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Furtiva Atracción. Ella Puso Las Reglas, Él Las Rompió.

Furtiva Atracción. Ella Puso Las Reglas, Él Las Rompió.

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Romance de oficina
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: @ngel@zul

Valeria Álvarez ha hecho de su vida una fortaleza llena de éxitos.
Arquitecta consagrada, brillante y dueña absoluta de su vida, vive bajo una única norma: nada que la ate, nada que la distraiga, nada que comprometa la libertad que tanto le costó ganar. Sus noches pueden ser intensas, pero siempre breves; su corazón, innegociablemente cerrado.
Hasta que, en una de esas noches sin nombre, un desconocido la hace perder el control que tanto presume dominar.
Un beso que incendia.
Un toque que desarma.
Una decisión impulsiva que no quiere repetir… ni olvidar.
Lo último que espera es verlo entrar a su estudio días después.
Mucho menos descubrir que es su nuevo asistente.
Impuesto. Inamovible.
E hijo de uno de sus inversores más poderosos.
Él es joven, talentoso y peligrosamente seguro de lo que quiere: a ella.
Valeria se aferra a sus límites, a su experiencia, a su distancia.
Pero cada mirada pesa, cada roce la contradice, cada discusión los acerca más de lo que deberían.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Fuera de lo planeado

​El lunes llegó sin pedir permiso. Se filtró por las rendijas de las persianas con una luz grisácea y persistente, recordándole a Valeria que el refugio del fin de semana había expirado.

​Valeria se miró al espejo mientras ajustaba el último botón de su camisa blanca. El corte era impecable, entallado lo justo para marcar presencia sin perder elegancia. La tela, un algodón egipcio de tacto frío, parecía una armadura moderna. Sobre la cama descansaba su blazer gris perla y la falda a juego, una combinación que transmitía autoridad silenciosa, ese tipo de poder que no necesita gritar para ser reconocido. Se recogió el cabello en una cola baja, precisa, sin un solo mechón fuera de su sitio, y se colocó los aros pequeños que reservaba para reuniones importantes. Esas piezas de plata eran su amuleto de objetividad.

​Profesional.

​Intocable.

​En control.

​Repitió mentalmente esas tres palabras como un mantra mientras se aplicaba un labial en tono nude. No era vanidad; era estrategia. En el mundo de la arquitectura de alto nivel, la imagen era el primer plano de cualquier proyecto.

​En la cocina, el aroma del café recién hecho la recibió antes que la voz de Samuel. El sonido de la cafetera italiana borboteando era el único contrapunto rítmico al silencio sepulcral de la casa.

​—Buenos días, arquitecta estrella —saludó él, apoyado contra la mesada, con una taza en la mano. Samuel siempre parecía estar en un estado de relajación perpetua, un contraste directo con la rigidez de Valeria—. ¿Lista para conquistar el mundo o solo para fingir que el lunes no existe?

​—Conquistar el mundo siempre —respondió ella, sirviéndose café. El líquido negro y amargo le devolvió el enfoque que necesitaba.

​Samuel la observó con atención, recorriendo con la mirada el conjunto impecable, como quien conoce cada gesto y sabe leer entre las costuras de su uniforme laboral.

​—Te ves… muy lunes —comentó con una sonrisa ladeada, dejando la taza sobre el granito—. Eso significa que el fin de semana fue interesante. O que intentas compensar algo.

​Valeria alzó una ceja, manteniendo la taza a milímetros de sus labios.

​—Eso significa que tengo una semana llena de reuniones y nada de tiempo para especulaciones, Samuel.

​—¡Ajá! —espetó él, sin creerle del todo, dando un paso hacia ella—. Igual, me encanta verte así. Poderosa. Fría. Sexy sin esfuerzo. Es una combinación letal para los contratistas.

​—No empieces —advirtió ella, aunque una sonrisa mínima, casi invisible, traicionó su tono severo.

​Desayunaron juntos, intercambiando comentarios triviales sobre el tráfico y el clima, evitando —con mutuo acuerdo— cualquier referencia más profunda a lo que había ocurrido o dejado de ocurrir en las últimas cuarenta y ocho horas. El espacio entre ellos estaba lleno de palabras no dichas, pero el lunes no era el día para desenterrarlas. Cuando salieron, el aire fresco de la mañana terminó de despertarla, golpeando su rostro con la promesa de una jornada intensa.

​Samuel condujo como siempre hacía: música de jazz suave de fondo, una mano relajada sobre el volante y esa confianza despreocupada que a Valeria a veces le envidiaba y otras le desesperaba. Al llegar al edificio de la firma, una mole de vanguardia que ella misma había ayudado a remodelar virtualmente el año anterior, él se detuvo frente a la entrada principal.

​—Que tengas un gran día, muñeca —dijo, mirándola de reojo con un brillo de picardía—. Y recuerda: no mates a nadie antes del café de la tarde. Los cadáveres son difíciles de ocultar con esa falda tan ajustada.

​—Prometo intentarlo —respondió Valeria, bajando del auto con la elegancia de quien desciende de una carroza de guerra.

​Luego cerró la puerta y caminó hacia el edificio sin mirar atrás. Su mente ya estaba tres pasos adelante, repasando los renders del proyecto de la Marina.

​La firma de arquitectura ocupaba tres plantas completas de un edificio moderno, con fachadas de vidrio y acero que reflejaban el cielo cambiante de la ciudad. Al entrar, Valeria fue saludando a los que se cruzaban en su camino con movimientos de cabeza, sonrisas breves, respuestas seguras. Su presencia imponía respeto. No necesitaba levantar la voz ni llamar la atención: la atención venía sola, atraída por la gravedad de su competencia.

​—Buen día, Valeria.

​—Buen día, Marcos. Espero el informe de suelos a mediodía.

​—Excelente presentación el viernes. Los clientes quedaron encantados.

​—Gracias. Era lo mínimo esperado.

​Todo estaba en su lugar. Los escritorios minimalistas, el murmullo de los plotters imprimiendo planos de gran formato, el olor a papel nuevo y tecnología. O al menos eso parecía.

​Al doblar por el pasillo que conducía a su oficina, percibió algo distinto. La atmósfera, usualmente eléctrica pero ordenada, se sentía turbia. Voces bajas. Murmullos en el área de descanso. Gente reunida de más cerca de la cafetera de lo que permitía la etiqueta matutina. Se detuvo apenas un segundo, lo suficiente para captar palabras sueltas que flotaban en el aire como partículas de polvo bajo el sol.

​—…el nuevo socio parece ser exigente… dicen que es un tiburón…

​—…exigente es poco, quiere revisar las auditorías de los últimos cinco años…

​—…cambios importantes en el organigrama…

​Una colega, Claudia, se le acercó con discreción, sosteniendo una tableta contra el pecho como si fuera un escudo.

​—¿No te dijeron nada todavía? —preguntó en un susurro cargado de ansiedad.

​—¿Sobre qué? —respondió Valeria, sin detenerse, obligando a Claudia a caminar a su paso rápido.

​—Al parecer el nuevo socio viene con condiciones... Bastantes. Se dice que quiere reestructurar los equipos senior.

​Valeria se encogió de hombros con una indiferencia ensayada.

​—Los socios nuevos siempre tienen condiciones. Quieren marcar territorio. Es psicología básica de oficina —respondió ella y luego siguió su camino hacia la puerta de su despacho sin darle mayor importancia. No tenía tiempo para el radiopasillo.

​Entró a su oficina, dejó la cartera sobre el diván de cuero, encendió la computadora y se sumergió en el trabajo. Planos, correcciones de cotas, llamadas a proveedores de mármol. El tiempo pasó sin sobresaltos, en esa burbuja de productividad que tanto amaba. Estaba concentrada, cómoda, en su elemento. El caos del mundo exterior se detenía ante su puerta de cristal templado.

​Hasta que el teléfono interno sonó, rompiendo el hechizo.

​—Valeria, ¿puedes pasar por mi oficina? —la voz de Roberto, su jefe y mentor, sonaba seria, medida. Demasiado neutral para ser un lunes ordinario.

​—Claro. Voy para allá —respondió ella, cerrando la pestaña del navegador.

​Se levantó y caminó con la misma seguridad de siempre, aunque algo —mínimo, casi imperceptible, un instinto primario de supervivencia— le tensó los hombros debajo del blazer gris.

​El despacho de su jefe era amplio, sobrio, con una vista privilegiada de la ciudad que hacía que los rascacielos parecieran piezas de un tablero de ajedrez. Roberto estaba de pie frente al ventanal, pero se giró en cuanto ella entró. La invitó a sentarse con un gesto de su mano, una cortesía que en él siempre precedía a una noticia difícil.

​—Gracias por venir, Valeria —dijo, sentándose tras su escritorio de caoba—. Quería hablarte de algo importante que surgió durante el fin de semana con la integración del grupo inversor.

​Valeria cruzó las piernas con elegancia, manteniendo la espalda recta.

​—Escuché algunos comentarios sobre el nuevo socio —dijo directamente—. Al parecer tiene exigencias que están inquietando al personal.

​Él asintió, entrelazando los dedos sobre la mesa.

​—Así es. Es un hombre de la vieja escuela en algunos aspectos, pero muy agresivo en otros. Y una de esas exigencias te afecta directamente.

​Valeria frunció apenas el ceño. Sus dedos se cerraron ligeramente sobre el apoyabrazos.

​—¿A mí? ¿En qué sentido? Mi rendimiento es el más alto del departamento.

​—A partir de mañana —continuó él, ignorando el dato estadístico— vas a tener un asistente.

​El silencio cayó de golpe, pesado y sofocante como una manta de lana en pleno verano. Valeria procesó la información. Un asistente significaba alguien en su espacio. Alguien mirando sus procesos. Alguien rompiendo su flujo.

​—Sabes que no necesito un asistente —respondió ella de inmediato, borrando cualquier acto de formalidad entre ellos. La voz de Valeria se volvió afilada—. Nunca lo necesité. Manejo mis propios tiempos, mis archivos y mis reuniones. Un asistente solo me quitaría tiempo de supervisión.

​—Lo sé, Valeria. Nadie cuestiona tu eficiencia —dijo él con un suspiro cansado—. Pero esta no es una decisión operativa. Es estratégica. Es política.

​Ella se enderezó en la silla, sintiendo que el control que tanto se esforzaba por mantener empezaba a agrietarse.

​—No entiendo qué tiene de político contratar a un secretario.

​—El nuevo socio puso como condición innegociable para la firma del contrato de fusión, que su hijo menor ingrese a la empresa —explicó Roberto, bajando la voz como si las paredes tuvieran oídos—. No quiere que esté en un rincón archivando papeles. Quiere que esté cerca de alguien con experiencia, alguien importante que le enseñe cómo se maneja realmente este negocio.

​Valeria negó suavemente con la cabeza, una risa amarga pugnando por salir.

​—Hay muchos lugares donde ubicarlo. Que vaya a Urbanismo, o a Relaciones Públicas si lo que quieren es que se luzca.

​—No —respondió Roberto, firme, recuperando su tono de autoridad—. Ya revisamos todas las opciones con la junta. Y dadas las circunstancias, tú eres la única arquitecta senior sin asistente asignado. Además, eres la más disciplinada. Si alguien puede enderezar a un chico con privilegios y convertirlo en un profesional, eres tú.

​El peso de la frase se instaló en el ambiente. No era un cumplido; era una sentencia.

​—No creo que sea conveniente —dijo Valeria, conteniendo la molestia que amenazaba con desbordarse—. No trabajo bien con imposiciones, Roberto. Y mucho menos como niñera de herederos.

​—Lo sé —repitió él, cerrando la carpeta que tenía delante como dando por terminada la discusión—. Pero no tenemos margen de maniobra. El contrato se firmó hace una hora.

​Ella sostuvo su mirada durante unos segundos que parecieron eternos, buscando alguna grieta en la resolución de su jefe. No encontró ninguna.

​—Bien —dijo, con una calma que no sentía, una calma que era más bien el ojo del huracán—. Me adaptaré. Siempre lo hago.

​Salió de la oficina del jefe con el pulso firme y el gesto controlado. Caminó de regreso a la suya bajo la mirada curiosa de los empleados que ya intuían que algo había pasado en la "cumbre". Entró en su despacho y cerró la puerta. El silencio volvió a rodearla, pero esta vez se sentía diferente. Agresivo.

​Se sentó frente a su monitor, pero no retomó los planos. Miró el espacio vacío al otro lado de su escritorio, el lugar donde mañana habría alguien invadiendo su orden, cuestionando su método, alterando su soledad perfectamente construida.

​Algo había cambiado.

​Porque por primera vez en mucho tiempo, alguien había decidido algo por ella, rompiendo la autonomía que tanto le había costado edificar frente a Samuel y frente al mundo.

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Marshaan Sanchez
cada día es mejor cada capítulo es ese amor que redime que libera excelente como vas hilando cada momento de ellos y como el le muestra que existe y es una realidad mil gracias por regalarnos tu talento y tiempo
Marshaan Sanchez
lo que siempre e comentado de esta gran escrictora es excelente magnífica y su novela cada uno sevan superando y su nombre es un referente para leer por es una apuesta segura y un éxito yo amo cada novela de ella y la recomiendo
Marshaan Sanchez
oh mi señor que tremendo capítulo y sus descripción impecable 💘me dijo exhausta jajajaja 🤪😂
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥❤️❤️❤️
Marshaan Sanchez
jajajaja está a punto de un Yeyo 🤣😂 tremendo colágeno y lo mejor ya había probado 🤣😜💘
Marshaan Sanchez
estoy más que encantada tengo mis antenas osea mi imaginación a mil y está parejita promete muchaaaaa emoción 💘
Nairobis Cardozo Portillo
Valeria estás perdida te gusta mucho y esas reglas no te sirven de nada
Mariela Alejandra Gonzalez
hay te pico el bichito!!!🤣
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Tremenda sorpresa Valeria 🤭
Renata R.
😱 = 👶🏻👶🏻
Carola Videla 😈🇦🇷
me gusta la protagonista, aunque es muy cerrada
Nairobis Cardozo Portillo
Y tú asistente es nada menos que el bizcocho del fin de semana
Nairobis Cardozo Portillo
Te llevarás una sorpresa 🤭🤭
Nairobis Cardozo Portillo
Ésta pareja es puro fuego 🔥🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
Ésto promete 👏
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísimo inicio 👏
Marshaan Sanchez
Dios mío esto promete y es pecado jajaja
Marshaan Sanchez
oh mi Dios un Dios del olimpo y justo está en tierra bajo la mira de una depredadora jajajaja que cosa mas rica😜 jajaja
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