Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.
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Capítulo 5: La verdad que nadie debía descubrir
El silencio que quedó en el salón era tan pesado que Camila sentía que apenas podía respirar.
Las últimas palabras de Adrián seguían resonando en su cabeza.
“Vendrá por ti.”
Camila tragó saliva.
—¿Qué significa eso exactamente?
Adrián no respondió de inmediato.
Sus ojos seguían fijos en la pantalla del teléfono.
Sebastián fue quien rompió el silencio.
—Significa que esto acaba de ponerse mucho más peligroso de lo que pensábamos.
Camila sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Necesito que alguien me explique qué está pasando.
Adrián levantó la mirada lentamente.
Su expresión era mucho más seria que antes.
—Hay alguien que ha estado esperando el momento perfecto para atacar a mi familia.
Camila frunció el ceño.
—¿Y ahora ese momento llegó?
Sebastián dejó escapar una pequeña risa amarga.
—Oh, definitivamente.
Camila miró el teléfono que Adrián tenía en la mano.
—¿Qué dice exactamente ese artículo?
Adrián dudó unos segundos.
—No creo que quieras leerlo.
—Quiero saberlo.
Sebastián tomó el teléfono y se lo mostró.
Camila bajó la mirada hacia la pantalla.
El artículo estaba lleno de especulaciones.
Fotos de la mansión.
Fotos de Adrián entrando con ella la noche anterior.
Y luego… una fotografía suya.
Camila sintió que el corazón le dio un vuelco.
Era una foto antigua.
De hacía varios años.
Ella estaba saliendo de un pequeño supermercado donde trabajaba.
Debajo de la imagen había un texto.
“Fuentes cercanas aseguran que la nueva esposa de Adrián Vega proviene de una familia humilde. Sin empleo estable y con antecedentes desconocidos, la identidad de Camila Torres sigue siendo un misterio.”
Camila sintió que las manos le temblaban.
—Están investigando toda mi vida…
Sebastián apoyó una mano en la mesa.
—Y apenas comenzaron.
Camila levantó la mirada hacia Adrián.
—¿Esto es lo que querías evitar?
Adrián respondió con calma.
—Sí.
Camila respiró profundo.
—Entonces supongo que ya es demasiado tarde.
Adrián guardó el teléfono en el bolsillo.
—Tal vez.
Camila caminó unos pasos por la habitación intentando ordenar sus pensamientos.
—Ese hombre que mencionaste…
Adrián la observó.
—¿Sí?
—El que destruyó a tu familia.
El silencio volvió a llenar el lugar.
Sebastián miró a su hermano.
—Tal vez deberías decirle la verdad.
Adrián frunció el ceño.
—No es necesario.
—Creo que sí lo es.
Camila cruzó los brazos.
—Estoy aquí, ¿recuerdan?
Adrián la miró fijamente.
—Esto no es algo simple.
—Mi vida ya está en internet —respondió Camila—. Creo que merezco saber por qué.
Sebastián suspiró.
—El nombre de ese hombre es Ricardo Salazar.
Camila intentó recordar si alguna vez había escuchado ese nombre.
Pero no.
—¿Quién es?
Adrián respondió con voz fría.
—Un empresario.
Sebastián añadió:
—Un empresario que hace años intentó destruir todo lo que nuestra familia había construido.
Camila frunció el ceño.
—¿Intentó?
Adrián habló con calma.
—Lo logró.
El silencio cayó nuevamente.
—Hace ocho años —continuó Adrián—, Salazar manipuló varias empresas para arruinar a nuestro padre.
Camila miró al suelo.
—¿Y qué pasó?
Sebastián respondió.
—Nuestra familia perdió casi todo.
Camila levantó la mirada hacia Adrián.
—Pero ahora sigues siendo uno de los hombres más ricos del país.
Adrián habló con frialdad.
—Porque reconstruí todo desde cero.
Camila lo observó con atención.
Por primera vez desde que lo conocía, veía algo diferente en sus ojos.
Algo oscuro.
Algo lleno de recuerdos.
—Salazar pensó que había ganado —continuó Adrián—. Pero cuando mi empresa comenzó a crecer otra vez… entendió que no había terminado conmigo.
Camila sintió un pequeño nudo en el estómago.
—¿Y ahora qué quiere?
Sebastián respondió:
—Venganza.
El silencio volvió a llenar el salón.
Camila pensó en el artículo.
En las fotos.
En la forma en que estaban investigando su pasado.
—Entonces esa persona…
Adrián terminó la frase.
—Está intentando encontrarte.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Pero yo no tengo nada que ver con esa historia.
Adrián habló con calma.
—Ahora sí.
Camila se quedó en silencio.
De repente todo se sentía mucho más real.
Mucho más peligroso.
Sebastián tomó nuevamente su teléfono.
—Esto sigue empeorando.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué pasa ahora?
Sebastián giró la pantalla hacia ellos.
Había nuevos comentarios en la noticia.
Miles de personas opinando.
Especulando.
Pero uno de los comentarios tenía algo diferente.
Algo inquietante.
Era de una cuenta sin foto.
Sin nombre real.
Solo una frase.
“Así que esta es la mujer por la que Adrián Vega decidió casarse.”
Camila sintió un escalofrío.
—¿Eso qué significa?
Sebastián bajó la voz.
—Ese comentario acaba de aparecer hace unos segundos.
Adrián entrecerró los ojos.
—¿Y?
Sebastián habló con tono serio.
—La cuenta desde la que se publicó pertenece a una empresa vinculada con Salazar.
El corazón de Camila empezó a latir con fuerza.
—¿Estás diciendo que él ya sabe quién soy?
Adrián respondió con calma.
—Es posible.
Camila sintió que el miedo le recorría el cuerpo.
—Esto no puede estar pasando…
Adrián caminó lentamente hacia ella.
—Escúchame bien.
Camila levantó la mirada.
—¿Qué?
—A partir de ahora no puedes salir sola.
—¿Qué?
—No puedes hablar con periodistas.
—Adrián…
—Y no puedes confiar en nadie que no conozcas.
Camila frunció el ceño.
—Esto suena como una prisión.
Adrián respondió con frialdad.
—Suena como protección.
Sebastián dejó el teléfono sobre la mesa.
—Creo que también deberíamos reforzar la seguridad de la mansión.
Camila lo miró con sorpresa.
—¿Tan grave es?
Sebastián respondió con una expresión seria.
—Si Salazar cree que puede usarla para atacar a Adrián…
Hizo una pausa.
—Entonces sí.
El silencio volvió a caer sobre la habitación.
Camila intentaba procesar todo.
Su vida había cambiado completamente en menos de 24 horas.
Primero el contrato.
Luego el matrimonio falso.
Ahora enemigos peligrosos.
—Necesito aire —murmuró.
Camila caminó hacia la puerta que daba al jardín.
El aire fresco la golpeó suavemente.
Pero su mente seguía llena de pensamientos.
Escuchó pasos detrás de ella.
Era Adrián.
—No debí haberte metido en esto.
Camila lo miró.
—Pero lo hiciste.
Adrián guardó silencio.
—¿Te arrepientes?
Camila lo observó unos segundos.
—Todavía no lo sé.
Adrián suspiró.
—Si quieres irte…
Camila lo interrumpió.
—¿Y romper el contrato?
—Sí.
Camila bajó la mirada.
Pensó en su madre.
En el dinero.
En todo lo que estaba en juego.
—No puedo.
Adrián la observó.
—Entonces tendremos que enfrentar esto juntos.
Camila levantó la mirada.
—Supongo que sí.
En ese momento Sebastián salió al jardín.
Su expresión era aún más seria que antes.
—Tenemos un problema.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué pasa ahora?
Sebastián levantó el teléfono.
—Acaba de publicarse otra noticia.
Camila sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Qué dice?
Sebastián habló lentamente.
—Alguien publicó la dirección de esta mansión.
El silencio se volvió aterrador.
Camila sintió que un escalofrío recorría todo su cuerpo.
—¿Quién haría algo así?
Sebastián levantó la mirada.
—El mismo hombre que quiere destruir a nuestra familia.
Camila tragó saliva.
—Salazar…
Sebastián negó lentamente.
—No.
Camila lo miró confundida.
—¿Entonces quién?
Sebastián respondió con una voz baja.
—Alguien que está mucho más cerca de nosotros.
Camila sintió que el miedo se apoderaba de ella.
—¿Qué quieres decir?
Sebastián miró a Adrián.
—Significa que alguien dentro de esta casa…
Hizo una pausa.
—Está trabajando para nuestro enemigo.
El silencio fue absoluto.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
Porque si eso era verdad…
Entonces el peligro no estaba afuera.
Estaba dentro de la mansión.