Florecía Lopez descubre el cruel engaño de su esposo Armando Paredes y es asesinada de una forma macabra, ella pide con todas sus fuerzas otra oportunidad para vengar a su familia y sus ruegos son escuchados. ¿Lograra vengarse de Armando y su familia? ¿Encontrara el verdadero amor y la felicidad para su madre?
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Capitulo 14
#Un Encuentro Inesperado
Nos habiamos ido a comer algo, el remedio que me dio mi madre me hizo sentir mejor. Mientras ella junto a mi bisabuela fueron a buscar la comida, me quede boquiabierta, mis ojos fijos en el hombre que se acercaba con una sonrisa en el rostro. No podía creerlo. Era Don Dambra, mi bisabuelo. Segun recuerdo de lo que me conto mi madre que solo su abuela Rumilda junto a su madre Chiche viajaron para sus 15 años.
-¡Abuelo! ¿Qué... qué hace usted aquí? Tartamudeó nerviosa, mi voz temblando de sorpresa.
Don Dambra, un hombre robusto con una barba abundante y ojos brillantes, se me acercó y me dio un abrazo cálido.
-Trinidad, mi nieta querida. Seria muy egoísta de mi parte que solo mi hija Chiche y mi esposa Rumilda, fueran a tu fiesta, por lo que me dije que no podía faltar...
-Crei que no podias dejar tu casa, los animales.
-Querida nieta, eres una jovencita tan especial, que va a cambiar el curso de la historia. Dijo con una sonrisa pícara.
Me quede helada. Me aparte confundida, sintiendome perseguida, a caso sabe mi secreto, no, no lo creo, o si, me habra escuchado estando cerca del río, quien me manda a abrir la boca.
-¿Qué historia? ¿De qué habla, abuelo? Disimulo mi nerviosismo.
Mi bisabuelo miró a su alrededor, asegurándose de que nadie estuviera escuchando.
-Tu madre me contó que solo tu abuela Rumilda y ella viajarian juntas para la fiesta de tus 15 años. Pero que no seria justo que yo faltara, ademas viniste a visitarnos, eso era una clara señal que nos querias contigo.
-Eso era... Que perspicaz eres.
-No te negare que no me gusta viajar, ni las personas. Pero algo me dice que tú has cambiado eso, Trinidad. ¿Qué has hecho?
-No se, digame usted. Me sentia tan nerviosa de haber cambiado el curso de las cosas que no podia tutearlo.
Me sonroje, sintiendo un escalofrío en la espalda. No había querido cambiar nada, solo quería experimentar la vida de mi familia en el pasado.
-Si que lo sabes.
-Yo... yo no sé, abuelo. Solo vine al campo y... y aquí estamos. Balbuceo.
Don Dambra me miró con curiosidad.
-Bueno, sea lo que sea, estoy aquí ahora. Y no me iré sin disfrutar de la fiesta de mi nieta Trinidad.
Sonrió, sintiendo una mezcla de emociones. No sabía qué había pasado, pero estaba a punto de descubrirlo.
-Padre... Esto si que es una sorpresa. Lo saludo mi madre.
-Querido. Lo saludo mi bisabuela.
-Que rico, empanadas. Dijo con entusiasmo.
Con la presencia de mi bisabuelo estaba mas vigilada, no se apartaba de mi, me relataba historias de cuando él fue a la guerra de la triple alianza, durante el viaje.
-Asi era mi querida nieta, la guerra es lo mas cruel y horrible que debes desear que jamas llegue, yo pase por ello y te aseguro que no es nada lindo.
-Es horrible la guerra, unicamente trae dolor a las familias.
-Yo era un jovencito que fue con una sonrisa al sentir que podia servir a mi pais, y volvio hecho un desecho.
-No lo creo abuelo, eres muy especial, si creias que hacias algo bueno, asi debe ser, no te menos precies, regresaste vivo, estas con tu familia
-Me entere que mataste a la cascabel, tu también eres especial.
-¿Cómo?
-Querido hay un baile... Quiero asistir. Interrumpio justo mi bisabuela anunciando.
-Hace cuanto no bailo. Se puso derecho, mi bisabuelo, no muy convencido.
-Al menos miremos. Le suplicó por lo que asintio mi bisabuelo.
-Voy a buscar mas refresco. Le aviso señalando que estaba cerca.
Cuando me aproxime a solicitar la bebida, las personas se amontonaron y senti que me estiraron a un costado.
-Oscar. Le digo con la mano en el pecho por asustarme.
-Te tienen muy vigilada. Me susurra.
-Y porque no vienes conmigo, te presento asi no tienes que esconderte. Le propongo.
-No le agrado a tu abuelo... Ya me lo advirtio.
Recorde que mi bisabuelo le pego por estar conmigo, le toco la mejilla donde el golpe era visible.
-¿Ya no te duele?. Le consulto con dulzura.
-No.
Me respondio sin poder esquivar la mirada de mi, al igual que yo no puedo dejar de mirarlo.
-Si quieres podemos vernos en el baile.
-Te vere ahi. Me respondio acariciando mi mano entre las suyas y nos despedimos.
Para la hora del baile mi madre me entrego un vestido muy bonito que lucia bajo las luces de las lámparas de cristal, me ayudo con mi peinado y maquillaje, hasta le vi que una lagrima rodo sobre su mejilla, al contemplar como lucia.
Llegamos al salon de la fiesta, habia mesas repartidas para los que quieran consumir algo. La música de la orquesta llenaba el aire.
-Voy a dar una vuelta.
Anuncie con una sonrisa, con la sola idea de buscar a Oscar entre la multitud.
De repente, lo vi, de pie junto al bar, mirándo hacia mi con una mezcla de admiración y sorpresa.
Me acercó a él, moviendo mis caderas al ritmo de la música, y le tendió la mano.
-¿Bailas conmigo, Oscar? Le preguntó, con la voz llena de picardía.
Oscar, aturdido, tomó mi mano y me llevó a la pista de baile.
Me movi con una gracia inesperada, mis pasos eran ligeros y seguros, y Oscar se encontró siguiéndome sin esfuerzo. La multitud se detuvo a mirarnos, impresionada por la soltura y la elegancia con que bailabamos.
Mientras bailabamos, Oscar no aparto los ojos de mi.
-Eres... increíble. Me susurró, su voz temblando ligeramente.
Le sonrió.
-Gracias, Oscar. No te quedas atrás. Le digo divertida.
Nuestras figuras se amoldaron, ya no bailabamos con soltura, mi respiración se acelero y mi corazón estaba a punto de explotar, Oscar inclino la cabeza a punto de besarme, pero una voz resonó detrás nuestro, nos sobresalto.
-Trinidad, querida, creo que es hora de cambiar de pareja.
Mi bisabuelo, se acercó a nosotros, sonriendo con una mezcla de autoridad y picardía.
-Señor Oscar, ¿le gustaría bailar con mi esposa? La abuela de Trinidad es una excelente bailarina.
Oscar se quedó aturdido, antes que pueda responder, mi bisabuelo hizo su movimiento de intercambio.
No pude evitar reir, sacudiendo la cabeza.
-Lo siento, Oscar. Parece que mi abuelo tiene otros planes. Le dije al mismo tiempo que mi bisabuelo bailaba conmigo.
Le guiñe el ojo a Oscar, que al no tener otra opción, se dejó llevar por la música, desapareciendo entre la multitud. Mi bisabuela, resultó ser una bailarina formidable.