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Bajo El Altar De Las Rosas: La Sentencia Del Villano

Bajo El Altar De Las Rosas: La Sentencia Del Villano

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

A veces el amor no es un cuento de hadas, sino una promesa de sangre y espinas que el tiempo no pudo marchitar.

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Capítulo 04

La medianoche en la mansión Shen tenía un sonido particular: el silencio absoluto de un museo. Era un silencio denso, que pesaba en los oídos y obligaba a caminar de puntillas sobre las alfombras persas. Para Shen Zhi Zhi, ese silencio siempre había sido una orden silenciosa de no molestar, de no existir fuera de los límites establecidos.

Esa noche, sin embargo, el silencio era su cómplice.

Se puso una sudadera gris con capucha sobre el pijama de seda, ocultando su identidad bajo capas de ropa común. Con el corazón martilleando contra sus costillas como un pájaro enjaulado, abrió la ventana de su habitación en la planta baja. El aire frío de la noche la golpeó en el rostro, oliendo a tierra húmeda y libertad prohibida. Cruzó el jardín trasero, esquivando las cámaras de seguridad que conocía de memoria, y se deslizó por la pequeña grieta del muro perimetral que el jardinero aún no había reparado.

Cuando sus pies tocaron el asfalto agrietado de la calle que conducía al Distrito Norte, Zhi Zhi sintió una extraña descarga eléctrica. Por primera vez en diecisiete años, no era "la hija del Director Shen" ni la "Presidenta del Consejo". Era simplemente una sombra moviéndose hacia lo desconocido.

El taller "El Pulmón de Hierro" estaba sumido en una penumbra amarillenta. La mayoría de los chicos se habían ido, dejando solo a A-Guang durmiendo en un sofá de cuero roto con una revista de coches sobre la cara. En el centro, bajo una sola bombilla que oscilaba levemente, estaba Jian JiNian.

Estaba inclinado sobre una mesa de madera maciza que parecía haber sido rescatada de un incendio. Tenía un libro de álgebra abierto, pero su expresión era de pura derrota. Se pasaba las manos por el cabello revuelto, y el ceño fruncido hacía que la cicatriz de su ceja se viera más profunda.

Zhi Zhi se aclaró la garganta suavemente. JiNian levantó la vista de inmediato, sus ojos oscuros recuperando instantáneamente esa chispa defensiva y calculadora.

—Llegas dos minutos tarde, Princesa —dijo él, aunque había un deje de alivio en su voz que intentó ocultar tras una máscara de frialdad—. Pensé que te habías asustado con algún gato callejero por el camino.

—Tuve que esperar a que mi padre terminara su llamada con Singapur —respondió ella, dejando su mochila sobre la mesa llena de grasa—. Y no me asustan los gatos, JiNian. Me asusta más el hecho de que tengas el libro al revés.

JiNian miró el libro y, al darse cuenta de que era verdad, soltó una maldición por lo bajo y lo cerró de golpe.

—Esta basura no tiene sentido. "¿Si un tren sale de A a 80 km/h y otro de B...?" ¿A quién le importa? En la vida real, si los trenes chocan, te mueres. Fin del problema.

Zhi Zhi suspiró y se sentó en un taburete metálico frente a él. El olor del taller —esa mezcla de aceite quemado, metal frío y el aroma personal de JiNian, que era algo parecido al pino y al tabaco— la envolvió. Era un contraste violento con el aroma a lavanda y desinfectante de su casa.

—El álgebra no se trata de trenes, JiNian. Se trata de encontrar la variable desconocida. Se trata de entender que, sin importar cuán complejo sea el problema, siempre hay una solución si sigues los pasos correctos.

—¿Ah, sí? —él se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa. La luz de la bombilla creaba sombras dramáticas en su rostro—. Entonces dime, Genio de Shengli... ¿cuál es la solución para alguien que nació en una caja de cartón y cuyo único futuro es terminar en una celda o en un cementerio antes de los veinte? ¿Qué paso del álgebra resuelve eso?

La pregunta golpeó a Zhi Zhi como una bofetada física. La amargura en la voz de JiNian era real, una herida abierta que ninguna fórmula matemática podría cerrar. Ella lo miró a los ojos y, por un momento, la "chica de oro" y el "chico de barro" no eran rivales, sino simplemente dos personas perdidas en la misma noche.

—La educación es la única variable que puedes controlar, JiNian —dijo ella en voz baja, con una sinceridad que la sorprendió incluso a ella misma—. Si pasas este examen, tendrás una opción. Y tener una opción es lo más parecido a la libertad que conozco.

JiNian la sostuvo la mirada durante un tiempo que pareció eterno. El silencio en el taller ya no era el silencio muerto de la mansión Shen; era un silencio cargado de posibilidades. Finalmente, él soltó un suspiro largo y volvió a abrir el libro.

—Está bien. Enséñame a encontrar la maldita 'x'. Pero si me quedo dormido, tienes permiso para golpearme con la regla.

Las siguientes dos horas fueron una danza de paciencia y frustración. Zhi Zhi descubrió que JiNian no era lento; al contrario, su mente era rápida y pragmática. El problema era que él rechazaba cualquier cosa que no tuviera una aplicación inmediata en su mundo.

—No, JiNian. No puedes simplemente "suponer" que el resultado es cinco porque parece un número sólido —decía ella, señalando el papel—. Tienes que despejar la ecuación.

—Es una pérdida de tiempo —gruñía él, aunque seguía escribiendo con una caligrafía sorprendentemente firme y clara—. En la calle, si te detienes a "despejar" algo, ya te han partido la cara.

A mitad de la sesión, Zhi Zhi empezó a tiritar. El taller no tenía calefacción y el frío de la madrugada se filtraba por las paredes de chapa. Intentó ocultarlo, pero sus dientes castañearon levemente.

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