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LA LEYENDA DE LA ESPADA DE FUEGO

LA LEYENDA DE LA ESPADA DE FUEGO

Status: En proceso
Genre:Magia / Mundo mágico / Acción / Espadas y magia / Mundo de fantasía / Fantasía épica
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Cristian David Leon

Leónidas, un mago de bajo rango intentará llegar a la cima como el número uno en su clase como novato recién llegado. La academia del reino de Grand Village esconde secretos tras sus muros, Leónidas junto a sus amigos intentarán llegar al fondo de ellos mientras se desarrolla como mago y se convierte en el más fuerte de todos.

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LA PRESENCIA DE UN AVE FÉNIX

​La lluvia repicaba contra los vitrales de la Gran Corte con una insistencia casi profética. En el interior, el ambiente era tan pesado como el hierro. El reino de Grand Village, una joya de prosperidad y magia, se encontraba sumido en una paz aparente, pero bajo la superficie, una tormenta mucho más peligrosa que la climática comenzaba a gestarse. Los habitantes del reino, ajenos a las conspiraciones de los poderosos, dormían tranquilos mientras el destino de sus vidas se discutía en una sala iluminada por el tenue fulgor de cristales mágicos.

​El Hombre Misterioso, líder indiscutible de la orden, permanecía en las sombras, observando a los diez magos de la corte que se habían reunido de urgencia una vez más. Su mirada, fría y calculadora, se detuvo en una figura que parecía llevar el peso del miedo en sus hombros.

​—Hitoka —la voz del líder cortó el aire como una hoja afilada—. Repórtanos lo que viste.

​Hitoka, cuya agilidad era superada solo por su perspicacia, dio un paso al frente. Sus manos temblaban ligeramente al recordar el encuentro en los límites del reino.

—Vi a este tipo llamado Gull —declaró Hitoka, con la voz entrecortada—. Irradiaba una presencia abrumadora, se veía increíblemente poderoso. Cuando me di cuenta de la magnitud de su fuerza, volví de inmediato por ayuda, pero cuando regresé al lugar, él ya se había esfumado. Lo único que quedó atrás fue un soldado de la guardia, tendido en el suelo e inconsciente.

​El Hombre Misterioso asintió lentamente, procesando la información con una calma que resultaba perturbadora.

—Entiendo... —murmuró.

​La Profesora Jill, conocida por su intelecto y su lealtad a la corona, no pudo contener la duda que carcomía a todos los presentes.

—Señor —intervino Jill, su mirada saltando de las sombras a sus compañeros—, ¿es posible que el Número Uno lo haya derrotado en ese breve lapso?.

​El silencio que siguió a su pregunta fue sepulcral. El líder de la corte se inclinó hacia adelante, permitiendo que la luz revelara apenas el contorno de su mandíbula apretada.

—El hombre que derrotó al soldado de Gull... —sentenció con una gravedad absoluta— fue el Número Dos.

​—¡¿Qué?! —el grito de Hitoka resonó en las paredes de piedra.

—¡Imposible! —exclamó Jill, retrocediendo como si hubiera recibido un golpe físico—. Se suponía que estaba desaparecido desde hace años....

​El Encuentro con el Pasado

​Antes de que alguien pudiera cuestionar la veracidad de aquellas palabras, el Hombre Misterioso desvió su atención hacia el fondo de la sala. Sus ojos se clavaron en la gran puerta de roble.

—Adelante... —ordenó.

​Los goznes de la puerta chirriaron, revelando una figura que parecía arrastrar consigo el calor de un mediodía eterno. Jill y Hitoka quedaron paralizados, sus rostros transformados por una mezcla de terror y asombro. Un hombre de hombros anchos y mirada desafiante entró en la sala con una confianza que rozaba la insolencia.

​—Cuánto tiempo, Jill.

​La voz del recién llegado era profunda y cargada de una historia que Jill preferiría olvidar. El hombre, identificado ahora como el Padre de Leonidas, clavó sus ojos en la profesora, desafiándola a negar su presencia.

​—¡Tú! —Jill apenas podía articular palabra. La rabia comenzó a reemplazar el miedo en su pecho—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo te atreves a poner un pie en este reino de nuevo?.

​En un instante, la mente de Jill fue arrastrada hacia atrás. Los recuerdos la golpearon con la fuerza de un hechizo de impacto: la última vez que lo vio fue en la penumbra de una taberna, justo antes de que todo se volviera oscuridad y ella cayera inconsciente. Recordó haberlo visto allí, impasible, de pie junto a Leonidas.

​El Hombre Misterioso rompió el trance de Jill con una confirmación que sacudió los cimientos de la corte.

—Así es, Jill. El Número Dos es, de hecho, el padre de Leonidas.

​La sala de los diez magos quedó en un silencio tan denso que casi se podía tocar. Nadie encontraba las palabras para describir la ironía del destino. El hombre frente a ellos no era otro que el mago de fuego más fuerte que el reino hubiera conocido jamás, la leyenda viviente apodada el "Espadachín del Nuevo Sol". Resultaba inconcebible que un guerrero de su calibre fuera el progenitor del niño que fue maldecido por las llamas del mismísimo dios del sol en el momento de su nacimiento.

​—¡Eres un imbécil, Número Dos! —gritó Jill, su autocontrol desapareciendo por completo.

​Llevada por una furia ciega, la profesora se lanzó sobre él con las manos rodeadas de energía mágica.

—¡Te mataré! —rugió.

​—¡Hitoka! —la orden del Hombre Misterioso fue inmediata.

​Hitoka, junto con el mago Número Ocho, se interpuso en el camino de Jill, sujetándola con fuerza antes de que pudiera cometer una locura.

—¡Suéltame, Hitoka! —forcejeó Jill, sus ojos inyectados en sangre.

—Detente, Jill —le advirtió Hitoka con una seriedad inusual—. Él podría acabar contigo en un segundo. Sé lo que sientes. Entiendo cómo un hombre podría hacerle algo así a un niño... pero en este momento, no puedo permitirme sentir enojo, porque en el fondo, nos parecemos un poco. Así que cálmate de una vez.

​El padre de Leonidas, imperturbable ante el intento de agresión, desvió la mirada hacia el líder de la corte.

—Escucha —dijo con un tono de cansancio—. No regresé a este reino para sumergirme de nuevo en este caos. Solo vine a rehacer mi vida como un ciudadano normal, junto a mi familia y mi hijo.

​—El rey no estará muy complaciente al escuchar eso... Fénix —sentenció el Hombre Misterioso, usando el nombre que hacía temblar a los enemigos del reino.

​Mientras los hilos del destino se enredaban en la corte, la vida en la Academia de Magia continuaba bajo una luz diferente. Los estudiantes, ajenos a la reaparición del "Espadachín del Nuevo Sol", se centraban en sus propias ambiciones.

​Deila, una joven de espíritu curioso, caminaba junto a sus amigos Blake y Leonidas.

—Oigan, ¿escucharon sobre el torneo de novatos? —preguntó Deila, sus ojos brillando con entusiasmo.

—Por supuesto —respondió Blake de inmediato—. Es el torneo donde se eligen a los cinco mejores estudiantes de primer año de cada academia del continente.

​Deila suspiró, mirando hacia las torres de la academia.

—¿Creen que nosotros podamos estar ahí?.

—Si mejoramos lo suficiente durante el primer trimestre, estoy seguro de que sí —respondió Leonidas con una sonrisa llena de determinación. Luego, miró a Deila con un toque de burla—. Aunque tú, Deila....

​—¡No seas así, Leonidas! —lo interrumpió Blake—. Los tres nos esforzaremos al máximo.

—Así se habla, Blake —asintió Deila, recuperando la confianza.

​—Qué tontos al pensar eso —una voz gélida y cargada de desprecio cortó la conversación.

​Los tres amigos se detuvieron en seco. Ante ellos apareció Gin, una estudiante cuya velocidad y arrogancia eran igualmente legendarias. Nadie la había visto acercarse.

—Los únicos que clasificaremos seremos yo, ese tonto de nuestro grupo, el rarito de Tokata, Dylon y tal vez Fey —declaró Gin, enumerando a los estudiantes con un aire de superioridad.

​Leonidas apretó los puños, manteniendo la mirada firme.

—Ya veremos eso....

​Gin se dio la vuelta y se retiró con la misma rapidez con la que había llegado.

—Qué niña tan rara —murmuró Deila, todavía algo aturdida—. Aun así, los tres sabemos que desprende un poder mágico increíble.

—Estoy de acuerdo —secundó Blake.

​Leonidas miró por donde Gin se había ido, con la resolución grabada en el rostro.

—No importa qué tan fuerte sea ella o los demás. Los superaremos a todos, junto a los magos que nombró.

​—Por cierto —preguntó Deila, tratando de recordar—, ¿quién es ese "tonto de nuestro grupo" al que se refería Gin?.

—Se refiere al chico de la clase uno-uno —explicó Blake—. Aquel de quien la profesora dijo que tenía el potencial para vencer incluso al mago Número Diez de la corte.

​Leonidas asintió, sintiendo el peso de la competencia que se avecinaba.

—El que la profesora mencionó... —repitió para sí mismo.

—¿Quién podría ser? —se preguntó Deila.

—Mañana, en el examen de clases, lo veremos con nuestros propios ojos —respondió Leonidas—. Es hora de ver de qué es capaz realmente ese sujeto.

​Los tres jóvenes magos se dirigieron a sus respectivas clases para terminar el día, sin saber que el mundo que conocían estaba a punto de cambiar para siempre.

​Lejos de la academia, en un lugar donde la luz del sol nunca llegaba, el mal comenzaba a mover sus piezas. Gull, el guerrero cuya presencia había alarmado a Hitoka, permanecía arrodillado frente a una figura envuelta en oscuridad.

​—Mi señor —dijo Gull, su voz resonando en la penumbra—, tal vez nuestra oportunidad de actuar sea atacar durante el torneo de novatos de este año.

​Byron, su líder, dejó escapar un suspiro de satisfacción.

—Sí... —respondió con una sonrisa que ocultaba intenciones nefastas.

​Gull levantó la mirada, con los ojos brillando de anticipación.

—Acabaremos con el Número Uno por fin....

​Byron comenzó a reírse, una risa seca y malévola que parecía anticipar la caída del reino de Grand Village. Mientras los estudiantes soñaban con la gloria y los magos de la corte se enfrentaban a sus fantasmas, el enemigo preparaba el golpe final. El torneo de novatos, destinado a ser una celebración de talento, estaba a punto de convertirse en un campo de batalla donde el pasado y el presente chocarían de forma violenta.

1
Camila Surita
me encantaaa
Yolanda Leon
muy bueno, me encanta
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