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Ecos De Un Imperio Invisible

Ecos De Un Imperio Invisible

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / CEO / Romance
Popularitas:645
Nilai: 5
nombre de autor: Elvira Lovegoot Boot

Gael Eryx Valcázar lo tiene todo: poder, dinero y control absoluto sobre su mundo… hasta que ella aparece.
Naelith Corvane, una chica recién graduada con grandes sueños, entra a trabajar en la empresa equivocada… o tal vez en la correcta.
Lo que empieza como una simple oportunidad se convierte en un juego peligroso de secretos, ambición y emociones que ninguno puede controlar.
Porque en un mundo donde todo tiene un precio… enamorarse puede ser el error más caro.

NovelToon tiene autorización de Elvira Lovegoot Boot para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: Lo que no se esperaba sentir

El día comenzó como cualquier otro.

Sin cambios visibles, sin alteraciones en la rutina, sin señales externas que indicaran que algo había ocurrido la noche anterior. El edificio mantenía su ritmo preciso, casi mecánico, donde cada persona parecía ocupar su lugar con la seguridad de quien conoce perfectamente su función. Naelith Corvane entró como siempre, con la puntualidad intacta, la postura firme y la mente enfocada en lo que debía hacer. No había distracciones aparentes en su comportamiento, ni rastros de duda en sus movimientos. Si algo había cambiado, no era algo que pudiera percibirse fácilmente.

Y, sin embargo, estaba ahí.

No en el ambiente.

No en la estructura del trabajo.

Sino en algo más sutil.

Más interno.

Más difícil de ignorar.

Las primeras horas transcurrieron con normalidad. Informes, revisiones, ajustes constantes que exigían precisión y atención continua. Naelith se sumergió en el ritmo con la misma disciplina de siempre, permitiéndose no pensar más allá de lo necesario, manteniendo su mente dentro de los límites seguros del trabajo. Era la forma más sencilla de evitar enfrentarse a lo que aún no terminaba de comprender del todo.

Gael Eryx Valcázar, por su parte, mantuvo la misma actitud de siempre. No hubo referencias de lo que pasó hace dos noches , ni gestos que alteraran la dinámica profesional que los definía dentro de la empresa. Sus intervenciones fueron precisas, sus observaciones exactas, su presencia tan dominante como siempre.

Pero algo era distinto.

No en lo que hacía.

Sino en cómo lo hacía.

Había una pausa más larga en ciertas miradas, un segundo adicional en el que su atención parecía detenerse antes de continuar. Nada evidente, nada que alguien más pudiera notar con facilidad, pero suficiente para que Naelith lo percibiera.

Y lo sintiera.

No como incomodidad.

Sino como una tensión contenida.

El tiempo avanzó sin interrupciones hasta que el ritmo del día comenzó a desacelerarse ligeramente, marcando la cercanía del mediodía. Fue en ese punto, cuando Naelith revisaba uno de los documentos más recientes, que la presencia de Gael volvió a sentirse más cercana.

No fue un cambio brusco.

No hubo anuncio previo.

Simplemente ocurrió.

Cuando levantó la mirada, lo encontró a unos pasos de distancia, observándola con esa misma calma controlada que parecía no abandonarlo nunca. Pero esta vez… había algo más.

Algo que no terminaba de encajar con lo habitual.

La invitación no fue adornada.

No hubo rodeos.

No hubo explicaciones innecesarias.

Almorzar.

Una palabra simple.

Directa.

Pero en ese contexto…

Cargada de significado.

Naelith no respondió de inmediato.

No porque no quisiera.

Sino porque entendía perfectamente lo que implicaba.

No era solo una comida.

Era otra línea cruzada.

Otra decisión.

Pero, al igual que hace dos noches

No retrocedió.

Aceptó.

El trayecto fue tranquilo.

Sin tensión visible.

Pero tampoco completamente neutral.

Había una conciencia distinta en cada movimiento, en cada silencio que se formaba entre ellos. No era incómodo, pero sí nuevo, como si ambos estuvieran adaptándose a una dinámica que aún no tenía reglas claras.

El lugar era discreto.

Elegante sin ser ostentoso.

Perfecto para una conversación que no necesitaba atención externa.

Se sentaron frente a frente.

Como lo hicieron hace dos noches

Pero esta vez…

La luz del día lo cambiaba todo.

La conversación comenzó de forma sencilla, moviéndose entre temas ligeros y algunos comentarios sobre el trabajo que mantenían un equilibrio cómodo entre lo profesional y lo personal. Naelith respondió con naturalidad, manteniendo la misma claridad que la caracterizaba, mientras Gael escuchaba con atención, sin interrumpir, sin imponer el ritmo como solía hacerlo en la oficina.

Todo parecía… estable.

Hasta que dejó de serlo.

No fue un evento planeado.

Ni algo que pudiera anticiparse.

Fue coincidencia.

¿Naelith?

La voz llegó cargada de sorpresa y cercanía.

Naelith se tensó apenas antes de girarse.

Y cuando lo vio…

Su expresión cambió.

¿Ilyan?

El nombre salió con una naturalidad que no necesitaba explicación.

Ilyan Drevik se acercó con una sonrisa amplia, genuina, de esas que nacen de la confianza construida con el tiempo. Había algo en su presencia que contrastaba completamente con el ambiente controlado que Naelith había estado manejando en los últimos días. Era más relajado, más espontáneo, como si perteneciera a una parte de su vida que no tenía relación con ese mundo estructurado.

No puedo creerlo dijo él con una leve risa. Pensé que te habías perdido del mapa.

Naelith dejó escapar una pequeña sonrisa, una que no estaba medida ni contenida.

Casi respondió con suavidad. Pero ya ves… sigo aquí.

El intercambio fue breve.

Natural.

Demasiado natural.

Y entonces…

Naelith recordó.

Oh… murmuró, girándose ligeramente. Ilyan, él es Gael Eryx Valcázar… mi jefe.

La pausa fue mínima.

Pero suficiente.

Señor Gael… él es Ilyan Drevik, un amigo de la infancia.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire unos segundos más de lo necesario.

Porque no eran solo una presentación.

Eran una definición.

Una línea marcada.

Ilyan extendió la mano con facilidad, manteniendo esa actitud abierta que parecía definirlo.

Un gusto, dijo con naturalidad.

Gael respondió.

Correcto.

Medio.

Pero su mirada…

No era la misma.

Cuando Ilyan tomó asiento con ellos, la dinámica cambió por completo. La conversación se volvió más ligera, más fluida, cargada de recuerdos implícitos, de referencias que no necesitaban explicaciones largas porque ambos compartían un pasado en común. Ilyan hablaba con soltura, hacía preguntas, recordaba momentos que arrancaban pequeñas risas en Naelith.

Y esas risas…

No eran las mismas que Gael había visto antes.

Eran más libres.

Más espontáneas.

Más… reales.

Y fue ahí donde algo cambió.

No en el ambiente.

Sino en él.

Gael no interrumpió.

No mostró incomodidad evidente.

No rompió la compostura.

Pero observó.

Con atención.

Con precisión.

Porque había algo en esa versión de Naelith que no encajaba con la que conocía.

Y eso…

No le resultó indiferente.

Ilyan continuó la conversación con facilidad, integrando a Gael sin esfuerzo, manteniendo un tono ligero que contrastaba con la tensión contenida que aún existía bajo la superficie. Sin embargo, aunque Gael respondía, participaba y mantenía la cortesía necesaria, su atención no estaba completamente en las palabras.

Estaba en ella.

En cómo hablaba.

En cómo reaccionaba.

En cómo se mostraba.

Y por primera vez…

Eso le importaba.

No como un dato.

No como una observación.

Sino como algo más.

Algo que no lograba nombrar del todo.

Pero que estaba ahí.

Y eso era suficiente.

El almuerzo continuó.

Pero ya no era el mismo.

Porque algo había cambiado.

Y esta vez…

No solo ella lo sentía.

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Luisa Fernanda Leon Barahona
por que demoran tanto en subir los capitulos 😂
Lala Lovegoot Boot: disculpaaaaa
total 1 replies
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