Dicen que la sangre de un vampiro es fría, pero la suya ardía con una maldición. La mía, tan dulce y prohibida, era su único dulce veneno... o su salvación eterna.
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Capítulo 04
La tarde caía sobre la mansión, aunque el cambio de luz era casi imperceptible tras los gruesos muros de piedra. XiaoXuan se encontraba en la vasta biblioteca de la familia Liu, un lugar que parecía sacado de una historia de terror gótica. Miles de volúmenes forrados en cuero humano y pergaminos amarillentos se apilaban hasta el techo.
Buscaba respuestas. No podía simplemente ser una donante pasiva; necesitaba entender contra qué estaba luchando Chen Yi. El doctor Han la encontró allí, encaramada en una escalera de madera, ojeando un tomo sobre genealogía sobrenatural.
—Buscando en el pasado para entender el presente, ¿eh? —dijo el doctor con una sonrisa triste—. Es una cualidad rara en los humanos modernos. La mayoría prefiere ignorar la oscuridad hasta que esta los devora.
—Necesito saber qué es esa maldición —dijo XiaoXuan bajando de la escalera—. Lady Liu mencionó un "pecado cometido hace siglos". ¿De qué están pagando el precio?
El doctor Han suspiró y le hizo una señal para que se sentara en una de las mesas de lectura. El hombre parecía aliviado de tener a alguien con quien hablar que no fuera un vampiro melancólico o una matriarca obsesionada con el poder.
—El linaje de los Liu no siempre fue así —comenzó Han—. Hace quinientos años, eran los protectores de esta región. Eran guerreros, seres de una nobleza que hoy se ha perdido. Pero el tatarabuelo de Chen Yi, en un arranque de ambición y desesperación durante una guerra que amenazaba con exterminarlos, buscó un poder prohibido.
—¿Un pacto? —aventuró XiaoXuan.
—Algo peor. Trató de absorber la esencia de una Deidad de la Sombra que habitaba en las cuevas del norte. Quería que su estirpe fuera invencible, que nunca más tuvieran que temer al sol o a la muerte. Pero la sombra no se deja domesticar. Se integró en su ADN, en su misma alma. Se volvieron más fuertes, sí, pero a un precio terrible: la Sombra Podrida.
El doctor abrió un libro y señaló una ilustración que mostraba a un hombre convirtiéndose en una estatua de ceniza mientras gritaba.
—Cada tres generaciones, el primogénito nace con una carga excesiva de esa esencia. La sombra empieza a consumir la sangre pura de vampiro desde dentro. Es como un cáncer místico. Chen Yi nació con la marca más fuerte que hemos visto. Desde pequeño, ha sentido cómo su interior se convierte en polvo.
—Por eso es tan... amargado —murmuró XiaoXuan, sintiendo una punzada de compasión que no quería admitir—. Ha pasado toda su vida esperando convertirse en ceniza.
—Exactamente. Imagina vivir sabiendo que eres una bomba de tiempo. Chen Yi ha rechazado a todos. Ha vivido en aislamiento, odiando su naturaleza, odiando a su familia por haberle dado este "regalo". Y entonces, apareces tú.
—La "sangre dulce" —dijo ella, mirando sus propias manos.
—No es solo sangre, XiaoXuan. El "Corazón de Azúcar" es un linaje humano que se creía extinguido. Tu familia, la biológica, debe haber tenido raíces muy antiguas que se mantuvieron latentes. Tu sangre contiene una energía vital que es el polo opuesto de la sombra. Es como si fueras una batería de sol puro.
—Pero él dijo que le dolía. Al beberla hoy, parecía estar sufriendo.
—Porque la luz y la sombra no se mezclan pacíficamente. Están peleando dentro de él ahora mismo. Tu sangre está quemando la corrupción, pero la corrupción se defiende. Por eso el intercambio debe ser constante y personal. Necesitamos que tu energía pase directamente de tu corazón al suyo a través del flujo sanguíneo.
De repente, la puerta de la biblioteca se abrió con violencia. Chen Yi entró, caminando con una determinación renovada, aunque todavía estaba un poco pálido. Llevaba una camisa blanca de seda, abierta en el cuello, y por primera vez, XiaoXuan notó un tatuaje extraño que recorría su clavícula: una serie de runas negras que parecían moverse levemente bajo su piel.
—Doctor Han, retírese —ordenó Chen Yi. Su voz ya no era tan débil, pero mantenía ese tono autoritario—. Quiero hablar con mi... "salvadora" a solas.
El doctor asintió rápidamente, dándole a XiaoXuan una mirada de ánimo antes de desaparecer por el pasillo.
XiaoXuan se puso de pie, sintiendo cómo el espacio en la inmensa biblioteca se reducía con la presencia de él. Chen Yi caminó hacia ella, deteniéndose a solo unos centímetros. Podía olerlo: era un aroma a bosque después de la lluvia y a algo antiguo, como el tiempo mismo.
—He recibido noticias del hospital —dijo él. Su voz era baja, íntima—. Tu hermano, XiaoHui, ha sido ingresado en el quirófano hace una hora. El mejor equipo quirúrgico del país está con él.
XiaoXuan sintió que se le escapaba un suspiro de alivio. Sus ojos se humedecieron involuntariamente.
—Gracias... —susurró—. De verdad, gracias.
Chen Yi la observó en silencio durante un largo momento. Extendió una mano, como si fuera a tocarle una lágrima, pero se detuvo a medio camino y cerró el puño.
—No me des las gracias, humana. He comprado tu libertad. He comprado tu sangre. Es una transacción comercial, nada más.
—¿Por qué se esfuerza tanto en parecer un monstruo sin corazón? —preguntó ella, limpiándose los ojos con el dorso de la mano—. He visto cómo sufría hace un momento. He visto la ceniza en sus manos. Sé que debajo de toda esa arrogancia hay alguien que solo quiere dejar de sentir dolor.
Chen Yi soltó una carcajada amarga y se apoyó contra una de las estanterías, rodeándola con sus brazos sin llegar a tocarla, atrapándola contra la madera y los libros.
—¿Crees que puedes leer el alma de un vampiro de trescientos años solo porque has visto un poco de mi agonía? —Se inclinó hacia ella, sus ojos grises buscando los de ella con una intensidad feroz—. No busques humanidad donde no la hay, XiaoXuan. Soy un depredador por naturaleza y un cadáver por destino. Lo único que me mantiene unido es el deseo de no darle a mi madre el gusto de verme fracasar.
—No le creo —insistió ella, aunque su corazón latía tan fuerte que temía que él pudiera oírlo—. Si fuera tan despiadado como dice, me habría drenado en el momento en que entré en su habitación. Pero no lo hizo. Se resistió. Prefirió sufrir el dolor de la maldición antes que rebajarse a usarme. Eso no es ser un monstruo, eso es tener integridad.
Chen Yi guardó silencio. Su mirada bajó hacia los labios de XiaoXuan y luego hacia el pulso que latía frenéticamente en su cuello. La cercanía era peligrosa. Ella podía sentir el frío que emanaba de él, y él podía sentir el calor radiante que ella desprendía. Para un ser hecho de sombras, ella era como una hoguera en medio de una noche ártica: atrayente, pero capaz de destruirlo si se acercaba demasiado.
—Mañana —dijo él, su voz apenas un susurro—, cuando mis colmillos rompan tu piel, recordarás estas palabras y te darás cuenta de lo equivocada que estás. No habrá integridad entonces. Solo habrá hambre. Una sed que no he sentido en siglos.
—Entonces tenga cuidado, Joven Maestro —respondió ella, recuperando su valentía—. Porque si mi sangre es tan "dulce" como dicen, puede que termine volviéndose adicto a la misma humanidad que tanto desprecia.
Él se tensó. Por un segundo, XiaoXuan pensó que él la besaría o que la atacaría allí mismo. La tensión era casi insoportable, una cuerda vibrando a punto de romperse. Pero entonces, Chen Yi se alejó bruscamente, dándole la espalda.
—Vuelve a tu habitación —dijo fríamente—. Mañana por la noche es el eclipse parcial. La maldición será más fuerte que nunca. Si no logramos la primera transferencia directa, no habrá una mañana para ninguno de los dos.
XiaoXuan caminó hacia la salida, pero se detuvo en la puerta y miró hacia atrás. Chen Yi estaba allí, solo entre miles de libros antiguos, una figura solitaria y trágica envuelta en la penumbra.
—Chen Yi —lo llamó ella por su nombre, sin títulos. Él no se giró, pero ella supo que la escuchaba—. Mi hermano está vivo gracias a usted. Por eso, mañana, no seré una víctima. Seré su aliada. Recuérdelo cuando el hambre intente nublar quién es usted realmente.
Ella salió de la biblioteca, dejando al vampiro en el silencio de sus sombras. Chen Yi miró sus manos; la ceniza parecía haber dejado de caer, pero su corazón muerto latió una sola vez, un eco sordo y doloroso que no había sentido en siglos. El aroma de XiaoXuan seguía impregnado en la habitación, una promesa de sol que empezaba a derretir el hielo de su condena eterna.
"Aliada...", pensó él, cerrando los ojos. "Qué palabra tan peligrosa para alguien que está a punto de probar el cielo antes de caer definitivamente al infierno".