Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.
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Capítulo 5: El Sabio y la Sangre
La enfermera no perdió tiempo.
Después de observar nuevamente a Asahi y sentir aquella temperatura anormal, decidió llevar a ambos hermanos a la parte más antigua de la academia.
Una torre lateral, cubierta de enredaderas, donde casi ningún estudiante entraba.
—¿A dónde vamos? —preguntó Himari en voz baja.
—Con alguien que sabe más que yo —respondió la enfermera.
Subieron una escalera en espiral que crujía con cada paso. En la cima, una puerta de madera tallada con símbolos antiguos los esperaba.
La enfermera tocó.
—Adelante —respondió una voz grave y tranquila.
Dentro, el aire olía a pergamino y polvo antiguo. Estanterías repletas de libros cubrían las paredes hasta el techo. En el centro, un hombre mayor, de barba blanca y ojos vivos, leía con unas gafas apoyadas en la punta de la nariz.
El viejo levantó la mirada y sonrió.
—Qué lindo es ver a los jóvenes así —dijo con calidez—. ¿Así que son hermanos? Me alegro. Pocas cosas en este mundo son más valiosas que eso.
Himari inclinó ligeramente la cabeza.
Asahi se mantuvo firme.
—Dígame, enfermera, ¿qué sucede? —preguntó el sabio cerrando el libro con suavidad.
La enfermera explicó con precisión:
—El chico tuvo una pelea defendiendo a su hermana. Según ella, por un instante sus ojos se tornaron rojos. Cuando lo examiné… su temperatura era anormalmente alta. No detecto magia elemental activa, pero su energía estaba alterada.
El viejo mago entrecerró los ojos con interés.
—¿Rojos, dices?
Miró a Asahi.
Lo observó en silencio durante varios segundos.
Luego se levantó lentamente y caminó hacia una estantería.
Sus dedos recorrieron los lomos de varios libros hasta que extrajo uno antiguo, de cubierta oscura.
—Te recuerdo, muchacho —dijo mientras soplaba el polvo del libro—. Viniste hace años para la evaluación inicial. No detectaron magia en ti.
Asahi asintió.
—Correcto.
El viejo sonrió levemente.
—Pero la magia no siempre se deja detectar.
Abrió el libro.
Las páginas estaban llenas de símbolos y anotaciones antiguas.
—Existe magia que no es común. No responde a los métodos tradicionales. Está la magia espiritual… la magia divina… la magia oscura…
Pasó varias páginas más.
—Y la magia de control de sangre.
Himari se tensó ligeramente.
—¿Magia de sangre? —repitió.
El sabio asintió.
—Es una de las más raras. No se manifiesta como un elemento externo. Nace del propio cuerpo. Del flujo interno.
Miró directamente a Asahi.
—Puede endurecer el cuerpo más allá de los límites humanos. Puede crear armas a partir de la propia sangre. Puede amplificar la fuerza física de manera anormal.
Asahi sintió un leve pulso en el pecho.
El viejo continuó:
—Es poderosa. Muy poderosa.
La enfermera guardó silencio.
—Pero también es peligrosa —añadió el sabio con tono más serio—. No tanto como la magia oscura, que corrompe la mente… pero sí exige un precio físico. Fiebre. Dolor. Cambios en la apariencia.
Himari miró a su hermano.
—¿Cambios…?
El sabio asintió.
—En registros antiguos se menciona que algunos usuarios presentaban alteraciones temporales en ojos y cabello cuando la activaban sin control.
El silencio se volvió denso.
Asahi bajó la mirada.
Cabello.
Ojos.
Fiebre.
Todo encajaba demasiado bien.
—Pero… —dijo finalmente— yo nunca intenté usar magia.
El sabio cerró el libro.
—No siempre se intenta. A veces despierta bajo emociones intensas. Ira. Protección. Instinto.
Himari apretó los dedos.
—¿Entonces mi hermano es…?
—No lo sabemos aún —respondió el mago con calma—. Pero si es magia de sangre, debe aprender a controlarla antes de que lo controle a él.
Asahi levantó la vista.
No había miedo en sus ojos.
Había determinación.
—¿Y si no quiero usarla?
El viejo lo observó con profundidad.
—La pregunta no es si quieres usarla, muchacho.
Hizo una pausa.
—La pregunta es si podrás evitar que despierte cuando más la necesites.
Un silencio pesado llenó la habitación.
El Acto 1 no había terminado.
Pero algo ya había sido nombrado.
Y cuando algo recibe un nombre…
Empieza a existir de verdad.
Capítulo 5 – Parte 2
La Advertencia Bajo el Sol
Cuando los hermanos salieron de la vieja biblioteca de la torre, el aire de afuera se sintió distinto.
Más ligero.
Pero también más frío.
El sol del mediodía caía sobre los patios de la academia, iluminando los jardines, las fuentes y los pasillos de piedra blanca. Todo seguía igual para el resto del mundo.
Pero no para Asahi.
No después de escuchar aquellas palabras.
Magia de sangre.
El nombre seguía repitiéndose en su cabeza como un eco molesto.
Himari caminaba a su lado, en silencio, observándolo de reojo.
—¿Estás bien? —preguntó al final.
Asahi soltó una pequeña exhalación.
—No lo sé.
Ella bajó la mirada.
—Yo tampoco.
Caminaron unos pasos más.
Y entonces lo vieron.
Sato.
De pie al final del corredor exterior, apoyado contra una columna de piedra, como si los hubiera estado esperando.
Su uniforme estaba impecable, pero su expresión no.
Había algo oscuro en su mirada.
No era solo orgullo herido.
Era rencor.
—Qué escena tan conmovedora —dijo con una sonrisa torcida—. Los hermanitos caminando juntos otra vez.
Himari se tensó apenas.
Asahi lo notó.
Y eso bastó.
Se detuvo frente a él.
Sin rodeos.
Sin máscara.
Sin sonrisa.
—Te advierto, Sato.
El aire pareció quedarse quieto.
Sato levantó una ceja.
Asahi dio un paso más cerca, lo suficiente para que su sombra cayera sobre él.
—Tocas a mi hermana otra vez… y considérate muerto.
Silencio.
La amenaza no sonó exagerada.
No sonó vacía.
Sonó real.
Sato entrecerró los ojos.
Luego soltó una pequeña risa.
—¿Muerto? —repitió con desprecio—. Qué dramático.
Pero Asahi no retrocedió.
No estaba jugando.
—No vuelvas a acercarte a ella con esa actitud. No vuelvas a levantar magia contra ella. No vuelvas a pensar que puedes tratarla como si fuera algo tuyo.
Sato lo observó con una expresión más dura ahora.
—¿Y quién va a detenerme? ¿Tú?
Asahi lo miró directamente a los ojos.
—Sí.
Esa única palabra fue suficiente para borrar la sonrisa de Sato.
Por un instante, el heredero arrogante vio algo en Asahi que no había notado antes.
No era solo fuerza física.
No era solo determinación.
Había algo más profundo.
Algo contenido.
Algo que, si salía, no se detendría fácilmente.
Himari tragó saliva.
Incluso ella podía sentirlo.
Sato intentó mantener la postura altiva.
—No me das miedo.
Asahi respondió sin cambiar de expresión.
—No necesito darte miedo.
Hizo una pausa.
—Solo necesito que entiendas que hablo en serio.
El corredor quedó en silencio.
Algunos estudiantes que pasaban por ahí bajaron la voz al notar la tensión.
Sato finalmente desvió la mirada por un segundo.
Y eso fue suficiente.
Había perdido.
No en una pelea.
Sino en presencia.
En control.
En orgullo.
—Esto no termina aquí —murmuró con frialdad.
Asahi no respondió.
Solo se quedó mirándolo hasta que Sato se dio la vuelta y se alejó.
Cuando desapareció por el pasillo, Himari soltó el aire que había estado reteniendo.
—No tenías que decir eso…
Asahi la miró.
—Sí tenía.
—Solo vas a empeorarlo.
Asahi desvió la vista hacia el cielo.
—Entonces que empeore conmigo, no contigo.
Himari lo observó en silencio.
A veces odiaba que él siempre quisiera cargar con todo.
Pero también…
Era exactamente eso lo que la hacía sentirse segura a su lado.
Asahi comenzó a caminar otra vez.
—Vamos a casa.
Himari lo siguió.
Sin saber que aquella advertencia no solo había marcado a Sato…
También había dejado una huella en el propio corazón de Asahi.
Porque una vez que alguien pronuncia una amenaza de verdad…
Hay una parte de sí mismo que ya está lista para cumplirla.