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El Dulce Aroma Del Peligro

El Dulce Aroma Del Peligro

Status: Terminada
Genre:Romance / Omegaverse / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞El Alfa se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Cass. El olor a roble y romero se volvió tan fuerte que Cass sintió un mareo súbito. El Alfa inhaló profundamente, llenando sus pulmones con el aroma a miel y café del Omega. Una atracción peligrosa, pero predestinado.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Mañana volveré

La luz de la tarde entraba con pereza por la ventana del pequeño apartamento que Cass compartía con Santi. El aire allí siempre tenía un olor familiar: una mezcla de los libros viejos de Santi y el persistente rastro de miel y café que emanaba de la piel de Cass. Para cualquier extraño, entrar en ese hogar era como recibir un abrazo cálido, pero para Cass, ese aroma era a veces una condena.

—Cassy, otra vez te olvidaste de ponerte el bloqueador en la nuca —dijo Santi desde el sofá, sin levantar la vista de sus apuntes—. Hueles a panadería recién abierta. Si sales así, los Alfas de la avenida te van a seguir como moscas.

Cass soltó un suspiro y se tocó el cuello. Era cierto. Su aroma natural de Omega era tan fuerte que a veces atravesaba incluso la ropa más gruesa.

—Estoy cansado de esconderme, Santi —respondió Cass mientras terminaba de abrocharse una camisa demasiado grande—. Además, solo voy a cubrir el turno de cierre. A esta hora la cafetería está vacía. Nadie se va a fijar en mí.

Santi finalmente levantó la vista y ajustó sus gafas. Miró a su mejor amigo con preocupación. Cass tenía ese brillo rebelde en los ojos, el tipo de brillo que suele preceder a los problemas.

—Sabes que este sector no es el más seguro para un Omega sin marca —advirtió el Beta—. Hay rumores de que gente nueva está bajando de las colinas. Alfas que no respetan las reglas, de esos que viven rápido y no dejan nada sano a su paso.

—Estaré bien. No soy un niño —sentenció Cass, dándole un apretón cariñoso en el hombro a su amigo antes de salir.

Cass caminó por las calles estrechas, evitando las zonas de luces intensas. Le gustaba la penumbra. Se sentía más seguro cuando las sombras lo envolvían. Al llegar a la cafetería, el olor a grano tostado lo recibió, mezclándose con su propia esencia. Era un aroma que lo calmaba, que lo hacía sentir que tenía el control.

Las primeras horas pasaron sin novedad. Cass limpió las mesas, acomodó las tazas y contó el inventario. El silencio era su mejor compañero, hasta que dieron las diez de la noche.

El timbre de la puerta sonó con un golpe seco. Cass no levantó la vista de inmediato; estaba concentrado en limpiar una mancha de café en el mostrador. Sin embargo, su cuerpo reaccionó antes que su mente. Un escalofrío le recorrió la columna y el vello de sus brazos se erizó.

El aire en el local cambió de golpe. Ya no olía a café dulce.

Un aroma pesado, profundo y abrumador inundó sus pulmones. Era romero fresco y madera de roble. Era el olor de un bosque antiguo después de una tormenta; algo salvaje, rudo y extremadamente masculino. Era el aroma de un Alfa que no pedía permiso para existir.

Cass sintió que sus piernas flaqueaban. El aroma de la miel en su propia piel pareció reaccionar, volviéndose más intenso, más desesperado por llamar la atención de aquel invasor.

—Estamos cerrando —dijo Cass con la voz más firme que pudo encontrar, aunque sus manos apretaban con fuerza el trapo de limpieza.

—No vengo por un café —respondió una voz.

Era una voz grave, con una vibración que Cass sintió directamente en el pecho. Lentamente, levantó la mirada.

Frente a él, apoyado en el mostrador con una elegancia peligrosa, estaba un hombre que parecía sacado de una pesadilla hermosa. Sus ojos eran oscuros y brillantes, observando a Cass con una curiosidad que rozaba la depredación. No necesitaba ropa lujosa para demostrar quién era; su sola presencia gritaba autoridad.

—Entonces, ¿a qué vienes? —preguntó Cass, obligándose a sostenerle la mirada.

El Alfa se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Cass. El olor a roble y romero se volvió tan fuerte que Cass sintió un mareo súbito. El Alfa inhaló profundamente, llenando sus pulmones con el aroma a miel y café del Omega.

—Me llamo Kenny —dijo el Alfa, con una sonrisa lenta que mostraba un toque de malicia—. Y venía pasando por aquí cuando sentí algo que me detuvo en seco. Un aroma que no debería estar en un lugar tan común como este.

Cass retrocedió un paso, pero el mostrador a sus espaldas lo atrapó. Se sentía acorralado, pero extrañamente, no sentía ganas de huir. Había algo en la mirada de Kenny que lo hacía sentir vivo, como si una descarga eléctrica hubiera atravesado su rutina aburrida.

—Vete, Kenny. No quiero problemas —susurró Cass.

Kenny soltó una pequeña risa, un sonido ronco que hizo que el corazón de Cass diera un vuelco.

—Eso es lo malo, pequeño Omega. Yo soy el problema —Kenny extendió una mano y, con un movimiento rápido, atrapó un mechón del cabello platino de Cass entre sus dedos—. Pero por la forma en que tus pupilas se dilatan al olerme... diría que te encanta el peligro tanto como a mí.

Cass quería protestar, quería decir que Santi lo esperaba en casa y que él era un Omega independiente que no necesitaba a un Alfa en su vida. Pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Estaba asustado, sí, pero también estaba fascinado. Era esa sensación diabólica de la que hablaban las canciones: saber que algo te va a destruir y, aun así, querer probarlo.

Kenny soltó el mechón de cabello y dio un paso atrás, rompiendo la tensión física pero dejando su aroma impregnado en cada rincón del local.

—Mañana volveré a la misma hora —dijo Kenny mientras caminaba hacia la puerta sin mirar atrás—. Ten mi café listo. Y no te pongas el bloqueador... me gusta saber exactamente dónde encontrarte.

La puerta se cerró y el silencio regresó, pero Cass ya no era el mismo. Se quedó allí parado, con el corazón martilleando contra sus costillas y el aroma a roble aún flotando en el aire. Sabía que debía contarle a Santi, sabía que debía pedir ayuda.

Sin embargo, mientras cerraba la puerta con llave, Cass se dio cuenta de que estaba sonriendo. Era una locura, era un error supersónico, pero por primera vez en años, se sentía despierto.

⚠️💡¡Holis Chikis! Esta historia corta promete mucho amor. Aunque, me tiente en volverla sombría, no lo haré...🫣 Sólo si alguien me lo pide. 😈

Trataremos de actualizarla las veces que podamos. Ya saben que el día solo tiene 24 hs y no nos alcanza. ¡Besos, mis amores! No olviden calificar y dejarnos un pulgar arriba.💡⚠️

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Erika Peña
muy buena me gustó la trama
corta pero muuuuyyyy sustanciosa como dice el dicho
Skay P.: ¡Gracias, cielito!😘👆
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Pues si las cosas salen mal que sea responsable y no se queje
Maru19 Sevilla: Muchas gracias, ya la estoy disfrutando 🥰🥰🥰🥰
total 2 replies
Maru19 Sevilla
Promete ser muy interesante 👏👏👏
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