Hola, soy CubeThings.
Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.
Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.
Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.
Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.
NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El Ryokan Sakura
Caminaron por el interior del ryokan en silencio.
El sonido de sus pasos sobre el tatami era suave, casi imperceptible, como si el lugar mismo no quisiera ser perturbado. A cada lado del pasillo, las puertas corredizas permanecían cerradas, pero de algunas escapaban murmullos bajos, risas suaves, el tintinear de porcelana.
Vida.
Pero una vida… distinta.
Hikari miraba todo con atención, intentando absorber cada detalle, cada sensación.
Nada le resultaba familiar.
Y aun así… no se sentía completamente ajeno.
Como si una parte de ella reconociera ese lugar… aunque no supiera por qué.
Tomoe caminaba a su lado, tranquilo, como si cada rincón le perteneciera.
Finalmente, llegaron al mostrador principal.
Detrás de él, una figura se movía con elegancia.
Una mujer.
De piel clara, cabello oscuro recogido con delicadeza, y unos ojos afilados que parecían verlo todo. Sus alas, plegadas con gracia a su espalda, eran de un negro profundo con reflejos sutiles, y su presencia imponía respeto sin necesidad de esfuerzo.
Una tengu.
Levantó la mirada en cuanto se acercaron.
Y sonrió.
—Hola… bienvenida.
Su voz era suave, pero firme.
Hikari se quedó un poco quieta, sorprendida.
No por la bienvenida.
Sino por la naturalidad con la que lo dijo.
Como si… ya la esperara.
Tomoe dio un paso al frente.
—Rie —dijo con calma—, ella es Hikari Tomori.
El nombre cambió algo en el ambiente.
Rie abrió ligeramente los ojos.
Solo un instante.
Pero fue suficiente.
Luego, inclinó la cabeza con respeto, en una reverencia elegante.
—Es un honor… recibirla.
Hikari parpadeó, un poco confundida.
—Yo… no—
No terminó la frase.
No sabía cómo hacerlo.
Tomoe continuó, como si aquello fuera completamente normal.
—Vamos a pasar con Kuro.
Rie asintió de inmediato.
No hizo preguntas.
No dudó.
Se enderezó y, con un gesto delicado de la mano, señaló hacia un pasillo más privado.
—Está disponible en estos momentos.
Sus ojos volvieron a Hikari, esta vez con una expresión más profunda.
Más atenta.
—Adelante.
Hikari sintió un ligero nudo en el estómago.
Ese nombre otra vez.
Kuro.
El aire parecía volverse un poco más denso al pensarlo.
Miró el pasillo que Rie había señalado.
Era más silencioso.
Más oscuro.
Más… apartado.
Tomoe comenzó a caminar sin esperar.
—Vamos —dijo con suavidad.
Hikari dudó apenas un segundo.
Y luego lo siguió.
Porque aunque no sabía qué la esperaba al final de ese camino…
algo dentro de ella ya había empezado a prepararse.
Tomoe se detuvo frente a la puerta de madera oscura.
No había adornos.
No había luz.
Solo… una presencia que se sentía incluso antes de entrar.
Hikari lo notó.
El aire era más pesado ahí. Más denso.
Como si algo… respirara del otro lado.
Tomoe levantó la mano y tocó suavemente.
—Kuro… soy Tomoe.
Una breve pausa.
—Traigo a alguien importante que necesitas ver.
El silencio que siguió fue absoluto.
Pero no vacío.
Era un silencio… lleno.
Hikari sintió cómo su corazón comenzaba a latir más rápido, sin entender por qué.
Entonces—
—Pasa.
La voz atravesó la puerta.
Grave.
Profunda.
Baja… pero imposible de ignorar.
Y en el momento en que la escuchó…
algo dentro de Hikari reaccionó.
Un pequeño estremecimiento que le recorrió el cuerpo.
Tomoe deslizó la puerta.
Sin ruido.
Sin prisa.
Y en cuanto el espacio se abrió…
Hikari sintió primero su presencia.
Antes de verlo.
Como una sombra que llenaba la habitación.
Como algo… demasiado grande para ese lugar.
Dio un paso.
Solo uno.
Y entonces lo vio.
Kuro.
De pie junto a la ventana.
La luz que entraba desde afuera caía sobre él de lado, delineando cada detalle de su figura como si fuera una pintura.
Alto.
Imponente.
Su cabello negro caía ligeramente desordenado sobre su frente, enmarcando un rostro perfectamente definido. La palidez de su piel contrastaba con la oscuridad que lo rodeaba, haciendo que sus rasgos se vieran aún más marcados.
Y sus ojos…
Violetas.
Profundos.
Irreales.
Cuando se posaron sobre ella—
todo desapareció.
El sonido.
El aire.
El mundo.
Hikari dejó de respirar por un segundo.
Su mente se quedó completamente en blanco.
—…
No sabía qué era.
No sabía por qué.
Pero algo en su pecho se apretó… y luego se expandió de golpe.
Como si su corazón hubiera olvidado cómo latir… y luego decidiera hacerlo con más fuerza.
Demasiada fuerza.
Calor le subió por el rostro.
Su cuerpo se quedó quieto.
Pero por dentro…
todo se desordenó.
—…¿qué…?
No terminó la palabra.
Porque no podía.
No podía apartar la mirada.
Era—
Era demasiado.
Demasiado guapo.
Demasiado… todo.
Y lo peor—
era la forma en la que la miraba.
No como alguien que ve a una desconocida.
Sino como alguien que…
la estaba reconociendo.
Y por un instante…
Hikari sintió que si apartaba la mirada… lo perdería.
Kuro no se movió.
Pero sus ojos no se apartaron de ella ni un segundo.
La observaba.
Intenso.
Directo.
Sin suavizar nada.
Y eso… hizo que el pecho de Hikari se apretara aún más.
—…
El silencio entre ellos se volvió denso.
Cargado.
Como si algo invisible se hubiera tensado en el aire.
Tomoe, a un lado, sonrió apenas.
Como si ya supiera lo que estaba pasando.
Como si estuviera esperando ese momento.
Y entonces—
Kuro habló.
—…Hikari.
Su voz fue baja.
Grave.
Ese tono…
como si ya hubiera dicho su nombre antes.
Muchas veces.
Pero esta vez… no fue fría.
Fue más peligrosa.
Porque en la forma en que dijo su nombre…
había algo más.
Algo que no debería estar ahí.
Algo que hizo que el corazón de Hikari…
latiera aún más fuerte.
Como si, sin entenderlo…
ya hubiera dado un paso del que no podía volver.
Kuro no apartó la mirada de ella.
Ni un segundo.
Y entonces… se movió.
Un paso.
Lento.
Silencioso.
Pero suficiente para que Hikari sintiera cómo todo su cuerpo reaccionaba.
Se acercaba.
Con esa presencia pesada, dominante… como un depredador que ya había decidido que no necesitaba correr.
Hikari no retrocedió.
Pero su respiración se volvió más superficial.
Más consciente.
Cada paso de él se sentía demasiado cerca.
Demasiado.
Hasta que se detuvo frente a ella.
Lo suficientemente cerca como para que su presencia la envolviera por completo.
Sus ojos violetas recorrieron su rostro con calma.
Detalladamente.
Como si estuviera confirmando algo.
Como si… ya la conociera.
—Así que por fin apareces… —dijo.
Su voz era baja.
Grave.
Y había algo en ella… que no era bienvenida.
Pero tampoco rechazo.
Era algo más complicado.
Más oscuro.
Hikari tragó saliva sin darse cuenta.
—¿Aparezco…?
No entendía.
Pero no podía dejar de mirarlo.
Kuro ladeó apenas la cabeza.
Su mirada bajó un segundo… hacia la carta que ella aún sostenía.
Y luego volvió a sus ojos.
—Pero toma asiento —añadió, apartándose apenas—.
El cambio fue mínimo.
Pero suficiente para que el aire volviera a circular.
—Tomoe.
No necesitó alzar la voz.
—Trae algo de beber.
—Como usted pida —respondió Tomoe de inmediato.
Se inclinó ligeramente, con esa elegancia natural que tenía, y salió de la habitación deslizando la puerta con suavidad.
El sonido fue casi inexistente.
Y entonces…
quedaron solos.
El silencio se instaló de inmediato.
Diferente al de antes.
Más pesado.
Más… íntimo.
Hikari sintió cómo su corazón seguía latiendo demasiado rápido.
Se obligó a moverse.
A caminar.
A sentarse.
Porque si no lo hacía…
iba a quedarse ahí, paralizada frente a él.
Se sentó con cuidado sobre el tatami.
Las manos sobre sus piernas.
Intentando mantener la compostura.
Aunque por dentro…
todo seguía completamente desordenado.
Kuro no se sentó de inmediato.
La observó unos segundos más.
En silencio.
Analizando.
Como si cada pequeño gesto de ella le dijera algo importante.
Luego, finalmente, se acomodó frente a ella.
Su postura era relajada.
Pero su presencia… no.
—Dime… —dijo, apoyando ligeramente un brazo—.
Sus ojos no se apartaron de los de ella.
—¿Qué es lo que recuerdas?
La pregunta la tomó desprevenida.
Hikari parpadeó.
—¿Recordar… qué?
Kuro no respondió de inmediato.
Pero su mirada… se afiló apenas.
Como si esa respuesta confirmara algo que no le gustaba.
El aire volvió a tensarse.
Y por primera vez…
Hikari sintió algo más además de atracción.
Incertidumbre.
Porque la forma en la que él la miraba…
no era normal.
Era como si estuviera buscando algo en ella.
Algo que… ya debería estar ahí.
Pero no estaba.
Y por alguna razón…
eso la asustó más de lo que debería.