo tuviera.

No hizo falta decir más.

Todas las miradas cayeron sobre Araiya.

Ella no retrocedió.

Pero tampoco respiró igual.

—Mi mamá… —murmuró.

—O tu papá —añadió Mateo.

Araiya tomó el dispositivo.

Sus dedos no temblaron.

Pero su pulso sí cambió.

Lo observó como si no fuera la primera vez que lo veía.

Como si, de alguna forma…

Ya lo conociera.

—Ábrelo.

No fue una petición.

Fue una decisión.

Mateo reaccionó de inmediato.

Código.

Intentos.

Patrones.

—No así —lo detuvo Ángela.

Su voz no fue alta.

Pero sí definitiva.

—Si fuerzas el acceso… lo bloqueas.

Silencio.

—O peor.

Andrés levantó la mirada.

—¿Peor?

Ángela no suavizó la respuesta.

—Se borra.

El aire se volvió más denso.

Más real.

Nadie dijo nada.

Porque todos entendieron lo mismo.

No había margen de error.

Araiya exhaló lento.

Y cuando habló…

Ya no sonó como alguien buscando respuestas.

Sonó como alguien que empezaba a encontrarlas.

—Entonces pensamos.

Dio un paso al frente.

—Si esto está ligado a mi familia… no responde a lógica externa.

Miró el dispositivo.

—Responde a mí.

Mateo asintió ligeramente.

—Contraseña emocional. Fechas, nombres, recuerdos…

—No.

Ángela negó.

Segura.

—Tu mamá no dejaría algo tan importante en algo tan predecible.

Silencio.

—Esto no es solo seguridad…

Sus ojos se clavaron en Araiya.

—Es un mensaje.

Araiya alzó la mirada.

Algo en su expresión cambió.

—¿Un mensaje?

—Para ti.

El tiempo se contrajo.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente para que todo pesara más.

Araiya acercó el dispositivo.

Lo sostuvo con ambas manos.

Respiró profundo.

Como si no solo fuera a abrir un archivo…

Sino una verdad.

Y entonces…

Lo activó.

Nada.

Un segundo.

Dos.

Y después…

Una luz tenue.

Azul.

Casi imperceptible.

Una vibración leve recorrió el dispositivo.

Mateo se inclinó, sorprendido.

—Funcionó…

Pero no sonó aliviado.

Sonó inquieto.

Los datos comenzaron a aparecer.

Lentos.

Controlados.

Como si el dispositivo decidiera qué mostrar… y qué no.

Archivos.

Nombres.

Fechas.

Ubicaciones.

Y entonces…

Uno diferente.

Resaltado.

Aislado.

Bloqueado.

Mateo frunció el ceño.

—Esto está protegido dentro del sistema. Es otra capa.

Araiya no dudó.

No preguntó.

No analizó más.

—Ese es.

—Esperen.

La voz de Ángela cambió.

No fue solo seriedad.

Fue alerta real.

Todos la miraron.

—Tenemos movimiento afuera.

Silencio.

—No es vigilancia.

Una pausa que pesó más de lo necesario.

—Es ofensiva.

El ambiente se congeló.

—Ya vienen.

Andrés se tensó al instante.

Su postura cambió.

—¿Cuántos?

—Suficientes.

Y eso fue peor que cualquier número.

Araiya no dudó.

No pidió confirmación.

No esperó.

—Defendemos.

Andrés la miró.

Y en ese momento entendió algo que no había querido admitir antes.

Ella ya no reaccionaba.

Anticipaba.

Y eso la hacía más peligrosa… que cualquiera de ellos.

Porque ahora no solo tenían información.

Tenían una razón para ser eliminados.

Y cuando el enemigo tiene una razón clara…

No falla dos veces.

Araiya sostuvo el dispositivo un segundo más.

Como si supiera que todo cambiaba desde ahí.

Y lo soltó.

Porque ahora…

La prioridad ya no era descubrir la verdad.

Era sobrevivir lo suficiente…

Para poder usarla.

—Prepárense —dijo.

Y esta vez…

Nadie dudó.

El primer golpe no fue silencioso.

Fue brutal.

El vidrio lateral explotó en mil fragmentos.

El sonido cortó el aire como una advertencia demasiado tarde.

—¡Todos abajo!

La voz de Andrés no fue solo una orden.

Fue instinto puro.

Araiya ya se estaba moviendo antes de terminar de escucharlo.

Su cuerpo reaccionó primero.

Su mente… justo después.

Se agachó, rodó hacia un lateral, cubriendo su posición sin perder de vista la entrada.

Disparos.

Ráfagas secas atravesaron el espacio.

Precisas.

Calculadas.

No estaban disparando para asustar.

Estaban disparando para matar.

—Nos rodearon —dijo Mateo desde arriba, su voz filtrándose por el comunicador—. Tres puntos de entrada confirmados.

Un segundo de silencio.

—No son improvisados.

Otro disparo rompió cerca.

—Vienen a terminar esto.

Y eso lo cambiaba todo.

Esto no era presión.

No era advertencia.

Era ejecución.

Araiya lo entendió al instante.

Y cuando habló, no hubo duda en su voz.

—Dividimos posiciones.

Rápida.

Clara.

Sin espacio para discusión.

—Mateo, arriba. Control total visual. No pierdas ningún ángulo.

—Ángela, flanco derecho. Cubre accesos secundarios.

—Andrés…

Un segundo.

Solo uno.

—Conmigo.

—Siempre.

Pero esta vez no sonó como juego.

Sonó como una promesa que ya existía antes de decirse.

Se movieron.

Sin errores.

Sin repetir instrucciones.

La casa dejó de ser un refugio.

Se convirtió en un campo de guerra perfectamente distribuido.

Un golpe seco.

La puerta cedió.

Un enemigo entró sin dudar.

Araiya reaccionó primero.

Un paso al frente.

Movimiento limpio.

Golpe directo al punto ciego.

El cuerpo cayó antes de entender lo que había pasado.

No se detuvo.

No había tiempo para procesar.

El segundo entró detrás.

Más rápido.

Más preparado.

Pero no lo suficiente.

Araiya giró, bajó el centro de gravedad y atacó sin titubear.

Precisa.

Eficiente.

Silenciosa.

Y entonces Andrés cubrió el ángulo que ella dejó libre.

Sin decir nada.

Sin coordinarlo.

Pero perfectamente sincronizados.

Como si sus cuerpos recordaran algo que sus mentes no querían admitir.

Funcionaban juntos.

Demasiado bien.

—Tres más entrando por izquierda —la voz de Mateo llegó rápida—. Movimiento rápido.

Araiya no dudó.

—Ya los tengo.

Se desplazó.

Controlando el espacio.

Midiendo distancias.

Disparos.

Uno.

Dos.

Secos.

Exactos.

El silencio después fue breve.

—¿Ángela? —preguntó sin apartar la vista del frente.

—Estoy bien.

Su tono fue estable.

Pero había algo más debajo.

—Pero no van a parar.

Y tenía razón.

No se detuvieron.

Las ventanas cedieron.

Otro punto de entrada.

Sombras moviéndose.

Pasos coordinados.

Esto era un equipo entrenado.

Y eso hacía todo más peligroso.

Un disparo cruzó demasiado cerca.

Araiya no lo vio.

Pero Andrés sí.

La jaló.

Fuerte.

Sin medir.

Directo hacia él.

El impacto del movimiento los descolocó un segundo.

El disparo pasó rozando.

Demasiado cerca.

Un error de tiempo…

y todo habría terminado.

Quedaron pegados.

Demasiado.

Respiración contra respiración.

El mundo alrededor siguió en guerra.

Pero entre ellos…

hubo un instante de silencio.

De esos que no deberían existir en medio del caos.

—Ten cuidado —murmuró Andrés, su voz baja, contenida.

No era solo advertencia.

Era algo más.

—Siempre lo tengo —respondió Araiya.

Pero no se apartó.

Y eso lo dijo todo.

—¡No ahora! —la voz de Ángela cortó el momento—. ¡Se están reagrupando!

La realidad volvió de golpe.

Se separaron.

Rápido.

Como si ese segundo no hubiera existido.

Pero sí existió.

Y ambos lo sabían.

Araiya inhaló profundo.

Recuperando el control.

Rearmando su enfoque.

Y entonces decidió.

—Los sacamos.

No fue impulsivo.

Fue estratégico.

Si seguían dentro…

perderían ventaja.

Salieron.

Directo.

Sin esconderse.

Sin esperar.

La noche los recibió con caos.

Disparos.

Ecos.

Movimiento constante.

Pero esta vez…

no estaban reaccionando.

Estaban dominando.

Cada paso calculado.

Cada disparo medido.

Cada decisión tomada en fracciones de segundo.

El enemigo empezó a fallar.

Y cuando eso pasó…

Araiya lo notó.

—Están perdiendo ritmo —dijo, sin dejar de moverse.

—Porque no esperaban esto —respondió Andrés.

Y había algo en su voz.

Algo que no era solo análisis.

Era reconocimiento.

Ella no era la misma.

Y eso… lo cambiaba todo.

Un último intento.

Un avance desesperado.

Error.

Grave.

Araiya lo vio.

Y actuó.

Movimiento limpio.

Disparo final.

Silencio.

El último disparo resonó en la noche.

Y después…

Nada.

Silencio real.

Pesado.

Denso.

El aire olía a pólvora.

A metal.

A consecuencias.

Los cuerpos inmóviles.

Las paredes marcadas.

El suelo… irreconocible.

Nada había quedado intacto.

Y aun así…

Ellos seguían de pie.

Pero algo había cambiado.

Porque esta vez…

no sobrevivieron.

Ganaron.

Y eso los convertía en algo mucho más peligroso.

El último disparo resonó en la noche.

Y después…

Silencio.

No uno vacío.

Uno pesado.

Denso.

Cargado de pólvora… y de realidad.

El aire quemaba al respirar.

El suelo estaba marcado.

Las paredes dañadas.

Los cuerpos inmóviles.

Nada había quedado intacto.

Ni siquiera ellos.

Araiya bajó el arma lentamente.

Sus manos no temblaban.

Pero su respiración sí.

Rápida.

Profunda.

Controlada… a la fuerza.

—¿Todos bien?

Su voz salió firme.

Demasiado firme para lo que acababan de vivir.

—Bien —respondió Mateo.

—Sin daño —añadió Ángela.

Pero faltaba una voz.

Y ese silencio…

pesó más que todo lo demás.

Araiya giró.

Rápido.

Buscándolo.

Y lo encontró.

De pie.

Como siempre.

Fuerte.

Imperturbable.

Pero esta vez…

no del todo.

Su respiración era más pesada.

Más irregular.

Y su camisa…

no estaba limpia.

—¿Qué pasó?

No esperó respuesta.

Ya se estaba acercando.

Demasiado rápido.

Demasiado cerca.

—Nada —respondió Andrés.

Pero fue inmediato.

Automático.

Y eso lo delató.

—No mientas.

Su voz bajó.

Más firme.

Más personal.

No era una orden.

Era algo más profundo.

Un segundo.

Dos.

Y entonces…

—Me rozó.

Lo dijo sin dramatizar.

Como si no importara.

Pero sí importaba.

Y ambos lo sabían.

Araiya dio un paso más.

Invadiendo su espacio.

Sin pedir permiso.

Sus manos fueron directo a él.

Buscando.

Encontrando.

La tela estaba húmeda.

Caliente.

Demasiado.

El mundo alrededor desapareció otra vez.

No había ruido.

No había equipo.

No había misión.

Solo él.

Y la posibilidad de haberlo perdido.

—Deberías tener más cuidado —murmuró.

Pero no sonó a reproche.

Sonó a miedo disfrazado.

Andrés la miró.

Directo.

Sin apartarse.

—Tú también.

Su voz fue baja.

Casi un susurro.

Pero cargada de algo que ninguno estaba diciendo.

Sus miradas se quedaron ahí.

Sostenidas.

Cerca.

Demasiado cerca.

El tipo de cercanía que no se puede ignorar…

pero tampoco cruzar.

No ahora.

No en medio de todo.

No cuando todavía no entendían lo que significaba.

Pero esta vez…

costó más separarse.

Mucho más.

—Tenemos que movernos.

La voz de Ángela no interrumpió.

Aterrizó.

En el momento exacto.

Araiya soltó a Andrés.

Despacio.

Como si no quisiera.

Pero lo hizo.

Porque tenía que hacerlo.

—Adentro.

Su tono volvió.

Firme.

En control.

Pero algo ya no era igual.

El dispositivo.

La razón de todo.

La causa del ataque.

Todo regresó de golpe.

Pantallas activas.

Sistema encendido.

El ambiente volvió a cargarse.

Pero esta vez…

de expectativa.

—Esto no puede esperar —dijo Mateo, moviéndose rápido—. Si vinieron así…

Miró la pantalla.

—Es porque esto vale más de lo que creíamos.

O más de lo que deberían saber.

Araiya colocó el dispositivo.

Sus dedos se detuvieron un segundo sobre él.

Como si supiera…

que lo que estaba a punto de ver…

iba a cambiarlo todo.

Y aun así…

no dudó.

Activó.

Luz.

Carga.

Datos corriendo.

El sistema respondió.

Y entonces…

El archivo bloqueado…

Se abrió.

Nadie habló.

Porque lo que apareció…

no era información.

Era algo más.

Un video.

Antiguo.

Inesperado.

Real.

Mateo no terminó la frase.

No hacía falta.

La pantalla mostró…

A su madre.

El tiempo se detuvo.

De verdad esta vez.

Araiya no respiró.

No parpadeó.

No se movió.

Solo miró.

Como si ese instante pudiera romperse si hacía algo más.

—Si estás viendo esto…

La voz llenó la habitación.

Clara.

Firme.

Viva.

—Es porque todo salió mal.

Silencio absoluto.

—El hombre en quien confiamos…

Una pausa.

Dolor contenida en cada palabra.

—Es el mismo que nos traicionó.

El aire cambió.

Se quebró.

—El socio principal…

La imagen falló un segundo.

Distorsión.

Pero volvió.

—No trabaja solo.

Cada palabra caía más pesada que la anterior.

—Pero hay algo más importante.

Sus ojos miraron directo a la cámara.

Directo a Araiya.

—Tú no eres un objetivo.

Silencio.

—Eres la única que puede detenerlo.

Araiya sintió el peso.

Completo.

Inevitable.

No como miedo.

Como destino.

—Confía en quien se quede a tu lado cuando todo caiga.

La pantalla se apagó.

Y con ella…

la última duda.

Nadie habló.

Nadie se movió.

Porque ya no era lo mismo.

Nada lo era.

Esto ya no era una pelea.

Ni una misión.

Ni siquiera una venganza.

Era una herencia.

Una verdad que no podía ignorarse.

Una responsabilidad que no podía evitarse.

Y lo más peligroso de todo…

Una elección.

Porque ahora Araiya no solo tenía respuestas.

Tenía poder.

Y el poder…

siempre exige algo a cambio.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play