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El Amor Dulce Y Posesivo Del Héroe Y Del Villano

El Amor Dulce Y Posesivo Del Héroe Y Del Villano

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Edad media / Regreso a la infancia / Completas
Popularitas:43.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Melany. v

¡Advertencia! Está novela es poli amor. Si no desea leer este contenido detengase y no insulte por favor. Ya está advertido.

El héroe y el villano comparten un único amor dulce y posesivo hacia la extra de una historia.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 2

El primer recuerdo que tuvo fue el sonido de una cuchara chocando contra una taza de porcelana.

Un tintineo suave, insistente, demasiado claro para ser un sueño.

María quiso darse la vuelta en la cama, esconder la cara en la almohada y seguir durmiendo cinco minutos más, como hacía siempre antes de ir a la cafetería, pero el colchón se sentía distinto, más firme, y las sábanas olían a algo limpio y caro, no a detergente barato. Frunció el ceño con los ojos todavía cerrados y estiró la mano buscando el celular en la mesa de noche.

No encontró nada. Abrió los ojos con fastidio.

El techo no era el suyo. No había pintura descascarada ni la mancha de humedad que llevaba meses prometiéndose arreglar. Encima de ella había molduras blancas, simétricas, y una lámpara de cristal que reflejaba la luz de la mañana. Parpadeó varias veces, convencida de que seguía soñando, pero el olor, la temperatura y el peso de las mantas eran demasiado reales.

Se incorporó de golpe.

Las manos que vio no eran las suyas.

Eran pequeñas, redondas, con dedos cortos y piel lisa.

—No… —susurró, pero la voz que salió era aguda, infantil.

El corazón empezó a latirle fuerte.

Se miró el cuerpo. Un camisón largo de tela fina, bordado en el cuello. Piernas delgadas. Pies pequeños.

—Esto no tiene sentido —dijo, y hasta su forma de hablar sonaba distinta.

La puerta se abrió sin que ella alcanzara a reaccionar. Entró una mujer mayor con uniforme negro y delantal blanco, cargando una bandeja.

—Buenos días, señorita Bonnie —dijo con una sonrisa tranquila—. ¿Durmió bien?

María se quedó congelada.

Señorita Bonnie.

La mujer se acercó y dejó la bandeja en la mesa. Había pan caliente, fruta cortada y leche. Todo ordenado con cuidado.

—Su padre dijo que hoy no podía acompañarla al desayuno, tiene una reunión temprano, pero vendrá a verla antes de que salga a clases.

María tragó saliva.

Quiso decir “señora, se equivoca, yo no soy Bonnie”, pero las palabras no salieron. En su lugar, sintió algo extraño, como si su cabeza estuviera llena de recuerdos que no eran suyos: un jardín grande, una casa enorme, un hombre riéndose mientras la levantaba en brazos.

Dolía.

Se llevó la mano a la sien.

La mujer se inclinó.

—¿Le duele algo?

—Yo… —respiró hondo—. No. Estoy bien.

Su mente empezó a ordenar las piezas a la fuerza.

No era su cuarto. No era su cuerpo. La llamaban Bonnie.

No podía ser una broma.

Cuando la mujer salió, se levantó de la cama y caminó hasta el espejo. Cada paso se sentía raro, como si todavía no supiera medir la longitud de sus piernas.

Frente al espejo vio a una niña de unos ocho o nueve años, cabello azabache, largo hasta la espalda, ojos grandes y rojos, mejillas suaves. Llevaba un lazo en el pelo.

No había nada de María ahí.

Se apoyó en el tocador.

—Esto es imposible… —murmuró—. Ayer estaba cerrando la cafetería. Estaba en el semáforo... Y luego...

Recordó la luz roja. Se quedó mirando su reflejo durante un largo rato hasta que alguien tocó la puerta.

—¿Bonnie? —dijo una voz grave y cálida—. ¿Puedo pasar?

Su pecho se apretó sin saber por qué.

—Sí…

Entró un hombre alto, de traje oscuro, con ojeras suaves y expresión cansada, pero cuando la vio sonrió de inmediato, una sonrisa honesta, de esas que no se fuerzan.

—Buenos días, pequeña.

Se acercó y le acomodó el cabello con cuidado.

—Hoy es tu primer día en la academia. ¿Estás nerviosa?

Ella lo miró.

No lo conocía. Nunca lo había visto.

Y aun así, su cuerpo reaccionó antes que su mente. Sintió confianza. Seguridad.

—Un poco —respondió bajito.

El hombre rió.

—Es normal. Pero recuerda algo, Bonnie, no tienes que demostrarle nada a nadie. Solo sé tú misma. Si alguien te molesta, me lo dices. No voy a dejar que nadie te trate mal.

Le habló con firmeza, como alguien que ya había perdido demasiado.

De pronto, otro recuerdo ajeno la golpeó: un funeral, lluvia, el mismo hombre sosteniendo la mano de una niña frente a una tumba. Su padre quedó viudo.

Él la abrazó con cuidado.

—Eres lo único que tengo.

María… no, Bonnie, sintió un nudo en la garganta.

Ese hombre la amaba de verdad. Le devolvió el abrazo con torpeza.

—Lo haré, papá.

La palabra salió natural.

Y por primera vez desde que despertó, el pánico bajó un poco.

Si estaba atrapada ahí, al menos no estaba sola.

Los días siguientes se sintieron extraños pero soportables. Aprendió a caminar con vestidos pesados, a usar cubiertos que no reconocía, a comportarse como una niña noble que siempre había tenido sirvientes. Descubrió que Bonnie había sido algo mimada, sí, pero también educada, agradecida, muy apegada a su padre.

No le costó quererlo.

Él cenaba con ella todas las noches, le preguntaba cómo se sentía, escuchaba cada detalle aunque fuera una tontería.

—Hoy practicamos caligrafía —le contaba ella.

—¿Y te fue bien?

—Más o menos. La profesora dice que aprieto mucho la pluma.

—No importa. Mejorarás.

Nunca la regañaba sin motivo. Tampoco la ignoraba.

María pensaba, a veces, que su antigua vida jamás había sido tan tranquila.

Hasta que llegó el día de la academia.

El carruaje se detuvo frente a un edificio enorme de piedra clara, con jardines recortados y fuentes. Niños y niñas con uniformes elegantes entraban acompañados de sirvientes.

Bonnie bajó con la espalda recta, intentando no parecer tan nerviosa. Pero al cruzar el portón sintió algo raro.

Escuchó risas, pasos, conversaciones. Y entonces los vio.

Dos chicos idénticos discutiendo en medio del patio.

Mismo cabello rojizo. Misma estatura. Mismo rostro. Los gemelos.

Uno tenía expresión seria. El otro sonreía de lado, desordenado, con el moño suelto.

Bonnie se quedó quieta. El aire se le atoró en los pulmones.

—No puede ser… —susurró.

Se acercó un poco, sin pensar.

Los escuchó hablar.

—Bastian, deja de seguirla a todos lados —dijo el más relajado—. Parece que la estás vigilando.

—No la vigilo. Solo me aseguro de que nadie la moleste —respondió el otro con tono seco.

—Claro. Siempre tan perfecto.

—Y tú siempre buscando problemas, Calister.

Ese nombre. Calister. La cabeza le dio vueltas. La historia.

Sintió frío.

Miró hacia donde ellos miraban.

Una chica de cabello plateado y ojos azules hablaba con otras estudiantes, sonriendo tímidamente.

Elinor.

El recuerdo del celular, del capítulo que había leído, volvió completo.

Se llevó la mano a la boca.

—No… no, no puede ser…

Ellos seguían discutiendo.

—No tienes que decidir por ella —dijo Calister, molesto.

—Y tú no tienes que acercarte solo para fastidiarla.

—¿Fastidiarla? ¿De verdad crees que todo lo hago por molestarte?

Sonaban reales, con rabia de verdad. Bonnie los observó y sintió un escalofrío. No eran personajes planos.

Eran chicos. Respiraban. Se enojaban. Se miraban con algo más profundo que simple rivalidad.

Y si esta era la misma historia… Si el final era el mismo… Uno de ellos iba a morir.

Apretó los puños.

—Maldición… —pensó—. Debí imaginarlo...

Bonnie no se había dado cuenta en qué vida estaba. Ya que días anteriores no había visto a los gemelos. Hasta ahora.

Miró a los tres.

Elinor riendo sin darse cuenta del desastre que se acercaba. Bastian intentando ser el protector perfecto. Calister fingiendo que nada le importaba.

Bonnie sintió rabia.

—No pienso quedarme mirando —murmuró por dentro—. No otra vez.

Porque esta vez no era una lectora detrás de una pantalla.

Esta vez estaba ahí para evitarlo.

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Muchas gracias por leer no olviden dejar su me gusta y su comentario ❤️.

1
Anonymus
Buena 👍🏼 buena 👍🏼, muy recomendada
Nacho Cardozo
así se hace que sepa quien manda dale más zapes aver si se le acomodan las ideas 🤣🤣🤣😈😈
Nacho Cardozo
yo creí que era viudo 🤣🤣que bien la reyna enpoderada😈😈🤣
Cindy Conde Lopez
si no lo golpean no funciona vamos reina dale más duro o si no dile a calister que lo convierta en renacuajo 🤣jajaja
Cindy Conde Lopez
dale otros golpes más que todavía no entendio jajajaja ..........
Es que debieron de buscarla mucho ante de que todo se volviera una locura 🤭🤭🤭🤭😭😭
Rusi Jmz
jajajaja
Gabriela Mero Cedeño
El amor es una cosa. La paciencia es otra. 🤣🤣🤣
Siempre de los digo a mis hijos 🤣🤣🤣
Carolina Carcamo Hargous
me gustó... a mí personalmente me falta un poco más de picardía pero tú estilo lo recompensa. tus caracteres son bastante simpáticos y chistosos. espero con ansias más de tus obras
Nacho Cardozo
insisto que se case con ella si tanto le gusta aver si como roca duerme 🤣🤣🤣
Nacho Cardozo
si es así que se case el con ella total ya la admira de una vez para que arma tanto alboroto 🤣🤣
Nacho Cardozo
el rey ya obtuvo su tajada seguro varios terrenos y su vale de despensa segura🤣🤣🤣😈😈
Nacho Cardozo
tiene pensado algo tal vez, o los regañara por no incluirlo en la repartición de terrenos 🤣🤣🤣😈😈😈
Nacho Cardozo
todos queremos recompensa de algo más que besitos húmedos 🤣🤣🤣😈😈😈😍
Mónica Aulet
Ahora nada de besar sapos esperando se convierta en príncipe jajajaj
Mónica Aulet
Ya sabemos quién lleva los pantalones 🤭
Mónica Aulet
Rey traidor, a qué juega
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣🤣 pobres sapos ahora se creera la reina 🐸
Limaesfra🍾🥂🌟
me encabta el papá de Bonnie
Limaesfra🍾🥂🌟
eita la reina si que es dura de roer🤣🤣🤣y el reyxito calmadito calmadito🤣🤣🤣🤣
Nata Mazó
🤣🤣🤣🤣🤣🤣😂😂😂😂😂😂 muero de la risa
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