Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.
Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.
En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.
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Capitolo 7
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El silencio en la sala no era casual.
Era tensión.
Era poder midiéndose sin necesidad de palabras.
Chiara lo observaba sin prisa, como si cada segundo le sirviera para desmontarlo pieza por pieza. Leonid Ivanov no había llegado con escolta visible, ni con hombres armados irrumpiendo en su territorio.
Había llegado solo.
Y eso… decía más que cualquier demostración de fuerza.
Confianza.
O locura.
Chiara entrecerró apenas los ojos.
—Valiente, pensé que vendría con todos sus hombres—murmuró, dejando el cigarro en el cenicero.
Leonid esbozó una leve sonrisa.
—Confió en las personas que quieren negociar conmigo
Sus miradas chocaron.
Durante un instante, el mundo exterior dejó de existir.
Chiara no podía negar lo evidente.
Era atractivo.
Peligrosamente atractivo.
Había algo en su forma de estar de pie, en su calma, en la manera en la que no parecía impresionado por nada… que lo volvía diferente a los demás hombres que había enfrentado.
Pero esa sensación no duró más de un segundo para ella, la saco de su memoria porque ya había cometido ese error dos veces con leonardo y con Markus
Dos nombres que no solo habían marcado su historia… sino que habían dejado cicatrices que no pensaba volver a abrir.
Chiara cruzó las piernas con elegancia, recuperando por completo su postura fría.
—Vienes sin seguridad y sin armas —dijo—O eres muy confiado… o muy estúpido.
Leonid caminó lentamente por la sala, observando cada detalle como si ya le perteneciera.
—Si trajera hombres, los tuyos estarían tensos… nerviosos… y propensos a cometer errores.
Se detuvo frente a una de las estatuas doradas.
—Prefiero las conversaciones directas sin malentendidos.
Chiara no respondió.
Pero lo entendió.
Era un mensaje.
No venía a jugar.
Volvió a mirarlo directamente
—Me imagino que sabes donde estas.
—En un territorio de alguien que no suele recibir visitas —respondió él—Menos en tiempos de guerra.
Eso llamó su atención.
—Entonces sabes más de lo que debería.
Leonid ladeó ligeramente la cabeza.
—Sé lo suficiente.
Se acercó unos pasos más, acortando la distancia.
—Alemania está ardiendo. Italia está respondiendo. Los Becker están moviendo recursos como si esto fuera el inicio de algo más grande…
Hizo una pausa.
—Y tú eres la cabeza de todo esto porque se de los acercamientos que tuvo con Markus becker quien ahora está casado con Adelaide becker o me equivoco?
Chiara sostuvo su mirada sin titubear.
—¿Eso te preocupa?
—No —respondió él con calma—al contrario, me interesa.
Un leve silencio se instaló.
Chiara apoyó el codo en el brazo del sillón, observándolo con detenimiento.
—Habla de una vez por todas.
Leonid no se sentó.
Se mantuvo de pie, dominante, como si el espacio no le fuera ajeno
—Los Becker llevan años acumulando poder —comenzó—Han cruzado líneas que muchos no se atreven a cruzar…con la muerte de salvatore los humos se les elevaron y eso los ha convertido en un problema.
Chiara no dijo nada.
Pero escuchaba.
—Un problema que alguien tenía que enfrentar —añadió él—Y parece que decidiste ser tú.
—No fue una decisión —respondió ella con frialdad—Fue necesario por los hechos del pasado y los que han sucedido últimamente.
Leonid asintió.
—Entonces estamos en la misma sintonía.
Chiara frunció apenas el ceño.
—No asumas cosas.
—No lo hago —replicó él—Analizo tus gestos corporales, tu habla, todo vendetta.
Sus ojos se fijaron en los de ella con una intensidad distinta.
No invasiva.
Pero sí… interesada.
No dijo nada más.
No hizo ningún comentario fuera de lugar.
Pero había algo en su actitud.
En la forma en la que la observaba.
En la manera en la que no intentaba impresionarla… sino entenderla.
Y eso… era peligroso.
Chiara lo notó.
Y levantó un muro aún más alto.
—Creo que es mejor ir al punto, leonid. Si lo desea.
Leonid no se ofendió.
Al contrario.
Parecía esperar esa reacción.
—Bien, entremos en la verdadera razón por la que solicito una reunión conmigo, Una alianza.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Los hombres de Chiara se tensaron apenas.
Ella no.
—¿Por qué? —preguntó.
—Porque este conflicto me beneficia también—respondió sin rodeos—Si los Becker caen… muchos socios y mafiosos de mi país estarían felices al eliminarlos sobre todo a bruno becker.
Chiara inclinó ligeramente la cabeza.
—Quieres más poder?
—Mas bien quiero participar en lo que venga después.
Honesto.
Directo.
Sin adornos.
Chiara lo analizó.
—¿Y qué te hace pensar que yo ganaré esta guerra si ya cayo mi padre en ella?
Leonid dio un paso más cerca.
—No lo sé.
Silencio.
—Pero sé que eres la única que está luchando de verdad.
Eso la hizo sonreír levemente.
—Interesante respuesta.
—Además… —continuó él— no juzgo las guerras que no son mías.
Chiara alzó una ceja.
—¿Ah, ¿no?
—No —respondió con calma—Entiendo que cada guerra tiene su razón y la tuya con los becker es demasiado personal.
Otra pausa.
Más densa.
Más cargada.
—Y respeto a quien tiene el valor de sostenerla.
Eso cambió algo.
No mucho.
Pero lo suficiente.
Chiara se levantó lentamente.
Ahora estaban a la misma altura.
Frente a frente.
—El respeto no es suficiente para una alianza —dijo.
Leonid no retrocedió.
—El interés tampoco.
—Entonces te falta algo.
Él la miró fijamente.
—Tiempo.
Chiara sonrió.
—Eso no te lo puedo dar y menos en las circunstancias que ando.
—No te lo estoy pidiendo —respondió—Lo voy a ganar.
Un juego.
Un pulso.
Una batalla sin armas.
Y ambos lo sabían.
Chiara caminó a su alrededor, analizándolo desde otro ángulo.
—Eres inteligente —admitió— Pero eso no es suficiente para que confíe en ti.
Leonid giró ligeramente la cabeza para seguirla con la mirada.
—No espero que confíes en mí, no aún.
—Bene —dijo ella—Porque no lo haré.
Se detuvo frente a él nuevamente.
Más cerca esta vez.
—Ya cometí ese error.
Leonid no preguntó.
Pero entendió.
—No habrá uno más.
El silencio se volvió absoluto.
Incluso el aire parecía más pesado.
Leonid sostuvo su mirada.
Y por primera vez… su expresión cambió ligeramente.
No era sorpresa.
Era comprensión.
—Entonces no te pediré que confíes —dijo finalmente—Solo que hagamos negocios.
Chiara lo observó unos segundos más.
Evaluando.
Midiendo.
Calculando.
—¿Qué ofreces?
Ahí estaba.
La puerta.
Leonid sonrió apenas.
—Recursos. Información. Acceso.
—¿A cambio?
—Reconocimiento cuando esto termine.
Chiara no respondió de inmediato.
Se giró levemente, mirando hacia la sala… como si ya estuviera viendo el futuro que él proponía.
Luego volvió a él.
—Si me traicionas…
—No lo haré.
—Si lo haces —repitió ella— no habrá lugar en el mundo donde puedas esconderte.
Leonid no se inmutó.
—Lo mismo digo.
Una pausa.
Y entonces… chiara tenia que tomar la decisión que podría mejor la situación una prueba de poder en donde si o si su vida iba primero que la de todos y eso era algo que ella tenia que pensar muy bien
...CONTINUARÁ ...