Premisa: Él es un hombre de negocios muy exitoso pero solitario, que necesita una pareja para cumplir con las expectativas familiares y cerrar un trato importante. Le propone a ella, una chica creativa y libre, fingir que sean esposos por un año a cambio de resolverle todos sus problemas económicos.
El problema: Las reglas eran claras: "prohibido enamorarse". Pero cuanto más fingen, más real se siente.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10: La noche antes de conocer su mundo
Eran como las 10 de la noche y yo seguía despierta. Ya me había cambiado, llevaba una bata fina, suave, de esas que uno nunca ha tenido pero que se sienten como de película. Me miré un momento en el espejo… y suspiré.
—No parezco yo… —murmuré.
Me acosté, cerré los ojos… pero nada. La cabeza no me dejaba dormir. Todo lo que había pasado en un solo día era demasiado: el matrimonio, la casa, la nueva vida… y él.
Abrí los ojos otra vez.
—No, imposible dormir así —dije.
Me senté en la cama, acomodándome la bata. Decidí quedarme despierta. Algo dentro de mí quería esperar a que él llegara.
Pasaron los minutos… la casa estaba completamente en silencio. Solo se escuchaba el leve sonido del reloj y mi propia respiración.
Hasta que…
La puerta principal se abrió.
Mi corazón se aceleró.
Escuché pasos firmes, seguros, subiendo las escaleras.
Y luego… la puerta de la habitación se abrió.
Era él.
Entró, tranquilo como siempre, pero al verme despierta se detuvo un segundo.
—¿Y usted qué hace despierta a esta hora? —me dijo.
Lo miré, un poco nerviosa pero firme.
—No podía dormir… así que lo esperé.
Él levantó una ceja.
—¿Me estaba esperando?
—Sí… —respondí—. quería saber cómo le fue.
Entró completamente, cerró la puerta y dejó sus cosas en una mesa.
—Bien… gracias por preguntar —dijo mientras se quitaba el reloj—. Fue un día largo.
Asentí.
—¿Qué hizo?
—Reuniones, negociaciones… temas con inversionistas —respondió—. nada fuera de lo normal.
—Eso suena complicado…
—Lo es —dijo—. pero es parte del trabajo.
Se hizo un pequeño silencio.
—¿Y siempre es así? —pregunté.
—Casi siempre —respondió—. cuando no estoy en la empresa, estoy viajando o en reuniones.
Bajé la mirada un momento.
—Es una vida muy movida…
—Sí.
Respiré profundo.
—Oiga… —le dije—. ¿y mañana qué?
Él me miró directo.
—Mañana tiene que acompañarme a la empresa.
Sentí un pequeño nervio.
—¿Yo?
—Sí —respondió—. van a llegar unos socios extranjeros.
Abrí los ojos.
—¿Extranjeros? ¿De otros países?
—Sí —dijo—. vienen a cerrar unos acuerdos importantes.
Tragué saliva.
—Uy, no… yo ahí qué voy a hacer… yo no sé ni cómo hablarles.
Él se acercó un poco.
—No se preocupe —respondió—. no tiene que hablar mucho.
—Menos mal… —murmuré.
—Pero sí tiene que estar —añadió—. presente, atenta… como mi esposa.
Eso me puso más nerviosa.
—¿Y si digo algo mal?
—No lo va a decir —respondió seguro—. solo observe.
Asentí.
—Bueno… voy a hacer lo posible.
—No —dijo—. hágalo bien.
Me quedé callada.
—Sí… está bien.
Se hizo un silencio.
—¿Y cómo me tengo que vestir? —pregunté.
—Elegante —respondió—. como hoy… o mejor.
Solté una risa nerviosa.
—Uy… entonces sí estoy grave.
Él sonrió leve.
—Martina la ayuda.
—Menos mal… porque yo sola no puedo.
Se apoyó en una mesa.
—Van a hablar de inversiones grandes, contratos internacionales… necesito que entienda cómo se mueve todo.
—Eso suena importante…
—Lo es —dijo—. y usted ahora hace parte de esto.
Sentí el peso de sus palabras.
—Todavía me cuesta creerlo…
—Con el tiempo se acostumbra.
Lo miré un momento.
—Oiga… —dije—. ¿usted nunca se cansa?
Él soltó una pequeña risa.
—Sí… pero no hay opción.
—En mi casa es diferente… —le dije—. uno se cansa, pero de otra forma.
—Lo sé.
Se hizo otro silencio.
—Pero voy a intentar adaptarme —añadí.
Él asintió.
—Eso espero.
Se levantó.
—Descanse —dijo—. mañana necesita estar concentrada.
—Sí…
Caminó hacia la puerta, pero antes de salir se detuvo.
—Y no tiene que esperarme despierta siempre.
Lo miré.
—Hoy quería hacerlo.
Él no dijo nada por un segundo.
—Buenas noches, Katherine.
—Buenas noches…
Salió.
La puerta se cerró.
Me quedé sola en la habitación.
Miré alrededor… todo tan elegante, tan diferente.
—Socios extranjeros… —murmuré.
Respiré profundo.
Porque sabía que al día siguiente…
No solo iba a acompañarlo.
Iba a dar el primer paso real dentro de su mundo.