Amira es la única hija del Archiduque Vahva, y como toda chica de su edad, su mayor deseo es casarse y tener hijos, ser una buena esposa y una excelente madre, pero su deseo tiene un gran obstáculo y es ese es su reputación y es que desde los 6 años se ha ganado el nombre de la “muerte coral”, debido a su color de cabello, y a que desde edad Amira ya era tan letal como su padre, un hombre que mataba a sus enemigos sin miramientos.
Amira, criada por su padre para tomar su lugar, era una de las mejores, por no decir la mejor, de todo el imperio de Ópalo, llevando con orgullo el nombre de su familia y acabando con aquellos que amenazaban al imperio y a sus habitantes sin contemplación.
A pesar de sentirse feliz con ser la sucesora de su padre, Amira deseaba formar una familia, pero los hombres huían de ella como si se llevara la peste, pero a pesar de eso Amira no pensaba rendirse hasta encontrar el verdadero amor, lo que Amira no sabe, es que ese amor está más cerca de lo que cree.
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Capítulo 5
¿Todo bien mi señorita? – le pregunta Bree a Amira al ver a la joven perdida en sus pensamientos.
- Si todo esta bien, si lo deseas puedes ir a descansar, iré a ver a mis abuelos, así que no necesitare de tu ayuda, así que descansa, te hice madrugar para arreglarme para el entrenamiento y seguramente estas cansada – le dice Amira a Bree.
- No debe de preocuparse por mi, mi deber es servirla, y no estoy cansada – le responde la rubia con una sonrisa.
- Sin duda eres la mejor, ya que no estas cansada y yo estaré ocupada con mis abuelos, por que no vas a repartir algunas bebidas y refrigerios a los soldados que están de guardia, con la ayuda de algunas sirvientas, y si de paso puedes ir a saludar a cierto caballero, no estaría nada mal – le dice Amira a Bree, lo que causa el sonrojo de la joven.
- Que cosas dice mi señorita – le dice Bree apenada.
Ver a Bree sonrojarse es algo muy tierno, y es que desde hacia unos meses la joven estaba siendo cortejada por el general séptimo escuadrón, por lo que aprovechando que este estaría una temporada en la mansión, Amira ayudaría su doncella y amiga a pasar tiempo con su amado.
Poco después ambas jovencitas salieron de la habitación de Amira y cada una tomo un camino distinto, mientras Bree se dirigía a reclutar algunas sirvientas para hacer la tarea que le había encomendado su señorita, Amira fue rumbo a las cocinas de la mansión para buscar a su abuela materna.
Los padres de Elda, antes de que su hija se casara, trabajaban en la posada que había en su pueblo natal, trabajando en distintas áreas, Bathilda, la madre de Elda trabajaba como cocinera en el lugar y Gerardo, el padre de Elda, trabaja en los establos que tenia el lugar para sus clientes.
Cuando Griff pidió la mano de Elda en matrimonio, este le prometió a la pareja una vida de comodidades en la casa principal o en cualquier otra de las propiedades del archiducado, pero la pareja se negó.
- Usted va a casarse con nuestra hija, no con nosotros, y no negamos a vivir a costa de nuestra hija y nuestro yerno si aun podemos trabajar – le había dicho Gerardo a Griff y su esposa secundo sus palabras, fue así que Griff les ofreció trabajo en sus respectivos campos de trabajo en la mansión principal, para que estuvieran cerca de Elda, ya que la joven le tenia gran cariño a sus padres, y si bien la pareja acepto el trabajo decidieron irse a otra de las propiedades del joven archiduque a trabajar, y así darle privacidad a la joven pareja, pero aun así iban a visitar a su hija siempre que les era posible.
Fue cuando Elda quedo embarazada que la pareja decidió mudarse a la mansión principal para estar a lado de su hija durante su embarazo, se suponía que seria una estadía temporal, pero tras la muerte de su hija, ambos decidieron quedarse para ayudar a su yerno con la crianza de su nieta, comenzando así a trabajar en la mansión principal.
Amira llego a la cocina, y vio a su abuela sentada en una silla, mirando como las demás cocineras y cocineros, iban y venían de un lado al otro trabajando para preparar al almuerzo.
- Hija que bueno que llegas, dile a estas hermosas damas y a estos honorables caballeros que me dejen trabajar, solo me descuide un segundo y termine sentada en esta silla sin hacer nada – le dijo Bathilda a su nieta al verla llegar y Amira sonríe ante las palabras de su abuela, y es que para ya tener más de 70 años, la mujer irradiaba vitalidad y si algo le molestaba era que no la dejaran trabajar, le molestaba estar inactiva.
- Les agradezco mucho por cuidar de mi abuela – le dice Amira a los empleados de la cocina, quienes paran sus actividades un segundo para hacerle una reverencia a la señorita de la casa.
Las palabras de Amira solo provocan la indignación de Bathilda, ya que ahora menos la dejaran trabajar.
- Como que les agradeces por cuidarme, ahora menos me dejaran hacer algo, tú y tu padre me cuidan demasiado, estoy en perfectas condiciones para trabajar, pero tú y tu padre actúan como su no pudiera hacer nada – se queja la mujer con su nieta.
Así como Amira era lo único que Griff tenia de su difunta esposa, aparte de su padre, para Amira sus abuelos eran su única conexión con la madre que no pudo conocer, por lo que siempre se aseguraba de que estuvieran bien y que no se sobre esforzaran, por su lado, Griff también cuidaba con mucho cariño a la pareja de ancianos, quienes lo apoyaron en sus momentos mas difíciles, además de que eran los padres de la mujer que amaba y ahora que ella no estaba, era su deber cuidarlos por ella.
- No te enojes abuelita, tu sabes que todo lo que hacemos mi padre y yo es porque te queremos mucho a ti y a mi abuelito – le dice Amira a su abuela, mientras la abraza por la espada y recarga su cabeza en el hombro de la mujer mayor.
- Pues no veo que también le prohíban cosas a los antiguos archiduques – dice la mujer en busca de convencer a la joven de que la deje trabajar un poco más.
- Por que mis otros abuelitos están descansando y explorando el mundo siendo cuidados por un todo un escuadrón armado y bien entrenado, así como de sirvientes jóvenes que los ayudan en todo lo que requieren, tú y el abuelo Gerardo si quisieran pudieran hacer lo mismo – le dice Amira a su abuela.
- Tal vez lo pensemos más adelante, pero por ahora prefiero estar aquí, intentando que me dejen trabajar un poco, y pasando tiempo a tu lado – dice la mujer, a lo que Amira ríe por lo testadura que puede ser su abuela.
- ¿Por que no en vez de mirar a los cocineros, das un paseo con tu nieta, que necesita de tu consejo? – le pregunta Amira a su abuela, quien sin dudarlo se levanta para ir con su nieta.
- Y ¿qué es lo atormenta a mi adorada nieta? – le pregunta Bathilda a Amira mientras ambas abandonan la cocina.