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El Rey De Sangre Me Espera En El Pasado

El Rey De Sangre Me Espera En El Pasado

Status: En proceso
Genre:Amor en la guerra / Viaje a un mundo de fantasía / Amor-odio / Amor eterno / Viaje En El Tiempo / Amantes del rey
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Gianna Viteri (gilover28)

"En los libros de historia, Jeon Youngjae era un monstruo. En persona, es mi mayor tentación." Kang Yoona es una estudiante de historia que sabe cómo termina la vida del joven Rey Youngjae: traicionado, solo y ejecutado. Pero cuando un antiguo espejo la arrastra al año 1520, Yoona no cae en un libro de texto, sino en los brazos del hombre más peligroso de Corea. Él es un tirano que no confía en nadie; ella es una intrusa que conoce todos sus secretos y su trágico final. Para sobrevivir, Yoona deberá jugar un juego mortal: ¿Cambiará la historia para salvar al hombre que ama, aunque eso signifique borrar su propio futuro? En una era de acero y sangre, la verdad es el arma más peligrosa.

NovelToon tiene autorización de Gianna Viteri (gilover28) para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El anuncio que incendió Joseon

El Pabellón de los Lirios era, en teoría, el lugar más sereno del palacio. Construido sobre un lago artificial donde las flores blancas flotaban como estrellas caídas, estaba diseñado para la contemplación y la paz. Pero hoy, mientras caminaba por el puente de madera con el juego de té entre mis manos, la serenidad era lo último que sentía. El aire vibraba con una hostilidad silenciosa, tan espesa que se podía cortar con un abanico de seda.

A medida que me acercaba, las voces de las damas de la corte se apagaban. Eran como una bandada de pájaros coloridos que, de repente, veían a un depredador caminar entre ellos. Vestidas con hanboks de colores vibrantes —azules eléctricos, violetas profundos y verdes esmeralda—, sus miradas se clavaban en mi modesto atuendo de sirvienta como agujas.

En el centro de la reunión, sentada en un lugar de honor, estaba Lady Ha-eun. Era la hija del Ministro de Justicia y, según los rumores que corrían por los pasillos, la candidata perfecta para convertirse en la próxima concubina real. Tenía una belleza clásica, de porcelana, con ojos que parecían perpetuamente entornados en un gesto de superioridad. A su lado, su séquito de damas asentía ante cada una de sus palabras como si fueran verdades divinas.

—¿Es ella? —escuché un susurro siseante mientras pasaba.

—¿La que apareció en el jardín del Rey de la nada?

—Mira cómo camina… no tiene gracia alguna. Parece una campesina disfrazada.

Mantuve la cabeza alta. "Soy una historiadora del siglo XXI", me repetí mentalmente. "He sobrevivido a exámenes finales de ocho horas y a excavaciones bajo la lluvia torrencial. Unas cuantas aristócratas con complejo de superioridad no van a quebrarme".

Youngjae estaba sentado en el trono elevado del pabellón. Llevaba una túnica de seda negra con bordados dorados que representaban dragones, su cabello perfectamente recogido bajo un tocado real. Se veía distante, frío, el epítome del monarca absoluto. Pero cuando nuestras miradas se cruzaron, vi ese destello fugaz, ese "pecado fascinante" del que me había hablado la noche anterior.

Me arrodillé con cuidado frente a él para servir el té. Mis manos, aunque estables, sentían el peso de cientos de ojos observando cada uno de mis movimientos.

—Llegas tarde, Yoona —dijo él, su voz proyectándose a través del pabellón para que todos la escucharan. No fue un regaño, fue un aviso de posesión.

—La preparación del té requiere tiempo, Su Majestad —respondí con una reverencia mínima, la justa para no ser ejecutada pero lo suficientemente breve para desafiar la etiqueta.

Escuché un jadeo colectivo. Lady Ha-eun se abanicó con furia.

—Su Majestad —intervino Ha-eun, su voz era dulce como la miel pero cargada de veneno—, es admirable que tengáis compasión por esta… joven descarriada. Pero quizás sería mejor que una de mis damas, entrenada en las artes de la corte, se encargara de vuestras necesidades personales. Esta mujer parece carecer del respeto que vuestra posición exige.

Youngjae dejó el cuenco de té sobre la mesa con un golpe seco que hizo que el líquido saltara. El silencio que siguió fue absoluto. Hasta el viento parecía haber dejado de soplar.

—¿Respeto, Lady Ha-eun? —preguntó Youngjae, inclinando la cabeza. Sus ojos obsidianos se fijaron en la joven noble con una frialdad que la hizo retroceder visiblemente—. El respeto se demuestra con la lealtad, no con reverencias exageradas y palabras vacías. Esta mujer me ha dado algo que ninguno de vuestros ministros o damas ha podido: la verdad pura.

Se puso de pie, su figura imponente dominando el pabellón. Bajó los escalones del trono con una lentitud deliberada hasta quedar justo a mi lado. Extendió su mano y, frente a toda la corte, me tomó de la barbilla, obligándome a mirarlo.

—Habéis estado murmurando sobre su origen —dijo Youngjae, elevando la voz para que llegara hasta los guardias del perímetro—. Habéis estado conspirando para decidir quién será la próxima en entrar en mis aposentos. Pues bien, ahorrad vuestras energías para algo más productivo.

Me quedé helada. Sabía que algo venía, pero no estaba preparada para la magnitud del anuncio.

—A partir de este momento —proclamó Youngjae, su voz resonando con una autoridad incuestionable—, Kang Yoona deja de ser una servidora del palacio. Ella es, por decreto real, mi Concubina de Primer Rango. Ninguna otra mujer será considerada para este puesto. Cualquier falta de respeto hacia ella será tratada como una falta de respeto directa hacia mi corona.

El caos estalló, no en ruido, sino en un vacío de horror absoluto. Lady Ha-eun dejó caer su abanico al suelo. Los ministros que estaban presentes intercambiaron miradas de puro pánico. Nombrar a una mujer sin linaje conocido como concubina de primer rango era una declaración de guerra contra la aristocracia de Joseon.

—¡Su Majestad! —exclamó el Ministro de Justicia, el padre de Ha-eun, dando un paso al frente con el rostro rojo de ira—. ¡Esto es un ultraje! ¡La ley de sangre exige que vuestras consortes provengan de familias nobles! Esta mujer es una extranjera, una vagabunda sin nombre…

Youngjae soltó mi barbilla y se giró hacia el ministro con una velocidad que cortaba el aliento. En un segundo, su mano estaba en el pomo de su espada.

—Ella tiene el nombre que yo le doy —rugió Youngjae—. Ella tiene el linaje que yo decido. Y si alguno de vosotros se atreve a cuestionar mi voluntad una vez más, recordad por qué me llaman el Rey de Sangre. No me importa quemar este pabellón con todos vosotros dentro si eso sirve para purificar vuestra lengua.

El ministro se arrodilló instantáneamente, temblando. Lady Ha-eun empezó a sollozar silenciosamente, humillada frente a sus rivales.

Youngjae se volvió hacia mí. Su expresión se suavizó solo un milímetro, un secreto compartido en medio de la tormenta.

—Ven conmigo, Yoona —ordenó, tendiéndome la mano.

No era una sugerencia. Era un rescate y una condena al mismo tiempo. Al tomar su mano, sentí que cruzaba un punto de no retorno. En los libros de historia, este era el momento en que el Rey Youngjae perdía el apoyo total de la nobleza. Estaba acelerando su propia caída por mí.

Caminamos fuera del pabellón bajo un escrutinio feroz. Cuando estuvimos lo suficientemente lejos, en un sendero oculto por sauces llorones, solté su mano y lo obligué a detenerse.

—¿Estás loco? —le susurré, mi voz temblando de adrenalina—. Acabas de poner una diana gigante en mi espalda. ¡Y en la tuya! Los Park ahora tienen la excusa perfecta para derrocarte. Dirán que estás bajo un hechizo, que has perdido la cabeza por una plebeya.

Youngjae me acorraló contra el tronco de un sauce. Sus ojos brillaban con una mezcla de triunfo y deseo.

—Ya la tenían, Yoona. Mi cabeza ha tenido un precio desde el día en que nací. Lo que he hecho hoy no es locura, es una jugada. Ahora todos saben que eres mi debilidad… y eso hará que se confíen. Vendrán a por ti, y cuando lo hagan, los estaré esperando.

—¿Me usas como cebo? —pregunté, herida.

—Te uso como mi razón para no rendirme —respondió él, su voz volviéndose peligrosamente suave. Se acercó tanto que nuestras frentes se tocaron—. ¿No lo entiendes? Las mujeres de la corte me miran con miedo o con ambición. Tú me miras como si pudieras ver mi alma. Y eso me aterra más que cualquier rebelión, pero también es lo único que me hace sentir vivo.

Su mano se deslizó por mi cintura, atrayéndome hacia él con una fuerza que me hizo gemir suavemente. El contraste entre el Rey tirano y el hombre que me sujetaba con tal desesperación era abrumador.

—Dijiste que sabías cómo iba a morir —murmuró contra mis labios—. Si voy a caer, Yoona, quiero que sea habiendo tenido a mi lado a la única mujer que no me tuvo miedo.

—No voy a dejar que caigas —le prometí, mi mano subiendo a su nuca, jugando con los hilos de su cabello real—. Pero ahora que soy tu concubina, voy a tener que enseñarte un par de cosas sobre cómo se gobierna en el futuro sin que te corten la cabeza a la semana siguiente.

Él sonrió, una sonrisa ladeada y coqueta que me recordó que, debajo de todas esas capas de seda y sangre, había un hombre de veintitantos años que solo quería ser amado.

—¿Ah, sí? —murmuró, sus labios rozando los míos en una invitación que hacía que el siglo XXI pareciera un recuerdo borroso—. Entonces empieza por enseñarme cómo se besa una reina del futuro.

El beso fue un choque de tiempos. Fue amargo como el té de Joseon y dulce como la libertad. En ese jardín, rodeados de enemigos y con la historia conspirando en nuestra contra, sentí que el espejo de bronce no me había traído aquí por error. Me había traído para reescribir el destino de un hombre que el mundo había decidido olvidar.

Pero mientras nos perdíamos el uno en el otro, desde la sombra de una pagoda cercana, unos ojos nos observaban. No era una dama de la corte. Era un hombre con el uniforme de la guardia real, el mismo infiltrado del que yo sospechaba. Su mano apretaba una nota que sería enviada esa misma noche a las provincias del sur.

La guerra no solo estaba cerca. Ya había entrado en los aposentos del Rey.

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Gianna Viteri
ATENCIÓN, LECTORES… 🔥

Si llegaste hasta aquí, ya sabes una cosa:
esta historia NO es un romance normal.

Aquí no hay príncipes…
hay un rey que destruye todo lo que toca.

Y Yoona…
ella sabe exactamente cómo termina su historia.
💔 Sabe cómo muere el hombre del que se está enamorando.

Ahora dime tú…
👇
¿Lo salvarías… o dejarías que el destino lo destruya?

👀 Lean con cuidado, porque lo que viene en los próximos capítulos…
no todos están listos para soportarlo.

— GIA 💞
DAISY VARGAS
jodeeerrr si siguen a si en menos de un mes estará embarazada son como conejos 🤣🤣🤣
Gianna Viteri: 👀 ¿Crees que sobrevivirá lo suficiente para eso?”
total 1 replies
María Julieta Bello Vera
espectacular capitulo, pero actualice más seguido
Gianna Viteri: Ahhh gracias 😭🖤 lo prometo… pero te advierto, lo que viene se pone MUCHO más intenso 👀🔥 ¿estás lista para lo que el rey va a hacer?”
total 1 replies
Maria Liendo
más capítulos por favor la novela es excelente
Gianna Viteri: GRACIAS 😭✨ comentarios así me motivan demasiado… y créeme, los próximos capítulos van a doler rico 💔😈”
total 1 replies
Vivi Márquez Alarcón
siguiente capítulo por favor 😭😭😭
Gianna Viteri: JAJAJA 😭 ya séee, los dejé en lo peor… pero dime:
¿tú confiarías en el rey… o ya sospechas de él? 👀🩸
total 1 replies
María Julieta Bello Vera
Autora no me deje con la intriga quiero más capitulos 🥰
Gianna Viteri: Ay nooo 😭🥺 me encanta que estés así de atrapada… pero te aviso:
esa intriga solo va a empeorar 😈🔥
total 1 replies
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