Nicolas Peltz, es un detective, que se convierte en el protector de Eva II, una creación genética, del científico Elias Vance, quien la creo con el fin de que sea un banco donante de órganos viviente para su hija biológica que sufre una enfermedad degenerativa. La existencia de Eva II sale a la luz después de que el laboratorio del doctor Vance, se incendiará. El detective Peltz se convertirá en el protector y defensor de Eva II, luchará para que la vean como humana y a la vez ella se convierte en una ayuda invisible para el detective para que no pierda la custodia de su hija de cinco años Clara. ¿Pelts conseguirá que se reconozca a Eva II como humana? ¿Eva II podrá vivir lo que es tener una familia? ¿Qué pasara cuando la verdadera Eva resurja? ¿La reconocerá como su gemela o la repudiará como fenómeno?
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Capitulo 5 - Un angel silencioso
#NICOLAS
El caso Vance, con sus ramificaciones éticas y legales, era una pesadilla. Días sin dormir se apilaban sobre noches de café frío y discusiones acaloradas con fiscales y abogados.
Por mi parte había pasado por muchos casos horribles, pero este, el de Eva, me agotaba hasta la médula de una forma distinta. La constante lucha por su humanidad, la presión de proteger su vulnerabilidad de un mundo que solo veía en ella un experimento o un recurso.
Después de tres meses, el cansancio me superó.
Me encontre en el bar de siempre, bebiendo sin freno, cada trago un intento fallido de apagar el ruido en mi cabeza.
Olvide, por completo, que en mi apartamento, me esperaba Eva.
Llege a casa en las primeras horas de la madrugada, arrastrando los pies y sintiendo que el mundo giraba a mi alrededor. La puerta se cerró con un golpe sordo detrás de mi, y el tenue resplandor de una luz de la cocina me sorprendió. El apartamento no estaba a oscuras como de costumbre.
Eva estaba allí, sentada en la sala, envuelta en una de las viejas mantas de lana que yo usaba en el sofá. Sus ojos ámbar, serenos como un lago en calma, me observaron entrar, sin juicio, sin sorpresa. Ella no preguntó dónde había estado. No hubo reproches. Solo una observación silenciosa.
Estaba, entorpecido por el alcohol, me deje caer en el sofá. Un suspiro pesado escapó de mis labios. La cabeza me palpitaba, el estómago lo tenia revuelto.
Mi ritual era el mismo de siempre: sofá, intentar cerrar los ojos, despertar con una resaca infernal.
Pero esta vez, algo era diferente. Eva se levantó. Se movió con una quietud eficiente hacia la cocina y regresó con un cuenco humeante. El aroma de una sopa clara y reconfortante llegó a mi nariz.
-Toma.
Su voz era un susurro suave.
Estaba, demasiado aturdido para protestar, acepte el cuenco. La sopa estaba tibia, el sabor suave. Cada cucharada era un bálsamo para mi estómago y mi mente aturdida. Mientras comía, Eva señaló hacia el baño.
-Agua tibia.
De nuevo, la obediencia inconsciente.
Me dirigi al baño. La bañera estaba llena, el vapor danzaba suavemente en el aire. Me desnude y me sumergi en el agua caliente, el alivio instantáneo me llegó. Cuando sali, una toalla limpia y esponjosa me esperaba. Y sobre el lavabo, un conjunto de ropa limpia y planchada, con un suave olor a detergente floral que no recordaba tener. Me visti, todavía en una nebulosa, y volvi a caer en el sofá, cerrando los ojos.
El sol de la mañana se filtró por las persianas, despertandome. El dolor de cabeza era un eco lejano, el estómago calmado. Abri los ojos y tarde unos segundos en reaccionar. De golpe, me endereze.
El apartamento.
Estaba inmaculado. No solo "limpio", sino ordenado. Los papeles de la mesa de centro estaban apilados pulcramente. Las tazas de café desaparecidas. La alfombra, que solía estar cubierta de migas, impecable. La ropa sucia, ausente. Incluso la pequeña pila de libros en una esquina parecía haber sido reorganizada por tamaño y color.
Una sensación extraña de extrañeza y una punzada de vergüenza me recorrieron. Mire a Eva, que estaba sentada en la silla junto a la ventana, observando el tráfico de la calle con su habitual placidez. Como un angel silencioso.
Una afirmación se formo en mi mente.
"Eva tenía una inteligencia que superaba la comprensión humana, un IQ que podía procesar patrones y anticipar necesidades sin la necesidad de una palabra. Había aprendido mis costumbres, mi rutina, mi caos, y lo había ordenado"
Un golpe en la puerta interrumpió mis pensamientos.
Frunci el ceño.
Esa era la llamada de mi ex. Conocía la manera que tenia de llamar, con la palma abierta golpeando la puerta, por mas que el timbre este a su alcance.
Abri la puerta para encontrar a Laura, mi exmujer, de pie en el umbral, con una sonrisa forzada y un aire de triunfo apenas disimulado. A su lado, para sorpresa mia, estaba la trabajadora social, la misma que había mediado en el alta de Eva.
(Laura)
-Nicolás, cariño.
Laura dejó caer las palabras con un tono dulzón, estudiado.
-No quiero molestarte, pero la Señorita Henderson me ha acompañado para asegurarse de que todo está en orden. Ya sabes, con Clara… Y con tu… Nueva situación.
Laura había venido con la clara intención de difamarme, la conocia bastante, queria presentar a la trabajadora social mi apartamento caótico y a mi como a un padre irresponsable para obtener la custodia total de Clara y, por supuesto, una sustancial pensión extra.
Pero sus planes se desmoronaron tan pronto como sus ojos se posaron en el interior del apartamento.
El sol entraba por las ventanas impecables, iluminando un espacio sorprendentemente ordenado. El olor a sopa fresca se mezclaba con el de un suavizante de ropa. Y en el rincón donde Clara solía jugar, ahora había un pequeño espacio perfectamente delimitado con sus juguetes apilados en cestas, y una alfombra de actividades desplegada.
La trabajadora social miró alrededor, y luego a mi, quien, gracias a la silenciosa eficiencia de Eva, estaba impecablemente vestido y lucía mucho mejor de lo que me sentía.
-Vaya, Detective Peltz.
La Señorita Henderson sonrió, visiblemente impresionada.
-Parece que todo está… Muy bien.
Laura, con la boca ligeramente abierta, no podía creer lo que veía. Su plan, tan cuidadosamente orquestado, se había hecho añicos. Su mirada se deslizó hacia Eva, que se había levantado de la silla y ahora observaba la escena con la misma calma imperturbable. Los ojos de Laura se abrieron aún más al reconocer la belleza irreal de la joven, la famosa "Eva II" de los noticieros.
-¿Y ella…?
Laura apenas logró articular.
-Ella es Eva.
Dije, con una pizca de triunfo en mi voz.
-Mi protegida. Y, como ves, es una ayuda inestimable para mantener el orden.
La trabajadora social asintió, su evaluación claramente positiva. Laura, sin nada que argumentar y con sus acusaciones cayendo en saco roto, tuvo que retirarse, su sonrisa triunfal convertida en una mueca de incredulidad.
Cuando la puerta se cerró detrás de ellas, me gire hacia Eva.
Un torbellino de emociones me invadió: gratitud, asombro, una nueva capa de la necesidad de protegerla. Ella no había necesitado instrucciones. Había observado, aprendido, y actuado con una eficiencia que avergonzaba a cualquier ser humano.
-Gracias, Eva.
Dije, con la voz ronca.
Eva solo asintió, sus ojos fijos en mi, y por primera vez, senti que no era solo yo quien protegía a Eva, sino que, de alguna manera extraña e incomprensible, ella también me estaba protegiendo a mi de mi propio caos. Su inocencia no era debilidad, sino una fortaleza, una forma pura de ver y entender el mundo que me rodeaba, revelando una verdad que yo, con toda mi experiencia, a veces olvidaba.