milena es una princesa que luchara por el trono
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Lo que no debe existir
El eco no desapareció.
Milena permanecía inmóvil en medio de las montañas, con la mirada fija en el vacío, como si esperara que la voz regresara. Pero el silencio volvió a imponerse, denso y absoluto.
Aun así…
ella lo sentía.
Ese rastro débil seguía ahí, como una chispa que se negaba a extinguirse.
—Esto no es posible… —susurró.
El equilibrio no permitía errores.
No permitía restos.
No permitía que algo como eso existiera.
Y sin embargo…
ahí estaba.
Milena cerró los ojos nuevamente, concentrándose con más profundidad. Esta vez no solo observó el flujo del mundo… lo atravesó.
Buscó más allá de los destinos comunes.
Más allá de la vida.
Más allá de la muerte.
Y entonces lo vio.
Un fragmento.
No un cuerpo.
No un alma completa.
Algo intermedio.
Suspendido.
Atrapado entre lo que fue… y lo que ya no debía ser.
Milena abrió los ojos de golpe, respirando con fuerza.
—Darian…
El nombre ya no era duda.
Era certeza.
Pero eso lo hacía más peligroso.
—No puedes estar ahí —murmuró, con tensión en la voz.
El viento se agitó a su alrededor, como si respondiera.
Como si el mundo mismo reaccionara a esa anomalía.
Milena dio un paso atrás.
Por primera vez desde que se había convertido en el equilibrio…
sintió miedo.
No por ella.
Sino por lo que significaba.
Si Darian seguía existiendo, aunque fuera de esa forma…
entonces las reglas no eran absolutas.
Y si las reglas podían romperse…
todo podía hacerlo.
—Debo eliminarlo… —dijo en voz baja.
Era lo correcto.
Era su deber.
Era lo que debía hacer.
Pero no se movió.
Su cuerpo no respondió.
El silencio se volvió pesado.
—¿Por qué…? —susurró.
La respuesta llegó desde lo más profundo de ella.
No como pensamiento.
Sino como emoción.
Porque aún le importaba.
Milena apretó los puños.
—Esto no cambia nada —intentó convencerse.
Pero no era cierto.
Caminó lentamente, como si pudiera acercarse a algo invisible.
—Si sigues ahí… —murmuró— estás sufriendo.
El aire vibró levemente.
Y por un instante…
lo sintió más cerca.
Una presencia.
Frágil.
Pero real.
Milena extendió su mano, dudando.
No tocó nada.
Pero algo respondió.
Un leve calor.
Una conexión.
Y entonces…
una imagen.
Rápida.
Confusa.
Darian.
Cayendo.
Oscuridad.
Y luego…
luz.
Milena retiró la mano de inmediato, como si hubiera tocado fuego.
—Esto… no es natural…
Su voz ya no era firme.
Había conflicto.
Mucho.
—Si te dejo así… te destruirás —susurró.
El viento sopló con más fuerza.
Como si el mundo presionara.
Como si el equilibrio exigiera una decisión.
Milena cerró los ojos con fuerza.
Podía hacerlo.
Podía borrar ese rastro.
Eliminarlo.
Restaurar el orden.
Pero entonces…
la voz regresó.
Más clara.
Más cercana.
—…Milena…
Ella abrió los ojos lentamente.
Y esta vez…
no hubo duda.
No era un eco.
No era un recuerdo.
Era él.
Y estaba luchando.
Milena bajó la mirada, respirando profundo.
El conflicto dentro de ella crecía.
Deber…
o deseo.
Equilibrio…
o amor.
El silencio se extendió.
Y finalmente, habló.
—No te borraré… —susurró.
Las palabras rompieron algo invisible.
El aire cambió.
El destino… también.
Milena levantó la mirada.
—Pero tampoco sé cómo traerte de vuelta.
El viento se calmó.
Como si hubiera aceptado esa decisión.
Pero en el fondo…
algo más comenzó a moverse.
Porque al elegir no destruirlo…
Milena había hecho algo más peligroso.
Había desafiado el equilibrio.
Y ahora…
las consecuencias…
comenzaban a formarse.